1/2-Mao Zedong, la Revolución Cultural y el descenso hacia el caos: (por Jan Doxrud)

1/2-Mao Zedong y el descenso hacia el caos: la Revolución Cultural (por Jan Doxrud)

En estos dos artículos abordaremos un violento episodio acontecido en la China bajo la dictadura de Mao Zedong (1893-1976): la denominada “Revolución Cultural”. Como afirma John K. Fairbank en su libro “China, una nueva historia”, para comprender esta caótica etapa se debe, en primer lugar, comprender la figura misma de Mao. De acuerdo con el autor el dictador chino había adquirido algunas prerrogativas de un emperador, figura que mezcló con la del líder rebelde que también encarnaba ante las masas. Así, este detentaba el poder de un emperador moderno, pero con la autoimagen de un líder revolucionario. A esto añade Fairbank:

“(…) una vez que el PCCh asumió el poder su líder se tornó sacrosanto; superior a todo el resto de la humanidad, no sólo se volvió objeto de veneración, sino también reconocido jefe supremo de todos y cada uno de los miembros de la organización. Tan grande había sido la contribución de Mao a la configuración del PCCh que éste podía considerarse como obra suya, y si quería reformarlo estaba en todo su derecho.”

¿En qué consistió la “Revolución Cultural? Fairbank pide imaginarnos que un día presidente de los Estados Unidos hiciera un llamado a los estudiantes de educación superior a ponerse una banda en el brazo y comenzaran a acosar y recriminar a los ciudadanos a lo largo de todo el país. Sumado a esto esos mismos jóvenes son instados a tomarse los municipios, centros comerciales y servicios gubernamentales.

Podríamos continuar con este ejercicio e imaginar que los jóvenes comienzan a golpear a profesores, a humillarlos en público y a apalearlos hasta la muerte. Pero no quedándonos ahí, también comienza a surgir luchas violentas entre estos mismos jóvenes que cada vez se radicalizan más. Finalmente, el presidente se da cuenta que su llamado a la violencia se salió de curso, por lo que utiliza al ejército para imponer nuevamente el orden. Algo similar aconteció en China.

¿Qué fue la Revolución Cultural? Como examinaremos, fue un proceso en donde el líder chino exhortó a las masas estudiantiles a que dieran rienda suelta a su fanatismo revolucionaria para que pudieran “purificar” a la sociedad, al PCCh, a la burocracia y la intelligentsia de elementos corrosivos que amenazaban a la revolución. Para Mao en la sociedad socialista la lucha de clases aun continuaba por lo que había que extirpar todos aquellos elementos contrarrevolucionarios, burgueses, así como a las nuevas élites. Esto dio rienda suelta a episodios de violencia simbólica y física extrema.

En suma – y como explica Philip Short en su biografía de Mao – el propio régimen describía a la Revolución Cultural como una revolución que penetraba el alma misma del pueblo y como una tendencia irrefrenable que debía derrotar a la ideología feudal y burguesa, y propagar la opinión del proletariado. Aquí los protagonistas fueron los “Guardias Rojos”, integrados mayoritariamente por jóvenes, y que estaba lejos de ser una institución profesional como el Ejército de Liberación Popular y de ser un bloque homogéneo, ya que incluso, durante la Revolución Cultural, hubo enfrentamientos entre estos mismos.

La revolución cultural tenía como objetivo salir del anquilosamiento y burocratización, reanudar el fanatismo revolucionario y consolidar el culto a Mao Zedong. Como afirma Fairbank, la duración nominal de este proceso fue desde comienzos de 1966 a abril de 1969, pero añade que otros autores señalan “que el tipo de actividades que la caracterizaron continuó de hecho durante una década, hasta 1976”. Pero antes de entrar en esto, debemos examinar como se fueron desenvolviendo los hechos que desencadenaron este violento proceso.

De acuerdo con Jonathan D. Spence en su libro “En busca de la China Moderna”, Mao se habría sentido amenazado hacia finales de la década de 1950. La razón es que altos miembros del partido no concordaban con su visión acerca de cómo gobernar que, para Mao, consistía en promover la lucha constante. A esto tenemos que añadir el fracaso de políticas como el “Gran Salto Adelante” que había significado no solo el fracaso del proceso de industrialización forzada, sino que también la muerte de millones fruto de la gran hambruna. Un personaje que jugaría un rol central en reavivar el culto al líder chino fue Lin Biao. Fue este último – un veterano comandante nacido en 1907 – quien se propuso reconstruir el culto a Mao.

