4/25-J.R.R. Tolkien. De África al King Edward’s School (por Jan Doxrud)   

4/25-J.R.R. Tolkien. De África al King Edward’s School (por Jan Doxrud)   

Pasemos ahora a examinar la vida de Tolkien. Para ello, conviene comenzar por sus orígenes familiares. Su padre fue Arthur Tolkien y su madre, Mabel Suffield, quienes desempeñaron un papel decisivo en los primeros años de la vida del escritor. El abuelo paterno, John Benjamin Tolkien, se dedicaba al negocio de la construcción y venta de pianos, así como de otros instrumentos musicales. Pero, por mala fortuna, tuvo que vender la firma por lo que su situación económica se vio seriamente afectada.

Lo mismo sucedía con el abuelo materno de Tolkien, John Suffield, quien había sido dueño de una próspera tienda de paños en Birmingham, pero que se vio en la bancarrota. John Suffield tuvo que dedicarse al comercio itinerante de desinfectantes lo que reforzó aquello de lo único que podía enorgullecerse: sus antepasados.

Regresemos a la familia Tolkien. Este apellido provenía de Alemania y su origen específico es confuso. Como explica Humphrey Carpenter, la hermana menor del padre de Tolkien, Grace, le narraba historia al pequeño Tolkien sobre sus antepasados. Grace sostenía que el nombre original de la familia era Von Hohenzollern, ya que provenían de ese distrito del Sacro Imperio Germánico. De acuerdo con la tía un tal George von Hohenzollern había combatido junto con el archiduque Fernando de Austria durante el sitio de Viena en 1529.

Junto con esto este antepasado había conducido la invasión contra los turcos logrando apoderarse del estandarte del sultán. Así, de acuerdo con la tía Grace, George recibió el apodo de Tollkühn que significaba “el Temerario”. En lo que respecta a cómo llegaron a Inglaterra, la familia tenía distintas explicaciones. Una decía que esta había acontecido en 1756 producto de la invasión de Sajonia por parte de los prusianos.

Una foto del padre, la madre, Tolkien y sirvientes (The Tolkien Estate Limited)

Por su parte Grace afirmaba que en realidad su ancestro había huido de la guillotina y que en Inglaterra asumió la variante del nombre original: Tolkien. En una carta del año 1955 (n°165) Tolkien afirmó que su apellido era alemán, específicamente de Sajoniam, y que constituía una anglificación de Tolkiehn. A esto añadía que era muchos más “Suffield” (que Tolkien) y que fue a su madre a quien le debía su gusto por la filología, especialmente por las lenguas germánicas y por la novela.

En la carta n°294 de 1967 Tolkien vuelve sobre este tema y corrige a sus entrevistadores quienes le preguntaba si su gusto por las lenguas “nórdicas” era fruto de sus ancestros alemanes. Aquí Tolkien es tajante al afirmar que este último no es un término lingüístico y que lo correcto es hablar de lenguas germánicas. Añadía que su gusto por estas lenguas no guardaba relación alguna con su apellido y que su interés deriva solamente de su madre. En palabras de Tolkine:

“Ella sabía alemán, y me impartió mis primeras lecciones en ese idioma. También estaba interesada en la etimología, y despertó mi interés por ella; y también por los alfabetos y la caligrafía”.

Regresemos al padre y madre de Tolkien. Arthur tuvo que lidiar con los problemas para encontrar un trabajo que le permitiera mantener, en el futuro, a una esposa e hijos. Menos de un año después de proponerle matrimonio a Mabel, encontró trabajo en el Bank of Africa, por lo que tuvo que emprender el viaje hacia El Cabo en Sudáfrica, específicamente en la ciudad de Bloemfontein en el Estado Libre de Orange. El lector debe tener presente que en aquella época de pleno esplendor del imperialismo europeo, no existía el Estado actual de Sudáfrica. El Estado Libre de Orange era una república independiente gobernada por colonos de origen neerlandés o bóeres que, posteriormente, pasaría a manos de los ingleses.

