1/2-La ignorancia y la importancia de hacer preguntas (por Jan Doxrud)
“Todos los hombres, por naturaleza, desean saber” (Aristóteles, Metafísica, Libro 1)
La gran pesadilla para cualquier persona que siente ese placer por aprender es la posibilidad de saberlo todo (aunque pueda parecer paradójico). Sí, es verdad que tal situación no existe, no hay personas que lo sepan todo. Pero, aun así, si un hechicero le ofreciera ese poder, tal persona se vería privada del placer por aprender, puesto que todo conocimiento pasado, presente y futuro lo comprendería de manera automática y sin esfuerzo, por lo que ya no habría trabajo, motivación y recompensa.
El filósofo Mario Bunge (1919-2020) explicaba en su diccionario de filosofía que todo el mundo sabe algo pero ignora la mayoría de lo que se conoce. El hecho es que no solo no sabemos todo, sino que somos ignorantes respecto a una infinidad de temas. El problema no es que seamos ignorantes, sino que NO seamos conscientes de que NO lo seamos y, aun así, opinamos como si fuésemos competentes sobre temas que en realidad no entendemos. Peor aún, hay personas que se comportan de manera altanera y arrogante simplemente por poseer ciertos conocimientos y por sobresalir en lo que hacen…claro que en un área muy específica del saber humano.
Es común ver en las redes sociales a personas opinando en términos absolutos sobre un tema y con un exceso de confianza que desborda su ego. Los autores Saul Perlmutter, John Campbell y Robert MacCoun explican en su libro “Pensamiento crítico para el Tercer Milenio” la importancia de pensar en términos probabilísticos. Al respecto comentan los autores:
“Los científicos se han apartado de este tipo de pensamiento en blanco y negro forjando una cultura en la que cualquier proposición se formula con provisionalidad implícita, y esa misma provisionalidad – la práctica de atribuir cierto grado de incertidumbre a cada afirmación – constituye uno de los grandes factores responsables de la fortaleza de la ciencia”.
El pensamiento probabilístico (y el sistémico) nos enseñan que no debemos siempre pensar en términos binarios – si/no, bueno/malo, conmigo/contra mí – y que debemos incorporar la incertidumbre y el contexto. En palabras de los autores: “La postura probabilística refleja la relación entre nuestra imperfecta comprensión humana y la auténtica realidad que todos compartimos ”«ahí afuera»”. Por su parte, la filósofa española, Victoria Camps, afirma en el libro “Elogio de la duda”, que las dicotomías sin matices constituyen “abstracciones, formas burdas de clasificar la realidad, inútiles y simplificadoras para examinar lo complejo”. Añade que el acto de introducir matices suponen un mayor esfuerzo, por lo que es más tomar un postura extrema.
Mario Bunge definía el probabilismo ontológico (ontología: rama de la filosofía que estudia las características más generales de la realidad) como una doctrina que sostiene que “todos los hechos son contingentes y, por lo tanto, que todas las leyes son probabilísticas”. Desde un punto de vista epistemológico, Bunge afirmaba que el probabilismo era un tipo de escepticismo, puesto que todo conocimiento fáctico es probable “en el sentido corriente de ser tanto plausible como impreciso y, por tanto, incierto”. Como explicó John M. Keynes (1883-1946) en su “Treatise on Probability”, la probabilidad es una relación lógica entre evidencias y proposiciones y, de acuerdo al autor, no era posible asignar una probabilidad numérica a todos los fenómenos.
El percatarnos de la complejidad del mundo que nos rodea – en especial los sistemas sociales – hace, a su vez, que nos demos cuenta de que no siempre podemos aspirar a la certeza absoluta, a hacer predicciones y a creer que lo sabemos todo. Por ejemplo, podemos afirmar que el aumento del salario mínimo tiene como consecuencia que las personas gasten su dinero en bienes y servicios lo que, a su vez, beneficia a las empresas que verán un incremento en sus ganancias y así la economía experimentará un auge.
La verdad es que en economía hay que pensar en términos sistémicos y abrazar la complejidad, de manera que la cadena causal mecánica y simplista descrita anteriormente debe ser objeto de un análisis en donde asignemos las probabilidades de que cada uno de los eslabones de esta cadena se cumplan. Por ejemplo, el mero hecho de subir el salario mínimo ¿se traduce en que las personas vayan a gastar ese dinero en bienes y servicios de la economía real? ¿Acaso puede que lo usen para refinanciar alguna deuda, comprar acciones, ETF o bonos?
¿Acaso cuál es la probabilidad de que el alza en los costos de la empresa se traduzca en un aumento de los precios? ¿Cuál es la probabilidad de que la empresa pueda sustituir trabajo por capital? ¿Cuál es la probabilidad de que esto perjudique a los trabajadores menos cualificados que salgan ese salario mínimo? ¿Cuál es la probabilidad que algunas empresas no puedan seguir operando o cierren sucursales debido al aumento en sus cortos?¿Acaso la oferta podrá dar abasto frente al aumento de ese (probable) de la demanda producto del aumento del salario mínimo?
