(4) Feminismos: ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)

(4) Feminismos: ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)

Para ir sintetizando, podemos señalar que las premisas básicas de ciertos movimientos feministas son, al menos, cuatro. En primer lugar se considera que la mujer es víctima de la opresión del sistema patriarcal, explotación que se manifiesta en los ámbitos social, económico, político y psicológico. En segundo lugar, dentro de una sociedad patriarcal la mujer es marginada, definida, moldeada y normada por el hombre. En tercer lugar, y este es un punto central, tenemos que la “civilización occidental” se encuentra profundamente arraigada en la “ideología patriarcal”, lo que significaría que la eliminación del patriarcado significaría también la eliminación de la civilización occidental. Ahora bien, cabe aclarar que tal sistema patriarcal no es monopolio de la civilización occidental, puesto que se encuentra presente históricamente en la historia de países tales como la India, países musulmanes, China y en numerosos pueblos aborígenes. En cuarto lugar tenemos otra idea central y es la separación entre “sexo”, la biología que determina nuestro sexo, y el “género”, que es determinado por la cultura, siendo este último normado y moldeado por el patriarcado.

Con el feminismo radical se replica el mismo esquema establecido por Marx y Engels sólo que se realizan algunos cambios. Algunas feministas de izquierda han sustituido la lucha de clase por una lucha que subyace a esta que es la lucha entre los sexos, una pugna milenaria entre el hombre y la mujer y en donde esta última ya no busca la abolición de la propiedad de los medios de producción, sino que la libertad respecto del hombre y la libertad de sus medio de reproducción. Cabe añadir que en algunas versiones más radicales del feminismo (que en realidad son movimientos androfóbicos supremacistas femeninos) consideran que el sexo, el matrimonio y el tener hijos, constituyen formas de opresión y dominación por parte del hombre sobre la mujer. Por ejemplo la marxista rusa, Alejandra Kollontai escribió en  su obra “Las relaciones sexuales y la lucha de clases” también defendía la abolición de la familia por considerarla como una forma de explotación del régimen burgués capitalista, de manera que el establecimiento de la sociedad comunista implicaba también una completa y radical transformación de la familia. En suma, en una sociedad comunista la familia, tal como la entendemos en nuestro días dejaría (por medio de la coacción) de existir- En palabras de la autora:

 "La moralidad burguesa, con su familia individualista encerrada en sí misma basada completamente en la propiedad privada, ha cultivado con esmero la idea de que un compañero debería «posee» completamente al otro. La burguesía  ha logrado a la perfección la inoculación de esta idea en la psicología humana. El concepto de propiedad dentro del matrimonio va hoy día mucho más allá que el concepto de la propiedad en las relaciones sexuales del código aristocrático

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Para entender la relación entre el marxismo y ciertas corrientes feministas, tenemos que retroceder al siglo XIX y centrarnos en una de las obras del amigo de Marx, me refiero a Friedrich Engels quien constituye uno de los pilares del feminismo de izquierda actual. En su obra, “El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado”, Engels denuncia que la abolición del derecho materno constituyó la gran derrota del sexo femenino, que fue reducido a un mero medio de reproducción humana bajo el matrimonio monógamo. Engels llegó a afirmar que, dentro de la familia tradicional, el varón representaba al burgués explotador y la mujer al proletariado oprimido,

Tal será el punto de partida de las teorías y trabajos de autoras como Simone de Beauvoir, Kate Millet o Shulamith Firestone. Simone de Beauvoir continuaría con la idea de que el hombre mantiene a la mujer en un estado pasivo y de dependencia, en un medio que sirviera a los hombres para sus propios intereses. Una de las formas visibles de sometimiento para de Beauvoir era el matrimonio, la procreación, la maternidad y el trabajo doméstico. Así, de Beauvoir propone la idea de crear una mujer enteramente nueva, de ahí su famosa frase “Uno no nace, sino que se hace mujer”. Para la autora francesa la liberación de la mujer pasaba por la participación en sector público y la reestructuración del sistema económico que constituía otro factor de opresión hacia las mujeres (cabe señalar que para de Beauvoir feminismo y socialismo iban de la mano). Por su parte, Kate Millet considera la dialéctica hombre-mujer como la “verdadera explotación”, es decir, la explotación que subyace a todas las demás explotaciones. Dentro de la tríada marxista tesis-antítesis-síntesis, el patriarcado y la definición de la mujer por parte de este, constituye la tesis. Luego viene la antítesis, representada por la revolución feminista. Millet también señaló Que  el amor había sido “el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban”. Shulamith Firestone, no fue propiamente una “feminista” (¿?) puesto que su proyecto utópico suponía abolir la sexualidad misma, de manera que la diferenciación hombre y mujer ya serían cosa del pasado. Firestone, como otras teóricas feministas, poseía un bagaje intelectual bastante mediocre a saber: ideas básicas de Marx, Engels, un poco de Freud y Marcuse, entre otros autores. Firestone hablaba de una “dialéctica de los sexos” para dar a entender que la dialéctica u oposición esencial en la sociedad no era de índole económica y, por ende, no se daba entre capitalistas y la clase trabajadora, sino que entre los sexos.