Finalmente, Arthur y Mabel se casaron en la catedral de Ciudad de El Cabo el 16 de abril de 1891. La vida para Mabel no fue fácil debido al ritmo de trabajo de su marido, la dificultad para adaptarse al clima y la lejanía de su familia (aunque recibió la visita de su hermana y su cuñado). En palabras de Carpenter:

“Sin embargo, adoraba a Arthur, y era feliz cuando conseguía arrancarlo de su escritorio y salir con él de paseo, jugar juntos al tenis o al golf, o dedicarse a leer libros, como solían, uno al otro y en voz alta”.

Bloemfontein

El 3 de enero de 1892 nació John Reuel Ronald Tolkien. Como escribió Arthur a su madre el 4 de enero de ese año, el nombre sería “John” como el de su abuelo y Ronald era el nombre que deseaba Mabel. En cuanto a “Reuel”, este era su segundo nombre y que, en hebreo, significa “Amigo de Dios”. De acuerdo con Carpenter estos nombres generaron cierta confusión a lo largo de la vida del escritor.

Su padre y madre lo llamaban Ronald y, años más tarde, sus amigos íntimos de la universidad lo llamarían “John Ronald”. En la adultez sus amigos lo llamaban por su apellido o por su sobrenombre “Tollers”. Junto con esto añade Carpenter: “Para los menos íntimos, en especial en sus últimos años, era generalmente JRRT. Quizás fueran estas cuatro iniciales las que parecían mejor representar al nombre”.

Tolkien fue bautizado en la misma catedral de Bloemfontein el 31 de enero de 1892. El niño creció en un ambiente campestre, donde estaba contacto con la naturaleza, vides, árboles, pero también serpientes, monos, tarántulas y un calor abrumador. En palabras de Carpenter:

“Desde las nueve y media hasta las cuatro y media el niño debía permanecer dentro de la casa, alejado del sol. Incluso en ella el calor era a veces intenso, y entonces vestían a Ronald de blanco”.

El 17 de febrero de 1894 nació el hermano de Ronald: Hilary Arthur Reuel Tolkien.

Arthur se sentía a gusto con el clima y la vida en Bloemfontein, señalando que le encantaba el aire seco y el sol. Sin embargo, también sufría de achaques, fiebre y gripe, además del estrés que le causaba el trabajo. Pero su esposa extrañaba su hogar y familia y, por lo demás, su hijo mayor presentaba problemas de salud.

A comienzos de abril de 1895 Mabel y sus dos hijos zarparon en el S.S Guelph rumbo a Inglaterra en donde posteriormente se encontraría con Arthur…algo que no llegó a concretarse. En noviembre el padre contrajo fiebre reumática por lo que tuvo que posponer su viaje hacia Inglaterra. Finalmente, el 15 de febrero de 1896 Arthur falleció. Al respecto escribió Carpenter:

“Cuando su viuda recibió un informe completo acerca de las últimas horas de su esposo, el cuerpo de éste ya había sido enterrado en el cementerio anglicano de Bloemfontein, a nueve mil kilómetros de Birmingham”.

Tenemos que, con la muerte de su marido, Mabel se vio en una situación compleja en donde tenía que mantener y educar a dos hijos. En un comienzo buscó apoyó en sus padres lo que significó sacrificar una vida independiente. Ambos niños vivieron en la casa de sus abuelos maternos en Ashfield Road en donde vivían también sus tíos Willie y Jane, además de un pensionista. El padre de Arthur – de 89 años – falleció seis meses después de su hijo y los hermanos Tolkien continuaron manteniendo contacto con el lado paterno de la familia a través de la ya mencionada tía Grace.

Mabel

En el verano de 1896 Mabel logró independizarse al encontrar un alojamiento barato para ella y sus dos hijos en la aldea de Sarehole que se encontraba a unos dos kilómetros al sur de la ciudad de Birmingham. Se trataba de una casa de ladrillo que había arrendado al propietario del lugar. No había muchas casas en donde vivían, pero cerca se encontraba el pueblo de Hall Green donde podían comprar dulces y en donde los hermanos pudieron percatarse de las rudas maneras de los niños campesino, así como también de su particular forma de hablar. Al respecto escribió el biógrafo:

“No era fácil, puesto que el acento de clase media de los dos hermanos, sus largos cabellos y sus batas, eran tema de burla, y ellos, por su parte, hallaban extraño el dialecto de Warwickshire y las rudas maneras de los chicos campesinos”.

