1/3-Alemania, la República de Weimar y el colapso económico, 1919-1923 (por Jan Doxrud)
La inflación no sólo hace tambalearse todo externamente, nada es seguro, nada permanece durante una hora en el mismo sitio, sino que por la inflación él mismo, el hombre, disminuye.
(Elias Canetti. Masa y Poder)
En el presente artículo abordaremos el colapso económico – específicamente el fenómeno de la inflación e hiperinflación – del primer régimen democrático parlamentario de la nación alemana: la República de Weimar (1918-1933). Al final del artículo dejaré otros relacionados como qué es la inflación, la economía nacionalsocialista, el nazismo y la figura de Hitler (no se abordarán en este artículo). Antes de entrar al tema económico realizaré una muy breve referencia a esta república y los desafíos que enfrentó, para posteriormente centrarme en cómo se fueron desencadenado los hechos que llevaron al desmoronamiento económico y moral en Alemania. Al final realizaré un breve resumen de las causas de la inflación y posterior hiperinflación alemana.
En su libro “Cuando muere el dinero”, Adam Fergusson nos relata el caos político y económico de Alemania tras finalizar la Primera Guerra Mundial en 1918. El libro no se limita solo a explicar el colapso micro y macroeconómico económico de un país sino que, cómo ese colapso, junto con depreciación de la moneda (que es los que ciudadanos perciben diariamente), puede liquidar anímica y moralmente a una población.
Cuando el “dinero muere” lo que fenece es una tecnología fundamental creada por el ser humano, una que nos permite adquirir bienes y servicios, opera como una unidad de cuenta o medida de valor de esos diversos bienes y servicios, y nos permite ahorrar e invertir para que nuestro dinero no pierda valor a lo largo del tiempo. Cuando todo esto se desmorona también lo hace la realidad económica tal como la conocían sus habitantes y entran en una nueva realidad paralela que opera bajo una lógica diferente a la de los demás países.
El futuro se torna cada vez más incierto y riesgoso, el ritmo con que pasa el tiempo parece cambiar dentro del contexto de una hiperinflación. Las prioridades, expectativas, incentivos y objetivos cambian, la conducta y la moral de las personas se transforman y algunas, por desesperación, llegan a cometer acciones que nunca habrían hecho en el pasado. En palabras de Fergusson:
“Desgraciadamente, debido a que su existencia afecta de distinta forma a las personas, la inflación destapó lo peor de cada una de ellas – empresarios y obreros, campesinos y granjeros, banqueros y dependientes, políticos y funcionarios, amas de casas, soldados, comerciantes, mineros, prestamistas, pensionistas, médicos, líderes sindicales, estudiantes, turistas – especialmente turistas. Causó miedo e inseguridad incluso a aquellos que habían pasado por situaciones extremas de pánico e indigencia, fomentó la xenofobia, promovió el desprecio por la autoridad y la subversión de la ley y el orden; corrompió todo, hasta lo más sagrado”.
La frugalidad y el ahorro pierden su sentido de ser y el gasto apresurado se transforma en la regla. También se buscan culpables y se crean chivos expiatorios, lo cual puede llegar a la extrema violencia como los asesinatos políticos y percusión de grupos étnicos que consideran como elementos perniciosos. En palabras de Fergusson:
“Era natural que un pueblo dominado por una inflación rabiosa tratase de buscar a alguien a quien achacar sus males. S arremetió contra las otras clases, las otras razas, los otros partidos políticos, las otras naciones. Se echó la culpa a la codicia de los turistas, de los agricultores, de los que pedían aumento de salario, al egoísmo de los empresarios y de los acaparadores, a la perfidia de los judíos, a los que levantaban fortunas especulando en el mercado del dinero; se clamaba, en fin, contra los síntomas, pero no se atacaban las enfermedades”.
Por su parte, quienes gobiernan buscan evadir su responsabilidad e idean unas relaciones causales que logren eximirlos del caos económico y continúan con la política inflacionaria para eludir cualquier movilizaciones y protestas por parte de los trabajadores. Mantener el pleno empleo era una prioridad para los políticos de la República de Weimar. Pero, a la larga, los habitantes del país comenzaron igualmente a perder la esperanza así como la confianza en el propio Estado.
