4/7-¿Qué es la Modern Monetary Theory? (por Jan Doxrud)

4/7-¿Qué es la Modern Monetary Theory? (por Jan Doxrud)

Cabe señalar que los adherentes a la MMT consideran que los países europeos que son miembros de la zona euro son “usuarios” de moneda que emite la unión monetaria y no “emisores” de la misma. Es por ello que autores como Randall Wray consideran el experimento del euro como uno que se ha desviado de 4.000 años de historia en donde el dinero era creación de una institución que tenía el monopolio de la coerción.  Tcherneva en el artículo citado[1], afirma que la creación del dinero no puede separarse del poder del Estado, al igual que  el sistema monetario, el cual se rige por las normas y el código legal establecidos por el Estado. Es por ello que considera que los regímenes monetarios como la Unión Monetaria Europea han generado “una separación incoherente entre los Estados nación y sus monedas nacionales, con un alto costo económico y humano”.

España no tiene la peseta, Francia no tiene el franco, Italia no tiene la lira y Alemania no tiene el marco, de manera que han renunciado a su soberanía monetaria. Este caso también se da con países que vinculan su moneda con otra divisa como fue el caso de Argentina con el Plan de Convertibilidad (1991-2002). Así, se infiere que las condiciones para la soberanía monetaria son:

1-El Estado emite su propia moneda y obliga a los ciudadanos a pagar impuestos con esta.

2-Tipo de cambio flotante, es decir, la moneda nacional no está fijada ni al oro ni a otra divisa.

3-No existe deuda en moneda extranjera.

Un segundo aspecto que los políticos pasaron por alto, de acuerdo con la autora, es que nada obliga a que el presupuesto del Estado tenga que cuadrar. Para Kelton el presupuesto sólo constituye una herramienta que puede ser usada para inyectar dinero a los ciudadanos o retirárselos. Por ende un déficit fiscal – que suma más dólares de los que extrae – o un superávit – que retira más de lo que sustrae – no son ni inherentemente buenos ni malos. El presupuesto debe tener como objetivo servir para fomentar una economía que beneficie al pueblo. Un tercer y último aspecto que estos políticos pasan por alto es que, en opinión de la autora, el Gobierno federal siempre ha mantenido el déficit demasiado bajo a lo largo de la historia

En suma, no hay que temer a los déficit públicos, no hay límite para el gasto salvo cuando comiencen a surgir las presiones inflacionarias cuando la capacidad productiva sea superada por la demanda agregada. Sumado a esto, pudimos apreciar que Kelton aboga por una política de pleno empleo basada en las finanzas funcionales de Abba Lerner: la economía debe estar al servicio de las personas y no al servicio de un presupuesto equilibrado. Así, la autora, siguiendo a Lerner, afirma que mientras los déficits no impulsen la inflación al alza, no se puede considerar que se estuviera gastando de más.

En síntesis, Kelton afirma que la MMT coincide con Lerner en los siguientes aspecto. En primer lugar se debe recurrir a ajustes en la fiscalidad y el gasto para equilibrar la economía (y no a la política monetaria). En segundo lugar el déficit considerado en sí mismo no es algo malo ni bueno, es decir, no importa si el presupuesto está en déficit o superávit sino si está procurando buenos resultados en la economía. En tercer lugar los impuestos son relevantes para reducir la capacidad de gasto y que estos “jamás deberían aumentarse solo por mantener una apariencia de responsabilidad fiscal”. Sin embargo, la autora afirma que la MMT da un paso más allá puesto que “las recetas de Lerner todavía dejarían a demasiadas personas sin empleo”.

¿En qué sentido la MMT da un paso más allá? Aquí entra en escena su propuesta de una garantía de empleo federal que operaría como un estabilizador automático que  favorecería tanto el pleno empleo como la estabilidad de precios. Kelton explica de la siguiente manera esto. La razón de que el Estado sea el que se haga cargo de esto se debe a lo que ya hemos repetido varias veces: al Estado no se le puede acabar el dinero.

El Estado anuncia un paquete salarial para aquellas personas que estén buscan trabajo pero no lo encuentran. Tales empleos estarían orientados a la economía de cuidados de personas, comunidades y medioambiente.  Basta con que el Gobierno anuncie un salario y contrate a todas las personas que se presenten en busca de un trabajo. Añade que, de no presentarse nadie, entonces la economía ya está funcionando en pleno empleo. A esto añade:

“Pero si se presentan quince millones de personas, sacará a relucir un potencial subyacente no aprovechado bastante considerable. Es el único modo de saber con seguridad y en un sentido real hasta qué punto está infrautilizando la economía los recursos de los que dispone”.

