2/3-Innovación, destrucción creativa e instituciones (por Jan Doxrud)
Dejemos hasta aquí el tema de la Revolución Industrial y continuemos con el tema de la innovación. Tenemos que en Europa también hubo miedo a esta, temor a todos los cambios y potenciales cambios a futuro que esta podía generar y que trascendían el ámbito propiamente económico. Por ejemplo, y como señala Ferguson, Francisco I y José II fueron el paradigma de líderes conservadores a los cuales les repelía lo nuevo y se esforzaron por mantener regímenes autoritarios, intolerantes, carente de libertades y en donde el imperio de la ley no existía. En suma, los Habsburgo se encontraban a gusto con su sociedad agrícola, su sistema de monopolios, aranceles y el predominio de los gremios en las zonas urbanas que obstaculizaba la entrada de profesionales y competencia.
Francisco I quería evitar a toda costa la concentración excesiva de trabajadores en las zonas urbanas ya que representaban un potencial peligro para su poder (la organización de las masas). Para ello, el emperador prohibió la creación de nuevas fábricas en Viena puesto que así mantendría a raya cualquier revolución. Para tales fines, Francisco I también demostró su hostilidad hacía los ferrocarriles y vías férreas. La misma actitud mostró Nicolás I de Rusia quien también quería evitar la formación de grandes aglomeraciones de trabajadores en la ciudad puesto que, potencialmente, podían constituirse en una fuerza social disruptiva del orden imperial. El temor a la organización de las masas de trabajadores y a una posible revolución era algo que ya Friedrich Engels habría planteado en su libro “La situación de la clase obrera en Inglaterra” (1845):
“Las grandes ciudades son las cunas del movimiento obrero; en ellas, los obreros han comenzado a reflexionar sobre su situación y a luchar; en ellas es donde se manifiesta primeramente la oposición entre proletariado y burguesía; de ellas brotan las asociaciones obreras, el cartismo y el socialismo”.
La modalidad de capitalismo basado en el respeto de la propiedad privada, la libre competencia, la libertad de innovar y la libre actividad empresarial chocaban radicalmente con los sistemas políticos represivos de la época. Este es un tema importante, me refiero a que la innovación tecnológica y económica suelen dejar rezagado al sistema político y este último, en su impotencia sobre como regularlas, puede transformarse en obstáculo para la innovación misma.
Había temor a aquello que no se podía controlar y que surgía desde “abajo”. En una sociedad estamental como la europea de aquella época, la burguesía constituyó un actor revolucionario (algo reconocido y destacado por Marx en su Manifiesto de 1848) que terminaría por socavar los pilares de las instituciones políticas, económicas y sociales que aún imperaban en algunas monarquías e imperios (exceptuando la ingles). Pero no podía ser de otro modo y, a diferencia de la industrialización soviética, la europea del siglo XIX no fue una impuesta desde arriba y coercitivamente por una autoridad central, sino que fue fruto de personas individuales que, por ejemplo, con sus inventos revolucionaron las economías de sus países. Como escribió Matt Ridley en su libro “El optimista racional ¿Tiene límites la capacidad de progreso de la especie humana?”:
“Por lo tanto, para explicar la economía global moderna se necesita explicar de dónde viene su máquina de innovación perpetua. ¿Qué fue lo que arrancó el creciente rendimiento? No fue planeado, ni dirigido, ni ordenado; surgió, evolucionó, desde abajo, a partir de la especialización y el intercambio. El intercambio acelerado de ideas y personas hecho posible por la tecnología impulsó el cada vez más rápido crecimiento de la riqueza que ha caracterizado al último siglo. Los políticos, capitalistas y oficiales son restos que flotan río arriba después del maremoto de la invención”.
