(6) La destrucción del Estado de Derecho por la izquierda. Allende y la Unidad Popular (por Jan Doxrud)

(6) La destrucción del Estado de Derecho por la izquierda. Allende y la Unidad Popular (por Jan Doxrud)

En  el  gobierno  de  la  Unidad  Popular  la acción del Presidente de la República y la de los partidos y movimientos que lo formaban sería coordinada a través de un Comité  político integrado por todas estas fuerzas. El Comité operaba de acuerdo a las orientaciones generales definidas por el programa común y  consideraba, junto con el Presidente de la República, su ejecución, la operatividad  de  los  planes de gobierno  y  en  especial  la  marcha en la aplicación de las medidas económicas, sociales, de orden público y de política internacional, así  como  la  de  racionalización,  desburocratización  y eficiencia de los servicios del Estado.

Los  partidos   que  conformaban  la  UP  no  reconocían  al  Presidente   Allende,   como   comenta Jorge  Rodríguez  Elizondo, un espacio de autonomía conceptual, prefiriendo tenerlo bajo su control cercano,  renunciando  así  a  la  tradicional  fuerza  suprapartidista  del  Presidente  de  la República. Boeninger  añade  que esta estructura que dio  origen  al   “cuoteo  político” entrabó y desprestigió la  administración  de  Allende,  socavando  su  autoridad  y  capacidad  de  maniobra.  A  esto añade Boeninger que el Partido Socialista, en el Pleno  Nacional,  aprobó  la  resolución  que  afirmaba  que los cargos que correspondieran al partido serían ocupados por militantes activos y que la proposición para su designación sería atribución  del  Comité Central, y en donde el Presidente podría solo hacer sugerencias al Comité. Las  relaciones  con  el PS no fueron mejores con la elección del representante de la corriente más radical, Carlos Altamirano, como Secretario General en el Congreso de La Serena (1971)

 Salvador Allende con el político, economista y diplomático Orlando Letelier, posteriormente asesinado por la dictadura en 1976 en Estados Unidos

Salvador Allende con el político, economista y diplomático Orlando Letelier, posteriormente asesinado por la dictadura en 1976 en Estados Unidos

Allende  y  la  Unidad Popular se embarcaron   en   un   proyecto   refundacional,  que   tenía   como objetivo apoderarse del poder  total  e implementar  la  ilusa idea de que el socialismo ( socialización, mejor  dicho  estatización,  de  todos  los   medios  de  producción  y  la imposición del igualitarismo por  medio   de   la   coacción) podía   ser   implantado  dentro  de  la   legalidad   burguesa. Su carta de presentación era la “vía chilena al socialismo”.Como señaló Allende (5 de noviembre de 1970), la “vía chilena” era un proyecto político para acceder al socialismo dentro de los marcos  de  sufragio, el  uso  de  la  institucionalidad   vigente   y   en  democracia,  pluralismo y libertad.  Tenemos  pues,  como explican Tomás Moulián y Manuel Antonio Garretón [1]existe  un  definición  negativa y positiva de la vía chilena. La  negativa  nos  señala  que  la  “vía  chilena”  es  aquella  no  sigue los caminos tradicionales de los demás procesos socialistas, puesto que no postula el uso  de  la  violencia revolucionaria como medio para romper la institucionalidad vigente y acceder al poder.

En  lo  que  respecta  a  la  definición  positiva,  esto es, lo que la “vía chilena” es, se deben considerar cinco aspectos. En primer lugar, el rol  de  la  institucionalidad y su uso para llevar a cabo el proceso de transformación integral del país  para transitar hacia el socialismo. En segundo lugar está el papel del movimiento popular, que no quedaba  reducido  a  los  partidos  políticos,  adherentes  a  la UP o al proletariado urbano y rural. El movimiento popular debía representar una amplia alianza de  clases que incluyera especialmente a las clases medias y excluyera al enemigo de clase a  saber:  la  burguesía monopólica  y  agraria. En tercer lugar tenemos las tareas programáticas de la UP.  En  cuarto  lugar se encontraba el tema  de  las  libertades  públicas  y  el  sistema  de expresión política. Por último, el rol de la violencia y las FF.AA, en donde la primera queda excluida  como  forma de acceder al poder y las segundas debían ser estrictamente autónomas y apolíticas (en  consonancia con  la  denominada doctrina Schneider). 

