7/7-Críticas a la Modern Monetary Theory (por Jan Doxrud)
Pasemos a examinar someramente el caso de la expansión cuantitativa (quantitative easing o QE) y el caso japonés como una supuesta prueba de la veracidad de las ideas de la MMT. En EE.UU tras la crisis subprime la Fed, para evitar la debacle económica, comenzó a crear dinero electrónico para comprar grandes cantidades de activos financieros – por ejemplo, bonos del Tesoro, bonos respaldados por hipotecas – para inyectar liquidez al sistema. Así, tal como nos dice la MMT, el Banco Central creó dinero sin que previamente tuviera que pedirlo prestado, pero no financió directamente a las personas (no es un gasto ni fiscal ni directo en la economía real), sino que acudió al mercado secundario para adquiriros. No está demás señalar que no fueron las personas común y corrientes quienes se beneficiaron de este rescate, pero esa es otra historia
Japón, tras el estallido de la burbuja a comienzos de la década de 1990, entró en un prolongado período de bajo crecimiento y presiones deflacionarias. En este contexto, el Banco de Japón implementó políticas monetarias expansivas, incluyendo compras masivas de deuda pública y tasas de interés cercanas a cero, e incluso negativas en ciertos períodos, sin que ello se tradujera en un aumento significativo de la inflación.
Esto se explica por una combinación de factores estructurales. En primer lugar, el envejecimiento poblacional redujo la demanda agregada, debilitando tanto el consumo como la inversión. En segundo lugar, tras el estallido de la burbuja, el sector privado inició un proceso de desendeudamiento, reduciendo la creación de crédito. A esto se suma una economía caracterizada por bajas expectativas de crecimiento, lo que limita la inversión productiva. En este contexto, la expansión monetaria no se tradujo automáticamente en inflación, ya que el dinero adicional no generó una presión suficiente sobre la demanda agregada.
QE
También tenemos que parte del dinero adicional se ahorró o se usó para pagar deuda privada, por lo que no generó presiones inflacionarias. Finalmente, las expectativas inflacionarias se mantuvieron persistentemente bajas, consolidando un entorno deflacionario. Japón constituye así un ejemplo de los límites de la política monetaria en ausencia de una recuperación sostenida de la demanda agregada, especialmente en contextos de envejecimiento y desapalancamiento del sector privado.
Sin embargo, el economista Robin Brooks explica en un breve artículo[1] que los rendimientos de los bonos japoneses han aumentado y el yen se ha debilitado pero la inflación se ha mantenido estable. Los inversionistas, frente a la incertidumbre, venden los bonos, lo que presiona su precio a la baja (aumentando su rendimiento) y si el gobierno quisiera emitir nuevos bonos, tendría que ofrecerlo a un tipo de interés más alto. El punto de Brooks es que el límite del gasto público no es la inflación – como sugiere la MMT – sino que, en el caso japonés, la depreciación de la moneda, lo que significa que los bienes importados suben de precio.
En otras palabras, lo que los mercados están percibiendo es que Japón se está quedando sin espacio fiscal. Cabe señalar que Randall Wray y Yeva Nersisyan en un artículo[2] niegan que Japón sea un ejemplo de la implementación de políticas defendidas por la MMT principalmente porque no ha aplicado una política fiscal agresiva, los estímulos fiscales son temporales y cuando la situación vuelve. La normalidad, adopta políticas de austeridad.
Como explican Nouriel Roubini y Stephen Mihm en el libro “Cómo salimos de esta”, si bien las intervenciones fiscales ayudaron a frenar la inercia hacia la depresión (en el caso de la crisis subprime) sucede que igualmente esa política fiscal tienen un coste. Si un gobierno aumenta el gasto y recorta los impuestos – en medio de una recesión cuando disminuyen los ingresos fiscales – entonces el déficit presupuestario se dispara y si no paga la deuda ese déficit aumentará año tras año.
Como resultado el Estado tendrá que atraer más inversores más deuda elevando los tipos. A su vez el aumento de los tipos de interés competirá con los tipos de los créditos hipotecarios, créditos al consumo o bonos corporativos, haciendo que aumente el costo de estos últimos. Añaden los autores que se pavimenta de esta manera el camino hacia una posible monetización de la déficit: “imprimir” dinero para pagar el déficit o, para ser más preciso, el Banco Central adquiere la deuda estatal lo cual podría generar inflación si la cantidad de dinero comienza a sobrepasar la capacidad productiva de la economía.
