Reflexiones sobre el Liberalismo (3): colectivismo e individualismo (por Jan Doxrud)

En este escrito abordaré el tema del colectivismo, de manera que en primer lugar examinaré este concepto para dejar en evidencia que es uno potencialmentepeligroso para una sociedad dada. En segundo lugar examinaré el concepto de individualismo que es la postura defendida por el liberalismo. Con esto pretendo desmontar aquella falsedad que nos dice que el colectivismopromueve la solidaridad entre las personas y que el individualismo sería sinónimo de atomización social, egoísmo e indiferencia.

El colectivismo podemos definirlo, de acuerdo a la RAE  como una “Doctrina que tiende a suprimir la propiedad particular, transferirla a la colectividad y confiar al Estado la distribución de la riqueza”. En realidad, el colectivismo se nos presenta bajo una falsa máscara de “solidaridad”, igualdad” y justicia”. Se trata de un caso más de buenas intenciones que logran exactamente lo contrario de lo que plantean. La verdad es que el colectivismo es una doctrina agresiva que fuerza al ser humano a ser igual a los demás, mutilando sus capacidades y su creatividad. La meta final del colectivismo, aunque no lo señalé explícitamente, es homogeneizar al ser humano. El colectivismo, por medio de la coacción, fuerza al ser humano a aniquilarse a sí mismo como individuo para poner todas sus capacidades, intereses y esfuerzos al servicio de la colectividad. Tal colectividad puede encarnarse en el “pueblo”, “proletariado”, “clase trabajadora”, “nación”, “patria” o “raza superior”. El lema del colectivismo es: actuar juntos, pensar juntos, sentir juntos y desear juntos, de manera que el “yo” y el “tu” es reemplazado por el gran NOSOTROS tal como lo describió Yevgueni Zamiatin en su novela “Nosotros”, donde el “mío” y el “tuyo” es reemplazado por el gran “NUESTRO”. La polémica novelista rusa, Ayn Rand (1905-1982), en su novel “Himno” también lleva los peligros del colectivismo hasta sus últimas consecuencias. En esta novela, el protagonista “Igualdad 7-2521” vive  en  un  mundo  donde  todos  los  estudiantes deben recitar antes de irse a dormir:

“Nosotros no somos nada. La humanidad lo es todo. Nos es dado vivir gracias a nuestros hermanos. Existimos por ellos, al lado de ellos y para ellos, que son el Estado. Amén”.

Otros de los pilares del régimen distópico de Rand quedan reflejados en las siguientes palabras:

“Somos uno en todos y todos en uno. No existen hombres sino solo el gran "Nosotros", uno indivisible y para siempre”

Por lo tanto, tenemos que el colectivismo es anti-individualista, esto es, tú  como individuo, con todas tus características que te son propias pasan a ser propiedad de la colectividad, debes someterte y sacrificarte en nombre de algo superior. El colectivismo es egoísta ya que coacciona al individuo a sacrificarse en el altar del colectivismo. Colectivismo significa subyugar el individuo a un grupo y  poco importa quien representa ese grupo (raza, una clase o un estado), ya que al final se viola la ética kantiana que señala que al ser humano debemos tratarlo como un fin en sí mismo y no como un medio. El colectivismo sostiene que el hombre debe  estar  encadenado tanto a la acción colectiva como al pensamiento  colectivo  en aras de lo que llaman “el bien común”, una suerte de óptimo social utópico.  El  colectivismo es muy común dentro de las sectas, ya que funciona como una herramienta de control poderosas y eficaz que suelen utilizar los líderes para someter a sus adeptos. En este contexto, el colectivismo opera de la siguiente manera: convencer a la víctima de que, para ser digno de ser aceptado por el líder y la comunidad, este debe negarse a sí mismo como individuo único, es decir, debe suprimir sus necesidades particulares, sus sentimientos personales, su intimidad, su cosmovisión personal y debe renunciar a sus posesiones materiales. Como resultado, el individuo desaparece y la única realidad existente es el grupoo la colectividad y, claro está, la gran mente colectiva se encuentra encarnada por el líder ante el cual los demás sólo deben obedecer. En ocasiones este método llega a tal punto que a la persona se le solicita que abandone su nombre y tome uno nuevo, una suerte de nuevo bautismo o “gran reset”.

