1) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: Introducción (por Jan Doxrud)

1) Tribalismo, victimización y emocionalidad tóxica: los nuevos fanáticos de la diversidad (por Jan Doxrud)


Vivimos en la actualidad lo que Michel Lacroix ha llamado el culto a la emoción. Cuya liturgia consiste en darle la vuelta a lo que ha prevalecido hasta ahora, sustituyendo el reduccionismo racionalista por un reduccionismo emocional (…) La consigna viene a ser esta: puesto que las emociones son tan importantes, no las toquemos, dejemos que se expandan y se manifiesten en toda su pureza. ¡Vivan las emociones! Más aún: preservemos la fibra más emotiva del individuo, abandonemos los razonamientos y vayamos directo al corazón. Emocionarse es bueno, razonar es perverso”. 

(Victoria Camps. El gobierno de las emociones)


Hacerse la víctima es dotarse del doble poder de acusar y de reclamar, de lanzar el oprobio y mendigar. Y ya que todos tenemos en nuestro árbol genealógico al menos un ahorcado, un esclavo, un proletario, un perseguido, nos remontaremos hasta la Edad Media si es preciso para reclamar justicia.

 Pascal Bruckner. La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental.


Los siguientes artículos plantean una problemática subyacente nada novedosa y que, por el contrario, constituye un desafío milenario dentro de la historia humana: el cultivo de la humanidad. Como escribió la filósofa estadounidense, Martha Nussbaum, en nuestros días los profesores están formando a los futuros ciudadanos dentro de un contexto de diversidad cultural y creciente internacionalización. Esto ha llevado en que en los currículos se haya puesto un especial énfasis en la “diversidad” con el objetivo de que los estudiantes puedan comprender a otros grupos ya sea raciales, étnicos, religiosos o sexuales. En palabras de Nussbaum:

El nuevo énfasis en la diversidad en los currículos de las escuelas superiores y universidades es, sobre todo, un modo de hacerse cargo de los nuevos requisitos de la condición de ciudadano (…) un intento de producir adultos que pueden funcionar como ciudadanos no solo de algunas regiones o grupos locales, sino también, y más importante, como ciudadanos de un mundo complejo e interconectado”.

Ahora bien, Nussbaum advierte también que la pretensión de algunos académicos de diversificar el currículo puede tener un efecto contraproducente en el sentido de que puede llegar a socavar los objetivos del ser ciudadano. Lo anterior puede acontecer cuando se centra en demasía en las políticas de creación y reforzamiento de identidad de determinados grupos de interés, en lugar de centrarse en la necesidad de conocimiento en la necesidad de conocer y comprender a los demás ciudadanos,. Esto, podemos añadir, podría llevar a una fragmentación de la sociedad y la formación de grupos herméticos incomunicantes entre sí. Es por ello que autores, como Giovanni Sartori (1924-2017), han advertido sobre los peligros de aquellas ideología que tienden a atomizar la sociedad como es el caso del multiculturalismo. Para Sartori, predominaba una versión del multiculturalismo que se caracteriza por ser antipluralista, fuertemente influenciada por intelectuales franceses como Michel Foucault, así como también por los neomarxistas ingleses que sustituyeron la lucha contra el capitalismo por la lucha cultural anti-establishment. Tal multiculturalismo se habría afirmado en los colleges universitarios con la introducción de los “estudios culturales” y su enfoque en la “dominación” y “hegemonía” de unas culturas sobre otras. 

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En el caso estadounidense, la fragmentación social habría ido más allá de lo como lo expuso Arthur M. Schlesinger Jr. (1917-2007)en su “Desuniting America. Reflections on a Multicutural Society” (1991). La tribalización de la sociedad no es por motivo de raza o etnia, sino que cada vez surgen más grupos que se autoperciben como culturas y que reclaman sus propias reivindicaciones. Así el ideal del “melting pot” estadounidense es sustituido por una suerte de culto a la etnicidad (o a otras múltiples identidades) que sólo celebra la diferencia, el reconocimiento y abandona cualquier pretensión de adscripción a ciertos valores humanos universales que han probado ser beneficiosos para la convivencia ciudadana. Una sociedad fragmentada no es sinónimo de ser pluralista puesto que, si bien el pluralismo postula una sociedad de “asociaciones múltiples”, esto no constituye una determinación suficiente. Con esto, Sartori quiere dar a entender que tales asociaciones deben cumplir ciertas demandas como las de ser “voluntarias” y “no exclusivas”, esto es, abiertas a afiliaciones múltiples, siendo este el rasgo distinto del pluralismo. Tampoco implica reconocer que todos lo grupos y culturas tienen igual valor, puesto que esto equivale, señala el autor,  a adoptar un relativismo absoluto que destruye el concepto mismo de valor, ya que, si todo vale entonces nada vale. En palabras de Sartori: 

