13-Los Chicago Boys y la economía chilena. Reflexiones finales (por Jan Doxrud)

13-Los Chicago Boys y la economía chilena. Reflexiones finales (por Jan Doxrud)

Ahora realizaré algunos comentarios finales. En mi opinión lo ocurrido en Chile bajo el régimen militar fue, efectivamente una revolución económica, un verdadero cambio de paradigma. Es cierto, como señalé al comienzo, que el contexto no fue uno que podríamos considerar como el más ideal: una dictadura. Es por ello que, para un sector de la población chilena, lo realizado por los economistas liberales siempre va a estar manchado por ese pecado original: el haber nacido e implementado durante una dictadura en donde se cometieron crímenes de Estado contra una parte de la población. Puedo lograr entender que ciertas personas que sufrieron ya sea directa o indirectamente la represión del régimen no estén dispuestas a reconocer absolutamente nada positivo al denominado “modelo económico neoliberal”. También existen aquellas personas que, por motivos ideológicos (sesgo anti-libre mercado), tampoco reconocerán ningún mérito o logro y, menos aun, un legado positivo de un sistema económico más cercano al liberalismo que al estatismo o modelos intervencionistas. Para ser más directo, las personas que pertenecen a la izquierda política rara vez reconocerán algún logro positivo a lo que rotulan como neoliberalismo (palabra que en sí contiene una carga negativa). Y esto es aún más potente en Chile, en donde la palabra “Chicago” y “neoliberalismo” se encuentran estrechamente vinculados con la figura del dictador Augusto Pinochet a tal punto que, para algunos, estar a favor del “modelo” es estar a favor de Pinochet.

Pero sería difícil considerar desmantelar todo el modelo (que funciona) para adoptar uno que ni siquiera existe, o existe en la cabeza de algunos críticos académicos sin experiencia práctica en el tema. Si fuésemos tan estrictos en esto, entonces incluso deberíamos rechazar las reformas de Ibáñez del Campo, así como los ideales Revolución Francesa, puesto que esta última significó una masacre de personas inocentes y el establecimiento de una dictadura jacobina cuya manera de rebatir a un oponente era por medio de la guillotina.  Mi punto es que suele suceder que lo eficiente y lo útil no nacen en los mejores contextos, pero no por eso dejan de ser útiles y eficientes, y estoy consciente de que esto puede ser algo difícil de digerir para el lector. Si el modelo heredado por el régimen militar hubiese sido realmente insostenible en el tiempo, es decir, necesitaba de la represión de las FFAA y de Orden para mantenerse, entonces este debió desaparecer con el retorno de la democracia, pero no fue ese el caso puesto que se ha mantenido y se le han hecho reformas, una suerte de “neoliberalismo”, pero con una cara más humana o social.

 Numerosos libros se han escrito (al igual que documentales) para alabar o criticar la labor realizada por los economistas de Chicago (críticas que van desde aspectos éticos hasta otros más técnicos-económicos)

Numerosos libros se han escrito (al igual que documentales) para alabar o criticar la labor realizada por los economistas de Chicago (críticas que van desde aspectos éticos hasta otros más técnicos-económicos)

 Si bien es cierto que el cambio de modelo económico se realizó en dictadura, la verdad es que las economías hoy en día se encuentran más cercanas la línea trazada por los economistas liberales chilenos que al antiguo pensamiento económico ya sea estatista-socialista (completamente enterrado y desacreditado) o de corte cepalino. Opino que es un error señalar que, por el hecho de que el modelo se haya implantado en dictadura, debe ser prácticamente desmantelado tal como lo proponen sectores más radicales de la izquierda. Lamentablemente hasta las dictadura s más feroces o regímenes autoritarios (modernización prusiana de la que habla Huneeus) pueden lograr cosas positivas (piénsense en la creación del sistema de Seguridad Social bajo el liderazgo de Otto von Bismarck durante el Segundo Reich). Incluso bajo el autoritarismo de Carlos Ibáñez del Campo se crearon instituciones como Carabineros de Chile, la Tesorería General de la República o la Contraloría General de la República e incluso un Código del Trabajo. ¿Acaso escuchamos en la actualidad voces que clamen por que se supriman estas tres instituciones? ¿Acaso los comunistas no justificaban y rehabilitan (y muchos lo hacen en nuestros días) la figura de Stalin apelando a su maravilloso plan de industrialización (Planes Quinquenales)? ¿Acaso no escuchamos a menudo alabanzas a la dictadura castrista apelando a su sistema educativo y de salud (que no es más que una farsa) 

