(I) Economía marxista: Paul Sweezy y las crisis económicas (por Jan Doxrud) 

 (I) Economía marxista: Paul Sweezy y las crisis económicas (por Jan Doxrud) 

En este escrito examinaré la idea de crisis de acuerdo al economista marxista Paul Sweezy (1910-2004) quien cursó sus estudios en Harvard y la London School of Economics. También se desempeñó como editor del Monthly Review. De acuerdo a Sweezy, a lo largo de su obra, Marx nunca perdió de vista el problema de la crisis, lo cual se ve reflejado en sus tres libros como El Capital, El Manifiesto y la Historia crítica de la teoría de la plusvalía. Sin embargo, no se encuentra nada que se aproxime a una examen completo o sistemático sobre esta materia. De acuerdo a Sweezy, la crisis como fenómeno concreto complejo no podía ser plenamente analizada en los niveles de abstracción a que El Capital se reduce. Lo que sí podemos encontrar en Marx son los problemas de la crisis que aparecen en los niveles más abstractos. 

Tal vez pueda decirse con certeza que si Marx hubiera vivido para completar su análisis de la competencia y el crédito nos hubiera dado un examen cabal y sistemático de la crisis. Resultó, sin embargo, que las crisis tuvieron que quedarse en la lista de las tareas inconclusas”[1].

Es por esta razón que, en primer lugar, los seguidores de Marx prestaron gran atención a este problema ampliando así el análisis del mismo Marx y desarrollando sus propias ideas acerca de las causas de la crisis. Independiente de las diversas teorías acerca de la crisis en el capitalismo, el hecho es que no es posible tratar este tema dentro del marco de la teoría de Marx, sin incluir los escritos marxistas posteriores. 

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Sweezy comienza con la producción simple de mercancías y la crisis. Tenemos que la existencia de un medio circulación bien aceptado y más o menos estable constituye una característica necesaria en una sociedad que ha avanzado más allá del trueque. Recordemos que el dinero cumple tres funciones fundamentales: ser reserva de valor, unidad de cuenta y medio de intercambio. En este tipo de sociedad se llevan a cabo cambios privados para satisfacer las necesidades. Así, de una sociedad en donde la forma de las transacciones es M – M se pasa a una de tipo M – D – M, propia de una sociedad más desarrollada, con un medio de circulación ampliamente aceptado, esto es, mercancía contra dinero y dinero contra mercancía. Bajo esta forma, la función del dinero es la de dividir el acto del cambio en dos partes. El dinero viene a solucionar el problema de las coincidencias de necesidades ya que el productor no estará forzado a buscar a alguien que tenga lo que él necesita y que su vez necesite lo que él tiene. La pregunta ahora consiste en  cómo es posible una crisis dentro de la organización de la producción por medio del cambio privado. En otras palabras, ¿cómo es posible que se interrumpa el proceso de circulación que se encuentra condicionado por la separación de la compra y la venta, y que esta se transforme en una crisis que termina afectando a toda la economía? Así, tenemos por ejemplo que A vende  (M – D) y, de repente, deja de comprar a B (D – M) y, como resultado, B deja de comprar a C y C, no habiendo podido vender a B, deja de comprar a D y así sucesivamente. De esta manera aparece la crisis donde cada productor ha producido más de lo que puede vender, encontrándonos así por primera vez, señala Sweezy, con una forma peculiarmente civilizada de crisis económica, es decir, la crisis de sobreproducción que, por lo demás, es el resultado de la crisis, no su causa. 

 Lo que se debería buscar es, entonces, las circunstancias que hicieron que A tomara la decisión de interrumpir el proceso de cambio de sus propios productos por el de los demás. Es el origen de esta conducta desorganizadora la que hay que encontrar. Buscar las causas en un desastre natural, un problema  con las cosechas o el desencadenamiento de una guerra sólo nos llevaría a una crisis de déficit más que de excedentes invendibles. Podríamos buscar la causa en el atesoramiento, pero sucede que este fenómeno se da de manera gradual y en un largo período de tiempo. De acuerdo a Sweezy, 

 “es difícil advertir cómo podría el atesoramiento provoca esa crisis de carácter violento y súbito a que estamos acostumbrados en el mundo moderno. Parece segura la conclusión de que, excluidos los factores externos, como las guerras y las cosechas malogradas, las crisis son posibles pero más bien improbables, o cuando mucho accidentales, bajo la producción simple de mercancías”[2].

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A continuación Sweezy pasa a revisar a Jean Baptiste Sayy la ley que lleva su nombre. En palabras del economista norteamericano: 

La ley de Say sostiene que a una venta sigue invariablemente una compra por igual cantidad; en otras palabras, que no puede interrumpirse la circulación M – D – M, y, por lo tanto, no puede haber crisis ni sobreproducción”[3].

Sweezy afirma que Say establece el dogma de la imposibilidad de la interrupción de la circulación de las mercancías M – D – M: 

Aceptando la ley de Say, a veces explícita y a veces tácitamente, los economistas clásicos cerraron el camino a una teoría de la crisis; como resultado, sus contribuciones a la materia fueron fragmentarias, inconexas y de escaso valor permanente”[4]. 

En el próximo escrito me detendré brevemente en Say para posteriormente, en el tercer escrito, continuar con Sweezy 




[1]Paul M. Sweezy, Teoría del desarrollo capitalista, 150.

[2]Ibid., 151.

[3]Ibid., 152.

[4]Ibid.