Este proceso de cambio constante es lo que el economista austriaco, Joseph A. Schumpeter, denominaba como “destrucción creativa”, el sello del sistema económico capitalista y fobia de muchas elites conservadoras. De acuerdo con Schumpeter el capitalismo es por naturaleza una forma o método de transformación económica no estacionario, puesto que el impulso que ponía y mantenían en movimiento a este sistema era la creación de nuevos bienes de consumo, nuevos métodos de producción y transporte, nuevos mercados y nuevas formas de organización industrial que creaba la empresa capitalista. De esta manera, continuaba explicando Schumpeter, la estructura económica sufría constantemente una mutación desde dentro lo cual tenía como consecuencia la destrucción ininterrumpida de lo antiguo y la creación de las condiciones para el surgimiento de lo nuevo.
Ahora bien, la innovación no se limita solamente al ámbito económico, puesto que también podemos extrapolarlos a otros ámbitos como la física, química, biología o la astronomía. Así, y como he explicado en otro artículo, la idea de una “competencia perfecta” como ideal o referencia resulta ser un error. No se puede tener como referencia un mercado teórico (menos que leve el nombre de “perfecto”) que prácticamente no existe en la realidad. Con esto quiero dar a entender que es complejo encontrar mercado con bienes homogéneos, información perfecta, sin barreras de entrada y en donde los productores son entes pasivos o precio-aceptantes, y en donde el marketing, la innovación y la competencia no existen.
Ahora bien, la innovación no se limita solamente al ámbito económico, puesto que también podemos extrapolarlos a otros ámbitos como la física, química, biología o la astronomía. Así, y como he explicado en otro artículo, la idea de una “competencia perfecta” como ideal o referencia resulta ser un error. No se puede tener como referencia un mercado teórico (menos que leve el nombre de “perfecto”) que prácticamente no existe en la realidad. Con esto quiero dar a entender que es complejo encontrar mercado con bienes homogéneos, información perfecta, sin barreras de entrada y en donde los productores son entes pasivos o precio-aceptantes, y en donde el marketing, la innovación y la competencia no existen.
Como afirmó Schumpeter, había que echar por la borda la concepción tradicional del modus operandi de la competencia, que se caracterizaba por solo centrarse en al competencia de los precios (y noi de calidades y el esfuerzo por vender). La competencia perfecta constituye así una estructura de mercado incompatible con el capitalismo que, para Schumpeter, no era una método de transformación económico por lo que el capitalismo nunca estaba en un estado estacionario. Juntomcon esto añadía el mimso autor:
“El impulso fundamental que pone y mantiene en movimiento a la máquina capitalista procede de los nuevos bienes de consumo, de los nuevos métodos de producción y transporte, de los nuevos mercados, de las nuevas formas de organización industrial que crea la empresa capitalista”.
Como explica Israel Kirzner en su libro “Competencia y Empresarialidad” para el economista austriaco, el empresario “es la fuerza quebrantadora y desequilibrante que desaloja el mercado de la somnolencia del equilibrio”. Más adelante añade Kirzner que, para Schumpeter, el desarrollo capitalista consistía en “arranques de energía empresarial innovadora, seguidos continuamente por los imitadores y por los amantes de la rutina”.
Philippe Aghion, Céline Antonin y Simon Bunel abordan el tema de la innovación y la destrucción creativa como nuevo paradigma explicativo de la riqueza de las naciones en su libro “El poder de la destrucción creativa” (DC). Los autores definen la DC como “un proceso mediante el cual emergen continuamente nuevas innovaciones, convirtiéndomelo en obsoletas las tecnologías existentes”. Añaden que la DC es la fuerza conductora del capitalismo la cual lo renueva y reproduce de manera permanente.
Ahora bien, tal proceso no se encuentra exento de problemas, como tuvimos oportunidad de ver am propósito de la Revolución Industrial, y los autores afirman que los riesgos y turbulencias generadas por la DC deben ser administrados y regulados. Para ser más concretos, los autores se preguntan acerca de cómo se puede armonizar, por un lado, la innovación y la DC y por otro, la desigualdad y la protección del medioambiente.