Añade el mismo autor que la inflación es la aliada de los extremismos y la antítesis del orden y, en el caso de Alemania, este problema fue el resultado de la ignorancia financiera, la codicia empresarial y la falta de decisión y de valor del poder político de implementar reformas impopulares. En palabras de Fergusson: “En cualquier caso, y fuese deseada o no, lo que favorecía era el crecimiento y la expansión de las cruzadas reaccionarias o revolucionarias”.
Por su parte el escritor búlgaro y testigo del proceso inflacionaria, Elias Canetti (1905-1994) nos brinda en su libro “Masa y Poder”, una interpretación desde una óptica psicológica y sociológica de este fenómeno económico. Para Canetti la inflación implica la pérdida de personalidad de la unidad monetaria. Agrega que esta se transforma en una masa creciente de unidades pero que posee cada vez menos valor a medida que más aumenta. En palabras del escritor: “Los millones, que siempre a uno tanto le habría gustado tener, de pronto se los sostiene en la mano, pero ya no son tales, sólo se llaman así”. Más adelante añade:
“Lo que antes era un marco, se llama ahora 10.000, luego 100.000, luego un millón. La identificación del hombre individual con su marco se halla así abolida. El marco ha perdido su solidez y límite, es a cada instante otra cosa”.
Para Canetti existía un vínculo entre la masa y el dinero en el sentido de que los miembros de la masa proyectaban su valor personal en la moneda del país. Por ende, el proceso de devaluación monetario generaba una doble devaluación, ya que también se desplomaba la valía y dignidad de la propia persona. En palabras de Canetti:
“(…) cuando se llega a una inflación, los hombres desvalorizados se agrupan en formaciones que deben ser identificadas por entero con masas de fuga. Cuanto más pierden los hombres, tanto más llegan a hacerse uno en su destino”
Sin embargo, debemos tener presente que la realidad que vivía Alemania en aquella época (1918) era una particular. El Segundo Reich gobernada por la dinastía Hohenzollern (1871-1918) llegó a su fin tras la rebelión de la marina la cual detonó la revolución de 1918/1919. El príncipe Max von Baden (1867-1929) se transformó en el último canciller imperial y quien emprendería las llamadas reformas de octubre que buscaban transformar a Alemania en una monarquía parlamentaria en donde el canciller era responsable ante el parlamento y no sólo ante el káiser. Pero sucedía que aun no estaba claro cómo operaría este nuevo sistema y, sumado a esto, la guerra continuaba y, como señalé anteriormente hubo un rebelión en la marina que se negó seguir combatiendo (por ejemplo en Kiel) a los cuales se sumaron sindicatos y trabajadores de los astilleros.
En este contexto la idea de una monarquía parlamentaria llegaría a su fin y los voces comenzaría a clamar por una autentica república parlamentaria. Finalmente Max von Baden declaró la abdicación del káiser (quien se encontraba en la Bélgica ocupada) y que, por lo demás, no había todavía aceptado la propuesta. Paso seguido, Max von Baden entregó el poder a Friedrich Ebert y el reinado del káiser Guillermo II llegó a su fin y pasó su años ene le exilio en Doorn (Países Bajos). Tambien hubo otros miembros de la realeza alemana quienes se vieron perjudicados por la revolución como fue el caso e Luis III de Baviera quien tuvo que huir a Austria.Tras estos sucesos, y como señalé al comienzo, el país paso a ser una república parlamentaria conocida como la República de Weimar, denominada así ya que fue en esa ciudad en donde se redactó y se aprobó la Constitución en 1919, y que se extendió desde 1919 a 1933 (con la llegada del nazismo).
Esta república tendría una vida muy agitada dentro del contexto del período de entreguerras (1919-1939) en Europa en donde los extremismos ideológicos comenzaron a ganar terreno y las democracias que existían se vieron seriamente amenazadas. Alemania recién se había unificado como Estado-nación en 1871 bajo el Canciller Otto von Bismarck y el Kaiser Guillermo I y, como se señaló, llegó a su ocaso al final de la guerra, por lo que esta nación por primera vez experimentaría con un régimen democrático parlamentario.
