8-Hablemos del Lenguaje: Noam Chomsky, conductismo e innatismo (por Jan Doxrud)

 

“No hay estupidez que la sintaxis no redima”

(Nicolás Gómez Dávila, Escolios a un texto implícito I. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1977)

8-Hablemos del Lenguaje. Lenguaje (continuación) + Noam Chomsky, conductismo e innatismo (por Jan Doxrud)

Noam Chomsky, célebre lingüista del MIT ( y más celebre aún como polémico comentarista político) abordó el lenguaje desde un punto de vista estructural, es decir, lo explicó en términos de un conjunto finito o infinito de oraciones, en donde cada una de ellas consta de una longitud finita y es construida a partir de un conjunto finito de elementos. Este enfoque ya había sido iniciado en la segunda mitad del siglo XVII por los fundadores de la denominada “Escuela de Port-Royal”: Claude Lancelot (1615 - 1695) y Antoine Arnauld (1612 - 1694). Oswald Ducrot explica que la “gramática general” de esta escuela se propuso enunciar ciertos principios a los cuales obedecen “todas” las lenguas, de manera que su proyecto apuntaba a definir el lenguaje. Así, las lenguas particulares son casos particulares de un fenómeno más amplio que le subyace: el lenguaje. Así Ducrot continúa explicando que si todas las lenguas poseen un fundamento común es porque tiene por objeto permitir a los eres humanos “significar”. En virtud de lo anterior, lo que a la gramática general le interesa saber cómo se organizan las palabras en un enunciado y que tengan, además, el poder de representar el pensamiento. Así adentrarse en la gramática era, a su vez, una exploración del pensamiento humano lo que llevó a estos autores como una saber medular que subyacía a las demás disciplinas

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Chomsky y su célebre idea de una  “Gramática Universal” (GU) constituyó un golpe contra el  conductismo que concebía al ser humano como una pizarra en blanco o arcilla que podía ser moldeada por estímulos externos. Por ejemplo, John B. Watson (1878-1958),en su estudio del lenguaje, simplemente eliminó la vida mental de la persona, puesto que no era posible observarla y reducía el lengua a un mero hábito que podía ser manipulado. No está de más aclarar que para Watson la psicología era una rama puramente objetiva y experimental de las ciencias naturales de manera que el mundo mental y de la introspección quedaba completamente al margen de su campo de estudio. Llevado al ámbito del lenguaje, para el conductismo (tal como lo pensó B.F Skinner) el lenguaje se adquiría como cualquier otra habilidad por medio de estímulos externos, un aprendizaje conductual en donde el ser humano era una mera caja negra que recibía inputs y emitía ciertos outputs. Chomsky, por otro lado, defendió lo que podríamos denominar como innatismo, en este caso específico, la existencia una “GU” que no solo permite a los seres humanos aprender a hablar, sino que también aprender cualquier lengua natural.

Así, de acuerdo al  modelo empirista-conductista, la adquisición del lenguaje era fruto de la experiencia y de los estímulos que recibíamos del mundo externo y en donde el niño era un ente pasivo,mientras que el modelo racionalista-innatista defiende la existencia de estructuras intrínsecas en nuestro cerebro que permite al niño ir creando un conjunto de reglas que generan frases de manera recursiva. La recursividadse refiere a aquella característica de nuestro lenguaje que establece que la reiterada combinación de elementos puede dar lugar a un número ilimitado de enunciados. Como señala Pinker, una regla recursiva permite que una frase contenga un ejemplo de sí misma, por ejemplo: “Ella piensa, que él piensa que ellos piensan que él sabe”. Como explica Steven Pinker, lo que Chomsky planteaba era que las gramáticas generativas de las lenguas individuales constituían variaciones de un patrón único, siendo este último la “Gramática Universal” (por ejemplo, el uso de verbos, objetos y preposiciones). Así la idea de una GU implicaba que el lenguaje obedece a reglas y patrones. Así, Pinker señala que la idea que subyace a este planteamiento es la existencia de mecanismos mentales universales de los cuales emergen variaciones superficiales entre las distintas culturas.

