1/2-Introvertidos, extrovertidos y otrovertidos ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)

1/2-Introvertidos, extrovertidos y otrovertidos ¿de qué estamos hablando? (por Jan Doxrud)

En este artículo abordaremos brevemente qué es la introversión, así como también al polo opuesto de este continuo que es la extroversión. Por último, abordaré el que es, quizás, un concepto menos conocido que es el de otrovertido. El objetivo es poder delimitar con precisión estos conceptos puesto que existen ciertos prejuicios y estereotipos en torno a este, así como confusiones, como, por ejemplo, confundirlo con timidez o ser antisocial.  De entrada, quisiera aclarar que aquí no se está idealizando ni criticando ningún de los extremos ni los puntos intermedios entre estos. Por ende, no tiene sentido preguntar si es mejor ser introvertido o extrovertido ya que implica que uno es superior al otro y supone una suerte de jerarquía.

Este tema, como veremos más adelante, tiene una relevancia práctica, ya que estamos interactuando constantemente con personas en diversos contextos y conocer estas orientaciones dentro de una personalidad nos permite comprender de mejor forma a aquellas personas, y evitar así prejuicios y estereotipos. No está de más decir lo importante de esto en el ámbito familiar (crianza y educación de los hijos) y escolar, donde suele pasarse por alto esta clase de asuntos a la hora de diseñar clases o actividades. También es importante para los niños, que pueden no entender por qué son como son y pueden llegar a creer que son raros, cuando en realidad no hay nada malo en estos.

En primer lugar, comenzaré explicando brevemente qué es la personalidad para luego continuar con el concepto de introversión. La personalidad es definida como un constructo hipotético o como un concepto que se infiere a partir de la conducta observada de las personas. Por ende, la personalidad la observamos indirectamente a través de la conducta y es utilizada por los psicólogos para poder describir y explicar las regularidades tanto del pensamiento, conducta y emociones de los seres humanos.

Teniendo esto en consideración, resulta erróneo decir que alguien “tiene o no tiene personalidad” o que “tiene mucha o poca personalidad” o que “le falta personalidad”, puesto que todos tenemos una. El error consiste en confundir personalidad con otros conceptos como el de temperamento (dimensión biológica de la personalidad), carácter (disposiciones aprendidas que regulan la conducta) o la orientación introvertida o extrovertida de una persona.

La RAE define la personalidad como la “diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra”, mientras que la  American Psychological Association define la personalidad como la configuración duradera de características y comportamientos, y como una totalidad compleja y dinámica, moldeada por múltiples factores. Así podemos afirmar que la personalidad se caracteriza por patrones o regularidades relativamente estables en lo que respecta en la conducta, pensamientos y emociones. Podemos visualizar la personalidad como un todo organizado compuesto por partes, aunque hay que ser precavidos en lo que respecta a esto, ya que la personalidad no es una mera suma de las partes como si fuese un sistema simple y mecánico.

Como he explicado en otros artículos, dentro de los sistemas complejos, los componentes interactúan entre sí y, como resultado, emergen propiedades que los componentes, individualmente considerados, no los tienen. La personalidad, considerada como el “todo” es un sistema complejo y, siguiendo al filósofo de la ciencia Mario Bunge (1919-2020), tenemos que todo sistema tiene componentes (colección de partes), un entorno (colección de cosas que actúan sobre los componentes), una estructura (colección de relaciones, vínculos o enlaces) y un mecanismo (procesos internos que hace que el sistema funcione). Por ende cuando hablamos de personalidad, no estamos hablando de moldes fijos por medio de los cuales podemos hacer una taxonomía de los seres humanos.

Pasemos ahora al concepto de introversión y extroversión. Su significado deriva  de las palabras (latinas) “intro” (dentro) y “verter” que podemos traducir como “girar” o “verter”. Así el introvertido es quien “gira hacia dentro”, mientras que el extrovertido es el que da el giro hacia el exterior. Uno busca estímulo en la soledad y el otro busca estímulos externos para energizarse. Así, estamos ante  dos orientaciones en donde cada una busca darle dirección a la energía psíquica, orientación mental o foco de atención.

Susan Cain, autora del libro “El poder de los introvertidos”, afirma que el sistema de valores imperantes enaltece el “ideal extrovertido”. En palabras de la autora este ideal consiste en la “convicción omnipresente de que el ser modélico es un individuo social y dominante que se encuentra como pez en el agua siendo el objeto de todas las miradas”. La persona extrovertida es sociable, son abiertos, se desenvuelve bien en grupos masivos, trabaja bien en equipo y se nutre del mundo exterior.