“ Por tanto, una sociedad multigrupos es pluralista si, y solo si, los grupos en cuestión no son grupos tradicionales y, segundo, solo si se desarrollan naturalmente sin ser impuestos de alguna manera. De donde resulta que el llamado pluralismo africano no es tal y que tampoco lo es un sistema de estratificación de castas (India)”

Por su parte, el académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, Juan Fierro Carrasco, también explica la tensión que el multiculturalismo genera entre los conceptos de igualdad y diferencia, así como también, cuál debe ser la naturaleza de la ciudadanía. Esto chocaría con la concepción liberal de los derechos en virtud de a cual sólo los individuos, y no los grupos, poseen derechos, pasando por alto las diferencias y políticas de reconocimiento. Pero, como pudimos ver con Sartori, el multiculturalismo también presenta problemas. Tal como lo plantea Fierro, una crítica común al multiculturalismo se fundamento en que no son claros los límites culturales de cada grupo, lo que se traduce en que no resulta ser evidente porqué razón hemos de favorecer a unos y no a otros.

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Añade el mismo autor que los individuos pertenecen a la vez a diferentes grupos culturales y tampoco resulta claro qué se entiende por “cultura” dentro del “multiculturalismo”. Sartori también se refiere a este último tema señalando que el “multiculturalismo” viene no solamente a decirnos que las “culturas” son muchas, sino que también son de distinto tipo, de manera que la cultura puede ser “lingüística”, étnica, religiosa y sexual. Sartori llega a señalar que el multiculturalismo es racista, pero destierra de denominarse como “multiracismo” ya que no suena bien. Como señala el mismo autor, el multiculturalismo que él rechaza es uno que es portador de una ideología y un proyecto ideológico que se contrapone a los valores que promueve el “pluralismo”

Así frente a ideologías atomizadotas (como el actual multiculturalismo) se plantea la necesidad de cambiar el enfoque y volver a reafirmar el “interculturalismo” o simplemente el “pluralismo”. En relación con este ultimo término, Sartori señala que no debe ser entendido como lo “plural o “muchos” ya que esto solo refleja pobreza y simplismo intelectuales. El pluralismo puede ser analizado en distintos niveles. En primer lugar tenemos el  pluralismo como creencia en virtud del cual la variedad (no la uniformidad), l discrepar (no la unanimidad) y el cambio (no el inmovilismo) son cosas buenas. En segundo lugar tenemos el pluralismo social que parte del hecho obvio de que no existen sociedad iguales y que, por el contrario, se diferencian de muchas maneras.

Por último tenemos el  pluralismo político  que nos dice que el poder se encuentra diversificado basado en la pluralidad de grupos que son independientes y no exclusivos. La sociedad pluralista también presupone, señala Sartori, el secularismo y laicismo, así como también la separación de las distintas esferas de la vida: la religión, la política y la economía. Sartori descarta también de la el “ciudadanizar” vendría a ser sinónimo de integrar ya que incurre en una falacia reduccionista de la receta única y pasa por alto las particularidades del sujeto. El concepto de ciudadanía debe ir acompañado de una pedagogía y una serie de habilidades que el individuo debe desarrollar y tal como lo propone Martha Nussbaum en su idea de formar ciudadanos del mundo o cosmopolitas, y que revisaré al final de esta serie de artículos.

En un artículo publicado por “The Atlantic” (2015) Jonathan Haidt,psicólogo social y académico de la Universidad de Nueva York, y George Lukianoff, Presidente del Foundation for Individual Rights in Education, abordaron un tema sensible y preocupante que involucraba a los campus universitarios y, más específicamente a la a una fracción de la nueva generación de jóvenes universitarios. Posteriormente el artículo se transformaría en el 2018 en un libro bajo el título “The Coddling of the American Mind: How Good Intentions and Bad Ideas Are Setting Up a Generation for Failure” el cual sería traducido al español por el think tank chileno “Fundación para el progreso” bajo el título “Malcriando a los jóvenes estadounidenses: cómo las buenas intenciones y las malas ideas están preparando a una generación para el fracaso”. ¿Quiénes son esos jóvenes protagonistas del libro? En realidad la actitud y temperamento que describen estos autores se pueden apreciar en grupos como los “Social Justice Warriors”, Antifa (Anti-fascist) o los llamados “Snowfakes”: todos comparten patrones de conductas similares.

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Ahora bien, este tema va más allá de las denominaciones caricaturescas como la generación “snowflakes” o “copitos de nieve” quienes van por la vida victimizándose y buscando obsesivamente en el discurso oral o escrito de los demás el más mínimo indicio de una ofensa, potencial ofensa u ofensa sutil o camuflada, incluso no intencional  (subjetivamente considerada como tal). Ahora bien, lamentablemente, el estereotipo anterior no es una mera caricatura que no se corresponde con la realidad, puesto que estos personajes existen y están dañando gravemente a la universidad, el pluralismo, la libertad y la democracia. Tales personas se caracterizan por ser bastante maniqueos en su manera de ver la vida (los buenos contra los malos) y reducen la vida social a una imparable y continua lucha, ya no entre clases sociales como el viejo marxismo, sino que entre distintas “identidades”. En virtud de lo anterior, estos jóvenes son fanáticos y dogmáticos, es decir, enemigos de la racionalidad científica, la duda, el escepticismo y el pensamiento crítico. 