Antes de continuar con el libro de los autores debemos meternos brevemente en el concepto de innovación. Siguiendo el muy recomendable texto de estudio “La Economía” confeccionado por el equipo CORE tenemos que la innovación consiste en el proceso de “invención y difusión considerado como un todo”, mientras que una invención es el “desarrollo de nuevos métodos de producción y. nuevos productos”. Regresando a la innovación, podemos diferenciar entre la innovación radical consistente en introducir una nueva tecnología o idea que no estaba disponible anteriormente, y la innovación incremental que es la mejora de un producto o proceso existente. Sumado a esto tenemos las innovaciones complementarias (lata y abrelatas) y sustitutivas (VHS de JVC y Betamax de Sony)
Por último, cabe mencionar el concepto de “sistema de innovación” que, de acuerdo con el mismo texto, son las relaciones que existen entre el Estado, empresas privadas, instituciones educativas y científicos individuales que se encuentran involucrados en este proceso de “invención, modificación y difusión de nuevas tecnologías, y la forma en que estas interacciones sociales se rigen por una combinación de leyes, políticas, conocimiento y normas sociales vigentes”.
Ejemplo de esto es Silicon Valley que constituye un cluster de innovación en donde interactúan diversos agentes: empresas innovadoras, instituciones educativas que colaboran con las empresas como la Universidad de Stanfordf y California Berkeley y el sector público. En lo que respecta a la normas sociales, tenemos que en Silicon Valley existe una cultura de emprendimiento y el estar dispuestos a asumir riesgo y a soportar la fuerte competencia.
Aghion, Antonin y Bunel, los autores plantean en su libro que la DC es un nuevo paradigma que ayuda mejor a entender la compleja pregunta sobre por qué los países crecen y se enriquecen. Así, los autores intentan trascender el denominado “modelo neoclásico” en virtud del cual el proceso de crecimiento está basado en la acumulación de capital como es el caso de la formulada por el Robert Solow en 1956. Este modelo fue en realidad el punto de partida puesto que con el tiempo otros economistas irían enriqueciendo este enfoque con otras variables explicativas. En el modelo de Solow, una economía requiere de capital para la producción y este stock de capital producto de la tasa de ahorro de los hogares. Los límites de este modelo es que nos dice solamente que a mayor capital financiado por ahorros, mayor es la producción.
Pero sucede que existen rendimientos marginales decrecientes a la hora de aumentar el número de máquinas, lo que significa que un mayor aumento de maquinaria tendrá como consecuencia un menor aumento de Producto Interno Bruto. Así, otro elemento fundamental que se debe incorporar y explicar es el progreso tecnológico que hace posible la mejora de la calidad de las maquinarias y su productividad.
En el caso de Solow, consideró el progreso tecnológico como algo exógeno y dado, de manera que no explica quién y por qué se innova y cómo es el proceso de creación de nuevas tecnologías. Cabe además añadir, como explica William Easterly en su libro “En busca del crecimiento”, que Solow aplicó su teoría únicamente para el caso del crecimiento de los Estados Unidos. En apalabras de Easterly:
“Sin embargo, su modelo se convirtió en la teoría básica del crecimiento que se enseñaba en los cursos de economía. Durante los años sesenta, los economistas aplicaron el esquema conceptual de Solow para explicar una amplia gama de experiencias de crecimiento, incluyendo las de países tropicales pobres”.
Como explica el economista Jean Tirole en su libro “La economía del bien común” en nuestros días (e incluso desde 1956), es la innovación tecnológica la que está en el centro del mecanismo de crecimiento. El modelo de Solow y la relevancia de la acumulación pueden ser aún relevantes para los países “en desarrollo” como fueron los casos de Japón después de la Segunda Guerra Mudnial y China en la década de 1980. En palabras de Tirole:
“Pero llega un momento en que la imitación de la práctica y técnicas extranjeras y la acumulación de capital se enfrentan a unos rendimientos decrecientes y ja no bastan; el país debe tomar entonces una nueva orientación y hacer que avance la «frontera tecnológica»”.
Más adelante añade el economista francés:
“La innovación que necesitan las economías que se hallan en la frontera tecnológica exige una cultura e instituciones diferentes a las de las economías de crecimiento.
