(IV) ¿Qué es la Libertad y el Liberalismo? (por Jan Doxrud)

(IV) ¿Qué es la Libertad y el Liberalismo? (por Jan Doxrud)

“La voluntad del pueblo significa, en realidad, la voluntad de la porción más numerosa y activa del pueblo, de la mayoría, o de aquellos que consiguieron hacerse aceptar como tal mayoría. Por consiguiente, el pueblo puede desear oprimir a una parte de sí mismo, y contra él son tan útiles las precauciones como contra cualquier otro abuso del poder (…)La tiranía de la mayoría se incluye ya dentro de las especulaciones  políticas como uno de esos males contra los que la sociedad debe mantenerse en guardia”. 

 (John Stuart Mill. Sobre la libertad)



El tema de la libertad civil y los límites del poder fue abordado por John Stuart Mill (1806-1873). A Mill no le preocupaba únicamente la tiranía proveniente del Estado, sino que también la tiranía ejercida por las mayorías, de las opiniones y sentimientos dominantes. Pero lo que puede resultar más perturbador para algún lector es que  la libertad  que defiende Mill, como apunta Isaiah Berlin, no necesita ir de la mano con la democracia, puesto que esta libertad negativa guarda relación con el territorio de control. La libertad negativa  de se opone así a la democracia, la cual no reconoce límites al poder de las mayorías. En palabras de Berlin:

“Del mismo modo que una democracia puede privar, de hecho, al ciudadano individua, de gran número de libertades de las que podría disfrutar en otro tipo de sociedad, es perfectamente imaginable un déspota con espíritu liberal que concediera a sus súbditos un gran espacio de libertad personal. El déspota”

Un tema medular dentro del liberalismo esel de conciliar la libertad por un lado, y el poder, por el otro, así como la esfera pública (donde se ejerce el poder político) y la esfera privada (donde el individuo es el soberano). La democracia liberal intentará compatibilizar ambos términos y el concepto de Estado de Derecho será central en lograr este cometido. Norberto Bobbio explica que dentro de la tradición liberal existe una acepción de libertad de acuerdo con la cual la libertad se opone al concepto de poder. Para asegurar la libertad de los individuos al Estado se le reconocen funciones limitadas y se le somete a los mecanismos constitucionales propios del Estado de Derecho. Va tomando forma así la idea de una democracia liberal que proteja a los individuos de la tiranía de las mayorías y la de un Estado liberal que, como apunta Bobbio, se contrapone a las diversas formas de paternalismo, en donde el Estado debe cuidar de sus súbditos como un padre con sus hijos. 

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Sin embargo, con el tiempo este Estado Gendarme centrado en mantener el orden dará paso a los Estados de Bienestar, que tendrán un impulso principalmente después de la crisis de 1929. No obstante lo anterior, se mantiene el modelo de una democracia liberal fundamentada en la división y autonomía de los poderes del Estado, en el establecimiento de una Constitución y el imperio de la ley. Esto es, básicamente, el liberalismo político. En la misma tradición Friedrich Hayek afirmaba que la concepción liberal de la libertad es necesariamente una libertad en la ley, es decir, la ley limita la libertad de cada uno con el objetivo de garantizar la misma libertad para todos.  Así el liberalismo no es anarquismo, de manera que reconoce la necesidad de la coacción aunque esta debe reducirse al mínimo indispensable. Esto implica de la reducción de los poderes de aquellos representantes de la mayoría, puesto que, tal como lo señalaba Mill y de Tocqueville, la tiranía no solamente puede provenir de la autoridad oficial, sino que también de las masas. En relación con esta “libertad liberal” y su relación con las leyes, Sartori explica que  la “protección” de la ley se ha entendido de tres maneras a lo largo de la historia occidental.