 Salvador Allende, Fidel Castro, Carlos Altamirano (PS) y Luis Corvalán (PC)

Salvador Allende, Fidel Castro, Carlos Altamirano (PS) y Luis Corvalán (PC)

Allende  violaba  un  dogma esencial  del marxismo-leninismo:  la  Dictadura  del  Proletariado. Allende  fue  lo suficientemente ingenuo  para  creer  que  podría  transitar  al  socialismo  por  la  vía democrática  sin  necesidad  de  la  mediación  de  la  violencia  y  el  sometimiento  violento   de   la población. Fue esta propuesta la que generó el  rechazo  de  la  izquierda  radical. Incluso  no  era  del agrado del Partido Comunista, tal como señala Boeninger:

“El  Partido  Comunista  no  compartió  el  concepto  de  la vía chilena al socialismo; en ningún momento abandona  la  tesis  de  la dictadura del proletariado como fase  necesaria  del  proceso  revolucionario”[2].

Añade el mismo autor:

“La  diferencia  entre  el  Partido  Comunista  y  la  ultraizquierda  (PS-MIR-MAPU-IC)  es  de método, táctica. Los comunistas imaginaban la construcción del socialismo como tránsito  dentro  de un  proceso de larga duración que se desarrolla, incluso, en varios gobiernos sucesivos y logra el copamiento progresivo del Poder”[3].

Luis Corvalán (1916-2010), Secretario General del Partido comunista entre 1958 y 1990, señalaba años más tarde:

“No compartíamos (el criterio de Allende) según el cual nuestra vía revolucionaria constituiría un segundo modelo de realización  del  socialismo  excluyendo o haciendo innecesaria la Dictadura del Proletariado en una determinada etapa del período de transición”[4].

Como comenta Tomás Moulián, entre  los  partido  significativos  que  conformaban  la  UP existían matices a la hora de definir la  trayectoria  concreta  de  esta forma  nueva  de realizar   el  socialismo. A esto añade:

“Los comunistas se imaginaban (…) un tránsito gradual, lento, un proceso de larga duración, con varios gobiernos sucesivos y copamiento progresivo del poder. Al contrario, algunos sectores socialistas hacían suya la divisa de que era necesario un rápido tránsito del capitalismo al socialismo, lo cual era presentado como gran lección de Cuba”[5].

 Allende Junto al Comandante en Jefe del Ejército Carlos Prats (1915-1974), Comandante en Jefe del Ejército, Ministro del Interiro y Vicepresidente de la República (1972-1973) y Ministro de Defensa (1973) asesinado junto a su esposa por la Dictadura en Argentina

Allende Junto al Comandante en Jefe del Ejército Carlos Prats (1915-1974), Comandante en Jefe del Ejército, Ministro del Interiro y Vicepresidente de la República (1972-1973) y Ministro de Defensa (1973) asesinado junto a su esposa por la Dictadura en Argentina

Pero,  por  otro  lado, despertó  fascinación  y  apoyo  en otras partes del mundo. Ahora bien, no hay que  equivocarse, como señala Boeninger, la “via chilena”  no  era  una  formulación  socialdemócrata de  estilo  europeo  que  tenía como objetivo  humanizar  el  capitalismo dotándolo de un rostro más igualitario  y   compromiso con  los   más desfavorecidos. Todo esto  es surrealista,  es decir, se quería una  dictadura (socialismo  real)  por  medio  de   una  vía  pacífica  y  que  tuviese  en  consideración  la  realidad chilena. Quizás Allende pensaba que era cosa de  tiempo  que los chilenos votaran para que expropiaran todas  las empresas, se estatizara la educación (lo intentó con la ENU) se instaurara un  sistema  de  planificación  central,  se  estatizara  la  banca ( como  se  hizo)  y  se  impusiera  una ideología oficial y se barriera con cualquier creencia que contradijera a la ideología  oficial.  En  suma la “Vía chilena al socialismo” y una contradicción en términos que ni siquiera era aceptada al interior de la Unidad Popular. Boeninger cita las palabras de José Rodríguez Elizondo, quienes explicaba que para el Partido Comunista resultó imposible armonizar las  leyes  generales de la revolución marxista-leninista con el proyecto político de Allende y la Unidad popular del que era parte.

Uno de los personajes más nefastos, así como el peor Ministro de Economía de Chile y, de acuerdo a Orlando Sáenz (presidente de la SOFOFA), el hombre más peligroso junto a Miguel Enríquez, fue Pedro Vuskovic (1924-1993). Sáenz añade que llegó a ser, hasta su caída producto de la insostenible crisis económica, más importante que el propio Salvador Allende. Él fue el responsable de diseñar e implementar el programa de una transición económica del capitalismo hacia el socialismo, por medio de un verdadera revolución en la infraestructura económica. Pero lo que obstaculizaba esta transición era la “legalidad burguesa”,

El problema con esta idea servirse de la legalidad burguesa para conquistar progresivamente  el poder para  poder  así transitar  hacia el socialismo es que existían obstáculos importantes. En primer lugar, Allende no contaba con mayoría ciudadana y no contaba con el apoyo parlamentario y con el tiempo se enfrentaría  con  el  Congreso  y  el  poder  judicial. Como bien señala Boeninger, la UP y Allende se habían comprometido a respetar las  libertades  básicas  y  el Estado de Derecho, de manera que, a falta de mayoría parlamentaria y de poder llegar a acuerdos con la DC, el gobierno de la UP quedaba reducido  a  lo  que  pudiera  lograr  a  través  de  la  facultades  del  poder  Poder Ejecutivo, comenta Boeninger. Y fue ese el camino escogido por el gobierno: el enfrentamiento.

