8/25-J.R.R. Tolkien. Beren y Lúthien (por Jan Doxrud)

8/25-J.R.R. Tolkien. Beren y Lúthien (por Jan Doxrud)

Antes de continuar con la Segunda Edad examinaremos otros relatos que aparecen en el Quenta Silmarillion: el de Beren y Lúthien,  el de Húrin, Túrin y Tuor, y la caída de los reinos élficos. Durante la Primera Guerra Mundial y en los años inmediatamente posteriores, Tolkien comenzó a dar forma a varias de las narraciones fundamentales de su legendarium, algunas de las cuales ya hemos mencionado. Comenzaremos con Beren y Lúthien. La primera versión de Beren y Lúthien comenzó a redactarse en 1917 y continuó desarrollándose durante 1918. En esos años, Tolkien aún no podía estar plenamente junto a Edith, pues debía permanecer en el campamento militar, donde había ascendido al grado de teniente.

Edith se trasladó a vivir cerca del campamento, en Roos, un pequeño pueblo de Yorkshire. Cada vez que Tolkien obtenía un permiso para salir, ambos paseaban por un bosque cercano, donde Edith solía cantar y bailar entre los árboles. En la carta n°165 Tolkien que la semilla de la mitología de esta obra nació en el pequeño claro de un bosque pequeño repleto de flores de cicuta, cerca de Roos, en la península de Holderness. En otra carta a su hijo Christopher (n°340) afirmó lo mismo:

“Fue concebido por primera vez en el pequeño claro de un bosque repleto de cicuta en Roos, en Yorkshire (mientras me hallaba por un breve lapso de tiempo a cargo de un puesto de avanzada de la Guarnición Humber en 1917, y ella pudo vivir conmigo durante un tiempo). En aquellos días su cabello era negro azabache, su piel clara, sus ojos más brillantes que los que jamás hayas visto, y podía cantar... y bailar”.

Así, esta escena constituyó una importante fuente de inspiración para la creación de Lúthien y para el posterior desarrollo del relato de la historia de amor entre el humano Beren – hijo de Barahir de la casa de hombres mortales de Bëor y Emeldir –  y la elfa Lúthien Tinúviel, hija del rey Thingol de Doriath y de Melian la Maia. Estos son los dos personajes que forman parte de los relatos del Quenta Silmarillion a los cuales hice alusión anteriormente.

“De Beren y Lúthien” es parte del Quenta Silmarillion y es lo que examinaremos a continuación. Esta historia también la podemos escuchar en boca de Aragorn, en la forma de una canción, en La Comunidad del Anillo, en el capítulo “Un cuchillo en la oscuridad”. Quienes la escuchan son los cuatro hobbits: Frodo, Sam Pippin y Merry.

“(…) es un cuento largo del que no se conoce el fin; y no hay nadie en estos días excepto Elrond que lo recuerde tal como lo contaban antaño. Es una historia hermosa, aunque triste, como todas las historias de la Tierra Media, y sin embargo quizá pueda aliviar vuestros corazones”.

Beren era hijo de Barahir y, este último, escapando de Morgoth se había internado junto con sus compañeros en el bosque de Dorthonion donde no pudo ser encontrado por este ser maligno. Morgoth ordenó a Sauron que los encontrase y destruyera. Pero sucedió que un compañero de Barahair – Gorlim – buscaba a su desaparecida esposa Eilinel y esto fue aprovechado por Sauron quien finalmente lo capturó. A pesar de los tormentos por los cuales atravesó, Gorlim no reveló donde estaba Barahir y los demás. Después fue llevado ante el mismo Sauron quien,  aprovechándose del sufrimiento de Gorlim, le preguntó: Me entero ahora de que estás dispuesto a hacer trato conmigo. ¿Cuál es tu precio?

