1/7-¿Qué es la Modern Monetary Theory? (por Jan Doxrud)
En este artículo examinaremos a grandes rasgos las principales ideas de la Modern Monetary Theory (MMT) tal como lo exponen algunos de sus teóricos, defensores y divulgadores como Warren Smoler, L. Randall Wray, Pavlina Tcherneva, Stephanie Kelton o Alberto Garzón (quien la ha difundido por diversos medios en el mundo hispanoparlante). Por ende, en primer lugar, expondremos las ideas centrales para posteriormente finalizar con algunas de las críticas que se han realizado a la MMT. Habrá varios temas que no abordaré en este artículo ya que los he abordado en otros, los cuales estarán disponibles al final de cada uno de estos artículos.
Entremos en materia, ¿cómo podemos definir a la MMT? Al parecer fue el economista de la Universidad de New Castle, Bill Mitchell, quien acuñó el término “Modern Monetary Theory”. Para algunos autores[1] la MMT puede ser entendida como un grupo de académicos, una escuela de pensamiento e incluso como una campaña política. La MMT no sería una teoría única, sino que, más bien, una mezcla de ideas heterodoxas que giran en torno a un núcleo: el neo-chartalismo (que abordaremos más adelante).
Mitchell, en una conversación con el Investment Innovation Institute[2] afirmaba que la MMT no surgió de la nada y que se fundamentaba en el trabajo de diversos economistas, principalmente, en la obra del economista británico Abba Lerner y su concepto de «finanzas funcionales» y también en el británico John Maynard Keynes. Algunos adherentes a la MMT la presentan como una teoría macroeconómica “heterodoxa” en el sentido de que se aleja (radicalmente) de la “ortodoxia” económica, es decir, toma distancia de la corriente principal o “mainstream economics” que prevalece en la academia y en quienes gestionan las políticas económicas.
La MMT suele también ser presentada como una teoría revolucionaria que representaría un cambio de paradigma en materia macroeconómica y, en términos específicos, cambaría nuestra comprensión de lo que es el gasto público, el déficit fiscal, los impuestos, la política monetaria y el dinero entre otras cosas. Por ejemplo, Stephanie Kelton escribió en su libro, su libro “El mito del déficit”
“Copérnico y los científicos que vinieron tras él cambiaron nuestro modo de entender el cosmos al demostrar que la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés. Ahora hace falta un avance revolucionario similar en cuanto a nuestra forma de concebir el déficit y la relación de este con la economía”.
Más adelante añade la economista:
“Este libro aplica la óptica de la teoría monetaria moderna (TMM) —de la que soy una defensora destacada— para explicar este giro copernicano”.
A lo mismo apunta el economista español Eduardo Garzón. En la introducción de su libro[3] afirma que la MMT ofrece “una revolucionaria forma de pensar la economía” lo cual implica dejar atrás la teoría económica convencional que nos enseña una serie de “mitos” tales como: “la austeridad es necesaria para que las cuentas públicas se saneen”, “el Estado tiene que recaudar impuestos para poder realizar sus gastos” o que “los sueldos de los empleados públicos son pagados con los impuestos que pagan los trabajadores del sector privado”.
Como explica L. Randall Wray del Levy Institute en un paper [4], la MMT no constituye una mera descripción sobre cómo funcionan las cosas, puesto que también es una teoría. Señala que la descripción sin teoría es imposible y que una teoría sin paradigma también es imposible. En virtud de lo anterior, el autor afirma que necesitamos un paradigma para formular la teoría, y una teoría para formular la descripción, puesto que sólo así se pueden abordar las políticas.
En suma, la MMT vendría a constituir un armazón teórico que proporciona una justificación para expandir el gasto público y otorgarle al Estado un (aún) más protagónico dentro del sistema económico. El ya mencionado L. Randall Wray relata en un texto[5] (transcrito a partir de una conferencia):
“En aquel entonces no se debatía la relación entre el dinero y la política fiscal. A medida que seguía leyendo sobre la historia del dinero, me convencí más de que necesitamos que el Estado intervenga en este asunto”.