Esta fue una etapa importante, tal como lo destaca Carpenter, puesto que Ronald se encontró en el campo de Inglaterra “en el momento en que su imaginación despertaba”. Aquí los hermanos se desenvolvieron dentro de un entorno rural con prados, arroyos, molinos y árboles. Entraron en contacto con el “Ogro Blanco” – el hijo del molinero quien les gritaba a ambos muchachos que se marcharan cuando se adentraban en su propiedad – y el “Ogro Negro” – un joven granjero que persiguió a Ronald por recoger unas setas. Carpenter cita las siguientes palabras de Tolkien:

“Pasábamos encantadores veranos sin otra ocupación que arrancar flores y meternos en campo ajeno. El Ogro Negro solía apoderarse de nuestros zapatos y calcetines cuando los dejábamos en la orilla y nos íbamos a jugar al agua; se marchaba corriendo con ellos, obligándonos a que se los pidiéramos. ¡Y entonces los arrojaba lejos!”

Esta fue una vida placentera para los dos hermanos a pesar de las penurias por las que pasaba su madre. Tolkien recordaría intensamente estas experiencias y, más aún, las vincularía indisolublemente con la figura de su madre. Pero no todo fue juego ya que también estaba la educación, labor que asumió la madre enseñándole latín básico, francés, música y botánica. También lo expuso a cuentos como Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll (1832-1898), La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson (1850-1894), El flautista de Hamelin de los hermanos Jacob Grimm (1784-1863) y su hermano Wilhelm Grimm, las novelas clásicas del autor escocés George MacDonald, las leyendas del rey Arturo y los cuentos de Hadas de Andrew Lang (1786-1859) siendo en este último en donde encontró el mayor deleite.

Un episodio crucial dentro de la vida de la familia fue la conversión de Mabel, junto con su hermana May, al catolicismo en el año 1900. Esto no era algo menor ya que traería la furia de su padre John Sussfield. Como explica Holly Ordway en su biografía espiritual de Tolkien, la mayoría de los Tolkien eran baptistas, de manera que rechazaban la práctica del bautismo infantil y, en su lugar, abogaban por el bautismo adulto “como afirmación simbólica de una fe cristiana adoptada consciente e individualmente”.

Por su parte, la familia de Mabel, los Suffield, eran metodistas y su padre John, quien había abrazado el unitarismo, el cual defendía la existencia de un solo Dios pero rechazaba la el dogma de la Santísima Trinidad Este último establece que, en la unidad de la Divinidad, existen, Tres Personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo y que son distintas una de la otra. En otras palabras, tres personas distintas en un solo ser que es Dios.

Su hermana también despertó el enojo de su marido Walter Incledon quien, como escribió Carpenter, “se veía a sí mismo como un pilar de la Iglesia anglicana local, y consideraba imposible que May se asociara a la Iglesia de Roma”. Walter incluso le negó la ayuda financiera que estaba brindando a Mabel por lo que la situación económica de la madre de los hermanos Tolkien se vio perjudicada.

Quisiera detenerme en este tema de ser católico en la Inglaterra de la época de Mabel y Tolkien. La ruptura de la monarquía con la Iglesia Católica comenzó a comienzos del siglo XVI cuando el Papa Clemente se negó a anular el matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos) por no darle un hijo varón (1527). Finalmente, en 1534 se dictó el Acta de Supremacía por medio de la cual el parlamento proclamó a Enrique VIII como “Cabeza Suprema de la Iglesia de Inglaterra”

Como explica Ordway, posteriormente se adoptaron una serie de medidas coercitivas bajo el extenso reinado de Isabel I (1558-1603), hija de Enrique VIII y Ana Bolena (decapitada por orden del mismo rey). Por ejemplo era ilegal que los sacerdotes celebraran misa o asistir a ella y se prohibió a los padres inculcar “la antigua religión”. Junto con esto añade Ordway:

“Se efectuaban redadas en domicilios privados con la esperanza de detener católicos que estuvieran celebrando misa en ese momento (…) Los sacerdotes, si los encontraban, eran torturados y ejecutados; lo mismo le sucedía a la gente común”.

