(1) Occidente: autoflagelo y el monopolio de la culpa (por Jan Doxrud) 

(1) Occidente: autoflagelo y el monopolio de la culpa (por Jan Doxrud) 


Aquí es oportuno introducir una distinción, ya clásica en filosofía, entre arrepentimiento y remordimiento: el primero reconoce la falta para apartarse convenientemente de ella, para saborear la gracia de la recuperación; el segundo permanece por la necesidad enfermiza de experimentar la quemazón. El remordimiento no se arrepiente del pecado, se realimenta de él para siempre” 

(Pascal Bruckner, La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental)

 

 Quizás la frase que mejor resume el autoflagelo occidental es la del Salmo XVIII que el ensayista francés, Pascal Bruckner, cita en su ensayo sobre el masoquismo occidental: 

 “Oh Dios mío, purifícame de los pecados que ignoro y perdóname el de los demás”.

 

Antes de referirme a esta manía autoflagelante debemos responder la siguiente pregunta: ¿A que nos referimos con el concepto de Occidente? En un comienzo, “Occidente” constituía – en latín – uno de los 4 puntos cardinales a saber: Oriens, Septentriones, Meridies y Occidens, en donde este último hacía referencia donde “se ponía el Sol”. Con la división del Imperio Romano bajo Dioclesiano y el posterior cisma entre la Iglesia católica y ortodoxa, la división entre Occidente y Oriente fue profundizándose hasta que finalmente Europa pasaría a ser lisa y llanamente “Occidente”. Pero en nuestros días este concepto dejó de ser un mero punto cardinal y de referencia geográfica para transformarse en uno polémico, complejo, con una alta carga emotiva y que, por ende, genera desde odio, rechazo y resentimiento, hasta admiración y orgullo. 

En un comienzo, “Occidente” tenía un significado bien preciso y se reducía geográficamente al continente europeo junto a todo su bagaje intelectual que evolucionó durante miles de años: tradición greco - romana, tradición germánica,  Humanismo, la Ilustración, la modernidad, el nacionalismo, el racionalismo, el empirismo, el Estado - nación, los derechos del hombre y del ciudadano, el nacimiento del individuo, la libertad individual, la igualdad formal, el liberalismo, secularización, constitucionalismo Estado de Derecho, Derechos Humanos, industrialización y los diversos sistemas económicos llegando hasta el sistema capitalista basado en el libre mercado y la propiedad privada. Pero sucedería que, con el tiempo, Occidente trascendería las fronteras geográficas de Europa para abarcar otras regiones como Estados Unidos, que fue una colonia inglesa y, como tal, absorbió gran parte de los ideales políticos, económicos y sociales de esta nación. Lo mismo sucedió con otras naciones como es el caso de Canadá, Nueva Zelanda y Australia consideradas como naciones que constituyen parte de “Occidente” (de hecho Samuel Huntington incluía dentro de Occidente a estos países y a los del continente europeo). Esta estructuración civilizacional sufriría transformaciones durante el período de la Guerra Fría en donde los países pertenecientes al mundo de las democracias liberales pasarían a formar parte del “bloque occidental” en contraposición del “bloque oriental” de los países de Europa del este (oriental) bajo el férreo dominio de la URSS. Pero como bien afirmó el historiador Niall Ferguson: 

“Pero seguramente hay razones para afirmar que la Unión Soviética fue un producto de la civilización occidental tanto como pudo serlo Estados Unidos. Su ideología central tuvo casi el mismo origen victoriano que el nacionalismo, el antiesclavismo y el sufragio femenino; nació y se crió en la antigua sala de lectura de la Biblioteca británica. Y su alcance geográfico fue un producto de la expansión europea (…)”

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Sin duda el marxismo es, después del cristianismo (religión oriental occidentalizada), la religión (secular) occidental que tuvo mayor repercusión mundial, influyendo principalmente a grupos que se autodeclaran como “antioccidentales.”