Ahora bien, autores posteriores como Paul Romer, Robert Lucas, Robert Putnam y los ya mencionados Acemoglu y Robinson introducirían otros elementos como el capital humano, las ideas y el conocimiento y el capital social.
Aghion, Antonin y Bunel consideran que el paradigma “schumpeteriano” o modelo de crecimiento basado en la DC es más completo que sus predecesores. De acuerdo con este modelo, la innovación y difusión del conocimiento se encuentran en el corroan del proceso de crecimiento. De acuerdo con esto, el crecimiento a largo plazo emerge como resultado de la acumulación de innovaciones. En palabra de los autores: “Sólo mediante la difusión y sistematización del conocimiento la innovación puede ser acumulada, sin lo cual tendríamos que reinventar la rueda y, como Sísifo, escalar una y otra vez la misma montaña”.
Otra idea importante de este modelo es que la innovación depende de los incentivos y la protección de los derechos de autor, d manera que , como veremos más adelante, es importante contar con instituciones que justamente diseñen reglas que incentiven la innovación, por ejemplo, asegurando las rentas a quienes participan en este proceso. En palabras de los autores, la innovación “necesita de un entorno institucional favorable, comenzando con una buena protección de los derechos de propiedad”.
Una tercera idea de este modelo es la misma DC, esto es, que el crecimiento por DC implica una tensión permanente entre lo viejo y lo nuevo, y en la obsolescencia de innovaciones que en su momento fueron pioneras. Así, Aghion, Antonin y Bunel reconocen que existe un dilema o contradicción dentro de este modelo puesto que, por un lado, se debe incentivar y motivar a los innovadores a hacer su trabajo y, por otro, se debe desincentivar el que los innovadores de ayer utilicen sus rentas para obstaculizar las innovaciones del futuro. Por lo demás, la DC implica destrucción de empleos y la consecuente desigual distribución del ingreso. Los autores afirman que el modelo schumpeteriano predice que la innovación induce a un aumento de la desigualdad en la escala más alta del ingreso aunque también fomenta la movilidad social.
Así, se hace necesario que el Estado intervenga tanto para asegurar la competencia, así como también para asegurar una mayor igualdad en la distribución del ingreso. Respecto al tema de la innovación y el rol del Estado comentan los autores: “(…) el capitalismo debe ser regulado: si bien el capitalismo debe recompensar la innovación con rentas, debe además regularla para evitar que estas rentas conduzcan a la desaparición de la competencia, comprometiendo así las innovaciones futuras”. Por último podemos añadir la importancia de otro elemento dentro del modelo y es la competencia.
De acuerdo con los autores, estudios empíricos realizados por economistas británicos a partir de datos de empresas muestran una correlación positiva entre competencia e innovación y entre competencia y crecimiento de la productividad en un sector. Ahora bien también tenemos el efecto desestimulante que explican los autores y que sucede cuando desde un principio la competencia resulta ser alta, de manera que las empresas más lejanas de la frontera tecnológica (el límite, es decir, allí donde se encurtan las empresas pioneras) reaccionan de manera negativa.
Los autores continúan explicando que la DC no es sólo un concepto sino que es una realidad tangible y medible. Una manera de medirla es por medio del número de patentes registradas anualmente en un país o región. Otra forma es examinando el ciclo de vida de las nuevas firmas: entrada, crecimiento y salida del mercado. En tercer lugar, se puede medir la DC considerando el promedio de las tasas de creación y destrucción de empresas. En resumen, los autores resumen en tres puntos este enfoque de crecimiento de pro DC.
En primer lugar tenemos que el crecimiento es el resultado de la acumulación progresiva de conocimiento en donde cada innovación hace uso del conocimiento de invenciones pasadas. En segundo lugar tenemos lo señalado más arriba y es la existencia de un entorno institucional favorable que distorsione los incentivos de los innovadores y se fomente un entorno competitivo. En tercer lugar tenemos que las innovaciones dejan obsoletas innovaciones existentes, de manera que destruye esa fuente de rentas.