Guillermo II
Como explica Robert Gerwarth en su libro “Los vencidos”, cuando el káiser y la monarquía fueron derrocadas asumió el poder el Consejo de Delegados del pueblo que agrupaba a los dos partidos socialdemócratas que se habían distanciada producto de sus actitudes divergentes en torno a la guerra: el Partido Socialdemócrata de la Mayoría (más moderado) y el Partido Socialdemócrata Independiente (más radical). Este consejo, que estaba integrado por 3 miembros de cada partido, fue presidido por Friedrich Ebert (1919-1925, “el hombre del pueblo”), quien se transformaría en el primer Presidente de la República de Weimar y figura clave del período. Fue el 19 de enero de 1919 cuando se llevaron a cabo las elecciones para para la Asamblea Constituyente en donde los partidos más favorecidos fueron los dos socialdemócratas anteriormente mencionados y el Partido Católico de Centro. Estos últimos serían los responsables de redactar una Constitución para la nueva república alemana
Durante la República de Weimar (1919-1933) hubo solo dos presidentes, el socialdemócrata Friedrich Ebert (1919-1925) y el militar, junker prusiano (aristocracia terrateniente) y veterano de la guerra franco-prusiana y de la Primera Guerra Mundial: Paul von Hindenburg (1925-1933). Bajo el primer presidente hubo 8 cancilleres mientras que bajo la segunda hubo 6, siendo el último Adolf Hitler. Estos cancilleres eran electos por el presidente junto con el apoyo del parlamento (Reichstag).
Friedrich Ebert
El presidente Paul von Hindenburg junto a Hitler (Canciller)
Por ende, tenemos un sistema parlamentario con un presidente y un canciller y dos instituciones. La primera es el ya mencionado Reichstag que representaba directamente a la ciudadanía puesto que sus miembros eran electos por el voto popular. Esta cámara, entre otras cosas, elaboraba y aprobaba leyes, representaba a la ciudadanía y sostener (o hacer caer) al Canciller junto con su gabinete. La otra cámara, de menor peso político, era el Reichsrat el cual representaba a los estados federados del país (Länder) y cuyos miembros eran designados por los gobiernos regionales y representaban los intereses de esos estados.
Uno de los problemas de la República de Weimar fue la existencia de una gran cantidad de partidos políticos entre los cuales cabe mencionar: Partido Comunista, Partido Sociademócrata, Partido Socialdemócrata Independiente, Partido de Centro, Partido Democrático, Partido Popular, Partido Nacional del Pueblo Alemán y el Partido Nacionalsocialista. ¿Por qué lo anterior fue un problema? Porque dificultaba el poder llegar a acuerdos, las coaliciones eran inestables, los cancilleres se rotaban constantemente y los partidos más radicales polarizaban el ambiente político.
Como señalé anteriormente, Alemania se encontraba en una situación particular marcada por la derrota y la firma de un tratado humillante como lo fue el Tratado de Versalles (1919). Este tratado limitó la capacidad militar de una nación caracterizada por girar en torno a la disciplina castrense o, como escribió Fergusson, una nación “que había aprendido a situar el espíritu militar por encima de cualquier otra virtud, y a exaltar a los guerreros por encima de cualquier otra profesión (…)”.
Por ejemplo, se limitó el ejército a 100.000 efectivos y se prohibió la posesión de tanques, submarinos militares o autos blindados. Sumado a esto Alemania perdió territorios que incluyeron sus colonias en África y territorios en el conteniente europeo. Respecto a esto último, Alemania cedió Alsacia y Lorena a Francia, Eupen Moresnet y Malmédy a Bélgica, Prusia Occidental y Posen pasó a ser parte la recién creada Polonia y la zona del Saar sería administrada por la Liga de las Naciones, tras lo cual, mediante una votación, se decidiría si sería parte de Francia o Alemania.
Europa y Alemania antes y después de la Primera Guerra Mundial
Por último cabe destacar dos puntos más, siendo el primero la cláusula 231 o “cláusula de culpabilidad de guerra” en donde tanto Alemania y sus aliados asumían tal culpabilidad, el pago de indemnizaciones que rondaba las 6.600 millones de libras esterlinas, las cuales era imposibles de pagar. De hecho Alemania recién terminó de pagar sus obligaciones en el año 2010, específicamente a los tenedores de bonos (personas naturales y jurídicas) emitidos durante la República de Weimar y cuyos pagos fueron suspendidos por Hitler.
Por ende estamos ante un país que se encontraba no solo con problemas económicos, sino que también políticos. Estaban los solados desmovilizados que retornaban de frente de combate donde estuvieron expuestos a una violencia extrema y que ahora debían insertarse nuevamente a la sociedad dentro de un contexto de incertidumbre. También la República de Weimar tuvo que hacer frente a levantamientos como el espartaquista (1919) que fue un levantamiento instigado por los comunistas en donde el presidente Erbert llegó a estar sitiado en la cancillería en Berlín.