Ahora bien, con el paso de los siglos la situación fue cambiando lentamente. Por ejemplo, en 1791 se aprobó la Roman Catholic Relief que permitió a los católicos practicar su religión de manera más abierta, abrir escuelas, construir iglesias y, bajo ciertos requisitos, poder votar. Por su parte aprobación de la Roman Catholic Relief (1829)  eliminó muchas de las restricciones legales impuestas a los católicos.  Gracias a esta, los católicos pudieron ocupar la mayoría de los cargos públicos y ser elegidos como miembros del Parlamento, derechos que antes les estaban prohibidos por su religión. Así, esta ley representó un paso importante hacia una mayor igualdad religiosa y permitió que los católicos participaran con mayor libertad en la vida política y pública del país.

Sumado a esto tenemos que “Accession Declaration” exigía que cada nuevo monarca británico rechazara públicamente algunas de las creencias más importantes del catolicismo. En ella debía afirmar que la doctrina de la transubstanciación –  de acuerdo con la cual el pan y el vino de la Eucaristía se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo –  era falsa.  

Junto con lo anterior, el monarca debía también declarar que la veneración de la Virgen María y de los santos, así como el sacrificio de la misa, eran prácticas “supersticiosas” e “idolátricas”. De este modo, la Accession Declaration  no solo confirmaba la identidad protestante de la monarquía británica, sino que también expresaba un rechazo explícito de doctrinas que ocupan un lugar central en la fe católica (el contenido de esta cambiaría sustancialmente en 1910)

Si bien hubo avances en materia de tolerancia religiosa, la situación de Mabel y los hermanos Tolkien fue compleja, pero, aun así, ella perseveró en su fe. Además, como escribió Holly Ordway, ella no había sido criada en esta fe desde la infancia, por lo que se “encontró aprendiendo oraciones que no conocía, acostumbrándose a una diversidad desconcertante de prácticas religiosas y aprendiendo a desentrañar la diferencia entre la observancia obligatoria”. No bastando esto habían sacrificios como el ayuno previo a la comunión, que privaba a la persona, desde la medianoche, de comida y agua.

Y en esto quedó sola, puesto que su hermana, quien también se había convertido junto con ella había cedido a la petición de su esposo para dejar por completo de practicar la fe católica.  De acuerdo con Ordway, en esta decisión habría influido el hecho de que tenía dos hijas pequeñas. Con esto quiere dar a entender que si su esposo hubiera elegido separarse de ella, podría haberse llevado a sus hijas con él y prohibir que las viera a ellas,  confiando en que los tribunales le darían la razón.

Los hermanos Tolkien

En el otoño de 1899 Ronald había rendido a sus 7 años el examen de ingreso al prestigioso King Edward’s School (ubicada en el centro de Birmingham), fundada mediante una carta real por el rey Eduardo VI en 1552. Pero quien hizo posible que funcionara en la práctica como escuela fue la cofradía religiosa Guild of the Holy Cross. Tras el primer intento fallido, finalmente logró aprobar e ingresar en septiembre de 1900.

De acuerdo con Carpenter fue un tío Tolkien bien dispuesto hacia Mabel quien pagó la matrícula de 12 libras anuales. Como comenta John Garth en su libro Tolkien y la Gran Guerra, la King Edwards’s era “un bastión del sólido espíritu deportivo, el sentido del deber, el honor y la energía”, y el himno de esta institución instruía a sus estudiantes de la siguiente manera:

No hay aquí sitio para los petimetres u holgazanes, los que hicieron grande nuestra ciudad no temieron dificultad alguna, no eludieron trabajo alguno, sonrieron a la muerte y sometieron al destino.

Los que dieron a nuestro colegio sus laureles depositaron sobre nosotros una confianza sagrada.

Adelante, pues, vivid en plenitud, morid en servicio, no cubiertos de herrumbre.

Esta nueva etapa en la vida de Tolkien significaría el fin de la vida campestre, puesto que la madre tuvo que mudarse a un lugar más cercano del King Edwards’s. Ronald tuvo que adaptarse gradualmente a la ruidosa y tumultuosa vida urbana del suburbio de Moseley. En palabras de Carpenter:

“(…) lo que se veía desde sus ventanas contrastaba tristemente con el campo de Warwickshire: tranvías que subían la colina con dificultad, pasajeros de rostros aburridos, y a lo lejos las humeantes chimeneas de las fábricas de Sparkbrook y Small Heath. Ronald siempre recordó aquella casa como horrorosa”.