Posteriormente Occidente ya no sería necesariamente identificado con un espacio geográfico especifico sino que, más bien, se utilizaría para describir a aquellas naciones que habían adoptado parte significativa de las instituciones e ideas consideradas propias de Occidente. Así, por ejemplo, se suele señalar que Japón se “occidentalizó” bajo la era Meiji (1868-1912) y luego nuevamente tras la segunda Guerra Mundial, bajo la ocupación estadounidense que reformó su estructura política de raíz. Lo mismo suele decirse de otras naciones como Corea del Sur o Taiwán que, a pesar de ser países” asiáticos, suele decirse que están “occidentalizados”. En el caso de “Oriente Medio”, se considera que el país más “occidentalizado” (incluso más que los propios países europeos) es Israel. 

La pregunta pertinente es ¿qué significa el término occidentalización? Aquí entenderemos por “occidentalización” como el proceso de asimilación por parte de cierto países de prácticas, creencias, costumbres, modelos arquitectónicos, modas e instituciones consideradas como “propias” de Occidente, por ejemplo: democracia liberal, constitucionalismo, Estado de Derecho, separación y autonomía de poderes, secularización (separación de política y religión), individualismo, pluralismo, consumismo, racionalismo científico, economía de mercado, etc. También podríamos entender este concepto de “Occidente” y “occidentalización” apelando a los que consideramos como “no occidental”, esto es, países que no se encuentran “significativamente” occidentalizados, por ejemplo: Afganistán, Liberia, Arabia Saudita, Corea del Norte y Yemen entre otros. 

No resulta fácil definir Occidente ya que sus fronteras son porosas. Occidente se nos presenta en ocasiones como una civilización, como una cultura y también suele ser reducido a ciertos países de Europa junto a Estados Unidos. También Occidente es asociado con la historia de aquellas naciones, de manera que nos encontraremos con que Occidente es sinónimo de imperialismo, colonialismo, racismo, capitalismo, neoliberalismo, globalización, consumismo, materialismo y secularismo. El arqueólogo e historiador Ian Morris señala que algunas personas relacionan Occidente con la democracia y la libertad, otros con el cristianismo, mientras que algunos con el secularismo racional. Continúa explicando Morris que el historiador Norman Davies ha encontrado al menos 12 definiciones académicas de Occidente unidas solo por lo que el autor denomina como “elástica geografía”. Continúa explicando Morris que Davies llega a señalar que la civilización occidental constituye esencialmente una amalgama de constructos intelectuales que fueron diseñados para promover los intereses de sus autores. 

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Hay que resguardarse de considerar que existe “un” Occidente monolítico y homogéneo, puesto que más bien existen, por así decirlos, distintas naciones que adoptan ciertas prácticas, costumbres e instituciones occidentales consideradas como propias de Occidente, pero también mantienen elementos de su cultura autóctona. Esto nos lleva también a plantear que no existe la idea de un “Occidente puro” ya que sería caer en una falacia similar a la creencia de “razas puras”El concepto mismo de Occidente es  el resultado del aporte de diversas culturas (directa e indirectamente)a lo largo de miles de años: griega, germana, romana, judía, cristiana e islámica. Incluso, durante los siglos XVIII y XIX existían distintas visiones de lo que debía ser Occidente, por ejemplo la pugna entre liberales y conservadores, y surgieron profetas que preconizaban la “decadencia de occidente”, como fue el caso de Oswald Spengler. Esta decadencia podía manifestarse de diversas formas o, como señala Arthur Herman, existen distintos idiomas de la decadencia de Occidente, desde el pesimismo racial de Gobineau, pasando por el pesimismo histórico-.cultural de Burckhardt y Nietzsche, y quienes denunciaban el advenimiento de la sociedad de masas y la democracia.. Cada uno tenía una visión de occidente y, por lo tanto, su visión de la decadencia de este.

El académico francés, Alain de Benoist, perteneciente a la derecha política (Nouvelle Droite), señaló con pesimismo:

En realidad, no hay nada parecido a un “Occidente” unitario, al igual que no hay un “Oriente” homogéneo. Al igual que la noción de “Occidente Cristiano”, que ha perdido todo su significado desde que Europa se hundió en la indiferencia y el “materialismo pragmático” y desde que la religión pasó a ser una cuestión personal. Europa y Occidente se han separado totalmente el uno del otro, hasta el punto de que defender Europa a menudo signifique luchar contra Occidente. Dado que ya no está relacionada con una localización territorial específica, ni siquiera cultural, lo mejor es que la palabra “Occidente” sea olvidada.

