Reseña, Encíclica "Laudatio si’: El Papa Francisco y la Ecología (por Jan Doxrud)

Reseña Encíclica Laudatio si’: El Papa Francisco y la Ecología

El concepto de “Encíclica” deriva de un término griego que se utilizaba para indicar aquellas cartas que los príncipes y magistrados destinaban al mayor número posible de destinatarios para dar así dar a conocer leyes, reglas, normativas. Originalmente una Encíclica era una carta escrita por el Obispo y enviada a todas la Iglesias de una zona determinada, así como a otros Obispos para mantener la unidad de la doctrina cristiana. Posteriormente una Encíclica pasaría a ser una carta solemne escrita exclusivamente por el Papa, para su círculo cercano, a los obispos y a los fieles católicos, sobre materias relacionadas con la práctica cristiana. El Papa Juan XXIII (1881-1963) y su Encíclica “Pacem in terris” (1971) marcó un cambio inédito, ya que la Encíclica no iba dirigida solamente a los fieles católicos, sino que también “a todos los hombres de buena voluntad”.

La Carta Encíclica «Laudatio» Si’” del Papa Francisco está inspirada por la figura de San Francisco de Asís (1182-1226), quien cantaba en su “Cántico de las creaturas”: «Laudatio si’ mi’ Signore» - “Alabado seas mi Señor”. Pero sabemos que la figura de San Francisco de Asís no sólo inspiró la Encíclica papal, sino que el mismo nombre adoptado por el Cardenal Bergoglio. La razón de esto lo explica el mismo Papa:

Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad…Él manifestó una atención particular hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega amorosa, su amor universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior[1].

El cántico de San Francisco resalta la idea de que la naturaleza es nuestra casa común, compartida no sólo por seres humanos, sino que también por otros seres vivos que no deben ser menospreciados. Citemos a continuación “Cántico de las creaturas”:

 

“Altísimo y omnipotente buen Señor,

tuyas son las alabanzas,

la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen

y ningún hombre es digno de nombrarte.

 

Alabado seas, mi Señor,

en todas tus criaturas,

especialmente en el Señor hermano sol,

por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,

de ti, Altísimo, lleva significación.

 

Alabado seas, mi Señor,

por la hermana luna y las estrellas,

en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento

y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,

por todos ellos a tus criaturas das sustento.

 

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,

por el cual iluminas la noche,

y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor,

por la hermana nuestra madre tierra,

la cual nos sostiene y gobierna

y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

 

Alabado seas, mi Señor,

por aquellos que perdonan por tu amor,

y sufren enfermedad y tribulación;

bienaventurados los que las sufran en paz,

porque de ti, Altísimo, coronados serán.

 

Alabado seas, mi Señor,

por nuestra hermana muerte corporal,

de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

Ay de aquellos que mueran

en pecado mortal.

 

Bienaventurados a los que encontrará

en tu santísima voluntad

porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor

y denle gracias y sírvanle con gran humildad”.

San Francisco predicando a los pájaros, por Giotto di Bondone, Basílica de San Francisco de Asís.

San Francisco predicando a los pájaros, por Giotto di Bondone, Basílica de San Francisco de Asís.

 

La Encíclica del Papa se centra principalmente en el tema ecológico, específicamente la destrucción del medioambiente, de manera que su llamado es a un cambio de paradigma, un cambio en la manera en que el ser humano se relaciona con la naturaleza. Lo anterior implica que el ser humano no conciba a la naturaleza como una materia prima e inerte a la cual debe explotar y, por otro lado, él mismo no debe autorepresentarse como un propietario y dominador de la naturaleza. La naturaleza, de acuerdo a Francisco, debe ser concebida tal como lo hizo San Francisco de Asís, esto es, “como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad…”[2].

Un punto importante que se debe tener en consideración es que el Papa no aboga por un ecologismo radical ni por un biocentrismo extremo y, menos aún, pienso yo, por un “Ecofeminismo” en virtud del cual la historia humana ha sido la historia de la apropiación por parte del sistema patriarcal (machista) – siendo su forma moderna el capitalismo explotador – de la tierra, que representa el aspecto femenino, con su fertilidad y capacidad de engendrar vida. Aquí se entiende por ecología – acuñado por el biólogo alemán, Ernst Haeckel (1834-1919) y que deriva del griego “oikos (= casa) –  como una  ciencia que estudia las interrelaciones de los diferentes seres vivos entre sí y con su entorno, claro que, en este caso, desde un punto de vista de una antropología cristiana. Hay que tener en consideración que en la actualidad los movimientos ecologistas son diversos.

El Papa es claro cuando afirma que no se debe igualar a todos los seres vivos y quitarle así al ser humano su valor peculiar y añade que tampoco se debe divinizar la Tierra. El Pontífice denuncia la incoherencia de aquellas personas que defienden grandes causas a favor de alguna especie animal o vegetal, pero son indiferentes ante la pobreza y la destrucción de vidas humanas, como es el caso del aborto. En palabras de Francisco:

Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada. Esto pone en riesgo el sentimiento de la lucha por el ambiente[3].

En otro pasaje continúa explicando el Papa:

Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos e inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades…”[4].