Tomemos el caso del famoso experimento natural realizado por los economistas David Card y Alan B. Krueger (1960-2019). En el año 1992, en el estado de Nueva Jersey (Estados Unidos), el salario mínimo aumentó de 4.25 a 5.05 dólares, mientras que en el estado Pennsylvania (vecino del anterior) no cambió. Card y Krueger estudiaron los restaurantes de comida rápida, ya que era más fácil de compararlos en el sentido de que sus productos son relativamente similares o altamente estandarizados en Pennsylvania y Nueva Jersey. Finalmente sucedió que el aumento del salario mínimo no aumentó el desempleo en los locales de comida rápida en nueva Jersey.
¿Qué podríamos concluir sobre esto? ¿Sería correcto afirmar simplemente que el aumento del salario mínimo no aumenta el desempleo? ¿Cuáles son las probabilidades que estos resultados fueran los mismos en otros estados y bajo otras condiciones económicas? Antes de sacar conclusiones apresuradas debemos considerar que tener en consideración lo siguiente este estudio en particular no permite concluir que, en términos generales, el salario mínimo no genera desempleo
Por ende se trata de un caso particular, dentro de un espacio temporal (principios de la década de 1990) y físico determinado (EE.UU, Nueva Jersey, Pennsylvania), y en un rubro determinado que no nos permite universalizar sus resultados y convertirse en una suerte de ley atemporal. Pero cuando Card recibió el “Nobel” de Economía en el año 2021, muchos comenzaron con una seguridad absoluta a afirmar que eso demostraba que la subida del salario mínimo no aumentaba el desempleo. En otras palabras, a partir de un estudio particular estas personas arrogantes y muy seguras de sí mismas, creyeron haber dado con una ley universal aplicable per secula per seculorum.
Los absolutistas y dogmáticos que solo piensan en términos absolutos y binarios carecen de flexibilidad cognitiva y se vuelven con el tiempo arrogantes, orgullosos e incapaces de reconocer errores (como fue el caso de Mao, Stalin o Hitler). Pero también hay casos menos extremos, pero que igualmente caen el lenguaje absolutista, como es el caso de los políticos cuando realizan sus promesas de campaña o anuncia alguna política pública. Ahora bien, y como explican Perlmutter, Campbell y MacCoun, esto se entiende dentro de la lógica electoral, en donde los ciudadanos no quieren escuchar a un político decir que existe 75% de probabilidades de que la reforma previsional pueda mejorar a largo plazo las pensiones de los ciudadanos. Exceso de seguridad en prometer
Una pregunta interesante para los psicólogos es: ¿cuál es la base sobre la que se sustenta la arrogancia intelectual? La pregunta la planteo debido a que, cuando uno estudia y aprende, se va dando cuenta con mayor claridad la cantidad de temas que uno no sabe y nunca sabrá. Lo anterior, lejos de volvernos arrogantes, debería producir lo contrario: humildad intelectual. Así como tú puedes ser una autoridad dentro de una pequeña parte de un campo del saber, hay muchos temas más que no sabes y que sí saben otros expertos. Entonces, ¿cuál es el sentido de la arrogancia intelectual?
A partir de los estudios del psicólogo Mark Leary, Perlmutter, John Campbell y Robert MacCoun explican que, el tener un alto nivel de humildad intelectual, hace que las personas presten mayor atención a las pruebas que respaldan afirmaciones fácticas. Sumado a esto añaden que tales personas “se interesan más por comprender las razones por las que otros discrepan de ellos”.
Ahora bien, el mero hecho de “no saber algo” no nos convierte en “ignorantes”. Por ejemplo, una persona como yo no se siente un ignorante por no entender en qué consiste la teoría de cuerdas de la física teórica, saber qué son los muones o cómo se construyó y funciona el Gran Colisionador de Hadrones en Suiza. Por otro lado, uno podría preguntarse, ¿qué sucedería si no sabe la edad de su hija o hijo, o el curso en el que va? ¿Qué sucedería si no sabe cuándo es el cumpleaños de un ser muy cercano? Por lo general en estos últimos casos no aplica el concepto de “ignorante” no se aplica (aunque sí el de olvidadizo, irresponsable) como sí se aplicaría en temas relacionados con alguna disciplina, a pesar de que ambos casos tienen un elemento en común: el no saber algo. En la cotidianidad no tildamos de ignorantes a quienes olvidan fechas de cumpleaños o aniversarios de matrimonio, sino que a aquella que no saben sobre algún hecho o tema, y acá está la clave, que “DEBERÍAN” saberlo. Si fuese un físico de partículas y no supera que son los muones entonces en ese caso sí sería considerado como un ignorante en ese campo del saber científico.