La familia tuvo que mudarse nuevamente puesto que la “horrorosa casa” tuvo que ser demolida para construir una estación de bomberos. Mabel se mudó cerca de la estación King ‘s Heath y tal elección fue debido, de acuerdo con Carpenter, por su proximidad a la iglesia católica de St. Dunstan. La madre no estaba contenta ni con el lugar ni con la Iglesia, por lo que a comienzos de 1902 se mudó a Edgbaston puesto que ahí encontró el Oratorio de Birmingham (fundado por el Cardenal John Henry Newman en 1849), la escuela de St. Philip donde recibirían educación católica y, mejor aún, una casa que se arrendaba al lado de la escuela.

King Edward’s School

Como plantea Holly Ordway, la Congregación del Oratorio fue fundada en el siglo XVI por Felipe Neri, un sacerdote muy influyente en la Roma de su tiempo. Dentro de la historia de la Iglesia, la figura de Neri es suma relevancia por su trabajo pastoral y su forma cercana y alegre de vivir la fe. Así, siglos después el Cardenal Newman, en 1848. Fundó el primer Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra.  Añade la misma autora que el Oratorio, además de fomentar la vida intelectual, también concedía gran relevancia a las artes, especialmente a la música, como un camino para acercar a la gente a Dios. Esto último eran parte de las palabras del Cardenal Newman quien, aparte de ser teólogo y predicador, también tenía talento como violinista, escritor de himnos, poeta. 

Fue aquí donde Mabel conoció a un personaje crucial en la futura vida de los hermanos: el padre Francis Xavier Morgan (1857-1935) un sacerdote de 43 años. Su madre era María Manuela Osborne y Böhl de Faber, hija de un expatriado y su padre Francis Morgan que se había instalado en Andalucía donde se dedicaba al negocio de los vinos. “Francisco Xavier Morgan” (nombre de nacimiento) fue enviado a Inglaterra a educarse con John Henry Newman en el Oratorio de Birmingham y en 1883 se ordenó sacerdote y pasó a ser una parte integral del Oratorio, siendo secretario del Cardenal Newman.

De acuerdo con Carpenter, Mabel encontró en el padre Francis “un sacerdote comprensivo” y un “valioso amigo”. Sobre la figura del sacerdote escribió Carpentner:

“(…) Francis Morgan no era un hombre de gran intelecto, pero poseía una inmensa reserva de humor y amabilidad, y un brillo que a menudo se atribuía a su ascendencia española. Era en verdad un hombre muy bullicioso, rotundo y cálido, que al principio atemorizaba a los niños pequeños, aunque, cuando lo conocían mejor, solían encariñarse con él. Pronto se convirtió en un elemento indispensable del hogar de los Tolkien”.

Cardenal Newman

La escuela de St. Philip no resultó ser adecuada para el aventajado Ronald, por lo que terminó regresando al King Edwards’s en 1903. En 1904 la madre fue diagnosticada con diabetes y la familia tuvo que temporalmente separarse. Ronald se quedó con su tía Jane y su marido Edwin Neave en Hove, mientras que su hermano Hilary se quedó con sus abuelos maternos. Fue el padre Francis quien ideó un plan para volver a juntar a la convaleciente madre con sus hijos.  Logró que la familia pudiera vivir en Rednal, una aldea de Worcestershore en donde el cardenal Newman había mandado a construir una modesta casa de campo que servía de retiro para los sacerdotes. Dentro de la propiedad había una pequeña casa en donde un matrimonio podía ofrecerles un dormitorio, un salón y cocinar para ellos.

El padre Francis los visitaba frecuentemente y la familia asistía a misa en Bromgrove “para lo cual compartían un coche de alquiler con Mr. Y Mrs. Chruch, el jardinero, y la criada de los padres del Oratorio. Era una existencia idílica”. Esta etapa representó un regreso al idílico campo. La misma Mabel comentaba en una carta a su suegra que lo niños parecían estar ridículamente bien en comparación con “los pálidos y débiles fantasmas que subieron conmigo al tren hace cuatro semanas!”.