Tenemos entonces que se hace necesario un cambio de mentalidad, lo cual implica someter a un análisis ciertos conceptos. El primero es el de propiedad privada. El Papa explica que la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada. Lo anterior no debe ser interpretado como un visto bueno a la ideología comunista, ya que el comunismo fue rechazado en su tiempo por el Papa León XIII en su Encíclica Rerum Novarum (1891). Lo que el Papa Francisco quiere destacar es que la tradición cristiana subraya la función social de cualquier forma de propiedad, tal como lo explicó Juan Pablo II, cuando afirmó que Dios ofreció la tierra a todo el género humano para su sustento, sin privilegiar a nadie y excluir a ninguno. Al respecto concluye Francisco:

El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos. Si no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de negar la existencia de los otros. Por eso, los Obispos de Nueva Zelanda se preguntaron qué significa el mandamiento «no matarás» cuando «un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir»”[5].

 Otro tema abordado por el Papa es uno de larga data: las luces y sombras de los avances científicos y la tecnología. El célebre científico y  ambientalista, James Lovelock – padre de la “hipótesis de Gaia –  se refirió sobre este tema como sigue

Todo comenzó hace cien mil años, cuando prendimos fuego a los bosques porque nos resultaba más cómodo para cazar. En ese momento dejamos de ser un animal más e iniciamos la demolición de la Tierra. Nuestra especie es el equivalente a aquella famosa pareja esquizoide, el doctor Jekill y Mr. Hyde; somos capaces de llevar a cabo las más horribles tareas de destrucción, pero también tenemos el potencial de fundar una civilización magnífica. Hyde nos llevó a utilizar mal la tecnología. Malgastamos la energía y sobrepoblados la Tierra. Pero la civilización se derrumbará si abandonamos la tecnología. Debemos pues usarla sabiamente, como haría el doctor Jekill, pensando en el bienestar de la Tierra y no sólo en el bienestar de la gente[6].

El Papa comienza reconociendo los beneficios de los avances tecnocientíficos, pero lo que a nosotros nos interesa son las críticas que realiza a una tecnociencia mal orientada. Los principales potenciales peligros provienen, de acuerdo al Pontífice, de la energía nuclear y la biotecnología. Al abordar este tema, Francisco sigue las ideas del sacerdote e intelectual católico Romano Guardini (1865-1968), para quien todo incremento del poder no constituía necesariamente un progreso para la humanidad, es decir, el aumento de la seguridad y el bienestar. Para Guardini el ser humano no se encontraba preparado para utilizar el poder con acierto, ya que el progreso tecnológico no iba de la mano o acompañadode un desarrollo del ser humano, es decir, de su responsabilidad y valores. Así, no es la tecnociencia en sí lo que se critica, sino que más bien el paradigma o la cosmovisión desde la cual opera el ser humano, que Francisco lo califica de unidimensional y homogéneo. Este paradigma es uno antropocéntrico, es decir, uno que pone al ser humano como centro y protagonista. El problema es que se trata de un antropocentrismo enfermo y narcisista, y poco solidario con las generaciones futuras. Ahora bien, no se trata de abandonar el antropocentrismo por un biocentrismo, donde el centro está en la vida misma. La razón de esto es que resulta difícil escapar del antropocentrismo ya que, incluso el ecologista profundo más radical, está atrapado en el antropocentrismo por la sencilla razón de que la ecología profunda es un paradigma creado por el ser humano. En otras palabras, las demás especies animales no son ecologistas ni elaboran sofisticadas teorías al respecto. Además si todas las vidas son equivalentes, como lo propone el biocentrismo, entonces ¿por qué razón el peso de la responsabilidad por el planeta lo debe llevar la especie humana? Por lo tanto, y tal como lo afirma el Papa, no puede existir ecología alguna sin una adecuada antropología cristina-católica. Frente a este panorama, el Papa recomienda distintas medidas, pero hay que reconocer que no son medidas nuevas y que hace años han sido ignoradas.

Existen diversos enfoques dentro del ecologismo, desde uno fundamentado en antropocentrismo sano y responsable, hasta aquel ecologismo que tiende a igualar al ser humano a las demás formas de vida. Pero a la larga todo ecologismo siempre será antrocpocéntrico, ya que es una creación del ser humano.

Existen diversos enfoques dentro del ecologismo, desde uno fundamentado en antropocentrismo sano y responsable, hasta aquel ecologismo que tiende a igualar al ser humano a las demás formas de vida. Pero a la larga todo ecologismo siempre será antrocpocéntrico, ya que es una creación del ser humano.

El tema abordado por el Papa es complejo, ya que requiere de un verdadero cambio de hábitos mentales que son difíciles de modificar. Requiere también de nuestra parte, una expansión del diámetro de nuestro círculo moral para incluir dentro de este a formas de vida no humanas, claro que sin caer en el menosprecio de la especie humana, haciendo de esta el único origen de todos los males. Ahora bien, lo anterior no impide que sepueda comenzar con pequeños pasos, como no maltratar o hacer sufrir a los animales, no botar la basura en el suelo, no destruir ecosistemas, tomar conciencia de la responsabilidad y solidaridad intergeneracional, es decir, así como hubo generaciones de seres humanos que nos antecedieron, habrán otros miles de millones que vendrán después de nosotros, de manera que debemos heredarles una Tierra que pueda ser habitable. La Encíclica es en sí interesante ya que aborda temas de primera importancia, de manera que su lectura no necesariamente debe estar limitada a quienes profesen el cristianismo.


[1] Laudatio si’ (Chile: Ediciones UC, 2015), 9-10.

[2] Ibid., 11.

[3] Ibid., 71.

[4] Ibid., 94.

[5] Ibid., 75.

[6] James Lovelock, La venganza de la Tierra. La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad (España: Editorial Planeta, 2008), 24.