Gorlim pidió ver a su esposa Eilinel ya que aún albergaba la esperanza de que estuviese viva. Así, Gorlim terminó hablando y revelando el paradero de sus compañeros. Pero Sauron rió y se burló de Gorlim, y le dijo que Eilinel estaba muerta y que la figura que él había visto había sido era un fantasma creado por artes mágicas para atraparlo. Sauron cumplió su palabra y ordenó que le diesen a Gorlim una muerte cruel.

Con la información proporcionada los orcos atacaron a los fugitivos dándole muerte a todos salvo a uno – Beren – quien había sido enviado a una misión de espionaje del enemigo. Fue en un sueño en donde Beren vio el espectro de Gorlim quien le confesó su traición y le pidió que rápidmente emprendiera el rumbo de regreso para que advirtiera a su padre. Pero Beren llegó tarde y tuvo que enterrar a su padre. Tras matar al lider de los orcos en un campamento, logró recuperar la mano de su padre que tenía el anillo de Felagund. Después Beren vagó por 4 años en Dorthonion estableciendo un estrecho vínculo con la naturaleza que lo circundaba:

“(…) se hizo amigo de los pájaros y las bestias, y éstos lo ayudaron y no lo traicionaron, y en adelante no comió carne ni mató a ninguna criatura que no estuviera al servicio de Morgoth”.

Beren se vio presionado a abandonar Dorthonion puesto que Morgoth envió un ejército liderado por Sauron que llevó consigo licántropos (lykos = lobo), que son descritos como “bestias salvajes habitadas por espíritus espantosos que él había encerrado en sus cuerpos”. Con la presencia de estos seres la tierra ahora rebosaba de mal y es por ello que Beren decidió huir en dirección a Doriath teniendo que que recorrer un peligroso y oscuro camino sobre el cual Beren “nunca se refirió a él, para no recordar el horror”.

Tras este recorrido Beren pudo llegar a las fronteras de Doriath y fue en el verano cuando Beren se encontró con Lúthien, hija de Thingol, quien bailaba en los bosques de Neldoreth. Lúthien es descrita como la doncella más hermosa que jamás existió, las más hermosa de  todos los Hijos de Ilúvatar. Llevaba consigo  un vestido azul como el, sus ojos eran grises como la noche iluminada de estrellas y sus cabellos eran oscuros como las sombras del crepúsculo.  Junto con esto podemos leer:

“Como la luz que brilla en las hojas de los árboles, como la voz de las aguas claras, como las estrellas sobre la niebla del mundo, así eran la gloria y la belleza de Lúthien; y tenía en la cara una luz resplandeciente”.

Al verla, Beren se quedó sin voz y erró por los bosques intentando encontrar a Lúthien a quien había llamado dentro de su corazón “Tinúviel” (Ruiseñor). Sólo en vísperas de la primavera, cuando Lúthien entonó un canto penetrante, Beren se vio liberado del hechizo del silencio y la llamó gritando Tinúviel. Aquí nacería el amor inquebrantable entre ambos:  “Entonces ella se detuvo asombrada y no huyó más, y Beren se le aproximó. Pero cuando Tinúviel lo miró, la mano del destino cayó sobre ella, y lo amó”.

Sin embargo, cuando rompió el alba, ella se desvaneció y él comenzó a sentir su corazón árido y desamparado. Pero Lúthien regresó al lugar en que Beren se encontraba sentado en medio de la oscuridad y, en adelante, continuó visitándolo con frecuencia. Esto causó los celos de Daeron el Bardo, quien también amaba a Lúthien, de manera que denunció esto al al padre de ella: el Rey Thingol.

Este último reaccionó con furia, puesto que Lúthien lo era todo para él, estaba por encima de los príncipes elfos, por lo que menos podía aceptar que estuviera vinculada con la raza de los Hombres mortales  a los cuales “ni siquiera los tomaba como sirvientes”. Así, Thingol enfureció al oír esto e hizo traer ante su presencia a Beren como si fuese un malhechor. No obstante,  le juró a Lúthien que no lo mataría. Una vez que Thingol tuvo a Beren ante su presencia le preguntó quién era, y él respondió

“Mi destino, oh Rey, me condujo aquí, a través de peligros que aun pocos de entre los Elfos se atreverían a afrontar. Y he encontrado aquí lo que en verdad no buscaba, pero que ahora quiero tener para siempre. Porque está por encima de la plata y el oro, y ninguna joya se le iguala. Ni la roca, ni el acero, ni los fuegos de Morgoth, ni todos los poderes de los reinos de los Elfos me separarán del tesoro de mis deseos. Porque Lúthien, tu hija, es la más bella de todas las Criaturas del Mundo.”

La sala quedó en silencio tras esas palabras, puesto que a cualquier otro le hubiese significado la muerte. Pero Thingol había prometido a Lúthien no hacerlo, por lo que tuvo que idear un plan para deshacerse de él.  Beren, ya más seguro defendió el honor de él y de su padre quien había recibido el anillo del mismo Felagund en el Campo de Batalla del Norte, de manera que no soportaría que lo llamasen esclavo, espía y de cuna humilde.

Pero Thingol había prometido a Lúthien no hacerlo, por lo que tuvo que idear un plan para deshacerse de él. La Reina Melian recomendó a Thingol que se calmara y añadió:

“Porque no serás tú —le dijo— quien dé muerte a Beren; y al final lejos y libre irá guiado por el destino; no obstante, ese destino está unido al tuyo. ¡Ándate con cuidado”.

La única manera de que Beren pudiera casarse con la hija de Thingol era si cumplía una misión imposible: traer un Silmaril de la corona de Morgot. Esta era la única manera de enviar a Beren a la muerte sin romper su juramento ilusionándolo con que podría estar para siempre con su hija Lúthien.  Beren con orgullo y osadía aceptó la propuesta:

“Por bajo precio  - dijo –  venden a sus hijas los reyes de los Elfos; por gemas y por obras de artesanía. Pero si ésta es vuestra voluntad, Thingol, la cumpliré”.

En su travesía, Beren llegó al reino de Nargothrond, gobernado por Finrod Felagund, cuyos bosques eran vigilados por centinelas élficos. Al ser interceptado, mostró el Anillo de Barahir, se identificó como hijo de Barahir y solicitó ser conducido ante el rey, recordándole el antiguo vínculo de amistad que unía a su padre – Barahir – con Felagund. El rey reconoció la descendencia de Beren y escuchó por todo lo que este último había pasado. Felagund le dijo que era evidente que Thingol quería a Beren muerto, pero también vaticinaba que una tragedia se avecinaba en el futuro, puesto que los Silmarils estaban malditos.

Felagund también hizo saber a Beren que en su reino habitaban otros dos elfos que habían acumulado mucho poder y que eran los dos hijos de Fëanor: Celegom y Curufin. Le advirtió que estos dos no solidarizarían con su causa de recuperar el Silmaril de la corona de Mortgoth. Pero Felagund no quebrantó su juramento y habló antes su pueblo sobre la obligación que tenía con Beren y busco si alguno de sus capitanes lo apoyaría.

Ante esto, Celegorm afirmó que sólo los hijos de Fëanor  tenían derecho sobre los Silmarils. Por su parte, Curufin hizo ver el peligro que implicaba enfrentarse contra las fuerzas de Morgoth, lo cual podría traer la guerra y ruina Nargothrond. Así el miedo se diseminó entre muchos quienes consideraron que el sobrino de Fëanor – Felagund – no era un Valar como para darles órdenes. Así solo 10 hombres se mantuvieron al lado de Felagund y la corona pasó a su hermano Orodreth.

En la tarde de otoño Felagund, Beren y 10 hombres abandonaron el Reino de Nargothrond. En el trayecto mataron a una compañía de orcos y, gracias a las artes de Felagund, lograron cambiar de forma y rostro hasta adoptar la apariencia de los orcos. Sin embargo Sauron, desde su torre, sospecho de ellos, ya que no se habían detenido para rendir cuentas tal como lo hacían los servidores de Morgoth. La sospecha se tradujo en acción, y Saurón mandó a detenerlo y traerlos ante su presencia.

Nargothrond

Felagund no pudo derrotar a Sauron y este último terminó por despojar al grupo de sus disfraces, quedando así expuestos, desnudos y asustados. Pero Sauron aún no sabía quiénes eran, de manera que los arrojó a un profundo y oscuro foso, los amenazó con una muerte cruel sino confesaban la verdad. Al no concretarse sus deseos sucedió que uno de los compañeros fue devorado por uno de los licántropos.

Lúthien presintió el peligro que corría Beren y supo que su amado se encontraba prisionero en las mazmorras de Tol-in-Gaurhoth, sin posibilidad aparente de escapar. Decidida a rescatarlo, intentó huir de Doriath; sin embargo, Daeron la traicionó al revelar a Thingol sus intenciones. Como consecuencia, el rey ordenó que Lúthien fuera confinada en una casa de madera construida sobre las ramas de Hírilorn, el árbol más alto del bosque de Neldoreth, de la que se retiraron las escaleras para impedir su huida.

Sin embargo, Lúthien logró escapar de Hírilorn gracias a sus artes de encantamiento. Hizo crecer su larga cabellera y con ella tejió un manto oscuro que la envolvía como una sombra y estaba impregnado de un hechizo capaz de sumir en un profundo sueño a quienes cayeran bajo su influencia. Por último, con las hebras que quedaban trenzó una cuerda y la dejó caer desde la ventana. Pero, en su travesía hacia Tol-in-Gaurhoth, Lúthien fue encontrada por Huan, el gran perro lobo de Valinor que Oromë (un Vala) dio a Celegorm pero que, como veremos, terminaría por convertirse en amigo y benefactor de Lúthien y Beren.

La ambición se apoderó de los dos hijos de Fëanor quienes decidieron retener a Lúthien, creyendo que podrían obligar a Thingol a conceder su mano a Celegorm Esto acrecentaría su poder y podrían transformarse en los más poderosos príncipes de los Noldor. En virtud de estas ambiciones Celegorm envió mensajeros a Thingol con su petición. Sin embargo, Huan tomó afecto por Lúthien desde el mismo momento en que la encontró y el cautiverio de la doncella le causaba una profunda tristeza. Lúthien le hablaba de Beren, de su amor por la naturaleza y de la estrecha relación que mantenía con todas aquellas criaturas que no estaban sometidas al poder de Morgoth.

Tolkien relata que Huan comprendía el lenguaje de todos los seres dotados de voz, aunque el destino le permitía hablar con palabras únicamente tres veces antes de morir. Movido por la compasión, decidió ayudar a Lúthien: recuperó la capa que le había sido arrebatada y, como señala el relato, “por primera vez le habló, dándole consejo”. Finalmente, ambos lograron escapar de Nargothrond, llevando Huan a Lúthien sobre su lomo mientras huían del reino de Celegorm y Curufin.

Mientras tanto, en Tol-in-Gaurhoth, ya no quedaban guerreros vivos y las próximas víctimas sería Beren y Felagund. Pero cuando el licántropo fue en busca de Beren Felagund luchó contra la bestia y la mató “con dientes y manos”, pero él también terminó siendo herido de muerte. Sus últimas palabras a Betren fueron las siguientes:

“Me voy ahora a mi largo descanso en las estancias intemporales de más allá de las aguas y las Montañas de Aman. Pasará mucho tiempo antes de que vuelva a ser visto entre los Noldor; y puede que no nos encontremos una segunda vez en la vida o en la muerte, porque los destinos de nuestras gentes se apartan”.

Posteriormente llegó Lúthien y, de pen en el puente que conducía a la isla de Sauron (Tol-in-Gaurhoth,) entonó un canto que fue respondido por otro de parte de Beren. Al escuchar a Beren, Lúthien entonó un canto de gran poder y Sauron, al escucharla, supo que se trataba de la voz de la hija de Melian, una Maia que abandonó Valinor y que se convirtió en Reina de Doriath. Se dio así la oportunidad de capturar a Lúthien y entregarla al poder de Morgoth. Para concretar sus planes, Sauron envió lobos por el puente pero estos fueron derrotados por Huan, por lo que se nos relata que el mismo Sauron “tomó la forma de un licántropo, el más poderoso que hubiera andado por el mundo, y corrió a ganar el paso del puente”.

Frente a la llegada de Sauron, Huan saltó a un lado y Sauron se abalanzó sobre Lúthien. Esta al desvanecerse ante esta amenaza le arrojó a los ojos de Sauron un pliegue de su capa oscura lo que le causó una súbita somnolencia. Fue ahí cuando comenzó la lucha entre Huan y Sauron el Lobo, donde el primero logró apresar a Sauron por el cuello, aplastándolo contra el suelo. Sauron tuvo modificar su aspecto transformándose en un serpiente. Incluso regresando a su forma habitual no pudo zafarse de Huan, salvo si abandonaba el cuerpo por completo. Al final Sauron terminó rindiéndose ante Lúthien y ella tomó posesión de la isla, y Sauron finalmente pudo huir cuando Huan lo soltó.

Resultó que Beren aún vivía y ambos pudieron reunirse nuevamente. Posteriormente, enterraron el cuerpo de Felagund en la colina de su isla. Tras estos acontecimientos, Huan regresó junto a Celegorm en Nargothrond, mientras Beren y Lúthien volvieron a ser libres para recorrer los bosques. A Nargothrond comenzaron a llegar los elfos que habían estado cautivos de Sauron, quienes lamentaron profundamente la muerte del rey Felagund. Junto con ello, relataron cómo una doncella había conseguido aquello que ninguno de los hijos de Fëanor se había atrevido a hacer, lo que provocó el desprestigio de Celegorm y Curufin. Así, los habitantes del reino decidieron servir a la casa de Finarfin y reconocer como rey a Orodreth, hermano de Felagund. Este último salvó a Celegorm y Curufin de la muerte, tal como deseaban algunos de sus súbditos, y ambos hermanos abandonaron el reino para reunirse con sus hermanos en el este.

A los dos hermanos nadie los siguió y, ni siquiera Celembrimbor, quien era hijo de Curufin, aprobó las acciones de su padre y decidió permanecer en Nargothrond. Por su parte Huan sí marchó junto con su amo Celegorm, pero la lealtad del primero nuevamente sería nuevamente puesta a prueba en un futuro cercano. Su cabalgata los llevó encontrarse con Beren y Lúthien en el Bosque de Brethil. Ante esto, Celegorm atacó a Beren mientras que Curufin se inclinó y alzó a Lúthien sobre la montura. Pero este último no anticipó que Beren saltaría sobre su caballo y lo derribara y comenzara a estrangularlo en el suelo. Aprovechando la situación Celegorm cabalgó con una espada hacia Beren pero aquí intervino Huan saltándole encima.

Lúthien prohibió la muerte de Curufin y Beren lo liberó sin antes despojarlo de sus pertrechos y armas, y le arrebató el cuchillo Angrist forjado por Telchar de Nogrod y que “atravesaba el hierro como si fuera madera verde”. De esta manera ambos hermanos pudieron huir pero en una cobarde acción, Celegorm disparó una flecha a Lúthien la cual fue interceptada por Huan, pero la segunda flecha lanzada por Curufin sí dio en el pecho de Beren. Sin embargo, pudo ser curado con las hierbas del bosque traída por Huan y las artes y el amor de Lúthien.

Tras recuperarse, Beren, al ver que Lúthien estaba a salvo y en compañía de Huan, decidió continuar con el compromiso que había contraído con el Rey Thingol. Partió rumbo al norte, hacia el Paso de Sirion, para llegar a los límites de Taur-nu-Fuin, desde donde se veía a lo lejos los picos de Thangorodrim. Estas “Montañas de la Tiranía” fueron levantadas en Morgoth poo encima de Angbang, la fortaleza-mazmorra de Mortgoth en el noroeste de la Tierra-Media. Dad la peligroso desafío que el esperaba, Beren compuso la “Canción de la Partida en alabanza de Lúthien y de las estrellas del cielo”.

Lúthien logró escuchar la canción y, montada sobre Huan, se dirigió hacia donde estaba Beren. Durante el trayecto ambos adoptaron formas horrendas, Huan el de el licántropo Draugluin, y Lúthien el del horrendo murciélago Thuringwethil (“Mensajera de la Sombra Secreta”, la mesajera de Sauron). Ambos finalmente lograron reunirse con Beren, pero este último, si bien estaba contento, también lo invadió la angustia por el peligro que corría Lúthien y por ello maldijo tres veces a Thingol. Aquí fue cuando Huan habló por segunda vez y le hace ver  no podía salvar a Lúthien de la sombra de la muerte, puesto que por amor se había sometido a ella.

La travesía continuó y los tres adoptaron la forma de seres malignos, llegando al valle que se extendía fretne a las Puertas de Angband:

“(…) junto al camino se abrían unas grietas negras por donde salían criaturas parecidas a serpientes que se retorcían. Los acantilados se levantaban a un lado y a otro como muros fortificados y sobre ellos se posaban aves carroñeras que lanzaban horribles gritos”.

En las Puertas de Angband había un guardián, y no cualquier: se trataba de Carcharoth. Esta bestia, desde que era un cachorro de la raza de Draugluin, fue alimentado por la propia mano de Morgoth con carne viviente, y depositó en él su poder, para que pudiese enfrentar a Huan. Así, se nos dice que lobo creció rapidamente y que, a los pies de morgoth, “se llenó de un espíritu devorador, atormentado, terrible, y fuerte”. La gran bestia le cerro el paso a los tres viajeros puesto que olía algo extraño. Fue en ese momento cuando un poder ancestral – heredado de antiguos ancestros divinos – se apoderó de Lúthien, quien tras despojarse de su disfraz, se acercó a Carcharoth y, levantando la mano, le ordenó que durmiera.

De esa manera pudieron cruzar la puerta y llegar hasta el trono de Morgoth, pero sucedió que Lúthien perdió su disfraz por voluntad de Morgoth quien le habái clavado la mirada. Ante esto, Lúthien “le dio su nombre y ofreció cantar ante él a la manera de un trovador”. Morgoth, al observar la belleza de Lúthien “concibió pensamientos de una malvada lujuria” y se recreó secretamente en sus propios pensamientos. Pero esto termianría por ser una trampa que no advirtió, ya que Lúthien de pronto desapareció de la vista de Morgoth y comenzó a entonar una canciones “de sobrecogedora belleza” desde las sombras que terminó por cegar a Morgoth.

El peso de la corona dobló el cuello de Morgoth y Lúthien echó su capa sobre los ojos de Morgoth quien quedó sumido en un sueño “temeroso como el Vacío Exterior por el que una vez él había caminado”. De esta forma este ser maligno se derrumbó quedando postrado boca abajo  y la corona se deslizó de su cabeza. De esta manera Beren pudo obtener el Silmaril de la corona pero comoetió el error, puesto que al verse tentado de llevarse las otras dos, el cuchillo Anrist se fragmento, y uno de los fragmentos de la hoja hirió y despertó a Morgoth y sus huestes.