Haciendo un ejercicio de análisis frívolo sobre este tema (al margen de consideraciones morales), si habría que evaluar bajo qué dictadura se implementó un proceso de modernización duradero y sostenido en el tiempo, sin duda la Pinochet estaría muy por encima de Castro, Mao, Stalin o la dinastía Kim (para qué decir del modelo Bolivariano o Socialismo del Siglo XXI). La industrialización bajo Stalin fue por medio del fusil (literalmente) y su sistema económico hoy en día no existe. En cuanto a China, Mao fue un personaje que devastó a su país y masacró a su propia población y de no ser por Deng Xiaoping, China hubiese seguido el mismo rumbo que la URSS. En cuanto a Cuba, ciertamente en la actualidad no constituye un ejemplo de modelo económico que valga la pena emular. Por ende el legado de los economistas liberales chileno fue haber dejado a Chile mejor preparado, en un plano económico, para el nuevo escenario internacional post-Guerra Fría, y esto es algo que hasta miembros de la Concertación, como Alejandro Foxley, han reconocido (y que le valieron cientos de inventivas y excomuniones de ciertos sectores). Por lo demás, no se precisa de una dictadura para tener un modelo como o cercano al chileno, y el mundo de hoy es una prueba de ello. En cambio, para tener un modelo estatista se hace necesario que vaya constantemente acompañada de la coacción estatal y, prueba de ello, son las dictaduras como la norcoreana, cubana y la destrucción económica y social de Venezuela, donde sus líderes se mantienes por medio de la coacción y vendiendo su soberanía económica a potencias extranjeras como China ( a cambio de cuantiosos préstamos). La economía de libre mercado no necesita de dictaduras para mantenerse en el tiempo y eso es algo que el socialismo nunca va a poder reclamar para sí. 

Captura de pantalla 2018-09-30 a la(s) 15.26.28.png

Lo que sucedió en Chile no fue un milagro y fue algo más que un cambio de modelo, puesto que fue un cambio de mentalidad, una cambio de cosmovisión acerca de qué es y como opera la economía, entendida en un sentido amplio: la acción humana, los incentivos, el comercio exterior, los mercados, la innovación, la empresarialidad, el rol del Estado, etc. Ernesto Fontaine escribía en 1988 acerca de cómo habían cambiado las cosas. Con esto se refiere a cómo había cambiado radicalmente el pensamiento económico desde, por lo menos la década de 1940, cuando predominaba la figura de Raúl Prebisch y la CEPAL. Esto se tradujo en la normalización de prácticas tales como: “crecimiento hacia adentro”, restricciones e interferencias en el libre comercio por medio de cuotas de importación, aranceles, subsidios, licencias, etc. También ha logrado cambiar lo que significa ser empresario. Antes el empresario se preocupaba más de conseguir favores del Estado, ya sea en la forma de proteccionismo por medio de cuotas, fijación del tipo de cambio, fijación de precios remunerativos, etc.

Ernesto Fontaine señala que, más que empresarios, se trataban de cortesano y estatista, que no se preocupaba de lo que realmente era importante: reducir costos, entregar un buen producto y buscar nuevos mercados. Añadía también una responsabilidad social del empresarios, responsabilidad que va más allá de pagar impuestos, respetar las leyes y ser leales con quienes compiten en el mercado. Esta responsabilidad se refiere al respeto del derecho de los trabajadores, en el sentido de dignificar su trabajo, dar estabilidad y sentido de futuro e incluso promover su mayor participación y compromiso en la empresa. Esto es aún algo complejo puesto que en nuestro país aún estamos entrampados psicológicamente en una visión en donde existe un sesgo negativo hacia la figura del empresario (para algunos un explotador) al cual se le presenta como el enemigo hacia la “clase trabajadora” (concepto bastante impreciso y confuso) la cual sólo puede buscar protección en los siempre bienintencionados sindicatos. Por otro lado también somos testigos de que los empresarios chilenos son poco dados a innovar y que a muchos les fascina el libre mercado pero más bien en sus discursos que en la práctica. En realidad la competencia no es muy del agrado de ciertos sectores empresariales.

