3/8-Profetas del pesimismo (por Jan Doxrud)

3) Profetas del pesimismo (por Jan Doxrud)

Ahora bien, el pesimismo no desemboca necesariamente en esta última actitud de resignación. Por el contrario, el pesimismo irracional puede dar rienda suelta a un optimismo igualmente poderoso e irracional que raya en el utopismo y en soluciones del tipo “top-down” que advertía Roger Scruton:

“Los optimistas inescrupulosos creen que los problemas y los desórdenes del género humano pueden ser superados por alguna clase de ajuste a gran escala: basta con preparar un nuevo acuerdo, un nuevo sistema, y las personas serán liberadas de su prisión temporal hacia un reino de éxitos”.

Otro autor – esta vez contemporáneo –  que nos será de gran utilidad para este tema es el historiador Arthur Herman y su libro “La idea de decadencia en la historia occidental”. Explica Herman que la idea de decadencia consiste en “una teoría acerca de la naturaleza y el sentido del tiempo, al igual que la idea de progreso”. En su libro, Herman examina las variadas formas de pesimismo, las cuales se pueden retrotraer a Hesíodo y sus célebres cinco edades del ser humano a saber: Edad de Oro, Plata, Bronce, de los Héroes y la de Hierro.

De acuerdo al autor, la idea común de decadencia que comparten diversas culturas se podrían explicar como una extrapolación realizada de los cambios corporales ocurridos en el ser humano a una filosofía del tiempo y del cambio. Esto último, de acuerdo a Herman, habría sido fruto del genio de los antiguos griegos. Como ya señalé y abordé en otro artículo, fue el movimiento romántico – durante el siglo XIX – el que difundió un espíritu pesimista a lo largo de parte de Europa. Entre sus características, nos interesa su rechazo de ciertos ideales de la Ilustración, el racionalismo, el progreso, el método científico en aras de recobrar aquella dimensión espiritual, lo infinito y una naturaleza concebida no como un mero recurso a disposición del ser humano.

Herman examina en el capítulo una particular forma de pesimismo como lo fue el de Arthur de Gobineau (1816-1882) y la idea de decadencia racial. En una época en que era usual estructurar a la humanidad en razas – blanca, amarilla y negra – comenzó a emerger el debate si acaso era deseable o no el mestizaje.  En palabras de Herman, el consenso entre los teóricos raciales era que “la historia de las razas era de progreso, del avance del predominio blanco y la difusión de la libertad política para todos los blancos (…) en su forma europea”

Tal interpretación era rechazada por quienes defendían el predominio de la aristocracia dentro de la sociedad estamental, es decir, no concebían que existiese una igualdad basada en la raza blanca al margen de los títulos nobiliarios. Fue justamente este sentido de superioridad aristocrática del conde de Gobineau lo que lo llevó a concebir la historia humana no solo como una degeneración racial, sino que también cultural. En palabras de Herman:

“En vez de ser el ápice del progreso biológico del hombre, la Europa moderna era una letrina de degeneración racial. De un plumazo Gobineau cambió radicalmente la dirección del pensamiento europeo sobre la raza”.

Sumado a esto, Gobineau también planteó la existencia de una raza ideal existente en el pasado, portadores del verdadero vitalismo y antecesores del los europeos: los arios. Este último concepto ya estaba presente en los estudios orientalistas de la época, pero nada tenía que ver con ese imagen que presentaban los nazis, esto es, la de un ser humano rubio, alto y de ojos azules. El “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” de Gobineau fue criticada, entre otros, por Alexis de Tocqueville.

La obra de Gobineau fue publicada en 1853 y 1855, es decir, tras el fracaso de las revoluciones de 1848 y el temor y trauma que generaron los disturbios. El autor llegó a señalar que el pesimismo era la gran enfermedad de su tiempo y temía que autores como Gobineau solo hicieran de este pesimismo y desesperanza una realidad. Al respecto comenta Herman:  “Tocqueville creía que Gobineau, al proclamar que la decadencia europea estaba racialmente predestinada, alentaba un fatalismo que agotaba la energía, la confianza y la voluntad de triunfar (…)”. Más adelante añade el mismo autor:

“No obstante, el aspecto del Ensayo que más repugnaba a Tocqueville era el pétreo fatalismo de Gobineau, ese determinismo racial que abolía la libertad humana. Los individuos eran intrascendentes en el Ensayo, en comparación con las leyes inmutables de la historia racial y la brutal naturaleza que los guiaba como esclavos ciegos y dictaba sus decisiones”.