Este es un debate que se prolonga hasta nuestros días, pero lo que debemos tener claro es que la “idea” de Occidente es flexible, dinámica y, si bien existen algunos elementos medulares que lo componen, no se puede reducir este concepto de “Occidente” a uno de esos elementos.Alguna vez Occidente se pensó Occidente como católico pero, tras la reforma protestante iniciada por Lutero, Occidente pasó a ser “cristiano” y, en nuestro días, pienso que pocos dirían que un rasgo esencial de Occidente es el de poseer gobiernos teocráticos basados en los dictámenes de la Sagrada Escritura. Hoy en día el Occidente europeo se caracteriza por la secularización u la pérdida de terreno del cristianismo. En nuestros días podríamos identificar Occidente con las democracias liberales, pero debemos tener en cuenta que desde la desaparición de la cultura griega, la democracia fue olvidada durante miles de años para volver a emerger como algo totalmente diferente, en la forma de repúblicas representativas, en donde la democracia sólo se manifiesta en períodos de elecciones.

El historiador  Niall Ferguson desarrolla en un libro que  hubo 6 resortes del poder global que distinguieron a “occidente” del resto del mundo. Estos son 6 complejos de instituciones: competencia, ciencia, derechos de propiedad, medicina, sociedad de consumo y ética del trabajo. Con competencia quiere dar a entender la descentralización tanto de la vida política como económica. La ciencia se refiere al modo de estudiar, comprender y transformar el mundo natural. Los derechos de propiedad se refiere al imperio de la ley como forma de proteger a los propietarios privados y resolver pacíficamente las disputas. La medicina tuvo una repercusión fundamental en la mejora de la salud y la esperanza de vida. La sociedad de consumo se refiere al desarrollo de una forma de vida en donde la producción y la compra de bienes y servicios desempeñan un rol económico central (gracias a la Revolución Industrial). Por último, la ética del trabajo se refiere a un marco moral y modo de actividad derivado del cristianismo protestante.

El punto es que no existe un elemento definitorio de Occidente puesto que el concepto mismo, concebido como una suerte de recipiente, admite toda clase de mezclas a partir de las cuales surgen nuevas ideas que cientos de años atrás no existían. Otro punto que se debe tener claro es que ideas que suelen atribuirse a Occidente ya existían en otras culturas, me refiero al escepticismo, el ateísmo, el atomismo, el pensamiento científico, la filosofía, matemáticas, etc. De manera que hay que abandonar la idea provincial de que estos elementos y otros son una creación exclusiva de Occidente. 

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Como señalé, el concepto de  Occidente suele despertar rechazo en algunas personas, desde intelectuales hasta líderes políticos y religiosos. Por ende, debemos aclarar cuál es esta visión negativa que se tiene de Occidente y, por lo tanto, el consecuente rechazó de la “occidentalización”.  Tenemos, por ejemplo un artículo del diario “The Guardian” (2013) titulado “Hugo Chávez demostró que los caminos del occidente no son siempre los mejores”,en donde se afirma que el fallecido líder venezolano habría demostrado, aunque desordenadamente, que la democracia “occidental” no era fundamental para el desarrollo. En una portada de BBC Mundo (11/8/2017) Dilma Rousseff denunciaba que la visión que se divulgaba en “Occidente” sobre Venezuela era irresponsable. En el caso de la izquierda latinoamericana, la progresiva conversión de Hugo Chávez al comunismo (que denominan Socialismo del Siglo XXI) había levantado grandes esperanzas en el mundo de la izquierda en el sentido de que este sector ideológico había no sólo encontrado un personaje carismático (ya existía Fidel Castro) sino que con mucho poder económico. Así Chávez se esforzó por diseminar la revolución bolivariana por toda Latinoamérica especialmente Bolivia y Nicaragua, por medio de la petrodiplomacia, fundación de una cadena de televisión estatal y apoyo a grupos, movimientos y partidos afines a sus ideales (como Podemos en España) sin embargo esta alianza antiocciodental, anticapitalista y antiestadounidense terminó por desmoronarse quedando la izquierda nuevamente huérfana y por partida doble: por Fide Castro y por Hugo Chávez.

