6/7-Críticas a la Modern Monetary Theory (por Jan Doxrud)
Otra crítica de Palley apunta a la excesiva confianza de la MMT en la capacidad técnica del Estado y la suposición de que sus miembros son seres racionales, con una alta capacidad de gestión coordinación y reacción ante los problemas que emergen en materia económica. Tales personas carecerían de intereses propios y no serían, al parecer, movidos incentivos electorales. Aquí podemos también recordar a Hayek y su insistencia en los límites epistemológicos que enfrenta el Estado cuando se siente tentado de organizar la sociedad desde la cima.
Como diría Hayek, en un orden extenso, como lo es el sistema económico (y sus subsistemas), el Estado no puede hacerse con toda la información dispersa entre millones de agentes económicos para poder tomar decisiones eficientes. La MMT es un enfoque macroeconómico que opera con agregados económicos (nivel de precios, capacidad ociosa, nivel de desempleo) y carece de una teoría microeconómica sobre la formación del capital, como sí la tuvo Hayek y que, posteriormente fue desarrollada con profundidad por Roger Garrison (1944-2026).
En suma para Palley la MMT recicla ideas que ya existían y las presenta como revolucionarias por lo que no realiza un aporte sólido en materia teórica. Tampoco es convincente la idea de un programa garantizado de empleo por parte del Estado y cómo este puede mantener la estabilidad macroeconómica y evitar presiones inflacionarias. Sumado a esto está la excesiva confianza en la eficiencia y eficacia del poder del Estado, subestimando las fallas del Estado y la influencia del ciclo electoral.
También nos recuerda el autor que existen los retrasos, vale decir, que la inflación no se puede controlar fácilmente mediante el ajuste de impuestos o del gasto público. En primer lugar tenemos el “inside lag”, es decir, la aprobación de impuestos o el aumento de estos mismos requieren de discusión en el Congreso lo cual puede llevar meses En segundo lugar tenemos outside lago que, como señala Palley, toma tiempo para que la política fiscal tenga un efecto real en la economía.
En materia inflacionaria, Palley afirma la MMT no proporciona un modelo claro y explicativo, limitándose a establecer que esta aparece cuando la demanda agregada sobrepasa a la capacidad productiva. Palley cuestiona que el salario mínimo establecido por el programa estatal pueda actuar como un ancla inflacionaria, puesto que el sector privado puede continuar aumentado los salarios y precios por encima del piso. En resumen la inflación no puede reducirse a demanda agregada versus capacidad productiva.
Palley también critica la ausencia de modelos formales lo cual exige leer entre líneas para comprender el enfoque de la Teoría Monetaria Moderna (TMM) respecto a la inflación. Por ejemplo, tenemos los modelos dinámicos de equilibrio general estocásticos (DSGE en inglés), que explican fenómenos agregados a partir de principios propios de la microeconomía. Estos modelos son “dinámicos” puesto que analizan la economía a lo largo del tiempo y no en un momento estático.
En segundo lugar, son “estocásticos” puesto que incorporan la incertidumbre, así como también shocks aleatorios ya sea monetarios, tecnológicos, pandemias, guerras, etc. Son de equilibrio general, ya que estudian cómo interactúan simultáneamente diversos mercados como el de inversión, trabajo, crédito, etc. Por último, tienen un fundamento microeconómico ya que los fenómenos agregados se derivan del comportamiento (maximizador) de los agentes económicos (Estado, empresas, familias). El punto es que la MMT carece de un modelo equivalente al DSGE lo que dificulta cuantificar efectos, evaluar los trade-offs, hacer predicciones o llevar a cabo simulaciones.
El modelo DGSE integran, como vemos en la imagen, distintos componentes de la economía en un sistema interconectado donde la demanda, la inflación y la política monetaria interactúan constantemente a través de las expectativas de los agentes económicos. El modelo muestra cómo los shocks, los cambios en la demanda, la productividad o las decisiones de política monetaria, afectan la producción, los precios y las tasas de interés, mientras el banco central responde ajustando la política monetaria para estabilizar la economía.