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Explica que los griegos tenían claridad de que si no querían ser gobernados tiránicamente, tenían que gobernarse mediante leyes. El problema consistió en que la soberanía pasó a estar por encima de la ley, de manera que el gobierno mediante leyes se fundió y confundió con el gobierno de los hombres. Concluye Sartori:  “Si consideramos el sistema griego desde la perspectiva de nuestro conocimiento, podemos comprobar que su concepción de la ley carecía de la idea de limitación (…)”.Los romanos(de los cuales se heredamos su tradición jurídica) contribuyeron al desarrollo de la idea de legalidad cuya versión posterior sería el rule of law anglosajón. Pero lo que nos interesa a nosotros es la tercera manera de entender la protección de la ley, la solución jurídica liberal . Sartori afirma que el liberalismo no fue el creador de la idea moderna de libertad individual así como tampoco inventó la idea de libertad bajo la ley. Lo que sí hizo fue la manera de institucionalizar un equilibrio entre el gobierno de los hombres y el gobierno de las leyes. Nacen y comienzan así a proliferar los sistemas constitucionales que, como señala Sartori, son, de hecho, liberales. A esto añade:

“Podría decirse que la política liberal es el constitucionalismo, un constitucionalismo que busca la solución al problema de libertad política mediante una aproximación dinámica a la concepción jurídica de la libertad. Esto explica por qué no podemos hablar de libertad política sin referirnos al liberalismo – liberalismo, insisto, no democracia. La libertad política que hoy disfrutamos es la libertad del liberalismo, el tipo liberal de libertad, no la precaria y dudosa libertad de los antiguos”.

Un punto importante que enfatiza Sartori es que la idea de libertad que ensalzan, en nuestros días, las democracias liberales, constituye una “adquisición” de la democracia y no es, por ende, un producto de ella. Es muy importante no confundir libertad con democracia. En nuestros días solamente existen gobiernos republicanos o repúblicas representativas, de manera que constituye un error denominarlos como democracias porque no tienen relación con las antiguas democracias griegas. Es por ello que los padres fundadores de Estados Unidos nunca hablaron de democracia, puesto que esta última era la de los griegos. Thomas Paine señalaba que la democracia sólo proporcionaba la base sobre la que debería trasplantarse la representación, de ahí que también se pueda hablar de “democracia representativa”.Lo mismo sucedió con la Revolución Francesa, que lucho primordialmente por la republica y, como nos recuerda Sartori, tan sólo Robespierre empleó la palabra democracia al final de su discurso a la Convención el 5 de febrero de 1794. Lo mismo sucede con Rousseau quien afirmaba que todo régimen legítimo es republicano

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A esto añade el autor:

“A menos que tengamos presente esto, podremos incurrir fácilmente en el error de creer que nuestra libertad puede garantizarse mediante el método que los griegos adoptaron. Pero no es así, pues nuestras libertades están aseguradas por una noción de la legalidad que constituye un límite y una restricción de los genuinos principios democráticos. Kelsen, entre otros, lo vio claramente cuando escribió que una democracia sin la autolimitación que representa el principio de legalidad se destruye a sí misma”.

Todas estas imprecisiones en el uso de conceptos y la consecuente perdida de distancia histórica, se debe, como apunta Sartori, a la costumbre impensada de modernizar el vocabulario sin ningún cuidado. Así, añade el mismo autor:  “(…) la popularidad actual de la democracia nos lleva a olvida o a descuidar el hecho que durante más de dos mil años la palabra democracia había desaparecido prácticamente de la lengua y había perdido cualquier connotación elogiosa (…) Durante ese largo período en Occidente se habló de república; y decir res pública no es lo mismo que decir democracia”.

¿Qué es este liberalismo que hemos descrito hasta ahora? Concuerdo con aquellos autores que señalan que, si bien constituye una ideología (aunque habría que precisar este concepto), no debe concebirse como una cosmovisión articulada que regula cada aspecto de la vida humana. El liberalismo, a diferencia del socialismo marxista-leninista no constituye una ideología arrogante, ambiciosa y omniabarcante que pretende ofrecer al individuo un sentido y una utopía final. Como explicaba Ludwig von Mises, en primer lugar, la doctrina liberal considera únicamente el comportamiento de los seres humanos en este mundo. En segundo lugar, se interesa por el aumento del bienestar material de los seres humanos, de manera que no se ocupa de las necesidades interiores, espirituales y metafísicas de estos. Por su parte Jean-François Revel (1924-2006). En primer lugar se hace necesario precisar el concepto de ideología de Revel para entender su idea de que el liberalismo no es una ideología.