En síntesis, el colectivismo sostiene que el todo es superior a las partes que lo componen, un     forma de holismo extremo en donde las partes constitutivas del todo simplemente desaparecen.

En el mundo colectivista eltrabajo y esfuerzo de la persona, así como los frutos de su esfuerzo no le pertenecen,  sino  que  le  pertenecen a la colectividad, ya que constituye un (supuesto) acto de solidaridad. Si ganas lo que ganas es por que la sociedad lo permite, por ende, debes retribuirla.       Como  escribió  Ludwig  von  Mises  en  “La Acción  Humana”, si  la sociedad  o  el Estado son considerados como entes dotados de volición e intención, entonces carece desentido poner los objetivos triviales del  individuo  mezquino  frente  a  sus  nobles  ideas. No es coincidencia que la Alemania nazi fuera tan adicta a los grandes mítines y aglomeraciones (piénsese en Nüremberg)o   que Corea del norte exceda en sus (tristemente) célebres “juegos de masas” que cautiva la mirada de los turistas.

El psicólogo social francés, Gustave Le Bon (1841-1931), señalaba que desde un punto de vista psicológico,  una  aglomeración  de  seres  humanos  (un a “masa psicológica”) poseía una serie de características nuevas  muy diferentes de las de cada uno de los individuos que la componían. Añadía Le Bon que la personalidad consciente se esfumaba y los sentimiento, así como las ideas de todas  los  componentes,  se  orientaban  hacia  una misma dirección, formándose así una “alma colectiva”. Tal “alma colectiva” tiene la siguiente particularidad: hace (a los individuos) sentir, pensar y actuar de un modo completamente distinto de como lo haría cada uno de ellos por separado.  Esta masa  organizada  o masa  psicológica,  como  la  denominaba Le Bon, constituía un solo ser y se encontraba sometida a una ley que el francés denominaba como la ley de la unidad mental de las masas. Dentro de esa masa organizada  la personalidad consciente desaparecía para dar paso al predominio de la personalidad inconsciente. De acuerdo a lo anterior, los sentimientos y las ideas fluyen en un mismo sentido y, por  medio  de  la  sugestión  y del  contagio, los  individuos tienen la tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas. Le Bon añadía que el ser humano ya no era él/ella misma, sino que pasaba a transformarse en un autómata carente de voluntad propia. Todo lo anterior llevaba al ser humano, por el mero hecho de formar parte de una masa, a descender varios peldaños en la escala de la civilización (vea el comportamiento de las barras bravas por ejemplo o los linchamientos públicos)

El Nóbel de Literatura (1981) Elías Canetti (1905-1994), en su libro “Masa y Poder” señala como rasgos de la masa, la idea de que siempre debe reinar la igualdad dentro de esta, es decir, el individuo debe desintegrarse al interior de esta, ya que individualidad y masa se contraponen. Escribe Canetti:

Sólo inmerso en la masa puede el hombre redimirse de este temor al contacto. Se trata de la única situación en la que este temor se convierte en su contrario. Es esta densa masa la que se necesita para ello, cuando un cuerpo se estrecha contra otro cuerpo, densa también en su constitución anímica, es decir, cuando no se presta atención a quién es el que le «estrecha» a uno. Así, una vez que uno se ha abandonado a la masa no teme su contacto. En este caso ideal todos son iguales entre sí. Ninguna diferencia cuenta, ni siquiera la de los sexos. Quienquiera que sea el que se oprime contra uno, se le encuentra idéntico a uno mismo. Se le percibe de la misma manera en que uno se percibe a sí mismo. De pronto, todo acontece como dentro de un cuerpo.  Acaso  sea  ésta  una  de  las  razones  por  las  que  la masa procura estrecharse tan densamente: quiere desembarazarse lo más perfectamente posible del temor  al  contacto de los individuos. Cuanto mayor es la vehemencia con que se estrechan los hombres unos contra otros, tanto mayor es la certeza con que advierten que no se tienen miedo entre sí. Esta inversión del temor a ser tocado. Forma parte de la masa. El alivio que se propaga dentro de ella (y que será tratado en otro contexto) alcanza una proporción notoriamente elevada en su densidad máxima[1].

