(1) Feminismos: ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)

(1) Feminismos: ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)

En   este   escrito   examinaré   el   concepto de  feminismo con   el objetivo de dar a entender que no existe “un  solo” feminismo  sino  que  una  gran   variedad.  En   segundo   lugar existen feminismos razonables que  han  contribuido  y  continúan   haciéndolo  en  lo  que se refiere  a  la  conquista  de derechos   de   las   mujeres  y,   por   último (y  más  importante) existen   feminismos   tóxicos   que   posee   una   agenda   muy   diferente  a  la  de  las   primeras   feministas.   Podría   incluso  decir que   estos   últimos   ni   siquiera   son   movimientos   feministas. A   pesar    de   que  quien escribe considera infantil la obsesión y manía de autoetiquetarse con ciertos rótulos – feminista, animalista, capitalista, comunista,  anarquista, trotskista,  ambientalista, izquierda, derecha, Black lives matter, #Metoo, etc  – como si el  solo  hecho  de  autoetiquetarse con   alguno  de  los rótulos previamente mencionados, me va a convertir mágicamente en una persona más sensible y comprometida con una causa “social” específica.

Personalmente   creo   que   uno   no necesita pertenecer a ningún colectivo feminista, ambientalista, animalista   o   de   defensa   de algún grupo étnico para poder respetar a las mujeres, a los animales, al medio  ambiente  o  a  los  afroamericanos. La humanidad ya tiene suficiente divisiones artificiales que   nos   separan   como   para  ir  añadiendo otras. Pero sucede que existen personas que gustan de pertenecer  a todos los colectivos habidos  y  por  haber, y   adoptan   cualquier   causa  de  moda que pueda   aparecer   y   que   les   otorgue   una   suerte   de   horizonte   de   lucha, lucha   por liberar y redimir  a  algún  grupo   oprimido. Hay   personas que simplemente van de causa en causa, víctimas de una suerte de complejo de mesías, como  sucede   con   los denominados  Social Justice Warriors (SJW) que, en  su convencimiento de estar situados en un pedestal superior  a  sus  contrincantes, ni siquiera gastan su tiempo en debatir y, por el contrario, se dedican como nuevos inquisidores morales a enjuiciar, censurar y silenciar a quienes no estén de acuerdo con ellos.

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El feminismo  fue acuñado por  el  socialista Charles Fourier hacia el año 1837, de acuerdo a Leslie Goldstein. Pero, al parecer, esto  no  sería del todo  cierto puesto que Geneviève Fraisse señala que lo anterior  es  un  error  y  que   el  adjetivo  feminista  fue utilizado por Alejandro Dumas (hijo) en un panfleto bajo el título “El hombre-mujer” (1872), un escrito, por lo demás, antifeminista. En cuanto a  los  antecedentes  del  feminismo, sin adentrarnos remotamente en el pasado, tenemos a Christine de Pizan (1364-1430)  famosa  por  su obra, en forma de diálogo, titulada “La ciudad de las damas” (1405). Esta   es  una ciudad simbólica encomendada por las Tres Damas (que representan la Razón, Derechura y Justicia) para acoger  a las mujeres vistosas del pasado, el presente y el futuro, y proteger su  dignidad   en   contra  de las opiniones machistas de la época como que la mujeres disfrutaban ser violada.  Avanzando   cientos de años nos encontramos con Mary Wollstonecraft (1759-1797) y su “Vindicación  de  los  derechos de la mujer” (1792). Wollstonecraft, madre de Mary Shelley (autora, entre   otras  obras, de Frankenstein), señalaba   que   las  mujeres poseían las mismas potencialidades a  desarrollar   que   los   hombres, pero que fruto de la educación, normas sociales y los valores, eran transformadas en seres inútiles   y   pasivos. Promovió  el  derecho  a  la  educación  de  las mujeres y defendió la idea de que la mujer eran tan capaz como los hombres para desempeñar cualquier oficio. A su vez, la autora defendía el rol de la madre (la maternidad) como parte de la identidad femenina (algo que feministas radicales actuales rechazan de plano).