Mao y Lin Biao

Lin Biao tenía bajo su poder el Ministerio de Defensa y era jefe de facto del Ejército Popular de Liberación (1959) en reemplazo de Peng Dehuai. Este último había criticado abiertamente el “Gran Salto Adelante” en el Séptimo Congreso del PCCh, lo que le significó su caída en desgracia. Para fortalecer la imagen de Mao, Lin Biao comenzó a recopilar aforismos de los disitntos documentos y discursos de Mao y, para 1963, ya se estudiaban y debatían las “Citas del Presidente Mao Zedong” en el EPL. En estos, comenta Spence, se ponía énfasis en el autosacrificio, la autosuficiencia, el mantenimiento del fervor revolucionario y la continuación de la lucha.

Otra medida que llevó a cabo Lin Biao fue el adoctrinamiento del ELP utilizando, entre otras estrategias, la promoción de la figura de Lei Feng, una espeicie de de “Stajanov” chino, que encarnaba todos los valores del buen revolucionario maoísta. Incluso se hizo circular el diario de Lei Feng que, en realidad, era falso y producto de los propagandistas del EPL. En palabras de Spence, Lei Feng representaba al soldado entregado al servicio y la obediencia. Junto con esto, era una figura cuya individualidad estaba completamente subordinanda al ideal mayor o a la utopía final del maoísmo.

Lin Biao también extendió su poder e influencia fuera del EPL, por ejemplo, en el aparato de seguridad interna,  en la burocracia cultural y en las escuelas y fábricas en donde estableció oficinas con personal del EPL. En palabras de Spence:  “Los intentos de Lin Biao de adoctrinar al EPL en la ideología maoísta y controlar la disensión en potencia mediante la base institucional más amplia que estaba forjando hicieron de él una figura formidable”. En 1965 Lin biao llegó al extremo de abolir las graduaciones e insignias para borrar toda jerarquía y desigualdades de status. En palabras de Spence: “En lo sucesivo los oficiales y los soldados del EPL no podrían distinguirse unos de otros cuando vistieran uniforme y compartirían muchas de las tareas corrientes de la vida”.

Lin Biao no era el único aliado infkluyente que tenía Mao, puesto que también estaba su tercer esposa, Jiang Qing (1914-1991), una actriz de cine y teatro en Shanghai y Shandong, y que se convirtió en compañera de Mao en 1937. Otro aliado destacado por Spence fue Kang Sheng (1898-1975), hombre formado por la NKVD soviética, importante dentro del sistema de seguridad nacional y que se había convertido en asesor de Mao en materias relacionadas con la interpretación de la política y las declaraciones ideológicas soviéticas. Al igual que Mao, Kang Sheng consideraba que la revolución estaba sinedo amenazada, tal como comenta Spence:

“En el decenio de 1960 también él estaba convencido de que la cultura china se estaba impregnando de un malsano espíritu de crítica dirigido contra el Partido Comunista e incluso contra el presidente Mao. Kang Sheng pidió encarecidamente que la literatura y el arte chinos volvieran a tener una visión más pura de la revolución, que se inspirara en los obreros y los campesinos y que, a su vez, fomentase la aparición de escritores entre las filas de los trabajadores en lugar de entre los viejos intelectuales que todavía parecían dominar una parte tan grande del mundo cultural del país”.

Jiang Qing

Una polémica importante y punto de partida de la Revolución Cultural aconteció dentro de los círculos intelectuales en donde el protagonista fue el vicealcalde de Pekín, historiador, escritor y experto en la dinastía Ming (1368-1644): Wu Han (1909-1969). De acuerdo con Spence, durante el “Gran Salto Adelante”, Mao lo invitó a escribir sobre Hai Rui (1514-1587), el funcionario Ming que luchó por los derechos del pueblo y en contra de la burocracia. Así, el historiador escribió sobre cómo Hai Rui quien, a pesar de mantenerse leal al emperador, lo criticó por su despilfarro de recursos mientras el pueblo se encontraba viviendo en la pobreza y al límite de la rebelión. Pero fue otra publicación de Wu Han en 1961 en el “Diario del Pueblo” el que gatilló los problemas.