Finalicemos con el debate en torno al dinero. No profundizaré sobre el tema del dinero ya que lo he hecho en otro artículo y me centraré, más bien, en las dos visiones sobre el origen y evolución del dinero: el enfoque evolutivo, descentralizado y espontáneo o el que lo concibe como una creación estatal. Junto con esto está el tema de si acaso el dinero surgió o no para resolver las ineficiencias del trueque. Ahora bien, puede suceder que nos encontremos ante un falso dilema, por lo que estas posturas no son mutuamente excluyentes para entender el origen, evolución y funciones del dinero.
En el capítulo 5 de su libro, Carl Menger explica que el dinero no es una creación de la ley y tampoco es un fenómeno estatal, puesto que es un fenómeno de origen social. A esto añade que, con el advenimiento de las economías avanzadas, la institución del dinero “ha sido perfeccionada por el reconocimiento y la regulación por parte del Estado” (..), algo similar con lo que ocurrió con el derecho consuetudinario por parte de la legislación. Continúa explicando el economista que el Estado es el único que dispone del poder y de los instrumentos necesarios para tutelar de manera eficaz el sistema de acuñación y, sumado a esto, “solo el Estado tiene un interés (…) en dotar de manera continuada a la economía nacional de la cantidad de moneda necesaria (…)”
Para el austriaco el dinero no es una creación estatal, sino que tiene un carácter social, evolutivo y espontáneo. En otras palabras, el dinero no es el resultado de un diseñador central, pero, con el surgimiento del Estado-nación, el dinero experimentó cambios respecto al pasado, idea que fue desarrollada por Knapp. Ludwig von Mises (1881-1973), en el capítulo XIV de su libro, “La teoría del crédito y del dinero” asevera que fue Knapp el primero “que trató de aplicar de manera explícita los principios estatistas en el campo de la doctrina monetaria (…)”. De estar vivo, Mises hubiese considerado a la MMT y el “neochartalismo” como una expresión más de lo que él denominaba en su libro –– como “la política monetaria del estatismo”.
Joseph Schumpeter (1883-1950), en el capítulo 8 de su voluminosa “Historia del análisis económico” calificó la idea central de Knapp como una verdad trivial. Junto con esto añadía con sarcasmo: “(…) su teoría era tan verdadera y falsa como puede serlo la tesis de que la institución del matrimonio, por ejemplo, es una criatura del derecho”. Aun así, la obra de Knapp tuvo un gran éxito y, de acuerdo con Schumpeter, algunas de las razones de esto fueron: su dogmatismo y original conceptualización teórica que impresionó a los legos y economistas legos en teoría económica. Sumado a lo anterior, sirvió como base a la creciente popularidad de la moneda dirigida por el Estado, la cual se utilizó durante la primera Guerra Mundial (1914-1918). Friedrich Hayek (1899-1992) escribió en el capítulo IV del libro “Ensayos de teoría monetaria moderna II” que, lo que hizo Knapp fue resucitar la doctrina medieval en virtud de la cual “era el acto del gobierno lo que confería valor al dinero”. A esto añadía Hayek:
“A pesar de que la experiencia siempre demostrara lo contrario, la doctrina del valor impositus fue recogida por la doctrina legal y sirvió para justificar los constantes y vanos intentos del príncipe de imponer el mismo valor a monedas que contenían menor cantidad del precioso metal”.
Por su parte, el economista español Juan Ramón Rallo explica en su libro “Contra la Modern Monetary Theory” que Knapp tenía una postura menos radical que los actuales exponente de la MMT. La razón es que Knapp “no negaba que socialmente pudiese emerger un medio de intercambio generalizado”. Rallo cita la obra del alemán en donde afirma que la mercancía que es utilizado como medio general de intercambio es una institución de relaciones sociales. Añadía que esa mercancía había adquirido un uso especial dentro de una sociedad primero mediante la costumbre y, posteriormente, mediante la ley. Así, de acuerdo con Rallo:
“(…) la teoría de Knapp no es tanto una teoría exclusivamente estatal sobre el origen del dinero, sino una teoría contractualista sobre el origen del dinero”. Más adelante añade: “Knapp, por consiguiente, no excluye que los medios de pago puedan emerger del mercado; solo describe una vía alternativa a su emergencia evolutiva, espontánea y descentralizada”.