En síntesis, Canetti destaca las siguientes propiedades de la masa, que pueden estar presentes en mayor o menor medida:

1-“La masa siempre quiere crecer. Su crecimiento no tiene impuesto límite por naturaleza. Donde tales límites son creados artificialmente, es decir, en todas las instituciones que son utilizadas para la conservación de masas cerradas, siempre es posible un estallido de la masa y, de hecho, se produce de vez en cuando. No hay disposiciones que puedan evitar el crecimiento de la masa de una vez por todas y que sean totalmente seguras.

2-En el interior de la masa reina igualdad. Se trata de una igualdad absoluta e indiscutible y jamás es puesta en duda por la masa misma. Posee una importancia tan fundamental que se podría definir el estado de la masa directamente como un estado de absoluta igualdad. Una cabeza es una cabeza, un brazo  es  un  brazo, las  diferencias  entre  ellos  carecen de importancia. Uno se convierte en masa buscando esta igualdad. Se pasa por alto todo lo que pueda alejarnos de este fin. Todas las exigencias de justicia, todas las teorías de igualdad extraen su energía, en última instancia, de esta vivencia de igualdad que cada uno conoce a su manera a partir de la masa.

3-La masa ama la densidad. No hay densidad que le alcance. Nada ha de interponerse, nada ha de quedar vacilando; en lo posible todo ha de ser ella misma. La sensación de máxima densidad la tiene en el instante de la descarga. Un día será posible determinar y medir más precisamente esta densidad.

4-La masa necesita una dirección. Está en movimiento y se mueve hacia algo. La dirección, que es común a todos los componentes, intensifica el sentimiento de igualdad. Una meta, que está fuera de cada uno y que coincide en todos, sumerge las metas privadas, desiguales, que serían la muerte de la masa. Para su subsistencia la dirección es indispensable. El temor a desintegrarse, que siempre está vivo en ella, hace posible orientarla hacia objetivos cualesquiera. La masa existe mientras tenga una meta inalcanzada. Pero todavía hay en ella otra tendencia al movimiento que conduce a formaciones superiores y nuevas”[2].

 Hay  que  añadir  que  dentro  de este fenómeno de las masas siempre existe una elite, una “vanguardia” (Lenin), que cree ser la elegida para representar a los intereses y necesidades de la masa y creen poder canalizar todos sus deseos. Esto da origen a gobiernos de tipo populistas que se basan  en  la  tiranía  de  las  mayorías de manera que, lo  que  el  intelectual Raymond Aron denominó como “competencia  pacífica por el poder” (es decir la democracia) queda totalmente aplastada por la tiranía de las mayorías. Esta  es una  tradición  política  que se inspira, en parte, en las ideas políticas  del  ginebrino  Jean-Jacques  Rousseau expuestas en su  “Contrato Social” y su obscuro concepto de “voluntad general”, que no hay que confundirla con la “voluntad de todos”, ya que a la primera le concierne  el  bien  común,  mientras  que a la otra le concierne los intereses privados. Escribe Rousseau  en  el  capítulo  primero  del  libro IV  del  Contrato Social:

Mientras que varios hombres reunidos se consideren como un solo cuerpo, no tienen sino una sola voluntad, que se refiere a la conservación común y el bienestar general. Entonces todos los resortes del Estado son sencillos y vigorosos; sus máximas son claras y luminosas; no existen intereses embrollados ni contradictorios; el bien común se muestra evidentemente en todas partes…”.

Más adelante continúa Rousseau:

“Pero, cuando el nudo social empieza a aflojarse y el Estado a debilitarse; cuando los intereses particulares comienzan a dejarse sentir y las sociedades pequeñas a influir sobre la grande, se altera el interés común, que encuentra opositores; la voluntad general ya no es la voluntad de todos; hay contradicciones, debates, y la mejor opinión no pasa sin grandes disputas…entonces la voluntad general enmudece; todos, guiados por razones secretas, no opinan ya como ciudadanos, como si el Estado no hubiera jamás existido…”.

George L. Mosse en su estudio de la política y las masas, explica que la idea de soberanía popular se precisó, mediante la idea de “voluntad general”, “asentándose en la creencia de que la naturaleza del hombre como ciudadano sólo puede existir activamente cuando todas las personas actúan juntas como un pueblo reunido[3]. Más adelante continúa explicando Mosse:

“La voluntad general se convirtió en una religión secular, en la que el pueblo se adoraba a sí mismo y la nueva política trataba de guiar y formalizar ese culto…En consecuencia, el culto al pueblo se convirtió en culto a la nación y la nueva política trató de expresar esa unidad mediante la creación de un estilo político que en realidad se tornó en una religión secularizada”[4].