Tenemos que la estructura básica del modelo incluye el bloque demanda, el bloque de oferta/inflación, la regla d política monetaria, expectativas racionales y shocks escolásticos. Ahora bien este modelo no ha estado exento de críticas por los supuestos irreales (agentes racionales, con expectativas igualmente racionales, mercados que tienden al equilibrio) y por no anticipar la crisis subprime. Pero también tiene defensores, que afirman que el modelo ha evolucionado y cambiado en base a los aprendido de experiencias pasadas. Por lo demás, también sirven como herramienta analítica y como guía para la política monetaria.
Por último, el autor explica que enfoque el de la MMT parece ser la de un modelo de "on/off" en el que “la economía inicialmente se encuentra por debajo del pleno empleo y luego alcanza la barrera del pleno empleo”. Pero resulta que, en el mundo macroeconómico real, la economía se caracteriza mejor como un sistema multisectorial, con algunos sectores en pleno empleo y otros por debajo de este, por lo que abordar el fenómeno inflacionario no es algo tan simple como lo presenta la MMT.
El punto del autor es que es simplista decir: “si hay capacidad ociosa y desempleo, aumentar el gasto público no generará inflación”. La razón es que la realidad es más compleja por lo que el momento exacto en que los precios comienzan a aumentar dependerá de la distribución de las condiciones sectoriales, y los precios pueden comenzar a aumentar cuando la producción agregada es bastante baja si la demanda está distribuida de forma muy asimétrica entre los sectores. El problema es que el gasto es un instrumento agregado, de manera que aumenta la demanda en todos los sectores y no de sectores específicos, y la visión de la MMT de la economía, específicamente de los sectores productivos, es como si fuesen homogéneos y en donde se encuentran en dos estados: en pleno empleo o bajo el pleno empleo.
Otro tema que genera polémica es el programa de empleo garantizado descrito por Kelton (y defensores de la MMT) el cual podemos calificar de idealista, es decir, suena bien crear empleos que apunten a cuidados de la comunidad o del medio ambiente, pero el problema es cómo se aplicaría eso a escala país y que sucedería con aquellas personas que optan por quedarse en esos tipos de trabajos estatales y no regresar a trabajar al sector privado.
Como explican Francoise Drumetz y Christian Pfister en un artículo”[1] el empleo en el sector público en actividades que aportan poco valor económico con un salario garantizado sería el equivalente a prestaciones por desempleo encubiertas. Añaden que, otro problema que puede surgir es el que ya mencionamos anteriormente: el desplazamiento de la producción desde el sector privado al estatal. Junto con esto añaden el establecimiento de un salario mínimo efectivo para toda la economía puede tener consecuencias inflacionarias y provocar pérdidas de empleo en otros sectores, el sector privado tendría que pagar salario superior al del programa estatal lo que aumentaría sus costos.
En suma, no es suficiente proponer la creación de trabajos que aporten a cuidado de la comunidad ya que se debe contar con información precisa sobre cuántos de esos trabajos hay vacantes para poder asignar eficientemente los recursos y tener en consideración las presiones inflacionarias que puede generar esta política, ya que implica el aumento del gasto público.
Otra crítica que podemos citar es la realizada en el paper de Bruno Bonizzi, Annina Kaltenbrunner y Jo Michell (2019) titulado “Monetary sovereignty is a spectrum: modern monetary theory and developing countries”. Los autores critican el carácter cerrado de la MMT y el de ser muy restringido a cierto tipo de países. En primer lugar y como se puede leer en el título del paper la soberanía no debe ser entendida en términos binarios, sino que en hay que introducir matices para así comprender que la soberanía monetaria es un espectro.
