Inflación: ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)

Inflación: ¿de qué estamos hablando?

 

“La inflación es como la pasta de dientes, una vez fuera (del tubo), es muy difícil devolverla adentro”, señaló en una ocasión Karl Otto Pöhl, ex presidente del Bundesbank. Por su parte, el escritor Ernest Hemingway escribió: “La primera panacea para un país mal administrado es la inflación de la moneda, y la segunda es la guerra. Ambos generan una prosperidad temporal; ambos traen una ruina permanente. Pero ambos son el refugio de oportunistas políticos y económicos”. John Maynard Keynes, a quien se lo rotula como “inflacionista” señaló: “Con un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secreta e inadvertidamente, una parte importante de la riqueza de sus conciudadanos”.

La mayor parte de las personas tiene una idea de qué es la inflación, quiero decir, saben que guarda relación con el aumento del nivel de precios. Al menos esa es también la definición que nos dan los manuales de economía ortodoxa. Existen otras definiciones de inflación como la de los regímenes populistas que dice algo por el estilo: “La inflación es el aumento generalizado de los precios producto de la avaricia de los empresarios y la burguesía parasitaria con el objetivo de derrocar el régimen popular democráticamente electo”. Tal sería la definición de inflación de un Hugo Chávez o Nicolás Maduro, esto es, la inflación es simplemente un arma de la burguesía que busca promover sus propios intereses. Algunas personas, personas como Nicolás Maduro cree que la inflación puede ser combatida simplemente congelando, controlando o bajando radicalmente los precios. De acuerdo a esta lógica, por medio de un decreto que establezca una disminución de los precios en un 50% se traducirá en una disminución de la inflación en un 50%  (de hecho esto fue parte de uno de los tantos anuncios realizados por Maduro). Lamentablemente tales soluciones sólo funcionan en la mente de Nicolás Maduro y en el mundo del Socialismo del Siglo XXI.

Regresemos al concepto de inflación. En los manuales de economía encontraremos entonces que la inflación es el incremento del nivel general de los precios. Pero sucede que tal definición nos habla más bien de las consecuencias que de las causas que explican tal incremento general de los precios. Por lo tanto, a la definición anterior debemos añadir que la inflación es un fenómeno monetario y ocurre cuando la masa monetaria o la cantidad de dinero crece más rápido que el PIB potencial. Cuando en un país la emisión de billetes no está respaldada por producción, el resultado será inflación, tal como sucede en Venezuela. Ahora bien, en el corto plazo existen diversos factores que pueden dar inicio a una inflación en donde el PIB real y el nivel de precios interactúan. Para examinar esas interacciones, los economistas distinguen dos causas de la inflación. La primera es la inflación de demanda que, como su nombre lo indica, se debe a un aumento de la demanda agregada de manera persistente. ¿Por qué aumenta la demanda agregada? Por varios motivos. Imagine que el gobierno reduce los impuestos, que el Banco Central baje los tipos de interés o un aumento de las compras por parte del gobierno. Todo esto estimula la demanda agregada que por lo general los economistas la expresan así:

C + I + G + X – I = Consumo + Inversión + Gastos gubernamentales + Exportaciones - Importaciones

Por ejemplo, si el Banco Central decide bajar los tipos de interés, tal política monetaria estimulará el consumo, la inversión y las exportaciones, en resumen, la demanda agregada aumenta. En segundo lugar tenemos la inflación de costos, cuyas causas son el aumento de la tasa de salario nominal y/o el aumento de los precios nominales de las materias primas. Este fue el caso de la crisis petrolera de 1973 donde las políticas keynesianas de demanda no dieron resultado, ya que el problema no radicaba en el lado de la demanda, sino que en el lado de la oferta. Ahora bien, para que un shock de oferta se traduzca en inflación, la cantidad de dinero debe aumentar de manera persistente. Tenemos entonces por ahora que la inflación es un aumento general en el nivel de precios, que la inflación es un fenómeno monetario y que existe una inflación que se inicia por el lado de la demanda y otra que se inicia por el lado de la oferta. También cabe mencionar el concepto de tasa de inflación que es la tasa porcentual anual de variación del nivel de precios, y el de “inflación como objetivo” que hace alusión al enfoque de la política monetaria, es decir, a la acción por parte de los bancos centrales de mantener la tasa de inflación cercana a un objetivo establecido previamente. En cuanto a la hiperinflación, en este caso estamos hablando de una tasa mensual de aumento de precios superior al 50%. Tal fue el caso de Zimbabue en el siglo XXI y en la República de Weimar en Alemania en la década de 1920. En este último país los precios crecieron al 10% semanal y los precios se multiplicaron por dos anualmente.

