Antes de referirme a esta manía autoflagelante debemos responder la siguiente pregunta: ¿A que nos referimos con el concepto de Occidente? En un comienzo, “Occidente” constituía – en latín – uno de los 4 puntos cardinales a saber: Oriens, Septentriones, Meridies y Occidens, en donde este último hacía referencia donde “se ponía el Sol”. Con la división del Imperio Romano bajo Dioclesiano y el posterior cisma entre la Iglesia católica y ortodoxa, la división entre Occidente y Oriente fue profundizándose hasta que finalmente Europa pasaría a ser lisa y llanamente “Occidente”. Pero en nuestros días este concepto dejó de ser un mero punto cardinal y de referencia geográfica para transformarse en uno polémico, complejo, con una alta carga emotiva y que, por ende, genera desde odio, rechazo y resentimiento, hasta admiración y orgullo.