Tal estilo de hacer política aún esta lejos de desaparecer y el Estado, así como a gobernantes populistas explotan esta idea de la soberanía popular, la idea de que el poder emana del “pueblo”, la utilizan y manipulan a su favor. Así lo hicieron Hitler, Mussolini, Juan Domingo y Eva Peró, Hugo Chávez y otros. En palabras de Mosse:

La nueva política intentó que el pueblo participara activamente en la mística nacional a través de ritos y fiestas, mitos y símbolos que dieran expresión concreta a la voluntad general. La caótica multitud que constituía el ‘pueblo’ se convirtió en un movimiento de masas que compartía la creencia en la unidad popular a través de la mística nacional. La nueva política proporcionó una materialización de la voluntad general; transformó la acción política en un drama supuestamente compartido por el propio pueblo[5].

 

Individualismo

Señalé en un comienzo que el liberalismo defiende el individualismo, por lo que cabe esclarecer este concepto. El individualismo no es sinónimo de egoísmo, atomismo social, indiferencia y falta de solidaridad. Lo anterior es una mera caricatura del individualismo ya que ninguna persona puede negar que el individuo vive en sociedad y que está inserto en un mundo donde necesariamente interactúa con otras personas, ya sea en el ámbito familiar, laboral, etc. Lo que el individualismo afirma, en primer lugar, es que lo que existe son los individuos, es decir, son los individuos concretos, por ejemplo quien escribe y quien lee este escrito. Afirmar que la “sociedad” piensa o que el “pueblo quiere o reclama” carecen completamente de sentido, ya que no sabemos qué es la sociedad yquién es el pueblo. Para Hitler  el pueblo o “volk” era específicamente el pueblo alemán, en otras palabras, la raza aria. En los regímenes comunistas ciertamente no fueron parte del pueblo aquellos que fueron considerados arbitrariamente como explotadores, incluso precarios  campesinos  fueron  catalogados  como  “kulaks”  en  la  Rusia  comunista y, por  ende, ejecutados. Lo mismo sucedió en la China comunista de Mao Tse-tung. Personajes como Lenin y Mao no  veían  individuos  sino  que  sólo  clases  y  tales  clases  eran  definidas  como  a ellos arbitrariamente les parecía. Mao representa la clásica mentalidad del comunista genuino cuando señala lo siguiente:

En la sociedad de clases, cada persona existe como miembro de determinada clase, y sodas las ideas, sin excepción, llevan su sello de clase[6].

                             August Landmesse (1910-1944) alemán casado con una judía quien se negó a realizar el saludo nazi

                             August Landmesse (1910-1944) alemán casado con una judía quien se negó a realizar el saludo nazi

Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008), en su “Archipiélago gulag”, describe la persecución que sufrieron los kulaks, la arbitrariedad de las clasificaciones sociales de los bolchevique, el uso de etiquetas y palabras que “aunque no explicaban nada, eran comprensibles, simplificaban muchas cosas, no era necesario reflexionar en absoluto[7]. El autor ruso muestra cómo en realidad el proceso de “deskulakización” tuvo como objetivo la expropiación de las propiedades y forzar a los campesinos a formar  parte  de  las  granjas  colectivas  o  koljoses. El  clasismo en  los países comunistas fue el equivalente al “racismo” nacionalsocialista en Alemania, donde  las  personas eran condenadas por haber pertenecido a una clase considerada como explotadora. Incluso su descendencia compartía la misma suerte, ya que el hijo de un burgués o un kulak pertenecía también a esa clase. Estas personas eran consideradas “enemigos de clase” y  generalmente  ejecutados, tal  como  lo  ordenó Lenin en un telegrama en 1918 donde ordenó colgar a centenares de kulaks producto de la revuelta en Penza Oblast. El líder bolchevique, frente  a la sublevación  de  cinco  distritos  de  kulaks, instó a que se tomasen medidas ejemplificadoras lo que significaba ahorcar a la vista de todos a un mínimo de cien kulaks, y junto a esto, se debía publicar sus nombres y requisarles el grano”[8].

