5) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: algunas falacias y distorsiones cognitivas (por Jan Doxrud)

5) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: algunas falacias y distorsiones cognitivas (por Jan Doxrud)

 

 (…) la pasión pura y desbocada, sin el criterio racional, es mal soporte para la acción colectiva que busca el bien común. Los sentimientos en la vida pública son tan necesarios como peligrosos. Por eso hay que apelar al discernimiento

(Victoria Camps. Elogio de la duda)


Regresando al libro  de Haidt y Lukianoff mencionado anteriormente, me referiré brevemente a la Parte 1, que se divide en 3 capítulos, y a l a P arte 2 que consta de 2 capítulos. En la Parte 1, los autores abordan 3 falacias. La primera es la falacia de la fragilidad, esto es, “lo que no te mata, te hace más débil”. Esta falacia radica en que el conflicto y la oposición es percibido como algo negativo y que hay que evadir de diversas maneras: huyendo, frustrándose, censurando o negando al otro. Pero si bien el conflicto no siempre es algo agradable y puede causar ansiedad, esto no es algo negativo, puesto que ayuda a conocernos a nosotros mismos, a forjar nuestro carácter, conocernos a nosotros mismos y poder crecer como personas. Así, por ejemplo, en lugar de sólo frustrarse y rumiar pensamientos negativos, debido a una confrontación con otra persona, algo más positivo es entender qué fue lo que me molestó y me dejo en tal estado y, por último, como puedo solucionarlo. Esto, obviamente, requiere de una gran capacidad de introspección y disciplina para poder, de esa manera, regular nuestras emociones y sentimientos (parte de lo que yo entiendo por “inteligencia emocional”) . Haidt y Lukianoff hablan del fenómeno del “securitismo” en virtud del cual la seguridad (al lo cual yo agrego hedonismo) se ha convertido en el valor supremo. En palabra de los autores: 

“Cuando se educa a los niños en una cultura del securitismo que les enseña a permanecer emocionalmente a salvo y los protege de cualquier peligro imaginable, puede darse un círculo vicioso: los niños se hacen más frágiles y menos resilientes, lo cual les indica a los adultos que requieren de mayor protección, lo cual, a su vez, los hace aún más frágiles y menos resilientes”. 

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La segunda falacia que destacan  los autores es la del razonamiento emocional que dice: “confía en tus sentimientos”. Como ya he señalado en otros artículos, los sentimientos y emociones están sobrevaloradas. Con esto quiero dar a entender mi rechazo hacia aquel razonamiento falaz que nos dice que la “razón” (como si fuese una abstracción con existencia propia independiente de nuestros cerebros) es fría y calculadora, mientras que los sentimientos y emociones vendrían a ser una suerte de dimensión virgen, pura e impoluta del ser humano, de manera que vendría a ser nuestra mejor guía de manera que tiene que evitar ser “reprimida por la razón. 

No está de más decir que han habido líderes políticos que se han abandonado a la pura pasión y arrebato de sus emociones para determinar sus decisiones, como fue el caso de Hitler o Mussolini. Con esto, quiero dar a entender que es errónea esa línea divisoria a la que estamos habituados y que nos dice no solamente que razón y emoción van por carriles diferentes sino que, además, señala que la emoción y los sentimientos gozan de una suerte status superior sobre la razón. Como escribió la ya mencionada Victoria Camps, el ser humano debe aprender a gobernar sus emociones y amoldar sus sentimientos a las directrices de la razón. En palabras de la filósofa:

“El comportamiento ético (…) requiere aprender a gobernar los sentimientos, no eliminarlos como si fueran pasiones inobles o desordenadas, pero sí reconducirlos de forma a que se ajusten a criterios racionales (…) Saber calibrar el valor de los sentimientos y cómo contribuyen a crear una sensibilidad no desviada, es el signo de la madurez moral”.

Berkeley: espacios seguros para “personas de color", querer y trans

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No me extenderé más sobre la temática de la racionalidad ya que lo he desarrollado en otro artículo. Haidt y Lukianoff nos señalan que el razonamiento emocional es una distorsión cognitiva. Los autores, basándose en la terapia cognitivo-conductual del académico y psiquiatra Aaron Beck (1921)nos recuerdan el vínculo que existen, por ejemplo en las personas que sufren de depresión, entre los pensamientos de una persona y los sentimientos que venían con ellos, y cómo estos se retroalimentan. Lo que Beck intentó hacer fue romper esta retroalimentación, por medio del análisis de tales creencias y someterlas a nuestro pensamiento crítico, presentando contraevidencias. Estas distorsiones cognitivas son, a menudo, la base de acusaciones infundadas o de las denominadas “microagresiones”  y que son definidas por Derald Wing Sue como indignidades verbales, conductuales o ambientales, intencionadas o no intencionadas, que comunican desaires raciales o insultos hostiles o negativos hacia gente de color. 