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Obviamente Chomsky no niega la influencia del medio, es decir, reconoce que la cultura y al educación que reciba la persona influirá en la capacidad innata de esta para el lenguaje. En una conferencia pronunciada en Nueva Delhi (1996), Chomsky afirmó lo siguiente:

“Decir que «el lenguaje es innato» equivale a expresar la creencia de que cierta naturaleza crucial, relevante, interna, diferencia a mi nieta de las piedras, las abejas, los gatos y los chimpancés. Aspiramos a averiguar en qué consiste esa naturaleza interna. En la actualidad se cree que es una expresión de los genes, que de algún modo otorga una facultad lingüística (…) El cómo se desconoce, pero lo mismo sucede en cuestiones inmensamente más simples. La afirmación informal de que la lengua es innata al ser humano significa algo así. Del mismo modo, decimos que los brazos son algo innato en los seres humanos, y las alas en las aves”. 

En palabras de Mauricio Beuchot:

“La postulación que hace Chomsky de las estructuras innatas (…) surge de la siguiente observación. A partir de unos pocos datos, y mal estructurados, el niño aprende a hablar. Son pocos por el número reducido de señales que recibe. Son mal estructurados, porque el medio en el que la s recibe (..) contiene muchas irregularidades”.

Por su parte, el filósofo de la ciencia canadiense y académico en la Universidad de Nueva York, David N. Stamos añade:

“(…) Chomsky sostuvo que, en los humanos, el lenguaje es en gran parte innato, de modo que en la adquisición del lenguaje la contribución del entorno es únicamente parcial. Con ello Chomsky no estaba diciendo que la gente naciera ya conociendo lenguajes naturales como el inglés o el chino. Lo que decía era que todos los lenguajes naturales (…) son fenómenos naturales (…) Lo que los hace superficiales no es solamente que todos tengan algo fundamentalmente en común, sino más bien que lo que tienen en común, las características comunes de los universales lingüísticos, son innatas en el cerebro humano. Esto el lo que Chomsky calificó de Gramática Universal”.

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La idea de la existencia de una GU no estuvo exenta de crítica e incluso se llega a afirmar que es una teoría estéril que no ayuda a explicar y a comprender el fenómeno del lenguaje. Una crítica proviene, como veremos hacia el final de esta serie de artículos de la antropología lingüística. Otra proviene de la teoría evolucionista. David N. Stamos se refiere a las críticas realizadas por Jagdish Hattiangadi, académico de filosofía en la universidad de York (Canadá). De acuerdo a este autor la teoríaa de Chomsky es esencialista y, por ende, no pudo haber evolucionado por selección natural u otros mecanismos evolutivos. Como explica Stamos, el esencialismo resulta ser un problema cuando se aplica a otras cosas que no sean objetos geométricos . Volviendo a Hattiangadi, a este autor le resulta problemático el planteamiento de Chomsky de todos los seres humanos poseen una GU como una suerte de esencia universal, ya que resulta prácticamente incompatible con la teoría de la evolución de los seres humanaos. Podríamos decir que se asemeja a la problemática entorno a la existencia del alma y su compatibilidad con la teoría de la evolución, es decir, ¿en qué etapa de la evolución a los seres humanos le insuflaron el alma? Algo similar sucede con la GU ¿acaso esta apareció de manera espontánea en todo los homínidos? ¿Acaso apareció la GU en algunos homínidos mientras que en otros no? En palabras de Stamos:

“(…) dado que una esencia como esta no pudo haber evolucionado, y sabemos que las especies evolucionan, o bien tal esencia no existe, o bien surgió en virtud de una sola mutación ocurrida muy recientemente, digamos hace veinte o cuarenta mil años”

Pero el problema no acaba aquí como señala Stamos:

“Si la GU surgió como resultado de una sola mutación, todavía deberíamos encontrar gente que no la poseyera, pero por supuesto no la encontramos”.

Esto se puede complicar aún mas si consideramos que el lenguaje implica, además del cerebro, una anatomía vocal específica. ¿Acaso la GU surgió antes, durante o después de que los seres humanos estuviesen dotados de este aparato lingüístico físico? Otro problema planteado por Hattiangadi es que si la adquisición del lenguaje depende de la GU, entonces un adulto podría aprender una lengua con la misma facilidad que un niño. Añade que el reaprendizaje de un lenguaje, producto de una lesión cerebral, no deberías ser más difícil en un adulto que en un niño

Lev Vygotsky (1896-1934), por su parte, concebía el lenguaje como un sistema de signos y puso énfasis en su carácter dinámico, cambiante, relativo y flexible. Añadía también la influencia del lenguaje en la reconfiguración pensamiento humano. Si bien Vygotsky reconocía la existencia de un pensamiento independiente y previo al lenguaje, estos dos posteriormente prácticamente se fusionaban. Alexander Luria (1902-1977), discípulo de Vigotsky, concebía el lenguaje como un sistema de códigos con los cuales se podía designar objetos del mundo exterior. A esto enfatizaba que el lenguaje era producto de la experiencia social y cultural del ser humano. Giovanni Sartori concibe el lenguaje como un sistema o un universo de signos convencionales  provistos de significado. 