                                  Hiperinflación en Zimbabue...cuando el dinero vale nada.

                                  Hiperinflación en Zimbabue...cuando el dinero vale nada.

Un economista que abordó este tema fue Milton Friedman. Para Friedman era claro al señalar que la inflación es un fenómeno monetario: “…la inflación continuada por largo tiempo es siempre y en todas partes un fenómeno monetario…”[i]. Añade Friedman otro aspecto importante y es que no debemos nunca olvidar  que la inflación es fruto de una expansión más rápida en la cantidad de dinero que en la producción total. Explica el economista:

La causa próxima de la inflación es siempre y en todas partes la misma: un incremento demasiado rápido de la cantidad de dinero en circulación con respecto a la producción…Nunca ha habido un período de inflación dilatado y continuo que no haya ido acompañado de un crecimiento  del circulante superior al de la producción. Y siempre que se ha incrementado la cantidad de moneda en circulación en medida superior a la producción han aparecido los correspondientes fenómenos inflacionarios[ii].

Friedman juega numerosas veces con una analogía en donde la inflación es homologada al alcohol o una droga, ejemplo que se ha vuelto habitual en las explicaciones del fenómeno inflacionario. Como el alcohol o la droga, la inflación tiende a ser adictiva y peor aún, genera cada vez mayores niveles de tolerancia, de manera que los gobiernos, más bien, los Bancos Centrales, se ven en la necesidad de aplicar políticas cada vez más expansionistas. Es verdad que antaño la inflación podía explicarse  a fenómenos tales como el descubrimiento de nuevos yacimientos auríferos lo cual se traducía en una mayor circulación de monedas como sucedió con España como consecuencia de los yacimientos descubiertos en América o con los descubrimientos de oro en California y Australia a mediados del siglo XIX. Pero como señala Friedman, lo anterior ya es parte del pasado ya que en la actualidad existen un organismo y un grupo de expertos encargados de manejar la política monetaria, como es el caso de la FED en Estados Unidos (creada en 1913) o el Banco central de Chile (creado en 1925). De manera que las actuales “expansiones o flexibilizaciones cuantitativas” (quantitative Easing o QE) post crisis subprime no responde a algún fenómeno de la naturaleza sobre el cual no tengamos nada que hacer ni que decir. De acuerdo a esto, Friedman lanza su dardos a este organismo (la FED), específicamente a las decisiones adoptadas en Washington. Para Friedman, explicar la inflación recurriendo a la avaricia empresarial, a los jeques árabes que suben los precios del petróleo o a los líderes sindicales que impulsan al alza los salarios, son meros chivos expiatorios que si bien, influyen sin duda en los precios relativos, no tienen relación con la inflación. Para el economista norteamericano existe sólo una explicación a este fenómeno y lo dice sin tapujos: “La inflación se hace en Washington y es el gobierno que la genera”[iii]. Cabe preguntarse entonces, ¿cómo explica el origen Friedman la inflación? Nuestro autor menciona tres causas. La primera es una ancestral y es que los gobiernos se ven en la necesidad de gastar ya que no se atreven (resulta ser impopular) subir los impuestos a los ciudadanos. Es por ellos que las autoridades políticas y económicas aplican un impuesto sutil que se denomina inflación.

El economista austriaco Ludwig von Mises escribió:

Un gobierno se ve siempre obligado a recurrir a medidas inflacionistas cuando no puede negociar empréstitos y no se atreve a imponer nuevos impuestos, pues tiene motivos para temer la falta de apoyo a su política si descubre demasiado sus consecuencias económicas generales y financieras. De este modo, la inflación se convierte psicológico más importante de cualquier política económica cuyas consecuencias haya que ocultar; y en este sentido puede considerarse como instrumento de una política impopular, es decir, antidemocrática, ya que, desdeñando la opinión pública, hace posible la existencia continuada de un sistema de gobierno que no tendría posibilidad alguna de contar con el apoyo del pueblo si las circunstancias se expusieran claramente al público[iv].