Otra   autora   célebre   fue   Virginia   Woolf  (1882-1941)  y  su   obra  “Un  Cuarto Propio”. Lo que   Woolf   se preguntaba  era  sobre  el   escasa  o  nula  influencia   de   la   mujer   en   la historia intelectual   occidental. Esto   mismo   afirma   la   historiadora   francesa   Michelle  Perrot cuando señala que la historia del hombre es omnipresente  y  que la “Historia” ha guardado silencio sobre las mujeres.  Regresando  a   Woolf, de   acuerdo   a   ella esto se debía, en primer lugar a no de disponer de dinero, lo   que   colocaba   a   la  mujer en un estado de dependencia respecto a otro. En segundo lugar, el no tener un “cuarto propio” , es  decir, un   espacio íntimo y privado donde la mujer pudiese desarrollar   sus   idea. No   podemos   dejar  de mencionar también la figura de  Olympe de Gouges (1748-1793), gestora de la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana” (1791). La   defensa   del bando girondino durante la fase más sangrienta de la Revolución Francesa, terminó por costarle  la  vida, siendo guillotinada en 1793. Tampoco podemos dejar de lado la obra de John Stuart   Mill (1806 - 1873), “El  sometimiento de la mujer” (1869). En el capítulo I de su ensayo Mill deja ver la falta de evidencia de aquellos que defendían un estereotipo reduccionista de la mujer:

“En cuanto a mis contrincantes, los que afirman que el hombre tiene derecho a mandar y la mujer está naturalmente sometida al deber de obediencia, y el hombre posee, para ejercer el gobierno, cualidades de que carece la mujer, perdería el tiempo si les dijera que están obligados a probar su aserto, so pena de verle desechado; de nada me serviría hacerles presente que al rehusar a las mujeres la libertad y derechos que son privilegio del hombre, haciéndose doblemente sospechosos de atentar a la libertad y declararse en favor de la desigualdad, a ellos en primer término toca aportar pruebas concluyentes de su opinión o confesar su error paladina y noblemente”.

                                                             Wollstonecraft y Woolf

                                                            Wollstonecraft y Woolf

En el comienzo del capítulo II añade Mill: 

“La sujeción de la mujer al hombre es un apriorismo: no se funda en ningún dato experimental contradictorio, y por consecuencia es irracional.-El origen de la sujeción de la mujer es la esclavitud primitiva y las costumbres bárbaras del género humano en su cuna.-Mejoramiento del estado social, aparente sólo en lo que respecta a la mujer.-La situación actual de ésta es el único vestigio que va quedando de ese estado primitivo de fuerza y esclavitud”.

Otro autor varón que podemos citar es el de el noruego Henrik Ibsen (1828-1906) y s obra “Casa de muñecas” que constituye una crítica y rechazo del estereotipo de la mujer dependiente de su marido. Ibsen, por medio de su obra teatral buscaba precisamente denunciar la sociedad de su época, las apariencias, la falsedad y la doble moral. Nora, la protagonista justamente representa la mujer que quiebre los moldes y estereotipos, al separarse de su marido, ser libro y poder educarse a sí misma.

Las principales victorias que obtuvieron las mujeres fue gracias al movimiento sufragista y aquellas que lucharon por tener acceso a la educación universitaria. En 1848 se celebró la Convención de Seneca Falls (EEUU), la primera que trató sobre los derechos de la mujer y su resultado fue la “Declaración de Seneca Falls”. En la Declaración se afirma que historia de la humanidad había sido “la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones perpetradas por el hombre contra la mujer, con el objetivo directo de establecer una tiranía absoluta sobre ella”. Luego elaboran una lista para sustentar la afirmación previa: prohibición de votar (y por ende falta de representación política) elaboración de leyes en las cuales no han participado, negación de una educación completa, el establecimiento de un código moral diferente para hombres y mujeres en desmedro de estas últimas, etc.

En el comienzo de la Declaración se puede leer lo siguiente:

"Cuando, en el desarrollo de la historia, un sector de la humanidad se ve obligado a asumir una posición diferente de la que hasta entonces ha ocupado, pero justificada por las leyes de la naturaleza y del entorno que Dios le ha entregado, el respeto merecido por las opiniones humanas exige que se declaren las causas que impulsan hacia tal empresa. Mantenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres y mujeres son creados iguales; que están dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que figuran la vida, la libertad y el empeño de la felicidad; que para asegurar estos derechos son establecidos los gobiernos, cuyos justos poderes derivan del consentimiento de los gobernados. Siempre que una forma de gobierno atente contra esos fines, el derecho de los que sufren por ello consiste en negarle su lealtad y reclamar la formación de uno nuevo, cuyas bases se asienten en los principios mencionados y cuyos poderes se organicen de la manera que les parezca más adecuada para su seguridad y felicidad”.

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A comienzos del siglo XX Emmeline Pankhurst y su hija Christabel fundaron la Unión Femenina Social y Política. En 1907 se fundó la “Liga de hombres a favor del sufragio femenino” y la revista “Votes for Women.” Este feminismo es conocido como el de la “primera ola” (no debemos tomarnos muy en serio estas divisiones en “olas”). Ahora bien, hay que precisar que no todo se debió explícitamente al movimiento feminista, puesto que también operaron otras fuerzas que fueron liberando a la mujer como el laicismo, los avances tecnológicos, el libre mercado, el liberalismo político y las ideales de la ilustración.

Fin parte 1