Dentro de este contexto, continúa explicando Cain, la introversión ha pasado a ser un rasgo de personalidad de segunda “en algún punto intermedio entre lo decepcionante y lo patológico”. Es por ello que los introvertidos suelen ser más cuestionados por su manera de ser e incluso estos mismos comienzan a creer que algo está mal en ellos. Pero, ¿es realmente esto cierto?

La American Psychological Association define la introversión como una orientación hacia el mundo privado interno de uno mismo, en lugar de hacerlo en dirección hacia el mundo exterior. Fue el psicólogo suizo, Carl Jung, quien popularizó ambos conceptos en su obra “Tipos psicológicos”. Los introvertidos son aquellos que se sienten cautivados por el mundo interior del pensamiento  y prefieren ambientes donde no exista una “sobrecarga” de estímulos, de manera que no tienen problemas con estar solos como una forma de recargar la “batería social”.

https://personality-central.com/personality_theory/extroversion-introversion/

Los introvertidos pueden llegar a tener un mundo interior tan rico y vasto que suelen ser absorbidos por estos. Esto no es negativo en sí, pero puede ser un potencial peligro si ese mundo interno se transforma en su único mundo, sacrificando así las relaciones interpersonales en el mundo “real”. Sumado a esto, los introvertidos prefieren tener pocos pero buenos amigos e interactuar en entornos sociales en donde no haya mucha gente.

Cuando uno examina testimonios de introvertidos en la web (en inglés) se encuentra con lo siguiente: no gozan de conversaciones triviales porque le parecen falsas; si no hablan es porque probablemente no tienen nada que decir o están concentrados en otros asuntos; desean que las personas no comenten sobre por qué son callados o no hablan; las personas con mucha energía los dejan exhaustos;

Por su parte, los extrovertidos se nutren del mundo exterior, tienen facilidad para hablar, toman la iniciativa en las conversaciones, les gusta tener muchos amigos y participar sin dificultad en todo tipo de conversaciones que involucre un gran número de personas. En suma, el extrovertido es el alma de la fiesta, es un imán que atrae a otras personas.

Es importante tener presente que  no existen introvertidos y extrovertidos en estado puro. Extroversión e introversión constituyen los extremos de un continuo y se puede decir que ambos extremos contienen un espectro interno, es decir, no existe “un solo tipo de introvertido o extrovertido”. Por ejemplo, el introvertido puede que se desenvuelva muy bien dando charlas, haciendo clases o defendiendo a un acusado en un juicio, pero tras terminar la jornada laboral desee estar solo.  Esa misma persona que, puede hablar frente a muchas personas, puede que tenga más dificultades para relacionarse en un ambiente más distendido como una fiesta en donde la música está fuerte y todos tienen que, igualmente, hablar con un volumen más alto.

Por otro lado, el extrovertido no se reduce a ser una persona que solo se nutre del mundo exterior y que no desee tener momentos de soledad, intimidad y reflexión. Hay que evitar caer en estereotipos, como que los introvertidos son antisociales, arrogantes, inseguros, fríos, raros, centrados en sí mismos, que no pueden liderar, etc. Por otro lado, a un extrovertido no hay que estereotiparlo como una persona sociable, de alegría inagotable, seguros de sí mismos, popular, superficial, irreflexiva o que carece de profundidad emocional e intelectual.

Incluso el psicólogo Edward S. Conklin utilizó el término ambivertido para describir a aquella que persona que presenta una mezcla de rasgos extrovertidos e introvertidos. A veces el extrovertido puede actuar como un introvertido si se encuentra en un contexto en donde no se siente muy competente e incómodo, y un introvertido puede mostrarse abierto cuando se encuentra con gente de confianza y hablando sobre temas que son de su interés.

Tenemos entonces que los introvertidos están más volcados hacia su mundo  interno, en donde la soledad constituye una fuente de energía, especialmente tras haber estado en ambientes que los sobre estimulan. En soledad leen, escriben, piensan, pintan, dibujan, construyen o confeccionan cosas, dependiendo de sus gustos personales. En materia de relaciones personales, no son antisociales, puesto que no están en contra de las normas y valores sociales.

Tampoco son, necesariamente tímidos, es decir, no es que no hablen porque les de vergüenza o teman a ser juzgados. Puede que no hablen porque simplemente no tienen nada que decir y no sienten la necesidad de tener que estar hablando solo por hablar. Por lo demás, son más propensos a pensar mucho antes de hablar. En cambio un extrovertido está más orientado hacia el mundo exterior, desde donde obtiene energía interactuando con el medio que los rodea y las personas. Son más expresivos, gesticulan, captando y manteniendo la atención de los demás (ante lo cual se siente cómodo).