¿Qué queremos decir con que la inflación es un impuesto encubierto? La respuesta es simple y es que el dinero, como cualquier otra mercancía, tiene valor, y está sometido a los designios de la interacción entre oferta y demanda. ¿Qué sería un dinero de buena calidad? Respuesta: aquel que tiene un alto poder adquisitivo y uno de mala calidad sería el Reichsmark de la República de Weimar o el dólar de Zimbabue de los años 2008 y 2009. Estos son ejemplos extremos, ya que ambos países sufrieron una hiperinflación que hizo que el dinero simplemente dejase de tener valor y se volviese a las viejas prácticas: el trueque. El fraude al que nos referimos es que la inflación erosiona el poder adquisitivo del billete que utilizamos, así como del dinero virtual. Para Friedman la inflación se ha transformado en un impuesto muy peculiar ya que puede ser introducido sin necesidad de una votación popular previa. Tenemos entonces que la inflación es un impuesto directo que el Estado nos cobra mediante aquellos pedazos de papel, es decir, dinero fiduciario de curso forzoso, de manera que se nos obliga a utilizar un producto de mala calidad (dinero sin poder adquisitivo) ya que los Bancos Centrales tienen el monopolio de la emisión de billetes. De ahí que desde hace años hayan surgido voces proponiendo la banca libre y la competencia entre monedas, pero este es harina de otro costal. Economistas como Gregory Mankiw señala que la inflación por sí misma no reduce el poder de compra real de las personas, lo que lleva al economista norteamericano a hablar de la “falacia de la inflación”, que tendría su origen debido a que no se aprecia el principio de la neutralidad del dinero que abordaré más adelante. Cabe decir por ahora que el “principio de neutralidad del dinero” establece que la oferta monetaria no influye en el PIB real o en el tipo de interés, sino que lo hace en el nivel de precios “agregado”.En fin, de acuerdo a Friedman resultaría más fácil privar al trabajador de una parte de su salario (real) reduciendo el valor de la moneda que rebajando su salario que recibe cada mes. De acuerdo a lo anterior, Friedman critica a Keynes por creer que los trabajadores dejarían engañarse por mucho tiempo por ese tipo de artilugio. No existiría por lo tanto un trade off como lo postuló A. W. H Phillips (si, el mismo de la “curva de Phillips), siendo sólo una ilusión.

 

La segunda causa que menciona Friedman se relaciona con aquella eterna búsqueda por parte del gobierno de alcanzar ese ahora fetiche del pleno empleo”. Henry Hazlitt hablaba del “fetiche del pleno empleo”. Hazlitt se refería a que nuestro objetivo no debía ser el pleno empleo sino que la producción, siendo entonces el pleno empleo el medio para conseguir lo anterior. Escribió Hazlitt: “No podemos  prolongar indefinidamente un estado de pleno rendimiento de nuestra economía sin engendrar al propio tiempo pleno empleo.  Por el contrario, podemos conseguir fácilmente «pleno empleo« sin haber alcanzado una producción plena[v]. Si el pleno empleo se convierte en nuestro objeto de culto entonces la solución al problema sería simple: construir represas donde no se necesiten, construir una pirámide faráonica en algún campo, construir un estadio de football en donde no se juegue tal deporte, etc. Stalin fue un experto en mantener el pleno empleo por medio de grandes proyectos inútiles. Existen otros que alcanzan el pleno empleo por medio de las guerras, donde el nivel de paro llega casi a cero. En nuestros días en Brasil quedaron 12 colosales estadios de football, que implicaron una enorme inversión de fondos públicos, y que hoy día no tienen utilidad alguna. Regresemos a Friedman. Los gastos del gobierno y la complicidad de la Reserva Federal (en el caso de Estados Unidos) se traducen en una mayor inflación y, como afirmó Friedman: “A largo plazo, no existe relación alguna entre tasa de inflación y la de crecimiento económico; o entre aquella y el nivel de paro[vi]. Por su parte, Firedrich Hayek esperaba alguna vez escribir una historia del inflacionismo desde John Law a John M. Keynes para demostrar como la creencia acrítica en la existencia de una relación sencilla entre demanda agregada y empleo había causado a lo largo de 150 años un enorme desperdicio de ingenioso esfuerzo intelectual.