En suma para la autora (y la MMT) esta política de empleo garantizado por el Estado ayuda a blindar o proteger  a los países del inevitable ciclo de bonanzas y crisis, creando empleos productivos y, no, como señala la autora, crear empleos consistentes en cavar zanjas con tal de justificar que se les pague un salario. De lo que se trata es de “fomentar el bien público al tiempo que se refuerzan las comunidades locales mediante un sistema de gobernanza compartida”.

En virtud de lo anterior tenemos que en una recesión, si las personas pierden sus trabajos en el sector privado, entonces entran al programa estatal en donde recibirán un ingreso determinado por el Estado. Por otro lado, en una economía en expansión, las empresas privadas demandarán fuerza de trabajo y, al contratar gente del programa deberán ofrecer un sueldo superior al de este y, de suceder, los trabajadores volverán al sector privado. Si existen presiones inflacionarias, esta reserva de trabajadores irá trasladándose al sector privado neutralizando el aumento salarial debido a la escasez de trabajadores, pero el salario no podrá estar por debajo del piso salarial.  Es este programa que defiende la MMT la establece el salario mínimo:

“La garantía de empleo establece esa puja mínima, que pasa a convertirse en un salario mínimo de facto para el conjunto de la economía. Desde el momento en que se fija, cualquier otra forma de empleo tendrá que pagarse con un recargo sobre ese sueldo base”.

En el capítulo 3 Kelton rechaza el denominado efecto desplazamiento o crowding out que mencionamos en un comienzo. Para recordar, tenemos que si el Estado se endeuda, este estará compitiendo por los ahorros disponibles con el sector privado, siendo el resultado el aumento de la tasa de interés, menor inversión y menor productividad. Esta es una creencia tanto de liberales de izquierda como de conservadores estadounidenses.

En opinión de Kelton esta creencia se basa en los postulados del mainstream o corriente dominante en materia económica y frente a esta postura, plantea que no debemos concebir los déficits públicos como “villanos que menoscaban el progreso”. Lo mismo afirma Garzón para quien un déficit significa que el Estado está inyectando más dinero del que está destruyendo (superávit) y que, en este proceso, no está disminuyendo el ahorro por lo que hemos estado repitiendo: el Estado no necesita pedir prestado para gastar.

De acuerdo con la economista el tipo de interés es una variable política y no es el reflejo de una supuesta cantidad fija de ahorro por la cual compiten el sector privado y el Estado. La TMM rechaza el modelo de los fondos prestables  fundada en la idea de que la escasez de recursos financieros limita la posibilidad de pedir fondos a préstamo. Así, por un lado, no existe un piscina con ahorro y, por el otro,  el interés no refleja la escasez abundancia de estos puesto que primero viene el gasto y el crédito, y luego el ahorro.

Cabe hacer un breve paréntesis sobre la reserva fraccionaria. Para la MMT, si bien este sistema existe, no explica adecuadamente la creación de dinero mediante el mecanismo tradicional del multiplicador monetario. Según la explicación convencional, si un banco posee $1000 y la reserva obligatoria es del 10%, podría prestar $900, generando así un aumento de la cantidad de dinero en la economía. Frente a esto, la MMT sostiene que los bancos comerciales no prestan reservas previamente existentes, sino que crean depósitos de manera simultánea al otorgar crédito. Al conceder un préstamo, el banco crea nuevo dinero bancario (pasivo convertible en dinero estatal).

Posteriormente, si necesita reservas para cumplir con los requerimientos regulatorios o las compensaciones interbancarias (liquidar pagos con otros bancos), las obtiene en el mercado interbancario o directamente del Banco Central. Por lo demás, rara vez se produce una masiva corrida bancaria y lo que hacen las personas es mover su dinero de manera electrónica cuando realizan transacciones. De este modo, los préstamos no dependen previamente de las reservas; más bien, las reservas se ajustan después de la creación del crédito.