En el 2001, Osama Bin Laden, en un video presentado por Al Jazeera afirmaba que “Occidente” en general y Estados Unidos en particular odiaban al Islam. Por su parte, quien era considerado la mano derecha de Bin Laden Ayman Al-Zawahiri, hacia una llamado en el 2015 a “trasladar la guerra al corazón de los hogares y ciudades de Occidente y, en primer lugar, Estados Unidos” .En una entrevista a la cadena rusa RT Vladimir Putin afirmaba que los esfuerzos de Occidente por aislar a Rusia habían fracasado. Por otra parte, y al igual como denunciaba el Presidente Evo Morales, el ex Presidente iraní,  Mahmoud Ahmadinejad, acusaba en el 2010 a los “arrogantes y opresores”  Estados occidentales de “tratar de apropiarse y controlar los recursos del mundo”.En el 2005 el diario El País mostraba que el mismo líder iraní calificaba que el Holocausto judío era un invento de Occidente. En palabras de Ahmadinejad:

"Ellos [los occidentales] han inventado el mito de la masacre de judíos y lo han colocado por encima de Dios, de las religiones y de los profetas. Si alguien de sus países pone en duda a Dios, no dicen nada, pero si alguien niega el mito de la masacre de judíos, los altavoces sionistas y los gobiernos a sueldo del sionismo comienzan a vociferar

En el 2018, Hispan TV reproducía las palabras del líder religioso de Irán, Alí Jamenei, quien señalaba: “Mirar a Occidente y a Europa no sirve más que para quedarse estancados, mendigar favores y sufrir humillaciones”.Jean Ziegler, quien fue  Relator Especial de ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008, escribió en su libro “El odio a Occidente: La memoria herida del sur”, que Occidente permanecía sordo, ciego y mudo frente a las manifestaciones identitarias “ fundadas en un profundo deseo de emancipación y de justicia” por parte de los “pueblos del Sur”. A esto añadía que la “memoria de Occidente” era dominadora e increíblemente agrega que es “impermeable a la duda” y que ha creado un concepto de humanidad “etnocéntrica”. Ziegler es un ejemplo que casi raya en lo caricaturezco del autoflgelante por excelencia que no solo ignora, estereotipa y sataniza su propia cultura, sino que idealiza sin límites las culturas “no occidentales”.

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Recordemos otros episodios, por ejemplo la reacción de la intelectualidad de izquierda ante los ataques terroristas de 2001en Estados Unidos, 2004 en Madrid y 2005 en Londres. La lógica era la siguiente: “algo habremos hecho para que hayan realizado tales atentados”. Los dardos apuntaban a la histórica humillación a la que Occidente había sometido al mundo musulmán o a la alianza de estas naciones con EE.UU y, por supuesto, el saqueo de los recursos de estos países. Lo que estos críticos no entienden es que a los ojos de estos fanáticos religiosos esas no son las razones relevantes y de fondo. El culto a la muerte de estas personas tiene una razón de ser se mayor peso. De ser así, ¿cómo se explica que estos terroristas asesinen a más musulmanes que a occidentales?

Los terroristas islámicos tienen otras razones más de fondo para llevar a cabo sus asesinato en masa y es su rechazo a la democracia, a la igualdad, al pluralismo y la tolerancia religiosa, ideales que son propios de Occidente. Pero como es común, este es un discurso bastante tramposo y selectivo, puesto que están dispuestos a rechazar los ideales occidentales y no así sus tecnologías, como si el surgimiento de estas últimas fuesen independientes de las instituciones políticas y valores que permitieron que emergieran. Pero, lamentablemente algunos intelectuales intentan cubrir con un manto de romanticismo estos actos terroristas llevados a cabo debido a cientos de años de usurpación y humillación. Caso emblemático es del grupo terrorista Hamas que suele ser representado como un mero movimiento de resistencia que “reacciona” ante las humillaciones de Israel. Como bien señala Bruckner acá estamos ante un caso en donde se confunde el pretexto con la causa de fondo.