Volviendo al tema de la innovación, los autores explican que esta constituye un proceso que atraviesa varias etapas. La inversión en I+D (investigación y desarrollo) es fundamental. El primer componente hace referencia a la investigación que no necesariamente es patentable y cuyos protagonistas pueden actuar por motivaciones no económicas. El segundo componente hace alusión a la investigación aplicada. Como explicaba el filósofo de la ciencia Mario Bunge (1919-2020), la investigación se define como la búsqueda metódica del conocimiento. En segundo lugar el mismo autor define la ciencia básica como la búsqueda desinteresada de nuevo conocimiento científico, mientras que la ciencia aplicada es la búsqueda de conocimiento científico con posible utilización práctica. Lo anterior es parte del proceso de innovación.
Como explican Aghion, Antonin y Bunel, la investigación básica se lleva a cabo principalmente en las universidades y es la que denominan como Etapa 0 la cual es incierta y que, por ende, condiciona la Etapa 1 que es la de investigación a clicada y la posterior comercialización. De acuerdo con los autores la razón de que las universidades sean las protagonistas en esta etapa se debe a que constituye una etapa incierta y que procede mediante prueba y error, y sin saber son podrá llevar a una aplicación concreta. Por el contrario en la fase de investigación aplicada en donde se busca una innovación comercializable, el papel de la empresa “es conocer por adelantado en qué línea de producto deben invertir y de allí transmitir instrucciones extremadamente precisas a los investigadores que emplea”.
Por ende acá llegamos a otra diferencia y es que en la universidad hay libertad académica con el consto de que estos investigadores reciben una remuneración menor que aquellos que trabajan para las empresas. Por último, en el ámbito académico existe intercambio abierto de ideas entre investigadores, mientras que aquellos investigadores que trabajan para empresas no tienen esa libertad. En palabras de los autores: “Este riesgo se vuelve en especial agudo a medida que la innovación se acerca a la etapa de comercialización”.
“Comercialización”, uno los motores de la innovación, el obtener rentas que, dependiendo de la institucionalidad vigente, serán temporales debido a la entrada de competidores. Además, como podemos leer en el libro de texto “La Economía”, aquellos que no innovan ni copian, tienen también un incentivo para hacerlo. Esto se explica ya que, de no hacerlo, la disminución de los precios como resultado de la introducción de nuevos métodos, tendrá como consecuencia que los ingresos de aquella empresa no cubrirá el costo de oportunidad del capital. Ahora debemos preguntarnos sobre el financiamiento de la destrucción creativa abordado pro Aghion, Antonin y Bunel en el capítulo 12 de su libro. Explican que la financiación por parte de las universidades y agencias de investigación son insuficientes para estimular descubrimientos revolucionarios.
Es por ello que el investigador puede buscar apoyo en empresas privadas pero, como ya vimos, con la consecuencia de perder ciertas libertades que tiene en el ambiente universitario. Interesante resulta ser el rol del capital riesgo en este tema. Como explican los autores, el empresario visionario y arriesgado, al no poder financiar por sí mismo su proyecto, podría buscar otras fuentes de financiamiento.
El problema es que el empresario quiere retener el control de su empresa. Una primera opción es financiarse mediante deuda lo cual significa que, mientras todos marche bien, retendrá el control, pero si las cosas van mal, el control pasará a los inversores. También podría emitir acciones con derecho a voto lo cual significaría parte del control sobre la empresa. Por último, podría emitir acciones sin derecho a voto, pero el problema es que ,los inversores rechazarían esto si el empresario no cuenta con fondos propios o activos tangibles.
Por último tenemos el capital riesgo, una modalidad de contrato que estaría alineado con los intereses del empresario. Este consiste en un contrato en virtud del cual el inversor otorga una importante de las ganancias de la empresa así como derecho a veto sobre las decisiones. La particularidad de este contrato es que, con el tiempo y si la empresa va generando ganancias, entonces el inversor comenzará a involucrarse menos en la toma de decisiones de la empresa. En palabra de los autores:
“(…) a medida que la empresa crece y acumula ganancias retenidas, el inversor puede permitirse ceder al empresario los derechos de control y reducir su participación en los dividendos, ya que, si surge alguna dificultad, las ganancias retenidas pueden servir de garantía. Cuanto más deprisa crecen las ganancias retenidas u otro financiamiento externo, con mayor rapidez el inversor accederá a transferir sus derechos de control al empresario”.