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Cabe preguntarse entonces en qué consiste la utopía final de Firestone. La autora, siguiendo el esquema marxista y las ideas de Engels, señala que la mujer oprimida debía rebelarse con el objetivo de eliminar las clases sexuales (ya no las clases sociales como en el marxismo), es decir, la genitalidad ya no tendría ninguna relevancia dentro de la utopía de Millet, una idea que daría paso a lo que se conoce como el nihilismo de género. Como se puede inferir, esto último significa el fin del feminismo para dar origen a una corriente de pensamiento completamente nueva que pretende destruir todos los pilares de la cultura occidental. Firestone explica en su libro que el nuevo sistema que debe reemplazar al vigente debe tener una serie de características. Podemos mencionar la idea de que la mujer debe liberarse de la tiranía de su biología reproductiva, siendo uno de los “ideales” es que las nuevas tecnologías reproductivas corten la dependencia de la mujer respecto del varón. En segundo lugar está la plena autodeterminación e independencia económica de mujeres, la abolición de los sexos e incluso de las fases por las que atraviesa el ser humanos, desde la infancia hasta la vejez. En suma, la utopía de Firestone es de un libertinaje en donde todo está permitido.

Las ideas de estas y otras autoras han penetrado profundamente en los departamentos de humanidades de importantes universidades. El filósofo de la ciencia David N. Stamos pone en evidencia que los “Estudios de las mujeres” ha transitado desde temas sobre justicia a un ataque indiscriminado hacia la biología. Lo anterior se puede ver en la negación total de que las diferencias de género puedan tener una base biológica y a esto podemos añadir la acusación de que la biología evolutiva se encuentra corrompida por sexismo o, más bien, el patriarcado. Nuevamente se repite un patrón similar al que ocurría tanto en el totalitarismo nazi como comunista, esto es, la creencia de que existen diferentes lógicas que operan de manera independiente. Para los nazis, existía una ciencia aria y otra judía, para el comunista había una lógica burguesa y otra proletaria y, para las feministas radicales, existe una lógica machista patriarcal que permea toda la ciencia  de manera que la ciencia para estas feministas es sólo una narrativa más y conceptos como “hormonas” o “átomos” son meras construcciones sociales.( haga click AQUI para leer el articulo sobre las ciencias dentro de los totalitarismos)

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Esta autoras no son capaces de diferenciar entre el contexto de descubrimiento y contexto de justificación, tal como lo advirtió Hans Reichenbach. El contexto de descubrimiento hace referencia  a aquellos factores que influyen en la elaboración de una teoría científica, lo que puede incluir elementos que no son racionales. Por su parte, el contexto de justificación se refiere las pruebas o demostraciones que se dan con el objetivo de justificar y defender la verdad de una hipótesis científica. Por ejemplo, podríamos decir que los estudios de Isaac Newton o Johannes Kepler estuvieron profundamente motivados por sus convicciones religiosas, pero una vez elaboradas sus respectivas teorías, esta es válida tanto para un católico, protestante, buddhista o musulmán, puesto que sus descubrimientos están fundamentados. Lo mismo sucede, por ejemplo, con los las mediciones de la rotación de las estrellas de la astrónoma Vera Rubin. Sus estudios y descubrimientos son independiente si es mujer u hombre, lo mismo corre para la ley de la gravitación universal. No está de más añadir, como señala Pinker, que gran parte de los estudios acerca de la base biológica de la diferencia de los sexos han sido dirigidos por mujeres, de manera que difícilmente estaríamos ante un caso de complot científico-patriarcal para someter a las mujeres.