Como señala la filósofa española, Victoria Camps, el fanático no relativiza nada, puesto que tiene claro cuales son sus fines y qué motiva sus actos, de manera que desde un punto de vista de los fines y medios, es una conducta racional. Lo más peligroso del fanatismo es que opera con un voluntarismo prepotente y arrogante que se autojustifica bajo un sentido de superioridad moral del cual carecen los que no pertenecen a su tribu. Es por ello que se sienten autorizados para hacer linchamientos en redes sociales, convocar aglomeraciones para impedir que un autor hable, presionar a las directivas para que despidan a algún académico cuyas ideas no armonicen con las suyas y determinar quien tiene o no tiene derecho a la libertad de expresión o a ser tolerado. No se toman la molestia de refutar por medio de argumentos ya que sólo exigen es retractación, arrepentimiento y sometimiento. Por lo demás para estas personas no hay nada que discutir puesto que, como buenos fanáticos que se autoposicionan en un pedestal moral que sobrepasa la altura de la exosfera, ellos están del lado del bien y poseen la verdad absoluta. Estas personas solo están seguros de una sola cosa: ellos son los que están del lado luminoso y los que no concuerden con ellos son nazis y fascistas y, como tales, hay que reprimirlos por todos los medios. 

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Un error común es pensar que estos jóvenes constituyen una “minoría” y que, por ende, no debemos alarmarnos y ser paranoicos. Lamentablemente las minorías pueden ser extremadamente peligrosas ya que pueden someter completamente a las mayorías debido a su prepotencia, violencia y extremismo . En Alemania los nazis no fueron una mayoría, lo mismo que los bolcheviques que dieron el golpe de Estado en Rusia y, aún así, lograron implantar ambos dictaduras criminales. Escuchamos que los atentados terroristas islámicos son perpetrados por una minoría que no representa al Islam ante lo cual cabe uno preguntarse si acaso eso debe calmarme. Resulta que esas “minorías” asesinan a miles de personas de las cuales la mayor parte residen en países musulmanes. Charles Manson, Jim Jones o David Koresh fueron individuos que lograron crear cultos de la muerte que resultaron en escenarios de muertes dantescos. Por ende, una minoría radical, extremista, violenta, dogmática y bien organizada no debe nunca subestimarse. Varios académicos han pagado el precio perdiendo sus puestos de trabajo o ejerciéndolo de manera temerosa, de manera que lo que hacen no es educar y, más bien, están más enfocados de no alterar los ánimos de ciertos estudiantes.

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Lo anterior, tiene como consecuencia el que estemos ante personas que no piensan críticamente, puesto que no tienen dudas, todo lo contrario, rebosan de certezas que tienen que ser impuestas por todos los medios que estén a su alcance. Estamos así frente a personas que carecen de la habilidad de reflexionar, de dialogar, de escuchar, de argumentar, de hacer introspección, de empatizar, de solidarizar y de pensar críticamente. Cuando estas convencido de estar en posesión de una verdad absoluta , todo lo anterior es innecesario. Por último, podemos señalar que estos nuevos fanáticos son irresponsables, puesto que no son capaces de hacerse cargo de sus propias vidas ya que dentro del entramado de luchas y relaciones de poder que es la sociedad, ellos son sólo víctimas de un omnipresente “sistema” opresivo que les impide desarrollarse como seres humanos. El sistema de opresión puede tomar distintas forma: sociedad de privilegios, patriarcado, neocolonialismo, heteropatriarcado o capitalismo patriarcal. 

Algunas lecturas:

Teun van Dijk. El discurso como interacción social.

Teun van Dijk. Ideología.

Giovanni Sartori. La sociedad multiétnica.

Peter L. Berger y thomas Luckmann. La construcción social de la realidad

Samuel Huntington. ¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional estadounidense

Jaime Fierro. La ciudadanía y sus límites.

Charles Taylor. Fuentes del Yo.

Michael Walzer. Pensar políticamente.

 Francois Dubet. De la sociología de la identidad a la sociología del sujeto

 Judith Butler. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad.

 Zygmunt Bauman. La Modernidad Líquida.

 Francois Dosse. Histora del Estructuralismo (2 tomos)

 Victoria Camps. Elogio de la duda.

 Victoria Camps. El gobierno de las emociones.

 Pascal Bruckner. La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental.

 Francis Fukuyama. Confianza. Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad.

 George Lukianoff y Jonathan Haidt. Malcriando a los jóvenes estadounidenses. Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están preparando a una generación para el fracaso.