(III) Economía marxista: Paul Sweezy y las crisis económicas (por Jan Doxrud)

(III) Economía marxista: Paul Sweezy y las crisis económicas (por Jan Doxrud)

Aclarado las ideas de Say, continuemos con Marx, Sweezy y el problema de las crisis. Marx lanzó sus invectivas tanto contra Say como contra David Ricardo, ya que este último también defendía la idea de que uno produce con el propósito de consumir o vender, y que nunca se vende sino que con la intención de comprar alguna otra mercancía que pueda ser útil. En otras palabras, Ricardo defendía la idea de que los productos se compran siempre con productos o servicios, siendo el dinero sólo el medio a través del cual se efectúa el cambio. En palabras de Marx: 

Nada más absurdo que el dogma de que la circulación de mercancías presupone un equilibrio necesario de las compras y las ventas, ya que cada venta es al mismo tiempo compra y viceversa. Si con ello se quiere decir que el número de ventas efectuados es igual al número de compras, se formula una vacua tautología. Se pretende demostrar que el vendedor trae al mercado a sus propios compradores. Venta y compra forman un acto idéntico como interrelación de dos personas que actúan como polos opuestos: el poseedor de mercancías y el poseedor de dinero…Nadie puede vender si no hay otro que compre. Pero nadie está obligado a comprar en seguida de haber vendido”[1].

Ernst Mandel también rechaza esta ley de los mercados que, por lo demás, se la atribuye a James Mill, ya que no dejaría espacio a un fenómeno de sobreproducción generalizado, sino que, a uno de carácter parcial y sectorial, que va acompañada de una subproducción en otros sectores. La crítica es la misma que, en general, adoptan los detractores de Say y que consiste en afirmar que el economista francés se basaba en un sistema estático, completamente contrario al dinamismo que caracteriza al sistema capitalista. El factor tiempo es crucial, así como la incertidumbre, por  lo que en aquellos lapsos que median entre producción y venta los precios de las mercancías pueden fluctuar en direcciones que puede traducirse en beneficios o pérdidas para los empresarios. 

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Por su parte, Sweezy, siguiendo a Marx, señala que la venta y compra están separadas en el tiempo y en el espacio, y que el dinero es más que un mero medio a través del cual se lleva a cabo el cambio, ya que es “el medio” por el cual el cambio se divide en dos transacciones separadas y distintas, esto es, la venta y la compra. Así, tenemos que la forma simple M – D – M contiene en sí la posibilidad de la crisis, es decir, cuando uno vende y deja de comprar, lo que tiene como resultado la crisis y la sobreproducción. A continuación Sweezy pasa de la producción simple de las mercancías a la producción bajo el capitalismo. La forma M – D – M es característica de la producción simple de mercancías. Las M de los dos polos son, desde el punto de vista de su valor de cambio, idénticas al principio y al final, pero, desde el punto de vista de su valor de uso, M tiene un distinto valor para el productor y para el comprador. Ahora bien, la forma de circulación característica bajo el régimen capitalista es D – M – D’, vale decir, el capitalista desembolsa una suma en concepto de salarios y medios de producción, obteniendo al final del proceso productivo D + ∆D.

De esa manera, el capitalista es un individuo que lanza constantemente D a circulación con el objetivo de obtener D’, haciendo así del sistema capitalista un sistema de producción para la ganancia, lo que explica porqué este sistema es proclive a la crisis y a la sobreproducción. Se debe tener claro que M – D – M continúa en el sistema capitalista ya que los obreros emplean su dinero en la adquisición de mercancías para él y su familia, de manera que M – D – M tiene como objetivo aumentar el valor de uso. Por otro lado D – M – D’ es ajena al trabajador, así como a los simples productores de mercancías. De acuerdo a Sweezy, sería erróneo describir al obrero como alguien dominado por el deseo de ganancia o que comparte el deseo del capitalista de obtener más y más riquezas en abstracto. El autor explica que esta diferencia de conductas entre el capitalista y el obrero  nada tiene que ver con la “naturaleza humana”, sino que proviene de la diferencia D – M – D’ y M – D – M, vale decir, lo que Sweezy define como circunstancias objetivas diferentes en que cada uno está inserto. 

Por no hacer esta distinción, la teoría económica ortodoxa ha caído con frecuencia en uno u otro de dos errores opuestos: el error de suponer que bajo el capitalismo cada uno es impulsado por el deseo de obtener ganancia, o el error de suponer que cada uno se interesa solamente en los valores de uso y, por lo mismo, que todo ahorro debe considerarse a la luz de una redistribución del ingreso a través del tiempo”[2]. 

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Paso seguido Sweezy pasa a analizar la relación entre D – M – D’ y el problema de la crisis. Ya vimos que al capitalista le interesa ∆D, ya que D - D’= pv (plusvalía), pero no juzga su éxito o fracaso en base al volumen absoluto de D’, sino que el volumen de ∆D con relación a la magnitud de su capital original, esto es, ∆D/D, es decir, al capitalista le interesa aumentar la tasa de ganancia o G’. Sweezy señala que tanto en la producción simple, en el capitalismo, cualquier interrupción en el proceso de circulación, cualquier retención del poder de compra respecto al mercado puede dar inicio a una contracción del mismo proceso, a originar el fenómeno de la sobreproducción y al descenso de la producción. Pero existe una diferencia, y es que en el régimen capitalista es posible advertir lo que podría iniciar la contracción. Al respecto escribe Sweezy “que si algo le ocurre a ∆D, el capitalista reconsidera inmediatamente la conveniencia de lanzar su D a la circulación. Así, ∆D constituye ese talón de Aquiles del capitalismo que faltaba en la producción simple de mercancías”[3].

[1]El Capital, tomo 1, 122.

[2]Paul Sweezy, op. cit., 154.

[3]Ibid., 155.