En virtud de lo anterior Rallo afirma que quien realmente pensaba que el dinero era una creación del Estado era Alfred Mitchell-Innes. Frente a esto, Rallo explica que el hecho de que el Estado obligue a pagar impuestos en un determinado bien, no se traduce que ese bien termine siendo utilizado como medio de intercambio de manera generalizada. Como afirma el economista español: “Al cabo, los agentes económicos podrían emplear otros bienes como medio de cambio, depósito de valor y unidad de cuenta limitándose a adquirir el bien designado por el Estado cuando tuvieran que pagar impuesto”. Esto es lo que ha sucedido históricamente en países como Argentina en donde sus ciudadanos huyen del peso, o los venezolanos en donde la economía se ha dolarizado. Sumado a esto, Rallo añade que el trueque sí era practicado, por ejemplo, entre personas que no confiaban entre sí, algo que el mismo David Graeber reconoce.
Una aclaración importante es que es una caricaturización afirmar que Menger se limitó a especular teóricamente sobre el origen del dinero. Como podemos leer en el capítulo VIII de sus “Principios de Economía Política”, Menger cita casos concretos – con la información disponible en ese entonces – para dar sustento a sus ideas. Aquí Menger afirma que el dinero no es el producto del acuerdo previo de los agentes económicos y menos aún el resultado de unos actos legislativos.
Añade que tampoco es una invención de los pueblos ya que el dinero nació en numerosos centros culturales independientes entre sí. Continúa explicando que, con el paso del tiempo, aquellos bienes que han alcanzado la categoría de dinero “han ido cambiando en unos mismos pueblos durante distintas épocas y también han sido diferentes, dentro de una misma época, entre los diferentes pueblos”. Menger hace referencia al uso de ganado como medio de intercambio y hace ver la conexión existente entre dinero y ganado en lenguas antiguas, y se apoya en ejemplo como el caso de los griegos, germanos, árabes entre otros. También hace alusión al uso posterior del cobre y el bronce, o el uso del cacao o tejidos de algodón en civilizaciones americanas.
Retomemos el hilo conductor. ¿Qué podemos decir de las palabras de la antropóloga Caroline Humphrey, frecuentemente citadas por los adherentes de la MMT? En primer lugar, podemos señalar que, desde un punto de vista metodológico, no es válido asumir que un único trabajo, cuya evidencia se encuentra circunscrita a contextos geográficos y temporales específicos, pueda constituir por sí una refutación general y definitiva de una teoría amplia. Sin embargo, eso es precisamente lo que a veces sugieren los partidarios de la MMT al recurrir reiteradamente al mismo fragmento de la autora.
Como afirma Rallo, la teoría chartalista sobre el origen del dinero no es universal, sino que “retorcidamente particular”. En suma, de acuerdo con el economista español la teoría evolutiva, espontánea y descentralizada del origen del dinero no excluye que, posteriormente, el Estado “influyera en su nacimiento, como sucedió con tantas otras instituciones que se formaron de manera análoga”. A diferencia de la MMT, para Rallo la confianza de las personas en la moneda es central dentro de una comunidad de pagos y es la sociedad (no el Estado) “la que determina la necesidad o superfluidad del dinero (esto es, de un medio de pago no basado en la confianza)”. Dicho de otra manera, Rallo quiere dar a entender que el Estado influye a la hora de determinar que bien se convierte en candidato para ser dinero, pero es el mercado el que los eleva a dicha categoría. Por último añade el economista español:
“A diferencia de lo que sostienen los chartalistas, la participación del Estado en ese proceso ni es necesaria ni es suficiente: no es necesaria porque, en ausencia de la participación estatal, el mercado por sí solo es capaz de descubrir sus propios medios generalizados de intercambio; no es suficiente porque, aun con participación estatal, debe ser el mercado quien escoja y acepte en última instancia los medios propuestos por el Estado”.
No está de más advertir, como nos recuerdan Pierre Cahuc y André Zylberberg en su libro “El negacionismo económico”, que la economía es una disciplina en donde la investigación se especializado mucho. Por ende, se debe desconfiar de los “generalistas” y verificar el ámbito de competencia del economista, ya que uno experto en comercio internacional no tiene por qué estar al tanto de la economía digital (y viceversa). Y cuando hablen los generalistas, hay que corroborar las fuentes en que fundamentan sus aseveraciones.
No está de más advertir, como nos recuerdan Pierre Cahuc y André Zylberberg, que la economía es una disciplina en donde la investigación se especializado mucho. Por ende, se debe desconfiar de los “generalistas” y verificar el ámbito de competencia del economista, ya que uno experto en comercio internacional no tiene por qué estar al tanto de la economía digital (y viceversa
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[1] Robin Brooks. Japan: Where MMT goes to die. (https://robinjbrooks.substack.com/p/japan-where-mmt-goes-to-die)
[2] Has Japan Been Following Modern Money Theory Without Recognizing It? No! And Yes (https://www.levyinstitute.org/pubs/wp_985.pdf)