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Mario Bunge define el lenguaje como un sistema de signos artificiales que sirven para comunicar y pensar. El lenguaje, añade Bunge, puede ser simbólico y este, a su vez, puede ser conceptual (que designa constructos en lugar de hechos o sentimientos), y no conceptual (representa todo menos constructos, por ejemplo la mímica o la notación musical). Añade que todo lenguaje, ya sea natural (histórico) o artificial (diseñado), está constituido por signos convencionales. Cuando Bunge habla de signo se refiere a una cosa que representa a otro objeto o que “está en lugar de”. El signo artificial puede representar un objeto físico o conceptual y, este mismo signo, puede ser representado por otro objeto.

Las expresiones lingüísticas así como también, diagramas, numerales o lenguaje corporal, son signos artificiales y los son en virtud de la convención. Las reglas gramaticales también son convencionales, de manera que no son ni verdaderas ni falsas, ni confirmables ni refutables, apunta Bunge. De esta manera, el lenguaje es un sistema de signos convencionales por lo que cada signo debe elucidarse en relación con otros símbolos (o signos artificiales), de manera que los signos aislados son no significantes. En otras apalabras, un signo artificial pertenece a un sistema de signos  “dentro del cual puede concatenarse con otros signos para producir más signos, tal que la totalidad del sistema sea utilizada para la comunicación o transmisión de información acerca del estado de las cosas, de ideas, etc”. 

Bunge critica la concepción pictórica del lenguaje o el lenguaje como pintura del mundo, de manera que sus dardos no apuntan solo a Wittgenstein (que veremos más adelante) sino que también contra los estudios de Sapir y Whorf a los que me referiré más adelante. El filósofo argentino rechaza la idea de que los lenguajes representan al mundo y que no son ontológica y epistemológicamente neutrales. Para entender esta postura de Bunge, hay que comprender su filosofía sistémica, específicamente su ontología y su materialismo emergentista. Para Bunge, los objetos, esto es , todo aquellos que puede existir, hablarse, pensarse o ser objeto de acción, son abstractos ( ideales ) o concretos (materiales). Estos objetos fácticos, señala Bunge, o bien es lingüístico (término, expresión, lenguaje) o bien extralingüístico (estado, propiedad o cambio de una cosa), y no pueden ser ambos a la vez.

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Esta distinción es importante para evitar caer en un reduccionismo lingüístico o lo que Bunge denomina como glosocentrismoque es la concepción conforme a la cual el lenguaje es todo, o por lo menos el centro de todo. Es por ello que Bunge es crítico con el denominado “giro lingüístico”, esto es, el cambio desde problemáticas ontológicas, éticas y epistemológicas, a la preocupación casi exclusiva (y en algunos casos obsesiva) por el lenguaje. Al respecto, señala Bunge: 

“Esta concepción (idealista del lenguaje) se derrumba al darse uno cuenta de que cualquier pregunta acerca de las propiedades sintácticas, semánticas, fonológicas o estilísticas de las moléculas,  las emociones o las transacciones comerciales es ridícula”.

Steven Pinker en su libro, “El instinto del lenguaje”, explica que el lenguaje no es un artefacto cultural que se aprende de la misma manera a como aprendemos a leer. El lenguaje es una pieza de la maquinaria biológica de nuestro cerebro. Añade Pinker que el lenguaje es una habilidad compleja y especializada que se forma de manera espontánea en el niño. En suma, para Pinker el lenguaje es un “instinto”, algo que ya había sugerido Charles Darwin.  Así, tenemos que, en palabras de Pinker:

“La concepción del lenguaje como un instinto contradice a la sabiduría popular transmitida durante siglos como axioma de las humanidades y las ciencias sociales. El lenguaje no es más invención cultural que la postura erecta. Tampoco es manifestación de lá capacidad general de usar símbo­los; como veremos, un niño de tres años es un genio en materia de gramá­tica, y, sin embargo, bastante incompetente en la s artes visuales, la icono­grafía religiosa, las señales de tráfico y otros típicos ejemplos del currículum semiótico”.

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