8) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: el ideal del ciudadano cosmopolita (por Jan Doxrud)

8) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: el ideal del ciudadano cosmopolita (por Jan Doxrud)

 

La victimización es un bálsamo efímero, pero una humillación más, una segunda servidumbre que se suma a la primera.

 (Pascal Bruckner. La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental)

 


Algunos autores han sostenido que la  “identity politics” ha afectado considerablemente a la izquierda política debido su tendencia a fragmentar en diversos grupos las distintas reivindicaciones. El historiador  Eric Hobsbawm (1917 - 2012) escribió que la “identity politics” movilizaba sólo a minorías y sus intereses respectivos, por ejemplo, de tipo racial, de género, culturales o sexuales. Añade Hobsbawm que este  movimiento ha afectado más a la izquierda que a la derecha polítca ya que ha significado un declive de los eslóganes universales propios de la Ilustración en favor de reivindicaciones fragmentadas e inconexas entre sí. Más recientemente el académico de la Universidad de Columbia, Mark Lilla,  en un libro titulado “El regreso liberal” explica que la izquierda se perdió dentro de la maleza de la “identity politics” que más sustituyó el “nosotros” por el “yo”, y la unidad por la disgregación. En una entrevista con el periódico ABC señaló:

“Recuerdo la campaña electoral de Hillary Clinton, tan centrada solo en asuntos de minorías, afroamericanos , mujeres, homosexuales , pero sin dirigirse a votantes tradicionales por su nombre, trabajadores de tradición demócrata. Fue como si se le hubiera olvidado que existían y contaban para el partido. Uno de cada cinco votantes se reconoce como cristiano evangélico. No aparecían en películas o anuncios. Los acentos sureños también fueron infrarepresentados”.

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Lilla tilda al  “liberalismo de la identidad”  (liberalismo de corte estadounidense) de ser más un proyecto evangélico que uno político. La única manera de recuperar el sentido es regresar a lo que denomina “ciudadanía común”. En fin, la izquierda se ha encerrado en los campos universitarios, ha abandonado la política por la lucha cultural atomizada y se ha encerrado en la moda de la política de la identidad, de la diferencia y del reconocimiento.

Como señalé al comienzo de estos artículos, la filósofa Martha Nussbaum, su idea del cultivo de la humanidad y promover el ambicioso ideal de un ciudadano cosmopolita . Como señala la filósofa, ella no está proponiendo nada nuevo ya que apela a una antigua tradición que se retrotrae a Sócrates y su “vida en examen” y a Aristóteles y la idea de una ciudadanía reflexiva. Por último, apela también a las ideas estoicas de griegos y romanos de una educación que libere al ser humano “de los hábitos y costumbres, formando personas que puedan actuar con sensibilidad y agudeza mental como ciudadanos del mundo”. Ahora bien, Nussbaum es obviamente consciente de la ambición de su ideal y diferencia entre una versión del ciudadano del mundo inflexible y exigente, y otra versión blanda de la misma. El primero es aquel ideal de un ciudadano cuya lealtad se dirige a los demás seres humanos de todo el mundo, de manera que esta debe estar por encima de las lealtades nacionales y locales. La versión blanda, en cambio, nos dice que existen diversidad de visiones que podrían constituirse como nuestras prioridades pero, independiente de cómo configuremos nuestras lealtades, siempre debemos tener presente la importancia medular del valor de la vida humana misma. 

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Para lograr llegar a este ideal, Nussbaum explica que se precisa, al menos, de 3 habilidades. La primera es la habilidad  que nos permita realizar un examen crítico de nosotros mismos, un ideal presente tanto en Sócrates, inscrito en el “pronao” en el templo de Apolo en Delfos así como también en las distintas tradiciones meditativas. Esta habilidad, explica Nussbaum, requiere, a su vez, de la habilidad de razonar lógicamente, el pensamiento crítico, la independencia intelectual y la valentía de saber cuestionar la autoridad cuando lo amerita así como también las tradiciones y costumbres. La segunda habilidad es la capacidad de vernos a nosotros mismos no sólo como ciudadanos pertenecientes a una región o localidad determinada (o grupo identitario), sino que también como “seres humanos vinculados a los demás seres humanos por lazos de reconocimiento y mutua preocupación”. En palabras de Nussbaum:

“Pensamos muy fácilmente sobre nosotros mismos como grupo – ante todo como norteamericanos, y luego como seres humanos – o, incluso más restringidamente, como italoamericanos, o heterosexuales o afroamericanos en primer lugar, después como estadounidenses y en tercer lugar como seres humanos, si acaso. No reparamos en las necesidades y capacidades que compartimos con otros ciudadanos que viven distantes y parecen distintos a nosotros”.