En este Hai Rui era alabado como un hombre de valor eterno y quien no se dejaba intimidar por amenazas de castigo, mientras que al emperador se lo describía como alguien dogmático y poco receptivo ante las críticas y deseoso de la inmortalidad. Sería en 1965 cuando Mao y sus seguidores denunicarían este escrito de Wu Han por ser un ataque alegórico a Mao en donde Hai Rui sería – el ya mencionado – Peng Dehuai. Ahora bien, Spence explica que Wu han y otros eran parte de una gran corriente de obras alegóricas y críticas.

Wu Han no sufrió inmediatamente, en 1965, las represalias de los aliados de Mao, pero sí constituiría el inicio de un gradual proceso en donde Wu Han sería criticado, denigrado y confinado a arresto domiciliario a medida que avanzó la Revolución Cultural.  Fue un amigo de Jian Qing, de nombre Yao Wenyuan (1931-2005), quien criticó en un artículo a Wu Han, donde lo acusaba de negar principios fundamentales del maoísmo, como por ejemplo, el rol de las masas populares como la fuerza motriz de la historia. Como explica Spence, según Yao Wenyuan, Wu Han defendía la idea de que los individuos morales “podían trascender de un modo u otro las realidades económicas y sociales de su tiempo”.

En 1966 continuó el asunto sobre Wu Han. Spence señala que fueron dos grupos los que se reunieron para abordar este caso. El primero se reunió bajo la dirección de Peng Zhen (1902-1997), alcalde de Pekín y miembro del Comité Permanente del Politburó. Este grupo era integrado por altos cargos de la prensa, académicos,  miembros del Ministerio de Cultura, intelectuales y burócratas del partido. El otro grupo, con sede en Shanghai estaba bajo la orientación general de Jiang Qing y era la facción radical que abogaba por una “purificación socialista del arte”.

Volviendo al asunto de Wu Han, el primer grupo intentó bajarle el perfil señalando que se trataba de un debate académico y no de uno político crucial. Por otro lado, el grupo radical puso sus esfuerzos en enaltecer el pensamiento de Mao llegando a afirmar, como señala Spence, que constituía un “nuevo avance de la visión marxista-leninista del mundo” y que China aun se encontraba bajo la dictadura de una siniestra línea antisocialista contra el partido. Esta línea siniestra estaba encarnada por ideas burguesas y revisionistas que permeaban la literatura y el arte, y en donde Wu Han representaba el ejemplo perfecto de aquello. Por su parte, Lin Biao afirmaba que debía ser el proletariado el que debía ocupar las posiciones en la literatura y el arte, de lo contrario sería la burguesía lo que lo haría. Al respecto concluye Spence:

 “Así se trazaron por fin las líneas, más allá de toda mediación eficaz, para la catastrófica fase central de lo que Mao y sus partidarios llamaron «Gran Revolución Revolución Cultural Prolertaria»”.

El Libro Rojo de Mao

Mao y sus adherentes crearían el Grupo de la Revolución Cultural con el objetivo de organizar y dirigir el movimiento, algo que les resultaría cada vez más complejo. Ahora bien, Spence destaca otros “impulsos” que explican el desencadenamiento de este proceso revolucionario. En primer lugar estaba el letargo y anquilosamiento en el que había caído la revolución, lo que se tradujo en la insturación de una gran burocracia incapaz de tomar desiciones rápidas e innovadoras.

Por su parte, John K. Fairbank añade que Mao estaba preocupado por la progresiva acumulación de instituciones del gobierno central, así como también de los diversos niveles de funcionarios y cuadros. A esto añade el mismo autor que Mao “sentía que allí el burocratismo corrupto había destruido el ideal de un gobierno”. Así, Fairbank explica que el timonel chino emprendió un ataque instintivo contra la clase dirigente que él mismo había ayudado a conformarla. El soporte teórico detrás de esta acción era que  la lucha de clases todavía continuaba bajo el socialismo.

En segundo lugar (segundo impulso), Spence destaca el hecho de que Mao era consciente de su avanzada edad (73 años) y temía que algunos de sus colegas pudieran dejarlo fuera del juego del poder. Ya se señaló que Mao era también consciente de que no contaba con un apoyo unificado de los principales jerarcas y este peligro también afectaría a otras facciones – como la de Shanghai – que también podrían perder su poder (por ejemplo Lin Biao o Jiang Qing). Por último cabe destacar la existencia de jóvenes y estudiantes frustrados y furiosos a lo largo del país que constituirían una masa que acogería con fervor los llamados de Mao a “hacer la revolución dentro de la revolución”.

 

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