En segundo lugar los autores dan a entender que la MMT restaría importancia al sector externo cuando este es, en realidad, de suma importancia puesto que constituye una restricción a la sobreestimada soberanía monetaria. El tipo de cambio, la depreciación y devaluación de la moneda nacional respecto a una divisa extranjera como el dólar puede también causar espirales inflacionarias. Este es el caso de países en desarrollo los cuales al endeudarse en moneda extranjera su “soberanía monetaria” disminuye, al igual como sucede cuando su moneda se deprecia y los bienes importados se encarecen. En palabras de los economistas:
“El análisis de la MMT sobre los problemas de la economía abierta, en particular los que enfrentan los países en desarrollo, es relativamente escaso. En el libro de texto sobre la TMM publicado recientemente, se dedica un único capítulo a la economía abierta, junto con breves estudios de caso sobre restricciones de la balanza de pagos, crisis cambiarias y regímenes cambiarios”.
Por ende, los países están insertos dentro de un sistema más extenso (el mundial) en donde los países exportan, importan y se llevan a cabo inversiones directas e indirectas. Sumado a esto, los autores aseveran que las relaciones internacionales son jerárquicas y asimétricas, no solo porque existen países más poderosos e influyentes, sino que también hay ,monedas más fuertes que otras. También existen mercados e materias primas de suma relevancia como el petróleo o el cobre el cual se transan en dólares. Tenemos entonces que el escenario internacional actúa como una restricción a la soberanía monetaria, por lo que cualquier teoría económica debe incorporar este escenario y cómo impacta en los diversos tipos de países.
Otro tema que abordan los autores es el desarrollo económico que, como es sabido, no existe una receta sino que una mezcla de estrategias. Aquí la MMT sugiere soluciones que ya fueron aplicadas en países en América Latina a mediados del siglo XX. En ese entonces comenzó a ponerse en boga el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), de carácter nacionalista, proteccionista y que fomentaba la demanda interna. El problema es que no funcionó, y, en el caso de Chile, el país convivió por largo tiempo con altas tasas de inflación. Junto con esto, se formó una economía oligopólica con empresas que vivían bajo las ayudas estatales y que tenían pocos incentivos para innovar y competir.
Como explican los economistas Rudiger Dornbusch (1942-2002) y Sebastián Edwards en la “Macroeconomía del populismo”, la historia económica de los países latinoamericanos parece repetirse sin cesar, siguiendo ciclos irregulares y dramáticos. Esto se ve reflejado en el recurrente uso de políticas macroeconómicas populistas con fines distributivos. Para ello, esta clase de regímenes utilizan en gran medida la política fiscales y crediticias expansivas, así como también a sobrevaluación de la moneda para acelerar el crecimiento y redistribuir el ingreso.
Los autores dividen en 4 fases la macroeconomía del populismo. En pocas síntesis en la fase 1 es la de éxito en donde la producción aumenta, así como también los salarios reales, pero también se establecen controles de precios para controlar la inflación y las importaciones alivianan la escasez. En la fase 2 comienzan los cuellos de botellas producto del crecimiento de la demanda y comienzan también a escasear las divisas, así como el déficit presupuestario. En la fase 3 comienza la aceleración extrema de la inflación, fuga de capitales, caída de los salarios y la escasez generalizada. En la fase 4 finalmente viene la fase de estabilización ortodoxa y el desmantelamiento del sistema lo que incluye el derrocamiento del gobierno
Regresemos a Bonizzi, Kaltenbrunner y Michell. Los autores explican que el uso de ahorro interno, la implementación de una política industrial por parte del Estado (defendida por la economista Mariana Mazzucato) y bajas tasas de interés no son suficientes. Como sucedió en el pasado, los países en vías de desarrollo necesitan de bienes de capital y servicios que requieren de disponibilidad de divisas y de un endeudamiento controlado. Para generar entrada de divisas se requiere exportar o atraer inversiones extranjeras directas e indirectas, y así poder importar aquellos bienes que el país no produce.