Herman también aborda el fenómeno del pesimismo histórico, el cual observa la realidad bajo un prisma de acuerdo al cual el presente era algo que sistemáticamente desbarata los logros de un pasado creativo y ordenado. Más adelante añade que el pesimismo histórico se fundamenta en la idea de que la sociedad es una totalidad completa y orgánica y que, como tal, está sujeta a su inevitable declinación y muerte. Por otro lado, explica Herman, un pesimista cultural, como fue el caso de Nietzsche (1844-1900), ve el presente como “una mera extensión de los valores corruptos y chatos del pasado; su conclusión es que la salud cultural requiere el rechazo de ambos”. A esto añade Herman:

“El pesimismo histórico entiende que fuerzas malignas, destructivas e invencibles atacan las virtudes de la civilización; el pesimismo cultural sostiene que esas fueras integran el proceso civilizador desde el principio. El pesimista histórico teme que su sociedad esté por autodestruirse, el pesimista cultural entiende que merece ser destruida. El pesimista histórico ve el desastre en la estrella polar, como decía Henry Adams: el pesimista cultural ansia el desastre, pues cree que algo mejor surgirá de las cenizas”.

Nietzsche

Un ejemplo de pesimista histórico es el historiador suizo Jacob Burckhardt (1818-1897). Una de las razones del pesimismo de Burckhardt se debía a los potenciales peligros que representaban la democracia y la sociedad de masas, las cuales podían llevar a una dictadura al estilo cesarista como lo fue la de Napoleón III. Este fenómeno de un autoritarismo con complicidad de las masas fue también un peligro que advirtió el pensador liberal suizo Benjamin Constant (1767-1830). Burckhardt se sumaba a aquellos que menospreciaban a las masas y su poder para corroer la cultura, así como también a la tiranía del número, de lo cuantitativo sobre lo cualitativo. En palabras de Herman:

“La democracia moderna estaba destruyendo una civilización europea que para él era decadente y había perdido su razón de ser. Pero la democracia era incapaz de producir algo constructivo que la reemplazara. Esto era «barbarie puramente negativa y destructiva»”.

Como vimos anteriormente, el pesimismo cultural de corte nietzscheano no busca retroceder hacia un paraíso terrenal perdido, sino que busca crear una nueva realidad que logre abolir el presente y el pasado. Así, para Nietzsche, el remedio para este pesimismo no era el retiro espiritual, el aislamiento o la contemplación estética (como lo recomendaría Schopenhauer o Burckhardt). Los salvadores o redentores serían suerte de élite intelectual creadora de nuevos valores y sepultureros de todo lo establecido (similar a l a vanguardia leninista). Esta vanguardia nietzscheana –   los “arios” o “bestias rubias” (en un sentido cultural y no biológico) – buscan crear su propios valores, su propio sentido del bien y del mal, y lo que es verdadero y falso. Así el ser humano después de atravesar la fase del camello (pasado), el león (rebelión), finalmente llega a la última transfiguración: ser un niño dotado de un espíritu creativo. 

Avanzando a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, Herman nos lleva a la era industrial, a las nuevas ciudades junto a todas sus dinámicas internas. Para el propósito de este escrito nos concentraremos en aquel grupo de pseudociencias que evaluaban la psicología humana en base a rasgos externos. Este fue el caso de la fisiognomía, la craniometría y la frenología. Destaca la figura del médico y criminólogo italiano Cesare Lombroso (1835-1909) quien busco la relación entre la conducta criminal y los rasgos físicos de las personas, tales como tamaño y forma de la mandíbula, cráneo, etc.

El hecho es que a partir de esta moda pseudocientífica comenzaron a surgir algunos profetas pesimistas que vaticinaban la degeneración del género humano dentro del contexto de la nueva sociedad industrial. Así, y como señala Herman, el criminal y antisocial atávico de Lombroso podía encontrarse en el hombre moderno mismo. Por ejemplo, para el médico y psiquiatra, Bénédict Morel (1809-1973) la degeneración era un fenómeno que afectaba a la sociedad propia de la era industrial. En palabras de Herman:

“Morel y sus adeptos argumentaban que los factores ambientales podían ser más importantes que la herencia para activar el proceso degenerativo, lo cual era manifiesto entre las clases bajas: los obreros, los pobres, los desempleados (…) Eran «los tullidos de la civilización», que ahora amenazaban inundar la sociedad con su número creciente”.

Lombroso

En el mismo camino transitaba Charles Féré (1852-1907) quien en su obra de 1888 titulada “Degeneración y criminalidad”, señalaba que los factores ambientales urbanos incidían negativamente en ciertos sectores de la población, específicamente los más pobres los cuales serían más propensos al “desvío” social. Estas temáticas en donde convivía la civilización y la barbarie, el ciudadano “normal” y el “anormal” podían verse retratadas en “El doctor Jekill y Hyde” (1886) de Robert Louis Stevenson (1850-1894).

Como señala Herman, el ciudadano civilizado y útil a la sociedad – representado por Jekill – tenía enfrentarse a su alter ego atávico, con rasgos simiescos semejante al criminal de Lombroso. El escritor Max Nordau (1849-1923) incluía en este grupo de desviados y degenerados a los artistas, de manera que autores de la talla de Oscar Wylde, Nietzsche, Ibsen o Wagner, cayeron bajo el microscopio de Nordau, señala Herman. Continúa explicando Herman:

“El degenerado artista moderno, al igual que el criminal, carecía de sentido moral: «Para ellos no existe ley,  decencia ni pudor». El sentimentalismo, la histeria, la vieja enfermedad romántica del ennui, impregnaban sus obras y perspectiva, sostenía Nordau, debido a su endeble estado nervioso. Escribía: «Los degenerados y dementes son los discípulos de Schopenhauer»”.

Dado este diagnóstico no resulta sorprendente que hayan surgido movimiento eugenésicos que buscaba mejorar el potencial biológico del ser humano e impedir que el ser humano entrase en un proceso de degeneración. Fue Francis Galton quien acuñó el término y propuso que esta debía constituir una política de Estado. Existía temor sobre la evolución demográfica y la composición interna de la población. Herman señala que el cirujano Edwin Lankester (1814-1874) temía la excesiva reproducción de los “desesperados” y desesperanzados”, aquellos miembros ineptos e indeseables de la comunidad. En palabras de Galton, la eugenesia podía hacer de manera benigna, rápida y discriminada, lo que la naturaleza hacía a ciegas, pudiendo así garantizar que la humanidad estuviese representada por las razas más aptas.

 Lecturas complementarias:

(1) Occidente: autoflagelo y el monopolio de la culpa (por Jan Doxrud) 

(2) Occidente: Autoflagelo y el monopolio de la culpa (por Jan Doxrud) 

I) La influencia del Romanticismo alemán en el pensamiento occidental (por Jan Doxrud)

(II) La influencia del Romanticismo alemán en el pensamiento occidental (por Jan Doxrud)

(III) La influencia del Romanticismo alemán en el pensamiento occidental (por Jan Doxrud)

(IV) La influencia del Romanticismo alemán en el pensamiento occidental (por Jan Doxrud)

Los grandes relatos y la idea de las edades en la historia (por Jan Doxrud)

Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (1) (por Jan Doxrud)

Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (2) (por Jan Doxrud)

Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (3) (por Jan Doxrud)

Entendiendo el Discurso Filosófico de la Modernidad (4) Goethe, Fausto y Mefistófeles: Destruir para crear (por Jan Doxrud)

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Introducción a la Posmodernidad (1) (por Jan Doxrud)

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Breve reflexión en torno al concepto de “racionalidad” (por Jan Doxrud)

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