 El todavía Senador Allende junto a el fundador de Corea del Norte, Kim il Sung en Pyongyang.

El todavía Senador Allende junto a el fundador de Corea del Norte, Kim il Sung en Pyongyang.

Allende  encomendó  la  tarea  de  buscar  formas  de implementar los cambios sin alterar la legalidad “burguesa”  a   Eduardo   Novoa   Monreal, presidente  del  Consejo  de Defensa del Estado y asesor jurídico.  Es  así  como  nace  la  idea  de  implementar  los  cambio  por medio del uso de “preceptos olvidados” que autorizarían la política de nacionalizaciones. Como explica  Augusto  Salinas, durante la brevísima  República  Socialista  de  1932,  se  dictó  un  conjunto  de  decretos  que  beneficiaban  a   las  clases  populares. Así, Allende  utilizó estos decretos  dictados  bajo un gobierno  “de  facto” (sin reconocimiento jurídico)  y  no “de  iure” como  lo  fue  la   República   Socialista.   Recordemos que  esta  República  Socialista  nació  producto  de  un  golpe de Estado pacífico que derrocó a Juan Esteban Montero. Fue  Marmaduke  Grove el hombre fuerte, un bañista, que se dejó influenciar por las ideas socialistas,  aunque,  como  señala  Felipe  Portales, tomó  distancia  de  ideas  medulares del marxismo como la separación tajante  entre  burguesía  y  proletariado,  así  como  el  desprecio  Asia  las  clases  medias.  Como señala  el  mismo  Portales,  si  bien la República Socialista duró sólo 12 días, esta tuvo importantes repercusiones:

" (...) aquel  gobierno  tuvo  una  gran  importancia  para las  décadas  posteriores  de  nuestro país. Tanto porque acentuó la connotación autoritaria  del  socialismo  chileno, como  sobre  todo,  porque  incrementó el temor social de los sectores  medios y altos a una revolución popular y dejó, por primera vez en la historia - y por varios años - una  inquietante  duda  respecto  de  la  confiabilidad  de la oficialidad de las fuerzas armadas chilenas" (Los mitos de la democracia chilena, Vol. II, p.179) 

Regresando al tema de los resquicios legales, tenemos el  Decreto  Ley  Nº 520  del  30  de  agosto  de 1932 que  facultaba  al  Poder  Ejecutivo  para expropiar industrias y empresas de acuerdo a las siguientes causales:

1) Paralización de las actividades propias de una industria.

2) El no cumplimiento  por  parte  del productor de la obligación de producir o elaborar artículos de primera  necesidad  en  las  cantidades,  calidades  y  condiciones que determinara el Presidente de la República.

3) Negativa por parte de un empresario a mantener un ritmo normal de producción.

4) Por el mantenimiento, por parte del productor o distribuidor, de stocks ocultos de artículos de primera necesidad.

5) Por especular con los precios de artículos de primera necesidad.

Como  bien  observa  Boeninger,  el  resultado  fue  que  la  legalidad  se  fue “politizando, perdiendo su legitimidad basada en su majestad formal de cuerpo  normativo  de  objetividad no  discutida”. En segundo lugar, Boeninger explica que el respeto del Estado de Derecho significaba mantener el orden público, prohibir y castigar conductas extralegales.  El  problema  es que esto constituía un problema para  el  gobierno  de  la  UP,  puesto  que  significaría  reprimir  a  aquellos   movimientos  sociales y agitaciones callejeras que tenían como  objetivo hacer  cumplir  el  programa  de  gobierno  (para qué hablar de poner límites a las acciones de la ultraizquierda). Al respecto comenta Boeninger:

“Por  todas estas  circunstancias  el  gobierno  de  Allende  no  pudo impedir que se fuera produciendo cada vez más acentuadamente  un  clima  de  indisciplina  social  e  inseguridad ciudadana con la consiguiente percepción de que el Estado de Derecho se estaba desmoronando”[6].