Lamentablemente para los hermanos, la salud de la madre empeoró, entrando en un coma diabético. El 14 de noviembre de 1904 Mabel falleció y ambos niños quedaron huérfanos, pero bajo la tutela del padre Francis, tal como Mabel lo había establecido en su testamento. Mabel fue enterrada en el cementerio católico de Bromsgrove. Como explica Carpenter, Tolkien consideraba a su madre como una mártir que trabajó duro por sus hijos y que siempre se preocupó para asegurar que conservaran su fe. De acuerdo con el biógrafo podría decirse que la religión católica jugó en la vida de Tolkien el rol que antes lo había hecho su madre.  En el capítulo 2 de la parte 4 escribió Carpenter:

“En cierto nivel, su devoción por el catolicismo se explica sólo como un asunto espiritual; en otro, estaba estrechamente vinculado al amor que sentía por su madre, quien había hecho de él un católico y había muerto (creía él) por sus creencias”.

Francis Xavier Morgan

Sumado a esto, Mabel fue su primera maestra que lo introdujo en el mundo del lenguaje, de manera que esto pudo haber influido en la consolidación de sus estudios de lenguas. El biógrafo también afirma que la muerte de Mabel convirtió a Tolkien en un pesimista o, más bien, en una persona con una doble dimensión interna. Por un lado, Tolkien era de una “alegría casi irreprimible y con un enorme entusiasmo por la vida”, pero, por otro lado, había una dimensión más íntima que podía apreciarse en sus cartas y diarios en donde se puede ver a un Tolkien “susceptible de sufrir accesos de hondos abatimientos”. En otro pasaje añade Carpenter:

“La muerte de su madre hizo de él un pesimista, o mejor, un ser capaz de violentos cambios emocionales. Al perderla, ya no hubo seguridad, y una abismal incertidumbre equilibró su natural optimismo. Tal vez a consecuencia de esto no era nunca moderado: el amor, el entusiasmo intelectual, el disgusto, la ira, la inseguridad personal, la culpa, la risa, cada emoción ocupaba íntegramente y con plena potencia su mente (…)”.

Como señalé más arriba, el padre Francis fue el custodio de los hermanos y constituyó una fuente inagotable de generosidad y afecto. Por lo demás, Carpenter explica que el sacerdote poseía una renta privada proveniente de un negocio familiar de vinos de jerez que podía utilizar para fines personales. Al respecto escribió:

“Mabel sólo había dejado ochocientas libras de capital invertido para el sustento de sus hijos, pero el padre Francis aumentó esa cifra calladamente con su propio peculio, asegurando que no faltara nada esencial para el bienestar de Ronald y Hilary.”

El primer problema que debía solucionar era donde vivirían. Francis no quería enviarlos con sus familiares por temor a que alejaran a los hermanos de la fe católica. Finalmente decidió enviarlas con una tía, Beatrice Suffield, quien vivía en Birmingham y que no mantenía convicciones religiosas que pudieran ir en contra del catolicismo de los hermanos. Así, ambos jóvenes 13 y 11 años fueron a vivir a este lugar dos semanas después de la muerte de su madre. Ahí, Carpenter vuelve sobre el tema de este paraíso bucólico perdido y al cual Tolkien asociaba con la figura de su madre:

“En la ciudad se sentía atrapado. La muerte de su madre lo había alejado del aire libre, de Lickey Hill, adonde iban a recoger grosellas, y del cottage de Rednal en el que habían sido tan felices. Y como la muerte de su madre era el motivo por el que había perdido esas cosas, llegó a asociarlas con ella. Su idealización del medio rural, agudizada ya por el anterior desarraigo de Sarehole, se acrecentó ahora por su sentimiento de soledad”.

En su nuevo hogar su tía – quien había enviudado hace poco – no se caracterizó por ser una fuente de cariño y empatía hacia los dos hermanos. Los dos hermanos se divertían en el Oratorio donde desayunaban y jugaban. Ronald comenzó a destacar académicamente y hacer amistades en su colegio, siendo uno inseparable Christopher Wiseman. En palabras de Carpenter: 

“Tolkien alcanzó el primer puesto en la clase – ahora se mostraba ya como una promesa académica –, y Wiseman, el segundo. Esa rivalidad se convirtió pronto en una amistad fundada sobre el interés compartido por el latín y el griego, un gran amor por el rugby (…) y un mismo entusiasmo por discutir todas las cosas”.