Sebastián Edwards, académcio en UCLA, en el artículo anteriormente citado ve paralelos entre la MMT y la macroeconomía del populismo o, dicho de otro modo, un líder populista se sentiría muy a gusto con las propuestas de la MMT. En cuento a los puntos débiles de la MMT, Edwards destaca varios. En primer lugar la MMT no incorporan el factor tiempo y las expectativas por ejemplo y como estas llevan a que los mercados reaccionan en base a estas. Sumado a esto está el efecto Fisher en virtud del cual si hay expectativas de mayor inflación en el futuro, entonces las tasas de interés aumentarán, puesto que los prestamistas no querrán cobrar un interés por debajo de la tasa de inflación.
Edwards critica la idea de que el Estado que emite su propia moneda no puede incurrir en “default” puesto que la hiperinflación misma es una forma de impago. Con esto quiere dar a entender que, a pesar de que el Estado pueda seguir pagando en términos nominales, sucede que el acreedor recibe una moneda depreciada sin valor. Y, frente a expectativas de mayor depreciación, los ciudadanos intentan huir de su moneda. Por ende el Estado soberano y que ejerce el monopolio de la emisión monetaria estaría robando poder adquisitivo a los ciudadanos.
Una de las cuestiones centrales que debemos considerar es qué ocurre cuando la oferta de dinero aumenta más rápido que la demanda de dinero por parte de las personas. En ese escenario, cabe preguntarse cuánto desearán conservar los individuos en forma líquida —ya sea en efectivo, cuentas corrientes o depósitos— si comienzan a percibir que el exceso de oferta monetaria está deteriorando el poder adquisitivo de la moneda.
Tenemos que, si las expectativas inflacionarias aumentan y la confianza en la moneda disminuye, las personas pueden reducir su demanda de dinero, acelerar el gasto de sus saldos monetarios o buscar refugio en activos considerados más estables, como divisas fuertes, bienes raíces u otros activos reales. Por ende, el aumento de la oferta monetaria puede traducirse no solo en mayores precios, sino también en una caída de la demanda por la moneda nacional.
Otras críticas del autor apuntan al carácter simplista de la MMT la cual no profundiza en las complejidades de los mercados financieros, no incorporan una teoría sobre la estructura temporal de los tipos de interés (la curva de rendimientos) ni sobre la transmisión de la política monetaria, es decir, como las decisiones de los bancos centrales afectan la tasa de interés, el tipo de cambio, el crédito bancario, el precio de los activos y las expectativas. Además, Edwards advierte sobre los peligros de debilitar la independencia de los bancos centrales respecto a las fuerzas políticas. En palabras del economista:
“Sin embargo, la evidencia proveniente de América Latina indica que, tan pronto como se debilita la independencia del banco central y este comienza a trabajar para el gobierno, las expectativas inflacionarias se disparan, al igual que la inflación propiamente dicha”.
Por último, el autor cuestiona la creencia de la MMT de que las autoridades económicas sean capaces de ajustar con precisión la política macroeconómica. Por ejemplo cuestiona que los bancos centrales puedan, simultáneamente, financiar grandes aumentos del gasto público y mantener la situación bajo control. Así aumentar y, luego, ajustar la demanda agregada, apenas aparezcan las primeras señales inflacionarias no es tarea fácil y no es algo que el Estado pueda calibrar con precisión. Junto con esto añade Edwards:
“Las experiencias de los países latinoamericanos analizados en este artículo (y de otros casos) indican que este tipo de ajuste es extremadamente difícil y que, una vez que los políticos controlan el banco central, seguirán utilizando su capacidad de creación de dinero mucho más allá de ese umbral”.
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[1]Modern Monetary Theory: A Wrong Compass for Decision-Making https://www-intereconomics-eu.translate.goog/contents/year/2021/number/6/article/modern-monetary-theory-a-wrong-compass-for-decision-making.html?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc

