4) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: abandonando la tribu (por Jan Doxrud)    

4) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: abandonando la tribu (por Jan Doxrud)


Las multitudes sienten una necesidad constante de coherencia mental y de certidumbre afectiva. Esto les permite comprender los acontecimientos, descifrar el sentido del universo inestable y complejo cuyo juguete parecen ser. El aspecto dogmático de las creencias corresponde a esa necesidad de reafirmación análoga a la de los niños. Al explicar por una causa única y visible – los obreros, los judíos, los capitalistas, el imperialismo – una realidad movediza, al dar respuestas simples e imperativas a las preguntas, al decretar “esto es cierto, esto es falso”, “tal cosa es buena, tal otra es mala”, se suministra la coherencia y la certidumbre buscadas”

(Serge Moscovici. La era de las multitudes. Un tratado psicológico de la psicología de las masas)


Vemos que las minorías fanáticas, dogmáticas e intolerantes deben importarnos. Lamentablemente las universidades y sus directivos no están ayudando con su actitud condescendiente y cobarde frente a las pretensiones de esta clase de alumnos. Ya es común ver titulares en donde se puede leer acerca del miedo que reina entre el profesorado producto de la nueva “stasi” infantil que ronda en los campus universitarios. En un artículo de The Telegraph sobre el miedo, por parte de los profesores universitarios, de abordar y discutir ciertos temas que se han vuelto prácticamente tabú. Temas que caen ajo esta categoría guardan relación con derechos de los homosexuales, fluidez de género, islamofobia o la política basada en la identidad. A la hora de abordar estos temas hay que saber cómo hacerlo y tener claro que no se pueden cuestionar sino que sólo guardar silencio. La controversia queda así aplastada por temor a que el profesor pueda ofender los sentimientos de algún estudiantes y esto genere una onda expansiva que termine con la presión de los estudiantes y su renuncia. 

El titular del Fiscal Times se pregunta por qué razón los profesores le temen a los millenials y en el portal Vox.com un profesor explica cómo tiene que adaptar sus clases y el material que usa en clases para no ofender a sus alumnos. Cuenta que fue testigo de cómo no se le renovó el contrato a un colega debido, al parecer, a que los alumnos se quejaron de que los expuso a textos ofensivos. ¿Sabrá el lector quiénes eran los autores de esos textos? ¿el Mein Kampf de Hitler? ¿La desigualdad de las razas de Gobineau? ¿El hombre criminal de Lombroso? Nada de eso, sus autores eran el fallecido académico palestino y profesor de la Universidad de Columbia, Edward Said y el otro era Mark Twain. Los testimonios que uno puede encontrar en artículos muestran siempre lo mismo y se reduce a lo siguiente: miedo a herir los sentimientos de los estudiantes. 

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Existe un interesante artículo publicado en el 2014 en“The McGill Daily” bajo el título “Everything is problematic. My journey into the centre of a dark political world, and how I escaped”, escrito por Trent Eady.Eady cuenta que desde los 17 años era un activista queer y que recibió la influencia de las obras de la académica estadounidense Judith Butler. Eady estaba en contra de las etiquetas cosificadoras y con la visón “binaria” del género esto es, el reducirlo a masculino o femenino. En la Universidad de McGill atendió a clases sobre teoría feminista y de estudios sobre diversidad sexual. Así, Eady era una activista comprometida y muy radicalizada (como reconoce) que quería expandir y hacer oír sus ideas. Pero con el tiempo, Eady comenzó a sentir un desencanto por el ambiente en que se movía. 

Al parecer su cosmovisión se volvió menos radical y maniquea, ya no abogaba por la revolución y no concebía al capitalismo y al Estado como enemigos (como si fuesen personas que hubiesen matado a su perro señala Eady). También adoptó una visión más sistémica (y matizada)acerca de cómo opera la realidad y ya no la filtraba a través de la furia moral. Es en este punto donde comienza a realizar una crítica contra los justicieros sociales y jóvenes pertenecientes a la izquierda radical de la cual formó parte. Las principales críticas que esgrime Eady en contra de estos grupos es su dogmatismo, antiintelectualismo, mentalidad de cruzados (es decir fanáticos) y en donde predomina el pensamiento de grupo que el individual.