Como señalé, no hubo un milagro chileno como señaló Milton Friedman, y los mismos protagonistas no estarían de acuerdo con este concepto de “milagro”, puesto que los milagros no tienen explicación, mientras que la economía sí la tiene.  Fue un proceso extremadamente complejo salir de la debacle económica bajo la presidencia de Allende y, ciertamente, un trayecto fue duro, puesto que se tuvo que hacer frente a crisis económica, política y social bastante profundas. Pero a la larga, el modelo prevaleció y los gobiernos de la Concertación simplemente introdujeron cambios dentro del modelo, porque el pragmatismo nos dice que tenemos que dejar y optimizar la que funciona, pero la ideología de otros señala que hay cambiar el modelo, aunque nunca se han aventurado a ofrecer una propuesta seria, mientras que otros solo ofrecen recetas que ya fracasaron en el pasado y en el presente.

Captura de pantalla 2018-09-30 a la(s) 15.31.43.png

No existe un modelo perfecto y siempre se puede perfeccionar y optimizar. Por ello encuentro un sin sentido una reciente noticia publicada por varios medios chilenos titulada “Académico estadounidense derriba el mito de que Pinochet mejoró la economía chilena”. El cientista político autor de la crítica,  Michael Ahn Paarlberg, habla de que el milagro económico chileno, atribuido por Friedman a Pinochet, constituía “una de las más grandes falsas narrativas de la historia económica moderna”. Hay que señalar que en el artículo original, el autor toca el tema a partir de otro suceso actual: la situación en Egipto y la opinión del periodista Roger Cohen de que se necesitaría un poco más de mano de hierro (una suerte de modernización autoritaria o prusiana). Más que el artículo en sí mismo, lo que llama la atención es el eco que hicieron los medios donde algunos ni siquiera explicaban el contexto o por qué el autor escribió tal artículo. Además tal artículo no aporta nada al debate, puesto que, en síntesis, señala que no hubo milagro económico, puesto que el país atravesó dos crisis que significaron inestabilidad y desempleo, es decir, ninguna novedad.

 Chile es un país que despegó y esto no se trata de mera ideología (en el sentido negativo del término: creencias que operan al margen de la realidad), se tratan de datos objetivos los cuales pueden verse por medio de indicadores, en la OCDE, el Fraser Institute de libertad económica y el índice de Desarrollo Humano, entre otros, y que nos muestra que el país ha crecido, ha logrado alcanzar cierta estabilidad, ha reducido la pobreza y destaca por sobre los demás países de la región. Pero si una persona va a establecer comparaciones entre un modelo económico realmente existente y uno utópico que solo existe en el cerebro de la persona (o en las torres de marfil universitarias) claro está que no habrá mucho que discutir con aquella persona. Desde un socialista (reformado) como Hollande hasta la prensa extranjera europea, rescatan el desempeño de la economía chilena, pero paradójicamente existe gente miope en Chile que desacredita todo esto porque existe, por ejemplo, “desigualdad” ( otro concepto impreciso y confuso) y pobreza. Peor aún, condenan el modelo económico chileno y observan y defienden a su vez uno que ya fracasó: el modelo bolivariano en Venezuela.

En fin, el tema aún divide a una parte de la sociedad y el sistema económico imperante en Chile continuará generando, por diferentes razones, desde oportunismo, ceguera ideológica o el tan enraizado sesgo anti-mercado, rechazo en parte de la población chilena.

Captura de pantalla 2018-09-30 a la(s) 15.32.44.png

 

Libros:

 -Juan Pablo Couyuomdjian (ed). Reformas económicas e instituciones políticas. La experiencia de la misión Klein-Saks en Chile.

-Patricio Meller. Un siglo de economía política chilena (1890-1990)

-Ricardo Ffrench-Davis. Chile entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad.

-Carlos Huneeus. El Régimen de Pinochet.

-Ernesto Fontaine. Mi visión

-Manuel Gárate. La revolución capitalista de Chile (1973-2003)

-Hernán Büchi. La transformación económica de Chile. El modelo del progreso.

-Francisco Rosedende (ed.) La Escuela de Chicago.

-Germán Urrea. Chile: por un nuevo modelo. Para una sociedad democrática, solidaria y sustentable.

-Manuel Delano y Hugo Traslaviña. La herencia de los Chicago Boys (http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/mc0032319.pdf)

 

-Sofía Correa, Algunos antecedentes Históricos del Proyecto Neoliberal en Chile (https://www.google.cl/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjK3Oe8x8_dAhUCIZAKHX7ZBmQQFjAAegQICBAC&url=http%3A%2F%2Frepositorio.uchile.cl%2Fbitstream%2Fhandle%2F2250%2F146089%2FAlgunos%2520antecedentes.pdf%3Fsequence%3D1%26isAllowed%3Dy&usg=AOvVaw3v5mn0DYruh9ua1RTgqhsF)