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Para el intelectual francés una ideología es una construcción a priori, esto es, previa a la experiencia, elaborada antes de y pese a los hechos y derechos a los hechos, lo que hace de esta un dogma rígido, invariable e inmune a la evidencia. Así, Revel señala que el liberalismo no es el reverso del socialismo. Para ponerlo en términos claros, los socialistas conciben el liberalismo como conciben ellos su propia ideología, esto es, una ideología totalitaria y ambiciosa que pretende controlar todos los aspectos y dimensiones de la vida humana. Un clásico ejemplo de esta mentalidad es cuando el socialista protesta que el mercado no resuelve todos los problemas ante lo cual un partidario del liberalismo responderá: “nadie ha dicho ni ha pretendido que el mercado resuelva todos los problemas”. Lo que el liberalismo señala, por ejemplo, es que el capitalismo basado en mercados libres, el respeto de la propiedad privada y el libre emprendimiento, sometido estrictamente al Estado de Derecho, es más eficiente que un sistema de planificación central o una o un sistema en donde el Estado viole la propiedad privada e intervenga el mercado. En suma, señala Revel:

“Pero como el socialismo fue concebido con la ilusión de resolver todos los problemas, sus partidarios prestan a sus oponentes la misma pretensión. Ahora bien, felizmente, no todo el mundo es megalómano. El liberalismo jamás ha ambicionado construir una sociedad perfecta. Se contenta con comparar las diversas sociedades que existen, o han existido, y sacar las conclusiones pertinentes del estudio de las que funcionan o han funcionado menos mal”.

En la misma línea de pensamiento escribió Mario Vargas Llosa:

“Por eso, no hay que entender el liberalismo como una ideología más, esos actos de fe laicos tan propensos a la irracionalidad, a las verdades dogma´ticas, igual que las religiones (…) El liberalismo es una doctrina que no tiene respuesta para todo, como pretende el marxismo, y admite en su seno la divergencia y la crítica, a partir de un cuerpo pequeño pero inequívoco de convicciones”.

Más adelante añade:

“El iberalismo no es dogmático, sabe que la realidad es compleja y que a menudo las ideas y los programas políticos deben adaptarse a ella si quieren tener éxito, en vez de sujetarla dentro de esquemas rígidos, lo que suele hacerlos fracasar y desencadena la violencia política”.

 

Bibliografía

1) Friedrich Hayek

a-Derecho, Legislación y Libertad (Unión Editorial)

b-Las vicisitudes del liberalismo (Unión Editorial)

c-Los fundamentos de la libertad (Unión Editorial)

d-Camino de servidumbre (Alianza editorial)

2-Ludwig von Mises. Liberalismo (la tradición clásica)

3) Angelo Panebianco, El Poder, el Estado, La Libertad. La frágil constitución de la sociedad libre (Unión Editorial)

4) Risieri Frondizi. Introducción a los problemas fundamentales del hombre (FCE)

5) Bertrand de Jouvenel. Sobre el poder. Historia natural de su crecimiento (Unión Editorial)

6) Giovanni Sartori

a-Teoría de la Democracia, Tomo 2 (Alianza Editorial)

b-La democracia en 30 lecciones (Taurus)

7) Norberto Bobbio. Liberalismo y Democracia.

 8) Isaiah Berlin

a-Sobre la libertad (Alianza editorial)

b-Isaiah Berlin. La traición de la libertad. Seis enemigos de la libertad humana (FCE)

9) Jean Francois Revel. La Gran Mascarada (Taurus)

10) Mario Vargas Llosa. La llamada de la tribu (Alfaguara)