Los autores citan el estudio de los economistas de la Universidad de Chicago, Steven N. Kaplan y Per Strömberg titulado “Financial Contracting Theory Meets the Real World: An Empirical Analysis of Venture Capital Contracts” (disponible en la web). En este se realiza un análisis que abarcan 203 inversiones de 14 capitalistas de riesgo en 11 empresas estadounidenses. Lo que desmuestrane estos economistas es que cuando el rendimiento financiero de la empresa es buenos, los capitalistas de riesgo aceptan una reducción de sus dividendos, así como también sus derecho a voto.
Ahora cabe preguntarse cuál es el resultado de esta temporal alianza entre empresario e inversor. Los autores citan el estudio titulado “Synergizing Ventores” de Ufuk Akcigit, Emin Dinlersoz, Jeremy Greenwood y Veronika Penciakova. Los autores muestran que el financiamiento del capital riesgo se concentró en empresas nuevas y en donde el 42% de las empresas de EE.UU con financiamiento de capital riesgo recibieron el primer financiamiento antes de haber contratado el primer empleado. Sumado a esto el financiamiento del capital riesgo estaba enfocado en empresas con un alto potencial de crecimiento. En cuanto al impacto, el estudio establece que las empresas que reciben el financiamiento del capital de riesgo crecen más rápido en comparación con aquellas que no lo reciben. En palabras de Aghion, Antonin y Bunel:
“(…) las empresas que se benefician de los capitales de riesgo tienen más posibilidades de crecer en tamaño y de incrementar su actividad innovadora. Este hecho refleja la capacidad de los capitalistas de riesgo tanto para seleccionar empresas con alta innovación y potencial de crecimiento como para proveerlas de guía”.
Los autores también abordan el rol que juegan los inversionistas institucionales (fondos mutuos, compañía de seguros, bancos, etc), para así poder saber qué sucede con las empresas un vez que madeiras y cotizan en bolsa. Añaden que si bien se podría pensar que estos inversores podrán constituir un obstáculo para la innovación, por ser cortoplacistas, los datos derriban tal preconcepción.
De acuerdo con los autores existe una correlación positiva entre el porcentaje de capital de la empresa que pertenece a inversores institucionales y la intensidad de la innovación de la empresa. Ahora bien, algunos inversores institucional invertirán recursos en investigar las capacidades y habilidades del CEO con el objetivo de saber si está en condiciones de que le den luz verde para que pueda tomar decisiones más arriesgadas. De acuerdo con los autores:
“(…) si el inversor institucional encuentra que el gerente es competente, entonces éste estará protegido de los riesgos inherentes a la innovación. En consecuencia, el mánager no dudará en embarcarse en un proyecto innovador: si el proyecto falla, el inversionista institucional protegerá su empleo, minimizando entonces el riesgo de caída, y si el proyecto tiene éxito, su reputación mejorará sensiblemente”.
Artículos complementarios
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3/6-Daron Acemoglu y James A. Robinson: Economía, Instituciones y Democracia (por Jan Doxrud)
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5/6-Daron Acemoglu y James A. Robinson: Economía, Instituciones y Democracia (por Jan Doxrud)
6/6-Daron Acemoglu y James A. Robinson: Economía, Instituciones y Democracia (por Jan Doxrud)
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6/8-Estructura de mercado: choque de enfoques (por Jan Doxrud)
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3/8- El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato. Las críticas al libro (por Jan Doxrud)
4/8- El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato. Las críticas al libro (por Jan Doxrud)
5/8- El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato. Las críticas al libro. (por Jan Doxrud)
6/8- El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato. Las críticas al libro. (por Jan Doxrud)
7/8- El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato. Las críticas al libro. (por Jan Doxrud)
8/8- El Estado emprendedor de Mariana Mazzucato (por Jan Doxrud)