El problema con esta definición es el concepto de agresión “inintencionada” ya que, como advierten los autores, se define tal desaire o agresión en términos de lo que el oyente interpreta como tal. Así podría suceder que usted comienza una charla diciendo: “bienvenido a todos” ante lo cual alguien podría sentirse ofendida puesto que usted estaría dirigiéndose solo al público masculino. Ante este “desaire” usted podría rectificar y añadir “bienvenidas a todas”, ante lo cual un grupo podría sentirse ofendido puesto que usted esta operando bajo una lógica de género binaria, es decir, está asumiendo que los oyentes son hombres o mujeres, ignorando así aquellos que no se definen en términos femeninos o masculinos.  Incluso pueden haber casos de frases que, efectivamente, pueden ser bastante poco afortunadas como señalarle a alguien “que no pareces gay” o que “eres bastante femenina para ser lesbiana”, pero está en las personas en cómo saber reaccionar de manera correcta ante esta clase de frases. Lo que aquí se critica son aquellas personas que sólo reaccionan victimizándose y censurando a su interlocutor al más mínimo indicio de que detecte una microagresión (por ejemplo dejar pasar primero a una mujer, abrirle la puerta a una mujer para que pase, cederle el asiento a una mujer…¿serían estos signos de migroagresiones sexistas?)

Muchas veces estas microagresiones percibidas subjetivamente no son conscientes ni intencionales, de manera que podríamos preguntarnos el por qué no hablar simplemente de agresiones o agresiones verbales en lugar de “micro” agresiones. Si usted utiliza pronombre para referirse a hombres y mujeres podría estar cometiendo una microagresión contra quienes se declara como género neutro o fluido.

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Jordan Peterson se negó a que una ley lo obligase a utilizar pronombres neutros, puesto que el Estado no tiene ningún derecho a entrometerse en ese asunto ni menos obligar a una persona a utilizar ciertos términos, como pronombres neutros. De acuerdo a Haidt y Lukianoff el concepto de microagresión revela un cambio moral clave en los campus universitarios: el giro desde la “intención” al “impacto”.  Explican que en el juicio moral, la intención resulta ser medular para evaluar la culpabilidad. En palabras de ambos autores:

“(…) si accidentalmente dices o haces algo que un miembro de un grupo considera ofensivo, pero no albergas aversión o malos deseos sobre la base de pertenencia a un grupo, entonces no eres un intolerante, incluso si has dicho algo torpe o insensible que requiera una disculpa”

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Tenemos el caso reciente caso del Primer Ministro Justin Trudeau quien se está viendo fuerte y negativamente impactado por unos videos y una foto de hace más de 20 años donde aparece con la cara pintada. En la foto en una fiesta de disfraces donde, al parecer, estaría disfrazadme de Aladino. Ahora bien, el “fenómeno blackface” o “brownface” hay que entenderlo dentro de un contexto más amplio que nos lleva hasta el siglo XIX. El pintarse la cara de color era parte de algunos espectáculos interpretados por blancos donde incluso donde afroamericanos no podía asistir. En el siglo XX la actriz Judy Garland (1922 - 1969) se pinto la cara para interpretar Judy Ballaire en “Everybody Sing” (1938) para poder interpretar su gran pasión que era el jazz y que le había traído problemas en su vida escolar. El cantante estadounidense Al Jolson (1886-1950) también se pinto la cara para su interpretación en “The Jazz Singer”(1927). Entre 1958 y 1978 la BBC transmitió un programa llamado The Black and White Minstrel Show interpretado por blancos con sus caras pintadas para parecer “negros”.

Al Jolson y Judy Ballaire

Al Jolson y Judy Ballaire

En fin, puede que esta clase de actos el hecho es que estos actos ofenden a un gran número de personas y cause un impacto que, en el caso de Trudeau, podría costarle su carrera política. Así, tenemos que el impacto termina completamente ensombreciendo a la intención. Podríamos preguntarnos si realmente Trudeau, al pintarse su cara, incurrió en una práctica racista o, peor aún, el Trudeau de hace más de 20 años era racista o tenía una visión cosificada, estereotipada y despersonalizada de la gente “de color”? ¿Qué hay de las personas presentes en la fiesta de disfraces o que estaban junto a él en el video? ¿Por qué nadie lo criticó en su momento al joven Trudeau por pintarse la cara? ¿Acaso las mujeres de la foto vendrían a ser también racistas posar junto al, en ese entonces, joven Trudeau con su cara pintada? De partida podríamos preguntarnos por qué razón le sacaron esa foto

Acaso tenemos que siempre reaccionar de manera dramática ante los denominados “estereotipos”. ¿Habría que cancelar programas como los Simpson que se basan en puros estereotipos o las performance de las Drag Queens? ¿Son los estereotipos en sí malos? En el caso de Trudeau, el disfraz no era ofensivo, por ejemplo, podría entender un disfraz de Hitler, o de un judío tal como los estereotipaban los nazis en su propaganda o disfrazarse de un esclavo negro con cadenas. Pero el caso de Trudeau no fue ese.

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Regresando a las distorsiones cognitivas,y que se encuentran de algunos de los jóvenes que abordamos en este artículo, tenemos las siguientes: 

-Catastrofismos: concentrarse en el peor de los resultados posibles. 