La tercera habilidad destacada por Nussbaum es lo que denomina como “imaginación narrativa” en virtud de la cual la persona es capaz de pensar como sería estar en lugar de otra, “ser un lector inteligente de la historia de esa persona, y comprender las emociones, deseos y anhelos que alguien así pudiera experimentar”.

En su libro, Nussbaum cita el caso del programa de “Encuentros Culturales” de St. Lawrence, una pequeña escuela superior de artes liberales. Desde 1987 se exigía los alumnos que tomaran tomasen un curso de culturas no occidentales o del denominado “Tercer Mundo” (también podrían estudiarse otros grupos pertenecientes a minorías sexuales por ejemplo). Este curso, continúa explicando la autora, se diseñó bajo 3 criterios. El primero fue ceder a la filosofía un lugar medular dentro del programa para que se pudiera analizar y discutir rigurosamente temas, como por ejemplo, el relativismo cultural. Un segundo criterio fue centrar solo en dos áreas de diversidad, seleccionado dos culturas no occidentales, en este caso, Kenia e india para estudiar temas relativos a la diversidad desde un punto de vista étnico, género, sexualidad y raza.

Martha Nussbaum

Martha Nussbaum

Pero fue el tercer criterio el más ambicioso e impresionante, puesto que se exigía a los profesores que participaban en la capacitación para el programa, vivir durante un mes en las regiones que estudiarían. Concluye Nussbaum este programa de “Encuentros Culturales” constituía un ejemplo de modelo de enseñanza responsable en distintos frentes de la diversidad humana. Aborda y discute distintos temas que incluían raza, sexualidad, género, etnia y religión. También era interdisciplinario lo que aseguraba que los temas pudiesen ser abordados desde diversas perspectivas complementarias, desde literatura, pasando por biología y economía, historia, hasta, la antropología. Otro aspecto importante es que el programa exigía compromiso de parte de los docentes en su interiorización en el complejo mundo de otras culturas. Por último existía también un compromiso de parte del estudiantado quien debía aprender una lengua extranjera y, si era posible, visitar una cultura extranjera.

Este puede ser un buen enfoque para poner remedio a dos actitudes que existen dentro de la juventud. Por un lado están quienes son indiferentes a aquellas personas, culturas y tradiciones que perciben como extrañas y lejanas, quedándose así presos de los prejuicios, la ignorancia y la apatía frente a  estas. Estas personas se refugian en el “yo y el “nosotros”, sin importarles los “otros” En el otro extremo tenemos a aquellos jóvenes extremadamente identificados o, más bien, absorbidos por alguna identidad que termina por convertirse en un islote o una mónada hermética incapaz de establecer conexión, diálogo y empatía con otros grupos, refugiándose así en el “nosotros vs ellos” y, en cambio, sólo exigen reconocimiento y respeto de manera unilateral.

Algunas lecturas:

Teun van Dijk. El discurso como interacción social.

Teun van Dijk. Ideología.

Giovanni Sartori. La sociedad multiétnica.

Peter L. Berger y thomas Luckmann. La construcción social de la realidad

Samuel Huntington. ¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional estadounidense

Jaime Fierro. La ciudadanía y sus límites.

Charles Taylor. Fuentes del Yo.

Michael Walzer. Pensar políticamente.

 Francois Dubet. De la sociología de la identidad a la sociología del sujeto

 Judith Butler. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad.

 Zygmunt Bauman. La Modernidad Líquida.

 Francois Dosse. Histora del Estructuralismo (2 tomos)

 Victoria Camps. Elogio de la duda.

 Victoria Camps. El gobierno de las emociones.

 Pascal Bruckner. La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental.

 Francis Fukuyama. Confianza. Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad.

 George Lukianoff y Jonathan Haidt. Malcriando a los jóvenes estadounidenses. Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están preparando a una generación para el fracaso.