Tenemos que entender el  ahorro no como una fuente que suministra combustible a las inversiones del sector privado. Kelton utiliza un gráfico en donde muestra a los déficits en rojo como si fuesen algo negativo cuando en realidad no lo son, ya que estamos viendo solo un lado de la moneda. En palabras de la autora, y basándose en las ideas del economista británico Wynne Godley (1926-2010), “todo déficit que se produce en alguna parte de la economía genera un superávit igual e inverso en alguna otra parte de esta”.

En palabras simples, cada vez que Estado gasta, ese dinero va a alguna parte por lo que el déficit público es, desde un punto de vista contable, el superávit de otro sector (y viceversa). Por lo demás cabe recordar la visión que tiene la MMT sobre este tema y es que el Estado no necesita previamente de impuestos deuda para poder gastar. En suma Kelton sintetiza esta postura como sigue:

“El enfoque de Godley muestra que, en términos puramente financieros, todo déficit fiscal es bueno para alguien. Esto es así porque los déficits públicos siempre se corresponden —hasta el último centavo— con un superávit financiero en el cubo de lo no estatal”.

Consideremos lo siguiente. Si el gasto del Estado es 1000 y los impuestos que cobra son 800, entonces el gobierno tiene un déficit de 200:

 G – T

1000 – 800 = - 200

La pregunta entonces es: ¿a dónde fueron a parar esos 200? Desde un punto de vista contable, esos 200 terminaron en el sector privado. Es decir, el Estado inyectó 1000 a la economía mediante salarios, contratos, pensiones, compras, etc., pero solo retiró 800 mediante impuestos. Por lo tanto, quedaron 200 adicionales en manos de familias y empresas. El sector puede, por ejemplo ahorrar 250 e invertir 50 o ahorrar 100 e invertir 100, pero el punto es la identidad que vemos en la siguiente ecuación:

G – T = S – T

 1000 – 800 = 250 – 50

Para Kelton los únicos déficit que deben importar son los de empleos de calidad, acceso a la sanidad, infraestructuras adecentadas, un medio ambiente limpio Y un clima sostenible. Vemos pues que, y como destaca la misma economista, la MMT tiene una doble dimensión. Esta la “vertiente descriptiva de la TMM” la cual ayuda a “liberarnos de los mitos y los errores de concepto que nos han frenado todo este tiempo”. Por otro lado está la “vertiente prescriptiva” de la MMT, es decir, la de la recomendación y políticas concretas, las cuales tienen como objetivo fomentar una economía que sirva a todas las personas. Lo mismo señala Wray cuando afirma en el citado libro que los adherentes a la MMT utilizan sus conocimientos sobre cómo funciona el dinero para hacer análisis racionales sobre la manera de legislar de los gobiernos.

Por su parte, la ya mencionada economista Pavlina Tcherneva explica en un artículo defiende la idea de que, si bien puede existir consenso en muchos temas macroeconómicos dentro del “mainstream”, sucede que en materia de política fiscal no es el caso.  Específicamente, afirma que la política fiscal no debe ser una herramienta de uso excepcional para las crisis, de manera que debe tener un rol más activo y constante en la promoción del pleno empleo y la estabilidad macroeconómica y aquí entra en escena las “finanzas funcionales” de Lerner que hemos mencionado anteriormente. Así, en el centro de la política fiscal debe estar el pleno empleo y de acuerdo con Tcherneva existen dos enfoques distintos para las finanzas funcionales.

El primero busca aumentar la demanda agregada y reducir la brecha del PIB. El segundo busca asegurar el pleno empleo mediante la creación directa de puestos de trabajo, es decir, el ya mencionado programa de empleo garantizado. En resumen, tenemos la política fiscal “ortodoxa” y otra funcional de la MMT (y del postkeynesianismo). La autora sigue el mismo razonamiento que vimos con Kelton, es decir, critica la excesiva preocupación por mantener equilibrios presupuestarios y por el nivel de deuda pública, dar prioridad a la política monetaria y la aceptación de una tasa de desempleo natural.