Una tercera causa que menciona el autor guarda relación con las erróneas políticas aplicadas por los bancos centrales debido a que han operado sobre la base de teorías erróneas. Friedman quiere decir que los banqueros centrales han creído que su función era la de controlar los tipos de interés en lugar de controlar la cantidad de dinero en circulación. Llegamos a la pregunta crucial: ¿cómo solucionar este problema? Friedman le resta dramatismo y va directo al grano: la única manera de acabar con la inflación estriba en no permitir que el gasto público crezca tan rápidamente. Parece simple pero no lo es, y el problema no radica tanto en tecnicismos del oficio, sino que se debe más bien a la falta de voluntad política. Después de todo, aplicar una política monetaria restrictiva traerá consigo una ralentización de la actividad económica y tal escenario no sería muy popular para quienes están en el gobierno. A nadie se le ocurriría cerrar el bar abierto a las 23.00 en plena fiesta, ya que seguramente sería una acción poco atinada e impopular, pero no hacerlo significará que la resaca de muchos al otro día sea peor que aquella que hubieran tenido si hubiesen dejado de tomar a las 23.00. No controlar a tiempo la inflación puede desembocar en un mal mayor: desempleo y erosión del poder adquisitivo de la moneda. Si la irresponsabilidad llega a límites extremos, se llegará a la situación venezolana, esto es, estar al borde una hiperinflación, aumento del desempleo y el caos social. Friedman advierte también sobre los peligros de la estanflación (stagflation), es decir, inflación + desempleo, de manera que las políticas de estímulo keynesianas resultarían inútiles, en otras palabras, el trade off entre inflación y desempleo no operaría en el corto plazo.

Una cuarta causa que podemos añadir fue que, tras el abandono del patrón oro y el pseudo patrón oro con Nixon (1971) los bancos centrales pudieron sentirse libres de imprimir cuantos billetes quisieran sin preocuparse por mantener una proporción con las reservas de oro en sus bóvedas. En otras palabras, las naciones rompieron el incómodo grillete que era el patrón oro.

 

En resumen, tenemos que la inflación es un fenómeno monetario y está estrechamente vinculada  al exceso de emisión de moneda en una economía, de manera que la inflación, más que entenderla como un incremento general del nivel de precios, hay que hace comprenderla como el incremento de la cantidad de dinero. Si recurrimos a la célebre teoría cuantitativa  M x V = P x Y (donde M = cantidad de dinero; V= velocidad de circulación; P= nivel de precios; Y = PIB) Si mantenemos V constante, tendremos que un aumento de M significará un aumento de P. Un tema que no mencioné y que no abordé es el debate en torno al concepto “nivel general de precios”. Quiero decir, ¿es cierto que un aumento de la masa monetaria causa un incremento del  nivel general de precios? Desde el punto de vista de muchos economistas, el aumento de M no tiene el mismo efecto en todos los precios. De acuerdo a esto. y en contra de lo que dicen economistas como el ya citado Mankiw, el dinero sería “no neutral”, lo que vendría a significar que si se duplicase la cantidad de dinero, como consecuencia unos precios subirían más que otros, lo que tiene otras consecuencias como desajustes y descoordinaciones dentro de las distintas etapas de la producción de bienes. Como bien escribió Hayek, fue Richard Cantillon quien realizó el primer intento la cadena efectiva de causa y efecto entre la cantidad de dinero y los precios. En realidad estamos ante un problema específico que es parte de un problema mayor que consiste en las distintas visiones que existen sobre la economía. Por ejemplo, personajes como Keynes o Friedman eran macroeconomistas que operaban con agregados mientras que Hayek y economistas de la escuela Austriaca, si bien no desprecian los aspectos macroeconómicos, centran su análisis en los microfundamentos de las economías.

Cuando hablamos de agregados estamos haciendo referencia a la suma de un gran número de decisiones individuales tomadas por individuos, familias, empresas, consumidores, productores, trabajadores, el Estado. Así, como señalé antes la demanda agregada, está compuesta por la suma del consumo de las familias que queda reducida a la letra “C” y a las inversiones empresariales que quedan reducidas a “I”. Otro ejemplo es que los bienes de capital quedan reducidos a una sola letra que los comprime: K. Hayek criticaba este enfoque e ideas como que las masa monetaria afecta a un supuesto “nivel general de precios”, de manera que rechazaba las relaciones causales entre agregados. Al respecto escribió el autor: “En consecuencia, si la teoría monetaria continúa intentando establecer relaciones causales entre agregados o promedios globales, ello significa que está retrasada con relación al desarrollo de la economía genera. De hecho, ni los agregados ni los promedios actúan recíprocamente entre sí, y nunca será posible establecer conexiones necesarias de causa y efecto entre ellos como podemos establecerlas entre fenómenos individuales, etc.”[vii].