-Generalización exagerada: percibir un patrón general de negativismo a partir de un solo incidente), 

-Pensamiento dicotómico: ver a las personas y acontecimiento en términos de todo o nada, blanco o negro. Se tiende a utilizar palabras como “ninguno”, “todos”, “nadie”, es decir, se mueve en un mundo de absolutos.

-Lectura de pensamiento: asumir que sabes lo que piensan las demás personas sin tener evidencias.

-Etiquetar: asignar rasgos negativos globales a uno mismo o a otros.

-Filtración negativa: concentrarse exclusivamente en lo negativo.

-Culpar: concentrarse en la otra persona como fuente de tus sentimientos negativos con la consecuencia de que la persona se niega a asumir la responsabilidad de cambiarse a sí mismo.

La tercera falacia destacada por los autores es la del “nosotros vs ellos” o concebir la vida como una batalla entre buenos y malos. Este es un fenómeno propio de la mentalidad tribal o de grupo. Por ejemplo, Mario Vargas Losa en su “La llamada de la tribu”, señala que tal título hace referencia al 

“(…) irracionalismo del ser humano primitivo que anida en el fondo más secreto de todos los civilizados, quienes nunca hemos superado del todo la añoranza de aquel mundo tradicional – la tribu- cuando el hombre era aún parte inseparable de la colectividad, subordinado al brujo, al cacique todopoderoso, que tomaba por él todas las decisiones (…) y odiando al otro, al ser diferente, a quien podían responsabilizar  de todas las calamidades que sobrevenían a la tribu”.

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Aquí es donde entra en escena la denominada “identity politics”y la “interseccionalidad” (a las que me referiré más adelante)que, hasta cierto punto, presenta rasgos como los que describe Vargas Llosa. Haidt y Lukianoff no atacan el concepto de identidad, sino que una particular versión del “identity politics” (e interseccionalidad) que predomina en las universidades. Así por ejemplo, los autores destacan la figura de Martin Luther King Jr. quien fue capaz de apelar a una identidad incluyente que compartían los estadounidenses. Lo que les preocupa a los autores es la “política de identidad de enemigo común que se encuentra influenciada por las distorsiones cognitivas mencionadas anteriormente y tiene como resultado una verdadera cacería de brujas que los autores desarrollan en la Parte 2.

Siguiendo a Albert J. Bergesen y su trabajo sobre una teoría “durkheimiana de la cacería de brujas” (basado en las ideas del sociólogo francés Emile Durkheim). Estas cacerías de brujas presentan 3 rasgos. Surgen rápidamente fruto de súbitos arrebatosfrente a un acontecimiento específico que se traduce en la movilización de un considerable número de personas (ejemplos: el “Terror” bajo Robespierre y Saint-Just, los Juicios de Moscú bajo Stalin o la revolución cultural bajo Mao). Un segundo rasgo son las acusaciones de  crímenes cometidos contra un colectivo que puede ser la “Revolución”, “Nación”, “Pueblo”, “Partido”.  Por último están que las anteriores acusaciones resultan ser inventadas y triviales

Profesor detenido y humillado durante la “Revolución cultural” en China bajo Mao, una verdadera orgía de persecuciones sin sentido

Profesor detenido y humillado durante la “Revolución cultural” en China bajo Mao, una verdadera orgía de persecuciones sin sentido

En los juicios de Moscú se acusaron a leales y fanáticos bolcheviques de estar conspirando con el nazismo y, en nuestros días, el dictador venezolano Nicolás Maduro, culpa a “ataques electromagnéticos” de Estados Unidos y otros países, por los apagones en Venezuela. Pero, dentro del fervor y la ceguera de la multitud, la racionalidad y al evidencia de los argumentos son irrelevantes. Un cuarto rasgo que añaden los autores es el “temor a defender” es decir, el miedo de tus amigos o cercanos a defenderte frente a las acusaciones que se hacen en tu contra. Esto suele suceder cuando algún profesor universitarios es víctima de un linchamiento público y virtual, y se percata de que sus colegas sólo solidarizan con el de manera privada, pero nunca de manera pública ya que temen a ser también ser víctimas de la nueva inquisición moral del siglo XXI.

 Algunas lecturas:

Teun van Dijk. El discurso como interacción social.

Teun van Dijk. Ideología.

Giovanni Sartori. La sociedad multiétnica.

Peter L. Berger y thomas Luckmann. La construcción social de la realidad

Samuel Huntington. ¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional estadounidense

Jaime Fierro. La ciudadanía y sus límites.

Charles Taylor. Fuentes del Yo.

Michael Walzer. Pensar políticamente.

 Francois Dubet. De la sociología de la identidad a la sociología del sujeto

 Judith Butler. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad.

 Zygmunt Bauman. La Modernidad Líquida.

 Francois Dosse. Histora del Estructuralismo (2 tomos)

 Victoria Camps. Elogio de la duda.

 Victoria Camps. El gobierno de las emociones.

 Pascal Bruckner. La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental.

 Francis Fukuyama. Confianza. Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad.

 George Lukianoff y Jonathan Haidt. Malcriando a los jóvenes estadounidenses. Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están preparando a una generación para el fracaso.