Por lo tanto, el individualismo no rechaza el uso de los universales tal como lo hizo Guillermo de Occam y los nominalistas radicales, ya que otras disciplinas como la física, la biología, la botánica o las neurociencias operan  con  esta  clase  de conceptos. Así, por  ejemplo,  un  individualista no se cuestionaría la existencia de la mente como una propiedad emergente  de  la  interacción entre neuronas,  esto es, que mente  tienepropiedades que  las  neuronas aisladas no tendrían. El individualismo no defiende una epistemología reduccionista que plantea que el estudio del individuo basta para entender los fenómenos sociales. Hay autores como Mario Bunge quien ha tratado conciliar el holismo y el individualismo acuñando el término “individuholismo”. Tal concepto combinaría  el  holismo  y  el  individualismo metodológico, el atomismo y el funcionalismo. El “individuholismo” evitaría entonces  caer  en  el  atomismo  o  en  la  ficción de un sujeto-isla incomunicado con otros sujetos y el holismo-colectivismo radical que considera que la totalidad determina a las partes  y  que  el  conocimiento  de  las  partes es innecesario  para  comprender la totalidad. Como explica el mismo Bunge el enfoque más enriquecedor es el sistémico, esto es, “que toda cosa concreta y toda idea son un sistema o algún componente de un sistema". De acuerdo a esto, el ser humano es un componente de diversos sistemas sociales como la familia, un club, la empresa, la escuela, la universidad, la iglesia, sinagoga, etc). El ser humano a su vez está compuesto de subsistemas: físico, químico, biológico y el social.

Lo que el individualista hace, en el sentido en que lo estamos abordando, es desconfiar de la manipulación que se hace de estas palabras, es decir, el caer en la falacia de la reificación (hipostatación)o atribuir a abstracciones propiedades que pertenecen a entidades concretas.  Así, tenemos  una  serie  de  ejemplos: “Yo represento  al  pueblo”, “ellos son enemigos de clase”, “burguesía parasitaria”, “la raza aria es superior a las demás razas”, "La patria clama por venganza”. Estas son meras clasificaciones arbitrarias y extremadamente simplistas que, en boca de algunos personajes, puede llegar a ser fatales.

En segundo lugar hay que señalar que el individualismo no es sinónimo de atomismo social, es decir, una concepción de la sociedad en donde los individuos son considerados átomos herméticos que carecen de cualquier tipo de relación. El individualismo metodológico considera a los individuos como entidades sociales y las instituciones son fruto de la interacción de los seres humanos, es decir, las instituciones  políticas  son  fruto  de la acción humana y no siempre fruto del diseño humano.  Friedrich  Hayek  afirmaba  en  un  célebre  ensayo[9]  que  el  término  político “individualismo”  era  uno  de  aquellos  conceptos que había sido fuertemente distorsionados.  ¿Cuál es el individualismo que Hayek considera como verdadero? Responde el intelectual austriaco:

El verdadero individualismo, que es el que procuraré defender comenzó su desarrollo moderno con John Locke, y particularmente con Bernard Mandeville y David Hume, y alcanzó verdadera relevancia por primera vez en el trabajo de Josiah Tucker, Adam Ferguson y Adam Smith y también en la labor de su gran contemporáneo Edmund Burke, el hombre a quien Smith describió como la única persona que conoció con un pensamiento igual al suyo en materias económicas, sin que hubiera comunicación previa alguna entre ambo. En mi opinión, el individualismo fue representado en su forma más perfecta durante el siglo XIX en el trabajo de dos de sus grandes historiadores y filósofos políticos: Alexis de Tocqueville y Lord Acton. Pienso que estos dos hombres han tenido más éxito en desarrollar lo mejor de la filosofía política de los pensadores escoceses, de Burke y de los Whigs ingleses…”[10].

El “otro” individualismo del que habla Hayek, y que lo concibe como un “falso” individualismo (lo considera más bien como un socialismo moderno inspirador del colectivismo) es aquel que tuvo sus inicios en Francia y otros pensadores del continente europeo. Este es el individualismo racionalista que tiene sus antecedentes en Descartes, los enciclopedistas e incluso Rousseau (que no es considerado propiamente como un racionalista)