La Carta de Eduardo Frei Montalva a Mariano Rumor (8 de noviembre de 1973)

En suma, tal como afirmó Eduardo Frei Montalva a Mariano Rumor, Presidente de la Asociación Mundial de la Democracia Cristiana, en donde señala, sin eufemismos, que la responsabilidad íntegra de lo acontecido en Chile y que llevó al golpe de las FFAA correspondió al régimen de la Unidad Popular. Explica que la UP fue un régimen que fue siempre minoría, no sólo en el parlamente sino que en los municipios, en las organizaciones vecinales, campesinas e incluso lo estaban llegando a ser en sindicatos mineros e industriales. Igualmente fueron derrotados, salvo un sólo caso, en las organizaciones universitarias. No obstante lo anterior, el gobierno siempre operó por medio de la violencia, por ejemplo, cuando perdían alguna elección sindical, campesina o universitaria, optaban por no reconocer la derrota creando organizaciones paralelas que fueran fieles al gobierno. Incluso llegaron a plantear el establecimiento de la, ya mencionada, Asamblea Popular, así como la creación de Tribunales Populares. Añade Frei los constantes choque del Gobierno con el Parlamento y la Contraloría General de la República, así como la negativa de Allende de promulgar dos reformas constitucionales aprobadas en el Congreso. Incluso Allende apeló al Tribunal Constitucional, el cual le dio la razón al Congreso. Recuerda Frei que, cuando ganó las elecciones con un 57% (no 36%) el Partido Socialista bajo el mando de allende se negó a reconocer el triunfo y se negaron a concurrir para la proclamación en el Congreso Pleno. Incluso anunciaron que le negarían al gobierno la “sal y el agua”. Para justificar esto recurrían a la clásica retórica marxista-leninista, denunciando que el orden legal y democrático era uno de orden “burgués”. Dentro de ese clima de anormalidad política, se sumaron las voces críticas del Colegio de Abogados, Colegio Médico (Allende había sido presidente de éste), Colegio de Ingenieros, así como personas de izquierda como fue el caso del Partido Radical de Izquierda. Un punto importante fue el llamado del Secretario General del Partido Socialista, Carlos Altamirano, a que los soldados y marineros se rebelaran y no obedecieran a sus superiores. En lo que respecta a la Via Chilena al Socialismo, esta constituía una mera terminología engañosa en el sentido de que el objetivo era siempre el mismo, el totalitarismo socialista, y las diferenciad estaban en el “cómo” en la táctica para hacerlo. En esto tenemos a los moderados como el Partido Comunista y Allende, y los exaltados como Altamirano del PS, Miguel Enriquez, del MIR u Óscar Guillermo Garretón, del MAPU. En palabras de Frei:

El Presidente de la República declaraba respetar la ley, la Constitución y la democracia, pero todas sus declaraciones eran de inmediato contradichas por los hechos, ya que todos los compromisos fueron violados y todas las afirmaciones desmentidas posteriormente por sus actos.

Otra denuncia que realiza Frei es sobre la presencia de movimientos subversivos latinoamericanos que convergieron en Chile como tupamaros y otros grupos subversivos de Brasil, Bolivia y Venezuela. Denuncia que la embajada de Cuba se había transformado en un ministerio con un personal superior al del Ministerio de RREE de Chile en 1970. También trae a la palestra las denuncias realizadas por la DC en el Parlamento por la entrada ilegal de armas de procedencia checas o rusas, como fueron descubiertas posteriormente. A esto añade los subterfugios o argumentos que la Unidad Popular utilizó para explicar su fracaso económico. En primer lugar estaría el embargo por parte de una compañías específica de cobre extranjera, pero que resultaba ser insignificante y que no fue acogida por los tribunales franceses. En segundo lugar está el bloqueo, esto es, Chile no podía vender al extranjero, lo cual era falso, o que no tenía acceso a crédito externo, también falso. En palabras de Frei: “(…) con cifras dadas por el propio Gobierno anterior (el de la UP) ante el Club de París, el Fondo Monetario y otros organismos se prueba que el Gobierno de la Unidad Popular dispuso de más créditos y endeudó al país más que ningún otro en la historia de Chile en tan breve plazo”. Quizás el aspecto más grave de la carta es cuando Frei afirma que el PC y el PS habían creado organizaciones armadas (lo cual no era algo novedoso) como la Brigada Ramona Parra (PC) y Elmo Catalán (PS), así como también lo cordones industriales ubicados estratégicamente en las ciudades. Emblemático fue el indulto, por parte de Allende, de los tres asesino de Edmundo Pérez Zújovic, a quienes tildó de “jóvenes idealistas”

[1]Manuel Antonio Garretón y Tomás Moulián, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile.

[2]Ibid., 187.

[3]Ibid.

[4]Augusto Salinas, La ciencia bajo fuego. Investigación científica, Universidad y poder político en Chile, 1967-1973, p.163

[5]Manuel Antonio Garretón y Tomás Moulián, La Unidad Popular y el conflicto político en Chile, p. 206.

[6]Ibid., 191.