Continúa relatando que fueron 2 personas las que lo ayudaron a hacer esto último: Warren Mosler y Michael Hudson. De acuerdo con Wray, medio siglo de neoliberalismo (aquí desliza el sesgo ideológico) ha llevado al mundo al borde del colapso. Si al capitalismo se lo deja a su suerte o si se lo abandona a la “mano invisible”, este se vuelve altamente insostenible desde un punto de vista económico, político, social y ambiental. Incluso llega a afirmar que el capitalismo podría autodestruirse en una generación si se le deja funcionar libremente.
Comencemos adentrándonos en las ideas centrales MMT de manera gradual. En primer lugar, comenzaré presentando un breve panorama sobre algunos temas económicos sobre los que hay cierto consenso entre los economistas (lo que la MMT denominaría convencionales o mainstream), para posteriormente continuar con la perspectiva propia de la MMT sobre estas cuestiones en el artículo n°2.
El lector puede preguntarse qué es el déficit fiscal y cómo se financia. Para responder a lo primero, debemos considerar la diferencia entre los ingresos y los gastos de un gobierno durante un período determinado. Cuando un gobierno gasta más de lo que ingresa, hablamos de déficit y, en el caso contrario, lo denominamos superávit. A continuación el lector puede hacerse una segunda pregunta ¿cómo se financia el Estado? Lo más probable es que responda mediante impuestos, deuda pública (interna o externa) o, eventualmente, que el Banco Central financie al gobierno (algo no muy recomendable).
De lo anterior se infiere que el gasto estatal se encuentra restringido y limitado por las fuentes de financiamiento mencionadas. Si el Estado quisiera aumentar el gasto tendría que endeudarse más o subir impuestos. Respecto a esto último, los políticos no pueden simplemente aumentar de manera indefinida los impuestos sin pagar costos electorales. Por otro lado, tampoco se puede abusar de la emisión de deuda interna, puesto que podría llevar a que el Estado compita tanto con las empresas y personas por los recursos disponible (el denominado efecto desplazamiento o crowding out). Esto podría traducirse en un aumento de la tasa de interés, menor inversión privada y un menor crecimiento, además del encarecimiento del crédito para hogares y empresas.
En lo que respecta a la deuda externa, esta puede tener como consecuencia, en el corto plazo, la apreciación de la moneda nacional. Lo anterior se explica debido a que las divisas que ingresan al país son cambiadas por moneda local de ese país, lo que presiona a la baja su precio (baja el tipo de cambio) y perjudica al sector exportador. En el caso de la deuda pública (interna), lo más común es que esta se pague con recursos fiscales, principalmente impuestos (aunque se puede refinanciar emitiendo más deuda) y la deuda externa debe pagarse con moneda extranjera por lo que se debe incentivar su ingreso mediante exportaciones, inversión extranjera indirecta y directa. De no contar con divisas el país puede caer en default o impago.
En lo que respecta a la monetización de la deuda, tenemos que actualmente los banco centrales (responsables) no se comportan como una suerte de billetera personal del gobernante de turno, de manera que estas instituciones son autónomas respecto a los gobernantes y conducen la política monetaria estableciendo metas de inflación. Así, los bancos centrales no pueden monetizar el déficit, es decir, que el Banco Central financie el déficit fiscal crean nuevo dinero. Todo lo anteriormente descrito no constituyen leyes rígidas, todo lo contrario, se tratan de relaciones probabilísticas que dependen del contexto y las instituciones de los países. Por último, tenemos que los gobiernos responsables procuran mantener su nivel de endeudamiento en una trayectoria sostenible, es decir, compatible con su capacidad de pago en el tiempo. Esto quiere decir que la deuda no debe crecer indefinidamente en relación con el tamaño del PIB.