Birmingham hacia comienzos del siglo XX

Volviendo al King Edwards’s, la columna vertebral del programa era el estudio del latín y el griego, los cuales se enseñaban en la primera clase o “Senior Class” a donde llegó Tolkien antes de cumplir los 16 años. Ahí tuvo como profesor a Robert Gary Gilson, un inventor aficionado, científico y profesor de literatura clásica. Como señala Carpenter, Gilson incentivó a sus alumnos a estudiar detalladamente la lingüística clásica lo cual se ajustaba a las inclinaciones del joven Tolkien quien comenzó a desarrollar un interés por los principios generales del lenguaje.

En palabras del biógrafo ahora Tolkien estaba interesado en buscar los “huesos” o elementos comunes de las lenguas como el griego, el francés o el alemán. Otro académico que influyó en Tolkien fue George Brewerton quien le ofreció en préstamo un texto elemental de anglosajón.

Aquí Tolkien entró en contacto con el inglés antiguo y, debido a la claridad con la que el libro explicaba la lengua, pudo comenzar a traducir los ejemplos de prosa de la parte final de la obra. Cabe aclarar que el inglés antiguo (Old English) se extendió aproximadamente entre los años 450 y 1100 d. C. y fue introducido en Britania por tribus germánicas como los anglos, sajones y juntos. Su obra más representativa fue Beowulf.  Por su parte, el inglés medio (Middle English) se desarrolló entre los años 1100 y 1500. Su surgimiento estuvo estrechamente ligado a la conquista normanda de Inglaterra en 1066, que introdujo una fuerte influencia del francés normando sobre la lengua anglosajona. Como resultado, el inglés medio fue el producto de la interacción entre el anglosajón, el francés normando y, en menor medida, el nórdico antiguo.

La obra más representativa de este período es Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer. Por último, el inglés moderno (Modern English) se extiende desde aproximadamente 1500 hasta la actualidad y suele dividirse en inglés moderno temprano e inglés moderno tardío. Entre sus características destacan la simplificación de la gramática heredada del inglés antiguo y medio, la ampliación de su vocabulario mediante préstamos de numerosas lenguas y los cambios fonéticos conocidos como la “Great Vowel Shift”.

Esto implicó un profundo cambio en la pronunciación de las vocales largas del inglés entre los siglos XV y XVII, y que contribuyó de manera decisiva a diferenciar entre la escritura y la pronunciación del inglés moderno. La figura literaria más representativa de este período es William Shakespeare, cuyas obras contribuyeron significativamente al desarrollo y enriquecimiento del inglés moderno.

Volviendo a Tolkien, Carpenter explica que lo que le atraía del inglés antiguo no era el encanto estético del anglosajón (prefería el galés) sino que la idea de que estaba estudiando la lengua antecesora a la suya. Así Tolkien pudo llegar a leer el poema épico anglosajón: Beowulf. Al respecto comenta Carpenter:

“Al leerlo, primero en una traducción y luego en la lengua original, pensó que era uno de los más extraordinarios poemas de todos los tiempos, y quedó fascinado por la historia del guerrero Beowulf, su lucha contra dos monstruos y su muerte después de la batalla con el dragón”.

En inglés medio, Tolkien descubrió el poema medieval “Sir Gawain and the Green Knight”, cuyo verdadero autor es desconocido, por lo que los estudiosos lo han llamado “Poeta de Gawain” “Poeta de Pearl”.  Carpenter escribe que Tolkien también incursionó con mayor vacilación en el noruego antiguo para leer líneas originales de la historia de Sigurd y el dragón Fafnir que aparece más desarrollada en la obra nórdica medieval: Völsunga Saga (siglo XII). Lo que a Tolkien le fascinaba era la filología. Al respecto comenta Carpenter:

“Filología: amor por las palabras. Eso era lo que lo motivaba. No era un mero interés por los principios científicos del lenguaje, sino un profundo amor por la imagen y el sonido de las palabras, el cual procedía de la época en que su madre le había dado las primeras lecciones de latín. Y como resultado de este amor por las palabras, empezó a inventar sus propios lenguajes”.