Los tres huyeron rápidamente pero se encontraron nuevmente con Carcharoth quien lanzó su primer ataque contra Lúthien. Beren reaccionó protegiédola y manteniendo el Silmaril en su mano derecha. La bestia no se dejó amedrentar y aarrancó con sus fauces la mano de Beren, tragándosela junto con el Silmaril. Pero esta acción terminó por perjudicar a Carcharoth:

“En ese momento una llama de angustia le llenó las entrañas, y el Silmaril le quemó la carne maldita. Aullando huyó delante de ellos, y los muros del valle de la Puerta retumbaron con el clamor atormentado de Carcharoth”.

Así, esta bestia deambuló devorando todo lo que se encontrara a su paso y no sería la última vez que Beren y Lúthien lo verían. La salvación de nuestros tres protagonistas vendría de las “garras” de Thorondor el “Rey de las Águilas” y las demás águilas, las cuales los dejaron en las fronteras de Doriath. Las águilas son recurrentes en los relatos de Tolkien y en las diversas mitologias de distintas culturas. En el “Diccionario de Símbolos” de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant se puede leer que el águila es un ave soberana, equivalente en el cielo del león sobre la tierra, mientras que  en Diccionario de Símbolos”, Juan-Eduardo Cirlot escribió:

“El poder de volar y fulminar, de elevarse para dominar y destruir lo inferior es con seguridad la idea esencial de todo el simbolismo del águila, que, como ave de Júpiter, es la tempestad teriomórfica, el antiquísimo «pájaro de la tormenta», procedente de Mesopotamia a través del Asia Menor”.

Cuando Lúthien perdía todas las esperanzas, Beren despertó, desde al ataque de Carcharoth, fue conocido como Erchamion (el Manco). En un comienzo no regresaron al reino de Thingol, pero Beren, no pudiendo olvidar su juramento de regresar a la capital Menegroth y que no podía mantener alejada a Lúthien de Thingol, decidió regresar. Además podemos leer:

“Porque se atenía a la ley de los Hombres, y creía peligroso hacer caso omiso de la voluntad del padre, salvo en extrema necesidad; y le parecía también inadecuado que alguien de tan real linaje y hermosura como Lüthien viviera siempre en los bosques, como los rudos cazadores entre los Hombres, sin casa, ni honor, ni las cosas bellas que deleitan a las reinas de los Eldalië”.

A su regreso, Beren condujo a Lúthien ante el trono de su padre, y este último se mostró asombrado, puesto que pensaba que  Beren estaba  muerto. Pero aun así se nos dice que no lo amaba,  debido a los dolores que había traído a Doriath. Pero Beren se arrodilló ante él y dijo: “Vuelvo según la palabra dada. Vengo a reclamar lo mío”. Thingol exigió que le mostrara la joya. Beren tendió su mano izquierda pero, al abrir los dedos, estaba vacía, y en su brazo derecho ya no tenía su mano. Este gesto apaciguó a thingiol e invitó a Beren a sentarse a la izquierda de su trono y a Beren a su derecha.

Pero, como nos relata Tolkien, “la sombra cayó sobre la alegría de Doriath” por la presencia de Carcharoth. Se tomo la decisión de salir a cazarlo y en esta peligrosa empresa aprticiparon Huan, Mablung (primer capitán de Thingol), Beleg (arquero y jefe de los guardianes de la frontera de Doriath), Beren y Thingol.  En un momento en que Huan estaba ausente buscando a la bestia, Carcharoth se abalanzó desde los espinos sobre Thingol, pero Beren intentó atacrlo con una lanza, pero Carcharoth lo terminó derribándolo y mordiéndole el pecho. Después apareció Huan e inició una feroz batalla contra su enemigo:

“(…) nunca hubo batalla entre perro y lobo que igualara a ésta, porque en los aullidos de Huan se oía la voz de los cuernos de Oromë y la ira de los Valar, y en los alaridos del lobo estaban el odio de Morgoth (…)”.