Este odio a Occidente, sin embargo, es más añejo y, sin ir más atrás está presente en la historia del zarismo ruso, en aquella pugna entre pro-europeos (como Pedro el Grande o Catalina la Grande) y eslavófilos que defendían (influenciados por el Romanticismo alemán) una cultura pura propia y única alma o espíritu ruso. Por su parte, Ian Buruma y Avishai Margalit en su libro sobre el occidentalismo, no recuerdan una interesante reunión en 1942 en Kioto, 7 meses después del ataque a Pearl Harbor. En este congreso se reunieron literatos románticos, intelectuales y filósofos influenciados por tanto por el buddhismo como por las ideas del pensador alemán Hegel. En este, el crítico literario Hayashi Fusao (1903-1975),  ex marxista convertido al extremo nacionalismo, señalaba que el ataque a Occidente lo colmaba de júbilo.

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Pero lo que resulta interesan es notar lo que estas personas entendía por occidente y con que otros conceptos tendían a asociarlo. En el congreso se hablaba de Occidente como una suerte de “enfermedad” que había contagiado el espíritu nipón. Los dardos iban contra la ciencia, el pensamiento científico, la tecnología, la concepción mecanicista de la naturaleza, el materialismo y el capitalismo, los cuales se encontraban en las antípodas de la cultura espiritual de Oriente. Como destacan Buruma y Margalit, el crítico de cine Tsumura Hideo (1907-1985) criticaba el cine de Hollywood y ensalzaba los documentales de Leni Riefenstahl sobre los grandes mítines del nazismo. En el fondo, estos personajes operaban bajo fuertes sesgos y grotescos estereotipos tanto de Occidente (mecánico y superficial) así como de su propia cultura (orgánica y espiritual). Como señalan Buruma y Margalit:

Occidente y, en especial Estados Unidos, era fríamente mecanicista. Un oriente holístico y tradicional, aglutinado bajo el divino poder imperial de Japón, s ería capaz de restablecer en una cálida comunidad orgánica la salud espiritual perdida. Tal como dijo uno de los participantes, la lucha se había entablado entre la sangre japonesa y el intelecto occidental”.

El autor marxista - indigenista peruano, José Carlos Mariátegui (1894 - 1930), en su “Oriente y Occidente” también caía en una visión estereotipada, reduccionista y sesgada sobre Occidente. El autor denuncia que la civilización occidental, en su vanidosa juventud trató desdeñosa y altaneramente a los pueblos orientales y el hombre blanco había considerado ne­cesario, natural y lícito dominar al hombre de color. A esto añade que  la exploración y la colonización del Oriente no fue nunca oficio de intelectuales, sino de comercian­tes y de guerreros. Continúa señalando Mariátegui:

“El Occidente se preocupó de consu­mar la conquista material del mundo oriental; pero no de intentar su conquista moral. Y así el mundo oriental conservó intactas su mentalidad y su psicología. Hasta hoy siguen frescas y vita­les las raíces milenarias del islamismo y del bu­dismo. El hindú viste todavía su viejo  khaddar.  El japonés, el más saturado de occidentalismo de los orientales, guarda algo de su esencia samuray”.

 

Artículos complementarios (hacer click en cada uno):

El Nuevo Orden Mundial Post-Guerra Fría (2): El mundo multicivilizacional (por Jan Doxrud)

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(II) La influencia del Romanticismo alemán en el pensamiento occidental (por Jan Doxrud)

(III) La influencia del Romanticismo alemán en el pensamiento occidental (por Jan Doxrud)

(IV) La influencia del Romanticismo alemán en el pensamiento occidental (por Jan Doxrud)

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Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (2) (por Jan Doxrud)

Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (3) (por Jan Doxrud)

Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (4) Goethe, Fausto y Mefistófeles: Destruir para crear (por Jan Doxrud)

Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (5) Marx y Baudelaire (por Jan Doxrud)

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Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (7) Herbert Marcuse: Más allá de Marx, civilización y represión (por Jan Doxrud)

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