Por ende, no todo “no saber” es ignorancia, ya que lo que califica o rotula como ignorancia es aquello que “deberías” saber. Un historiador no es un ignorante por no tener conocimientos sobre física cuántica o ingeniería mecánica, pero sí lo es un abogado especialista en derecho penal que no sabe que es un recurso de amparo. También lo sería un historiador de la ciencia que no supiera quién es Copérnico, Newton o Einstein. Ahora bien, cabe aclarar que, no porque un tema no pertenezca al ámbito académico o laboral en el que nos desenvolvemos no vamos a sentir curiosidad por este, como es el caso de las polímatas que suelen tener conocimientos sobre múltiples áreas.
La ignorancia es el motor del aprendizaje. Pero la ignorancia por sí sola no lo es, puesto que, como escribió Donald Rumsfeld (1932-2021) en sus memorias “Known and Unknown”, hay “cosas que sabemos que sabemos”, “cosas que sabemos que no sabemos” y “cosas que no sabemos que no sabemos”. Ahora bien, esto no es un invento del ex secretario de Defensa, ya que son ideas que podemos encontrar en otros pensadores en el pasado. En el caso de Rumsfeld, se refería a temas relacionados con la seguridad nacional y la toma de decisiones en materia militar.
Hace miles de años atrás Sócrates era presentado por Platón como una persona sabia, puesto que sabía que no sabía lo que los demás creían saber. Sócrates terminaba por hacer ver a aquellos muy seguros de sí mismos y de sus conocimientos que, en realidad, no sabían mucho o que podían estar completamente equivocados.
Esto último constituía un útil punto de partida ya que era una ignorancia orientada a superarse a sí misma, es decir, tenía un objetivo y un método que lo podemos descomponer en dos: la ironía y la mayéutica. Así, el filósofo griego podía ir, tras dejar en evidencia la ignorancia de su interlocutor (aporía o desconcierto), explorando y construyendo lo acercaba a la verdad, por medio de preguntas y ampliando los conocimientos de sus interlocutores sobre ciertos temas.
Mario Bunge afirmaba que la ignorancia podía ser involuntaria o voluntaria y que, cuando esta era advertida, “la ignorancia involuntaria se convierte en un reto para la indagación y la invención”. Por otro lado, señalaba que lo que unía a los hiperespecializados, dogmáticos y estrechos de mente era la ignorancia deliberada.
La ignorancia consciente es importante, pero aun así las personas pueden quedarse estancadas en esa fase, lo cual es normal, puesto que no puedo proponerme a entender todo aquello que ignoro. Es aquí donde entra en escena una palabra clave que es el “deseo de saber” que en latín recibe el nombre de “curiositas”. Pero sucede que no todas las personas son igualmente curiosas.
La curiosidad, siguiendo al economista George Loewenstein, implica que quiero saber más de algo, es decir, siento que hay una brecha entre lo poco que sé y lo que desearía saber. En virtud de lo anterior, la curiosidad no solo es el deseo de nueva información, sino que también, el de reducir la incertidumbre (y nuestra ignorancia). A su vez, la curiosidad irá descendiendo a medida que la brecha se vaya cerrando mediante el estudio y obtención de conocimiento.
Ahora la pregunta es ¿por qué esa brecha y el deseo de superarla se da solamente con algunos temas y no con otros? ¿Cuáles son las fuentes de la curiosidad? Pandora transgredió los límites impuestos por Zeus al abrir la célebre caja (que en realidad era una jarra o ánfora) debido a su curiosidad. Aquí no responderemos lo que dicen muchos libros sobre el tema. Pero el lector debe hacer el ejercicio (sin consultar ninguna fuente externa) de reflexionar a partir de preguntas, por ejemplo ¿por qué estos temas que me apasionan a otras personas no les interesa en absoluto? ¿Por qué lo que en el pasado me interesaba ahora ya no me interesa? La curiosidad que siento por ciertos temas, ¿tendrá que ver con mi personalidad o experiencias que tenido a lo largo de mi vida?
Artículos complementarios
1/3-Pensamiento crítico ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)
2/3-Pensamiento crítico ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)
3/3-Pensamiento crítico ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)
Breve reflexión en torno al concepto de “racionalidad” (por Jan Doxrud)
Ciencia y Pseudociencias (por Jan Doxrud)
Reseña: 5 mentes para el futuro de Howard Gardner (por Jan Doxrud)
Reseña: La Escuela inteligente, de David Perkins (por Jan Doxrud)
1) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
2) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
3) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
4) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
5) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
6) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
7) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
8) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
9) Hablemos de educación (por Jan Doxrud)
1) Fanáticos y Creyentes (por Jan Doxrud)
2) Fanáticos y Creyentes (por Jan Doxrud)