Shippey sostiene que, si alguna vez se le hubiera pedido a Tolkien que se describiera con una sola palabra, probablemente habría elegido el término “filólogo” De acuerdo con Catherine McIlwaine,  las lenguas eran un placer estético para Tolkien “de la misma manera en que otras personas disfrutan escuchando una sonata de Beethoven (…) Llevaba desde la infancia inventando sus propias lenguas por placer: desde letras con códigos de imágenes hasta estructuras lingüísticas completas”. Shippey, en otro de sus libro titulado “The Road to Middle Earth” nos presenta distintas definiciones de filología. Según el autor, el Oxford English Dictionary (que no tiene nada útil que ofrecer):

“Amor por el saber y la literatura; estudio de la literatura en un sentido amplio, que incluye la gramática, la crítica literaria y la interpretación; cultura humanística. Actualmente, este sentido general es poco frecuente”.

“Amor por la conversación, el discurso o la discusión. (Este es un sentido despectivo, en el que la filología se entiende como una mera disputa sofística o un excesivo afán por discutir minucias lógicas, en oposición a la verdadera filosofía.)”.

“Estudio de la estructura y el desarrollo del lenguaje; la ciencia del lenguaje; lingüística”.

Shippey cita también el diccionario histórico iniciado por los hermanos Grim: el Deutsches Wörterbuch  el cual define la filología como: “el estudio erudito de las lenguas y las literaturas (especialmente las clásicas)”. Tal como afirma en el ya citado “Autor del siglo”, la filología se dedica a estudiar la historia de las lenguas, esto es, cómo evolucionan, sus distintas formas (como dialectos) y su relación con otras lenguas.  En el caso de Tolkien, este se interesó por el inglés antiguo (700-1100), también conocido como “anglosajón” y el medio (1100-1500). Añade el mismo autor que el filólogo debe también interesarse por la dimensión de las obras de los texto en donde sobreviven estas lenguas antiguas. De hecho, para Tolkien, en filología el estudio literario y lingüísticos eran indisolubles,

De acuerdo con John Garth existía una fértil tensión dentro del campo de la filología, la cual permanecía con un pie en la ciencia y el otro en el arte, examinando la íntima relación entre lenguaje y cultura. En el caso de Tolkien,  “lo atraía tanto el rigor científico de la fonología, la morfología y la semántica, como los poderes imaginativos o «románticos» del cuento, el mito y la leyenda”. Añade el mimso autor que en aquel entonces Tolkien no podía reconciliar estas dos dimensiones dentro de la filología, “pero tampoco podía ignorar los conmovedores atisbos del antiguo mundo norteño que seguían presentes en la literatura con los que se las estaba viendo”.  Según Shippey, Tolkien opinaba que la filología era la más noble de las ciencias. El mismo autor explica que Tolkien pensaba que la filología podía llevarnos más allá de los textos antiguos que estudiaba. De acuerdo con esta visión, la filología permitía realziar un viaje hacia el pasado remoto:

“(…) viajar en el tiempo desde las palabras tal y como sobrevivieron en épocas posteriores hasta conceptos que habían desaparecido hacía tiempo, pero que sin duda habían existido, pues de lo contrario la palabra no se conservaría”.

Regresemos a la vida de Tolkien. El escritor comenzó a trabajar en un lenguaje denominado Naffarin, que tenía influencia española pero que poseía su propio sistema gramatical y fonológico. Pero hubo un hecho que marcó un cambio de rumbo: el descubrimeinto del gótico. Esto comenzó cuando Tolkien compró un libro a un compañero titulado “Primer of Gothic Language” del filólogo y catedrático de la Universidad de Oxford Joseph Wright (1855-1930) quien sería, años después, profesor de Tolkien en aquella universidad. El hecho es que esta lengua lo deleitó y fascinó tal como escribió Carpenter:

“No se contentó sólo con aprender el lenguaje, sino que comenzó a inventar palabras extra para llenar huecos en el limitado vocabulario que había sobrevivido; luego pasó a la construcción de un lenguaje germánico supuesto, pero históricamente posible (…) Tolkien desarrollaba sus lenguajes inventados hacia atrás; es decir, postulaba las palabras anteriores hipotéticas que consideraba necesarias para la invención mediante un sistema histórico organizado”.