La economista critica el “new Economic Consensus” (NEC) que se materializó en que, en nuestros días, sean los bancos centrales los protagonistas en mantener a raya la inflación por medio del tipo de interés de referencia. Examinemos esto con mayor detenimiento. Tcherneva critica el paradigma imperante en materia macroeconómica encarnada en la siguiente ecuación:

Y =  C (Y -T) + I (r) +G

Aquí tenemos que el PIB o ingreso total (Y) es igual al consumo el cual depende del ingreso disponible, es decir, ingresos menos los impuestos. Tenemos también la inversión (I) la cual es función del tipo de interés y, por último tenemos el gasto público. En resumen la producción es igual a los que se consume, se invierte y a lo que el Estado gasta. Si bien en un comienzo estuvo en boga la idea de que había que controlar la oferta de dinero para mantener a raya la inflación (como defendían los monetaristas), posteriormente la variable a controlar sería el tipo de interés de referencia y los bancos centrales mantendrían su rol medular en el control de la inflación.

A esto se fueron sumando otras ideas como la de la inconsistencia temporal, es decir, si los bancos centrales pueden comprometerse a controlar la inflación pero luego implementar una política expansionista (por ejemplo por razones políticas). De ahí la importancia de otra idea que es la regla de Taylor. Como explique en mis artículos sobre política monetaria

Esta regla deriva su nombre  del economista de la Universidad de Stanford, John B. Taylor. Fue él quien formalizó este intercambio entre inflación y desempleo. En pocas palabras, esta es una regla que se aplica a la política monetaria. En el caso de EEUU, la Fed utiliza la tasa de fondos federales como instrumento para responder a las presiones inflacionarias, así como también al aumento del desempleo. La regla se visualiza por medio de una ecuación que relaciona la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal con los niveles de inflación y crecimiento económico.

Tenemos que la tasa de interés la fijan los bancos centrales y en donde r* es la tasa “neutral”, vale decir, aquella que ni acelera ni frena la economía. Tenemos que πt es la inflación actual y π* es la meta de inflación, de manera que πt - π* mide cuanto se está desviando la inflación respecto a la meta. También tenemos que yt es la producción actual, mientras que y* es la producción potencial, por lo que aquí se mide el “output gap” o “brecha productiva”. Por tenemos que “a” es el coeficiente que mide la sensibilidad de la tasa de interés frente a desviaciones de la inflación respecto a la meta inflacionaria. Por último “b” coeficiente que mide la sensibilidad de la tasa de interés frente a desviaciones del PIB efectivo respecto al PIB potencial

Ahora regresemos a la MMT. ¿Para qué detenernos a examinar lo anteriormente señalado? Debido a que esa ecuación constituye una especie de corsé para la MMT. Peor aún y como afirma Tcherneva, el NEC sitúa la política monetaria al mando de la dirección económica. Frente a esto, la economista propone una política fiscal fundamentada en las ideas de la MMT así como del poskeynesianismo.

Para cerrar esta primera parte tenemos, en resumen, que la MMT está compuesta por un conjunto de ideas centrales. En primer lugar tenemos que la moneda fiat es una que se “liberó” del patrón oro, por lo que no está respaldada por un activo físico y no es convertible en nada físico y de valor. Además el dinero físico cada vez pierde relevancia de manera que hoy basta apretar algunas teclas para crear dinero. Por ende, la moneda fiat ha abierto una serie de posibilidades en materia macroeconómica siendo la más relevante y polémica el poder emitir dinero sin que, previamente, el Estado tenga que recaudar impuesto o emitir deuda.

Junto con lo anterior, tenemos que el Estado no puede quebrar puesto que nunca puede quedarse sin dinero. Otro punto importante es la concepción de que el dinero es una criatura del Estado y, al ser un monopolio, la gente que vive dentro de las fronteras de un Estado-nación está obligado a ocuparlo para adquirir bienes y servicios y pagar impuestos. En virtud de lo anterior, experimentos monetarios como la creación del euro constituyen anomalías que rompen con miles de años de tradición en donde es el Estado el que goza del monopolio de la emisión monetaria.

Ahora bien, como vimos, sí existe un límite y ese no uno de carácter presupuestario sino que inflacionario. Este peligro puede controlarse mediante una suerte de drenaje de dinero ya sea, por medio de impuesto mediante la emisión de deuda pública. La tasa de interés no relevante dentro de la MMT, por ende, tampoco lo es la política monetaria. Recordemos que para esta corriente de pensamiento la tasa de interés no refleja la abundancia o escasez de ahorro, es decir, rechaza la teoría de los fondos prestables y la tasa de interés es una mera decisión política y no una variable que equilibra ahorro en inversión.

Ahora pasaremos a examinar las críticas que se han realizado a la MMT.

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[1] Money, Power, and Monetary Regimes.