Con dogmatismo se refiere a que estos grupos creen estar en posesión de ciertas creencias sagradas que no pueden ser de ninguna manera cuestionados. Estar en desacuerdo con tales creencias no significaba a esa persona estar simplemente “equivocadas ” sino que las transformaba en mala personas. El  espíritu de cruzada  se desprende del punto anterior, esto es, si estoy en posesión de principios sagrados incuestionables, entonces tengo que imponerlos y prohibir a cualquier ponerlos en duda. Añade que este espíritu de cruzado transforma el mundo en una lucha entre el bien y el mal donde no hay espacios para matices. 

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El  antiintelectualismo se refiere al rechazo de estos grupos de teorías o autores que contradigan sus ideas (aunque estos grupos también se basan en teorías de ciertos autores). Esto además los lleva a cometer falacias como el de santificar a aquellos miembros de grupos discriminados y pensar que sus juicios y opiniones son infalibles, especialmente cuando se abordan temas de opresión y marginalización. Como bien señala esto lleva a estos grupos a creer que un homosexual está más de hablar homofobia que un heterosexual (ya me referiré más adelante sobre este argumento). Así, para estas personas una teoría ética no se sustenta por la validez formal y material del argumento sino que dependerá de quien esgrima el argumento. Pero como acertadamente afirma Eady:

“Las personas que pertenecen a grupos oprimidos son solo personas, con pensamientos en última instancia tan falibles como los de cualquier otra persona. No son oráculos que dispensan la sabiduría eterna”.

Tenemos otro breve artículo titulado “Why I don’t support identity politics anymore”publicado en The Harvard Crimson en enero de 2018 por  Michelle I. Gao. Lo planteado coincide en las ideas planteadas por Eady. Gao comienza señalando que solía “creer” en la “Identity Politics” puesto que le decía que ella y su experiencias importaban, que su identidad le confería autoridad y que sus creencias no podían ser invalidadas porque su identidad no podía ser invalidada. En una conversación con sus padres Gao estaba preparada para comenzar su discurso sobre la necesidad de luchar contra el racismo institucionalizado de Estados Unidos y apoyar a las minorías. Se encontró con que sus padres, de origen asiático (no dice el país) tenían una visión diferente sobre el tema. Gao señala que sus padres sabían bien todos esos temas, pero tenían una experiencia diferente sobre su llegada a Estados Unidos y no encontraban necesario oponerse a los “blancos” y apoyar a movimientos afroamericanos. 

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Para sus padres, Estados Unidos representó un país de oportunidades, incluso para las minorías. Gao señala que se volvió consciente de que sus estándares para dialogar y argumentar habían disminuido y su único argumento era su raza y sus experiencias. Añade que ella no entregaba razones y solo apelaba a factores externos que la obligaban a ella y otros a actuar. Pero con sus padres no era necesario apelar a la identidad o a la raza, de manera que había que quitar estos conceptos del puesto central que ocupaban en su discurso. Concluye el escrito señalando que la “Identity Politics” sólo tiene el efecto de hacer sentir bien a las personas respecto a sí mismas, pero a costa de una conversación productiva.

I) Fuentes (internet)

1) Artículo de Trent Eady

https://www.mcgilldaily.com/2014/11/everything-problematic/

2) Artículo de Michelle I. Gao

https://www.thecrimson.com/article/2018/1/24/gao-identity-politics/




II)  Algunas lecturas:

Teun van Dijk. El discurso como interacción social.

Teun van Dijk. Ideología.

Giovanni Sartori. La sociedad multiétnica.

Peter L. Berger y thomas Luckmann. La construcción social de la realidad

Samuel Huntington. ¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional estadounidense

Jaime Fierro. La ciudadanía y sus límites.

Charles Taylor. Fuentes del Yo.

Michael Walzer. Pensar políticamente.

 Francois Dubet. De la sociología de la identidad a la sociología del sujeto

 Judith Butler. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad.

 Zygmunt Bauman. La Modernidad Líquida.

 Francois Dosse. Histora del Estructuralismo (2 tomos)

 Victoria Camps. Elogio de la duda.

 Victoria Camps. El gobierno de las emociones.

 Pascal Bruckner. La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental.

 Francis Fukuyama. Confianza. Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad.

 George Lukianoff y Jonathan Haidt. Malcriando a los jóvenes estadounidenses. Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están preparando a una generación para el fracaso.