 

 

Consecuencias

Resumiendo, tenemos que la inflación tiene serias consecuencias. En primer lugar, como ya señalamos, reduce el poder adquisitivo del dinero, y peor aún es la fatal combinación entre inflación e impuestos. En segundo lugar, la inflación perjudica a los acreedores y beneficia a los deudores. Esto quiere decir que la inflación perjudicará más que poseen rentas o ingresos fijos, es decir, jubilados, pensionistas o personas que viven del alquiler, etc. En cambio, la inflación beneficia a los deudores, por ejemplo a quienes se endeudan con hipotecas a interés fijo, ya que la inflación reducirá el valor real de la amortización del préstamo. Uno de los grandes deudores es el Estado, ya que debe pagar la deuda pública, subsidios, salarios a empleados públicos, entre otros. Otras consecuencia es que la inflación distorsiona aquel sistema informativo o señales son las cuales ninguna economía puede funcionar: los precios. Los precios son verdaderos guías o semáforos que son útiles a empresarios como consumidores. La inflación sólo viene a averiar este sistema interconectado de información. Una cuarta consecuencia es el descenso de las exportaciones ya que los productos nacionales se encarecen, por lo que aumentan las importaciones. El problema que, producto de la continua devaluación de la moneda, sucede que tales importaciones resultan ser cada vez más caras, ya que la moneda nacional se ha devaluado en relación a la divisa ya sea el euro o el dólar. Esto también afectará a la deuda externa que tenga el estado, ya que este no puede imprimir dólares o euros. Podemos añadir que la inflación los prestamistas exigirán una compensación por la erosión del poder adquisitivo del dinero que prestan, lo que se traduce en que tipo de interés nominal o de mercado llevará aparejado una prima igual a la tasa de inflación. D acuerdo a lo anterior tenemos lo siguiente:

Tipo de interés nominal = Tipo de interés real + Tasa de inflación 

y si despejamos tenemos lo siguiente:

Tipo de interés real = Tipo de interés nominal - inflación 

Si el lector, como resultado de su inversión percibió un tipo de interés de un 5% en el 2011 y la inflación resultó ser de un 3%, resultará que el interés real se reduce a un 2%. Por lo tanto el lector ya sabrá que la inflación es un verdadero monstruo devorador para las personas que reciben una renta fija.

Los antiguos príncipes que devaluaban sus monedas quitando el contenido de oro de estas son los actuales banqueros centrales. Los gobiernos populistas de antaño y los de hoy han sido víctimas de este mal, y continúan cayendo en los mismos errores y medidas que sólo tienen como consecuencia empeorar más las cosas. Desde el emperador Dioclesiano pasando por Hitler, hasta Nicolás Maduro, se ha creído que el control de precios es la solución a la inflación. Después de todo, si el problema es que los precios suben, entonces la solución es obvia: decretemos que los precios no suban, es más, decretemos que los precios se reduzcan en un 30, 40 o 50%, y el problema está solucionado. El resultado de esto es que, como sucede en Venezuela, los controles de precios se van extendiendo a todos los rubros de la producción, comienza la represión, las expropiaciones y la búsqueda de chivos expiatorios. Los comerciantes optan por operar en el mercado negro, los capitales extranjeros huyen del país, la moneda continúa devaluándose, la importaciones se encarecen, el país de a poco comenzará a experimentar la escasez de divisas, por lo que comienza el control del tipo de cambio (cuatro tipos en el caso venezolana), y así el descontento social va in crescendo. El problema es que la culpa no es de la avaricia del burgués apátrida, de Bush, Obama o la CIA: la culpa es del propio gobierno socialista.

Por lo tanto, recordar siempre que el dinero no es riqueza, la riqueza de una nación radica en que esta sea capaz de producir bienes y servicios. Dinero fácil y barato no hace rico a nadie. El dinero, como cualquier otra mercancía, en abundancia, pierde su valor. La inflación puede crear una falsa ilusión de riqueza que puede durar varios años, pero finalmente tal espejismo se desvanece y será muy tarde para cuando la gente se percate de aquella ilusoria riqueza.

 

[i]Milton Friedman, La economía monetarista (España: Editorial Gedisa, 2008)36.

[ii] Milton Friedman, Paro e inflación (España: Unión Editorial,  2012), 92.

[iii] Ibid., 99.

[iv] Ludwig von Mises, La teoría del crédito y del dinero (España: Unión Editorial, 2012), 198.

[v] Henry Hazlitt, Economía en una lección (España: Unión Editorial, 2008), 81

[vi] Milton Friedman, op. cit.., 107

[vii] Friedrich Hayek, Precios y producción (España: Unión Editorial, 1996), 27.