Hayek explica que tanto el término “individualismo” como “socialismo” fueron creados por los seguidores del Conde de Saint-Simon. Crearon y utilizaron el término individualismo para describir a una sociedad competitiva. A esta opusieron el término socialismo para describir la sociedad centralmente planificada en la que toda actividad era dirigida bajo el mismo principio que se aplicaba dentro de una sola industria. El término habría sido introducido al inglés a través de la traducción de uno de los trabajos de Alexis de Tocqueville. El francés, en su “Democracia en América” definía el individualismo de la siguiente manera: "El individualismo es un sentimiento reflexivo y pacífico que dispone a cada ciudadano a aislarse de la masa de sus semejantes y a retirarse aparte con su familia y sus amigos; de tal manera que, tras haber creado así unapequeña sociedad a su estilo, abandona gustosamente la grande a su propia suerte”. El individualismo es para este autor una actitud que rechaza completamente. Hayek se pregunta:

¿Cuáles son entonces las características esenciales de verdadero individualismo? En primer lugar afirma que estamos ante una teoría de la sociedad. De acuerdo a Hayek, el individualismo constituye unintento por conocer las fuerzas que determinan la vida social del hombre y sólo en segunda instancia, un conjunto de máximas políticas derivadas de esta perspectiva de la sociedad. El austriaco añade que lo anterior debería ser suficiente para refutar el más absurdo de los malentendidos comunes, esto es, aquella creencia de que el individualismo postula la existencia de individuos autónomos y aislados, en lugar de entender que el carácter y la naturaleza de los hombres están determinados por su existencia en sociedad. El individualismo postula, a diferencia del colectivismo,  que no existe otra forma para llegar a una comprensión de los fenómenos sociales si no es a través del entendimiento de las acciones individuales dirigidas hacia otras personas y guiadas por un comportamiento esperado. En síntesis Hayek nos dice que el concepto de individualismo ha sufrido distorsiones y tiende a identificarse con falsos individualismos, como el individualismo racionalista que es fuente del socialismo. Tal individualismo cartesiano, señala Hayek,  es fruto de una exagerada confianza en los poderes de la razón individual y, por lo tanto, un desprecio hacia todo lo que la misma no proyecta intencionadamente y que no resulta inteligible por ella.

Palabras finales

La solidaridad y el altruismo no debe promoverse por medio de la coacción. No importa cuales sean las intenciones de los colectivistas, los hechos han dejado claro que cuando al individuo se le pretende someter y sacrificar a algo “superior” a su persona, a la colectividad, al “pueblo”, a la “clase” o a la “raza”, la libertad queda sepultada y la sociedad, especialmente las personas de escasos recursos, quedan completamente sometidas a los arbitrios de una elite dirigente y se transforman en clientes forzados de un aparato estatal de enormes proporciones. Tal fue el caso de la Alemania nazi, el de todos los socialismos reales (además de Cuba y Corea del Norte) y el caso de Venezuela.

Cabe añadir que los colectivistas por lo general poseen también una mentalidad “planificacionista” o “ingenieril”, es decir, creen que todos los aspectos de la sociedad pueden planificarse hasta en sus más mínimos detalles, lo cual incluye también lo que ellos consideran debe ser la felicidad de las personas o la meta última a alcanzar: sociedad sin clases o el mundo regido por una raza particular. Si a esto le sumamos la firme convicción del colectivista de que el ser humano es una tabla rasa, de manera que, por medio de estímulos específicos, podemos hacer de este lo que queramos.

Para Mao Tse-tung una “hoja en blanco” se podían escribir las palabras más nuevas y hermosas y pintar los cuadros más originales y bellos. El régimen comunista de los Jemeres Rojos en Cambodia, también tenían una frase lapidaria: “El recién nacido no tiene manchas”.

 

[1] Elias Canetti, Masa y Poder (Muchnik Editores, 1981), 4.

[2] Ibid., 23.

[3] George L. Mosse, La nacionalización de las masas. Simbolismo político y movimientos de masas en Alemania desde las guerras napoleónicas hasta el Tercer Reich (Argentina: Siglo XXI Editores, 2007), 16.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Mao Tse-tung, Sobre la práctica. Sobre la relación entre el conocimiento y la práctica, entre el saber y el hacer (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/OP37s.html)

[7] Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag III (España: Tusquets Editores, 2010), 432.

[8] Robert Service, Lenin: una biografía (España: Siglo XXI editores), 413

[9] Friedrich Hayek, Individualismo: el verdadero y el falso (ensayo en línea: www.hacer.org/pdf/Hayek04.pdf)

[10] Ibid., 4.