Enfaticemos algunas ideas clave de lo anteriormente señalado. Tenemos que el gasto público se encuentra restringido, es decir, para gastar previamente se deben contar con esos recursos que se van a gastar y las fuentes para financiar el gasto son los impuestos y la deuda. Dicho de otra manera no hay gasto público sin financiamiento previo.
Otra tema es el de la inflación. El lector ya sabrá que consiste en el aumento sostenido y generalizado del nivel de precios. Pero esto es una sola cara de la moneda, ya que los precios no aumentan por arte de magia. Por ende la inflación ocurre cuando la demanda agregada, impulsada por una política monetaria y fiscal expansiva, sobrepasa la capacidad productiva de un país. Hay otros factores que pueden hacer subir los precios como shocks de oferta (ejemplo: aumento del precio del petróleo) o la depreciación de la moneda y la consecuente subida de los precios de los bienes importados.
También hay otros factores que pueden alimentar las espiral precios-salarios, es decir, cuando se realizan reajustes salariales que tienen como consecuencia que las empresas aumenten los precios. Por último, podemos mencionar las expectativas, vale decir, en un país donde la inflación es la regla se genera una suerte de anclaje mental o hábito consistente en que las personas piensa, actúan y toman sus decisiones convencidas de que los precios siempre aumentarán en el futuro.
¿Qué podemos decir sobre los bancos centrales? El lector sabrá que uno de sus objetivos es velar por la estabilidad del valor de la moneda por medio de la política monetaria. Esto lo hace fijando la tasa de interés de referencia lo que, a su vez, afecta a la banca comercial y el tipo de interés interbancario y, por ende, afectará a las tasas cobradas por los bancos comerciales a sus clientes. Así, los bancos centrales operan bajo esquemas de metas de inflación, por lo que la política fiscal debe operar de tal forma de que la inflación no aumente. El Banco Central no controla la inflación directamente sino que de manera indirecta por medio de las operaciones de mercado abierto.
Otra tema relevante que debemos considerar es qué entendemos por dinero. Se nos ha enseñado sobre este que es un medio de intercambio, una reserva de valor, una unidad de cuenta y un medio de pago diferido. Sumado a esto, es que la emisión monetaria es un monopolio estatal o, para ser más precisos, la emisión monetaria es un monopolio de los bancos centrales, los cuales que deben ser técnicos y autónomos del gobierno de turno.
En nuestros tiempo existe un sistema monetario basado en el dinero fiat (no se encuentra respaldado por un activo físico) siendo el Estado soberano el que tiene el monopolio de su emisión. Ahora bien, sumado al dinero legal (o base monetaria) creado por los bancos centrales, tenemos también el dinero bancario creado por los bancos comerciales a través de la concesión de créditos, dentro de un sistema de reserva fraccionaria. Por último si el dinero que tenemos no es intercambiable por nada físico de valor ¿qué es lo que lo respalda? Se nos ha enseñado que es la confianza, de ahí que a James Madison se le atribuya la siguiente frase:
“Por muy grande que sea la afluencia de dinero, si no hay confianza, el valor de las propiedades se depreciará... La circulación de la confianza es mejor que la circulación del dinero”.
Hasta aquí no estamos ante nada nuevo, por lo que debemos ahora comenzar a abordar las ideas que son propias de la MMT.
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[1] Bruno Bonizzi, Annina Kaltenbrunner y Jo Michell. Monetary sovereignty is a spectrum: modern monetary theory and developing countries.
[2] Back to the Begginings of MMT (https://i3-invest.com/2019/06/mmt-in-conversation-with-bill-mitchell/)
[3] Eduardo Garzón. La otra economía que no nos quieren contar. Teoría Monetaria Moderna”.
[4] Randall Wray. “Heuristics versus Paradigm Shift?”,
[5] Randall Wray. Modern Money Theory: How I Came to MMT and What I Include in MMT”