El gobierno logró salvarse y aplastar la revuelta gracias a la ayuda de los freikorps que eran organizaciones paramilitares o ejército en las sombras compuestas por veteranos de la guerra y que se destacaban por su ultranacionalismo y extrema violencia. La derrota de la revuelta espartaquista significó también el asesinato de dos figuras emblemáticas del comunismo alemán: Rosa Luxemburgo (1871-1919) y Karl Liebknecht (1871-1919).
Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht
En marzo de 1920 hubo otro levantamiento, el “Kapp putsch” en donde facciones de derecha nacionalista, con el apoyo militar del Marinebrigade Ehrhardt (una unida de freikorps) ocuparon Berlín (el gabinete socialdemóicrata de Gustav Bauer tuvo que huir) y nombraron como canciller al político conservador Wolfgang Kapp (1858-1922). La Marinebrigade Ehrhardt fue formada por el capitán de corbeta que había servido en la armada imperial Hermann Ehrhardt (1881-1971). Ahora bien, en realidad el golpe había sido ideado y promovido por el general Walther von Lüttwitz (1858-1942) después de que el Ministro de Defensa lo relevara de comandar varias divisiones del Reichswehr (ejército regular), lo que lo llevó a querer derribar a la República de Weimar.
Este golpe finalmente fracasó, no por la intervención del Reichswehr, ya que este mostró una actitud de apoyo. De hecho el general y Jefe del Estad mayor (de facto) Hans von Seeckt (1866-1936) desoyó las órdenes del Presdiente Erbert y del Ministro de Defensa. La razón del fracaso del Kapp putsch fue la huelga general efectuada por los trabajadores, así como también por la burocracia estatal en solidaridad con el gobierno.
Wolfgang Kapp
Otros problemas que enfrentó la República de Weimar fueron asesinatos políticos como el de Walter Rathenau (Ministro del Exterior) y Matthias Erzberger, miembro del Partido de centro y parte de la delegación que firmó el armisticio que significó la rendición de Alemania. Fergusson cita un artículo de un diputado socialista belga en “Le Peuple”:
“El asesinato parece que se está convirtiendo en una costumbre en Alemania, donde los brutales militaristas, después de haberlo practicado con los miles de belgas, a los que masacraron durante la guerra, siguen aplicando estos métodos para suprimir a todo el que se cruza en su camino…se trata de un gravísimo síntoma de degeneración criminal colectiva, que debe alertar a todos los alemanes que todavía conserven algún sentimiento de respeto por la vida”.
En 1923 hubo otro frustrado intento de golpe conocido como “Hitler-Ludendorff-putsch” que fue llevado a cabo por el veterano héroe de guerra Erich Ludendorff, Adolf Hitler (presidente del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) y otros miembros de la “Liga de lucha” (Kampfbund), que agrupaba a sociedades nacionalistas. Finalmente Hitler fue traicionado por Gustav von Kahr, quien era el comisionado estatal, Otto von Lossow (jefe del ejército) y Hans von Seisser (jefe del policía). Los tres habían sido forzados a apoyar el golpe y cuando Hitler los liberó decidieron reprimir el putsch. Finalmente ni siquiera el prestigio de Ludendorf logró disuadir a al ejército y la policía bávara la cual disparó contra los conspiradores.
Por último cabe añadir que la República de Weimar cargó con el peso de ser acusada por sectores nacionalistas de haber capitulado ante los enemigos. Como nos recuerda Fergusson, se creó el mito de la “puñalada por la espalda” (Dolchstoss) en virtud de la cual fueron los políticos quienes traicionaron al ejército. Así, la nueva república se encontraba en el peor de los mundos:
“De repente se encontró asumiendo la responsabilidad de una abrumadora derrota, sin recursos materiales ni humanos y miserablemente equipado para enderezar la herencia legal y financiera que le dejaba el arrogante estamento militar, que había dirigido toda la guerra con exclusión de políticos y economistas”.
Adolf Hitler fue el último canciller, nombrado por el Presidente Hindenburg. Tras la muerte de este último, Hitler fusionó ambos cargos creando así un nuevo título: “Führer y Reichskanzler”. Ahora bien, como advierte Fergusson, no debemos caer en simplismos como pensar que Hitler fue una consecuencia de la inflación o que cualquier proceso inflacionario similar al de Alemania lleva inexorablemente a una dictadura de izquierda o de derecha.
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