Álvaro García Linera, Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, también es un representante de la “falacia constitucionalista” o “fetichismo constitucional” vale decir, aquel pensamiento ingenuo que consideran que un “Constitución” es la respuesta a todos los males de la sociedad, ya que lo que se redacta en el papel se materializa en la realidad (Nicolás Maduro, cree poder resolver los `problemas sistémicos de Venezuela por medio de una nueva Asamblea Constituyente). De acuerdo a García Linera:
2/13-El Socialismo del Siglo XXI y la arrogancia de la redención de la humanidad (por Jan Doxrud)
Fernando Atria que, haciendo uso de un lenguaje académico, nos señala que el “socialismo no puede ser una forma institucional” y que no podemos considerar una idea como muerta por la simple razón deque su correlato institucional ha fallado. Por lo tanto, el mensaje de este y otros autores es que juzguemos al socialismo como la idea benigna que es, por sus intenciones y no por los efectos que tiene en la realidad. Entonces cuando discutamos sobre el socialismo se nos pide que olvidemos todos sus correlatos institucionales, lo que significa que desechemos las experiencias nefastas de todos los socialismo reales, así como los fracasos de los socialistas utópicos del siglo XIX, ya que en realidad no responden al “ideal socialista” que, por definición, no puede fallar. Lo mismo tendríamos que hacer con el socialismo del Siglo XXI en su versión bolivariana.
1/13-El Socialismo del Siglo XXI y la evasión mediante la utopía (por Jan Doxrud)
En los siguientes artículos pasaré a realizar algunas observaciones críticas a las ideas de los autores socialistas examinados en artículos anteriores. En primer lugar comenzaré con algunas observaciones generales en relación a las ideas y conceptos planteados por los autores socialistas examinados, tales como los conceptos de libertad, igualdad y, en general, su concepción de una sociedad justa. Posteriormente realizaré algunos comentarios sobre la situación actual de Venezuela. Queda advertido el lector que no refutaré cada una de las propuestas expuestas por los autores. Lo que se hace aquí son observaciones, preguntas, dudas que quedan y que exigen cierta aclaración.
2/5-El Manifiesto Comunista (por Jan Doxrud)
El proletariado, de acuerdo a los autores, “no puede limitarse simplemente a tomar posesión a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios fines”[1]. Por otro lado, la crítica a la literatura socialista estaba incompleta, ya que llegaba sólo hasta 1847. Las ideas expresadas en el capítulo IV sobre la actitud de los partidos comunistas ante los partidos de oposición, habían quedado atrás para su aplicación práctica, “ya que la situación política ha cambiado completamente y el desarrollo histórico ha borrado de la faz de la tierra a la mayoría de los partidos que allí se enumeran”[2]. Concluyenlos autores: “Sin embargo, el Manifiesto es un documento histórico que no tenemos derecho a modificar. Una edición posterior quizá vaya precedida de un prefacio que puede llenar la laguna existente entre 1847 y nuestros días…”[3].
1/5-El Manifiesto Comunista (por Jan Doxrud)
Pasemos ahora a revisar la que es quizás la obra más accesible de Marx y Engels, me refiero al Manifiesto del Partido Comunista, una obra explosiva, apasionada y, para algunos, una verdadera profecía de lo que iba a ser el panorama social actual. En palabras de Eric Hobsbawm:
“lo que indudablemente impresionará al lector contemporáneo es el extraordinario diagnóstico del carácterrevolucionario y del impacto de la sociedad burguesa que exhibe el Manifiesto…La cuestión es que el mundo transformado por el capitalismo que él describió en 1848, enfragmentos de oscura y lacónica elocuencia, es a todas luces el mundo de comienzos delsiglo XXI”[1].
9/9-El marxismo después de Marx: del marxismo al posmarxismo (por Jan Doxrud)
Un libro importante para complementar con el de Anderson, es el del sociólogo sueco Göran Therborn titulado: “¿Del marxismo al posmarxismo?”. Therborn no se muestra de acuerdo con Anderson respecto a algunos temas sobre el desarrollo del marxismo, por ejemplo, el que éste hubiese nacido de la derrota. Escribe el sociólogo:
8/9-El marxismo después de Marx: (III) palabras finales sobre el marxismo occidental (por Jan Doxrud)
Tenemos pues que el marxismo occidental dio un giro que significó el dar la espalda a los problemas políticos y económicos que habían preocupado a Marx para deslizarse hacia la filosofía y un excesivo academicismo técnico. Cuando el marxismo occidental fue más allá de las cuestiones referidas al método, se concentró casi totalmente en el estudio de las superestructuras. Pero, como señala Anderson, “no fueron el Estado o el Derecho los que le proporcionaron los objetos típicos de su investigación. Lo que concentró el foco de su atención fue la cultura”[1].
7/9-El marxismo después de Marx : (II) el marxismo occidental (por Jan Doxrud)
Habíamos señalado en el artículo anterior sobre un cambio de foco del marxismo. Ahora bien, no sólo cambió el foco (principalmente hacia la filosofía) de atención de la nueva generación de marxistas, sino que también el ámbito donde se desenvolvían y operaban se desplazó desde las asambleas de los partidos a los departamentos académicos. La razón que explica este desplazamiento hacia la filosofía se explica por el descubrimiento y publicación de los manuscritosde Paris de 1844, publicados por primera vez en 1932 pero que, debido al ascenso nacionalsocialista en Alemania y los sucesos posteriores, su influencia inmediata quedó postergada. Estos escritos filosóficos de Marx tuvieron una tremenda repercusión en los trabajos de Henri Lefebvre, Herbert Marcuse y Georg Lukács entre otros.
6/9-El marxismo después de Marx: el marxismo occidental (por Jan Doxrud)
Continuemos nuestro recorrido y el destino del marxismo tras la muerte de Marx y Engels. Anderson destaca el surgimiento, en 1923, de un Instituto en Alemania que tendría a futuro una gran influencia, el lugar específico: Francfort. En aquella localidad se estableció un Instituto de investigación subvencionado por un acaudalado empresario alemán, Hermann Weil (1868-1927) y su hijo, nacido en Argentina, Félix (1898-1975). El primer director del instituto fue el rumano Carl Grünberg (1861-1940), considerado padre del “austromarxismo”, quien se mantuvo en el cargo hasta 1929, asumiendo posteriormente otro influyente intelectual: Max Horkheimer (1895-1973)