La batalla terminó con el triunfo de Huan, pero Beren había sido gravemente herido y junto a él lloraba Thingol. Huan, mortalmente herido por el veneno de Morgoth que se había introducido en su cuerpo, se acercó a Beren y habló por tercera vez para despedirse antes de morir. Beren lo único que pudo hacer fue poner su mano en la cabeza del perro, puesto que no podía hablar. Por su parte Mablung abrió el vientre de Carcharoth para extraer el Silmaril y la puso en la mano viva de Beren quien, finalmente, pudo entregársela a Thingol: “Ahora —dijo— mi misión está cumplida, y mi destino ha sido forjado. —Y ya no habló nada más”.

Beren y Huan fueron transportados a Menegroth sobre una litera de ramas. Esta ciudad y sus cuevas habían sido cosnstruida por los enanos para Thingol y Melian A los pies de Hírilorn apareció Lúthien quien abrazó y besó a Beren diciéndole que la esperara más allá del Mar Occidental “y él la miró a los ojos antes de que el espíritu lo abandonara”. Así, el espíritu de Belen demoró en  las Estancias de Mandos, el Vala encargado del juicio y la custodia de los espíritus de los muertos. Ahora bien, recordemos que el destino del espíritu de hombres y elfos es distinto y considerando esto, Lúthien tuvo que tomar una decisión. Para ello su cuerpo abandonó su espíritu y se dirigió a las Estancias de Mandos ante quien se arrodilló y le canto:

“(…) Lúthien compuso dos te-mas: el dolor de los Elfos y la congoja de los Hombres, Los Dos Linajes que hizo llúvatar para que morasen en Arda, el Keino de la Tierra, en medio de las estrellas innumerables”.

Ante esta escena de tristeza, Mandos se vio profundamente conmovido como nunca antes lo había sentido. Mandos terminó conovocando a Beren ambos pudieron reunirse nuevamente, pero suecdía que mandos carecía del poder de retener los espíritus de los Hombres muertos dentro de los confines del mundo. Para ello recurrió a Manwë, Señor de los Valar quien, tras meditarlo profundamente, dio dos opciones a Lúthien. Podía ir Valinor y habitar entre los Valar, en donde el recuerdo de sus penas se iría desvaneciendo con el tiempo, pero Beren no podría seguirla.

La segunda alternativa era renunciar a su inmortalidad para regresar junto a él a la Tierra Media, donde ambos vivirían como mortales durante un tiempo limitado, sin ninguna garantía de felicidad, hasta afrontar juntos una segunda y definitiva muerte.  Lúthien eligió esta segunda opción. Así, Beren y Lúthien regresaron a la Tierra Media y se establecieron en Tol Galen, la Isla Verde del río Adurant, donde vivieron juntos el resto de sus vidas hasta su muerte definitiva. Sobre este episodio comenta Carpenter:

“Este cuento de hadas profundamente romántico continúa una gama de emociones más extensas que cualquier obra anterior de Tolkien, logrando por momentos una intensidad de pasiones wagneriana. Es también la primera de sus historias en que aparece el elemento de la búsqueda, el viaje de los dos amantes a la terrible fortaleza de Morgoth en donde esperan cortar un Silmaril de la Corona de Hierro, tan destinado al fracaso, se nos ocurre, como la tentativa de Frodo de lleva el Anillo a su destino”.

Como explicó Aragorn a los cuatro hobbits en La Comunidad del Anillo, Lúthien fue la única entre los Elfos que murió verdaderamente y abandonó el mundo. Sin embargo, Aragorn añadía que, a partir de ella, el linaje de los antiguos señores Elfos continuó entre los Hombres:

“Viven todavía, aquellos de quienes Lúthien fue la ante-cesora, y se dice que su línea no se extinguirá nunca. Elrond de Rivendel pertenece a ese linaje. Pues de Beren y Lúthien nació el heredero de Thingol, Dior; y de él, Elwing la Blanca, que se casó con Eärendil, quien navegó más allá de las nieblas del mundo, internándose en los mares del cielo, llevando el Silmaril en la frente”.