10-Hablemos del Lenguaje. Russell y Carnap (por Jan Doxrud)

10-Hablemos del Lenguaje. Russell y Carnap (por Jan Doxrud)


“Cuando digo pintar con palabras, me refiero a evocar una imagen muy clara y nítida en la mente del lector mediante el uso de las palabras. Cuando escribo una novela, frase a frase, palabra a palabra (…), el primer paso siempre es la formación de una imagen en mi mente”

 Orhan Pamuk, El novelista ingenuo y el sentimental

Otros autores, como Bertrand Russell,se opusieron a este dualismo referencia/sentido de Frege. En el caso de Russell, adopta una postura referencialista extrema, de manera que lo medular para el filósofo británico era la referencia o, como el la llamaba, la denotación. En su ensayo de 1905 Russell “Sobre el denotar”, explica que él entiende por “frase denotativa” frases tales como: “un hombre”, “algún hombre” , “cualquier hombre” , “cada hombre” , “todos los hombres” , “el actual rey de Inglaterra”, “el actual rey de Francia”, “el centro de masa del sistema solar en el primer instante del siglo XX”, “la revolución de la Tierra alrededor del Sol” o “la revolución del Sol alrededor de la Tierra”. Ahora bien, sabemos que el mundo tiene una estructura y que se encuentra estructurado en una  dimensión fenoménica y otra transfenoménica de manera que nuestro lenguaje debe corresponderse con esas dos dimensiones.

La dimensión fenoménica se refiere a todos aquellos aspectos observables de la naturaleza, esto es, las propiedades secundarias o fenoménicas. En lo que respecta a la dimensión transfenoménica, como su nombre lo dice, se refiere a aspectos que están o van más allá de lo observable de manera directa que pueden darse a nivel macroscópico (galaxias, agujeros negros) y microscópico (quarks, bacterias,  moléculas). Así, podemos observar múltiples colores (propiedades secundarias) pero no podemos observar las longitudes de onda, así como también podemos escuchar una bonita melodía pero no podemos percibir las ondas sonora que se propaga por un medio físico ni así tampoco la vibración de las moléculas. Es en este sentido que Russell explica el tema de la denotación resulta medular no sólo para la lógica y la matemática, sino que también para la teoría del conocimiento.

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Añade el filósofo que, a menudo sucede que nosotros sabemos que una frase determinada denota sin ambigüedad, pero que no denota directamente lo que denota, de manera que con frecuencia puede acontecer que no tengamos conocimiento directo de los objetos denotados. Todos sabemos algo sobre la “velocidad de la luz” aunque nunca hemos presenciado objetos que se muevan a esa velocidad o a una muy cercana a esta ( como sucede en los colisionadores de hadrones). Incluso en nuestra vida cotidiana podemos señalar  que no tenemos acceso directo a los sentimientos y estados de ánimo de otras personas. Ni siquiera tenemos acceso directo a la fisiología de esos sentimientos o estados de ánimos de la persona que tenemos en frente nuestro. Solo podemos apreciar una manifestación de estos sentimientos y estados de ánimo por parte de esa persona, por su lenguaje corporal, su postura, su tono de voz, su rostro etc.

Pero la experiencia misma de la persona, incluso para un experto que conozca en detalle el proceso fisiológico que subyace, no puede acceder a esos estados subjetivo internos. Más recientemente filósofos, como el académico de Filosofía y Derecho en la Universidad de nueva York, Thomas Nagel o Frank Johnson, filósofo analítico de la Australian National University, ejemplificaron esto. Nagel parte su ensayo con una pregunta ¿What is like to be a bat? Nunca podremos como sería “ser un murciélago” puesto que, como explica John Searle, este aspecto subjetivo (la conciencia) queda al margen cualquier una descripción objetiva. Frank Johnson, por su parte, imagina el caso de una neurobióloga de nombre Mary que sabe absolutamente todo lo que puede saberse sobre los colores, pero sucede algo: Mary solo ve en blanco y negro (y ciertos matices de gris).

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Así, Mary nunca sabrá cómo es experimentar ver un color y lo que este puede generar internamente.

“(…) parece no haber razón para creer que conocemos directamente las mentes de otras personas, ya que no se las percibe en forma directa; luego, lo que sabemos acerca de ellas se obtiene a través del denotar [is obtained through denoting]. Todo pensamiento debe partir del conocimiento directo, pero logramos pensar acerca de muchas cosas de las que no tenemos conocimiento directo”. 

En suma, Russell defendió su teoría del “atomismo lógico” en virtud del cual la estructura de una frase debe guardar relación con la estructura de los hechos. Para Russell el lenguaje puede llegar a ser descompuesto en sus elementos últimos de análisis, tal como se puede hacer también con la realidad. El lenguaje vendría así a nombrar y representar, y la relación semántica es una de correspondencia entre el lenguaje y la realidad. Lo anterior implica la existencia un isomorfismo entre enunciados y el mundo. Es por ello que, como señalé anteriormente, tanto el lenguaje como el mundo pueden ser descompuestos en sus elementos últimos. Así las denominadas “proposiciones moleculares” pueden ser descompuestas en proposiciones atómicas. Ahora bien, las proposiciones atómicas son imposible de descomponer puesto que sus componentes, al igual que las relaciones que las vinculan, son simples. 

En fin, como destaca Pedro Rojas Parada, en relación con  el proyecto de la filosofía analítica de elaborar una teoría del significado se traduce en elaborar efectiva y estrictamente una “teoría”, es decir, “un conjunto de axiomas, reglas lógicas de derivación, y teoremas que expliciten el significado denota las expresiones del lenguaje”. 

A esto añade el mismo autor:

“A partir de ellos, la teoría debe mostrar cómo el significado de las oraciones complejas es función del significado de sus partes componentes y de las reglas de composición que rigen la estructura de las oraciones”. 

Tomemos el caso de otro miembro del Círculo de Viena: Rudolpf Carnap (1891 - 1970) En un artículo titulado “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje”(1932) sigue la misma línea de pensamiento que su colega intelectual Moritz Schlick.

Para los interesados en el Circulo de Viena, existe un libro de Alfred Jules Ayer que recopila algunos escritos emblemáticos de sus integrantes.

Para los interesados en el Circulo de Viena, existe un libro de Alfred Jules Ayer que recopila algunos escritos emblemáticos de sus integrantes.

Señala  que, en el ámbito de la metafísica, el análisis lógico ha revelado que las “pretendidas proposiciones de dicho campo son totalmente carente de sentido”. Paso seguido se pregunta ¿en qué consiste entonces  el significado de una palabra? Para dar respuesta a esta pregunta, Carnap explica que se debe fijar la sintaxis de una palabras o, en palabras del autor, “la manera como se presenta en la forma prorposicional más simple en la que puede aparecer (…)”.A esta forma proposicional Carnap la denomina proposición elemental. El ejemplo del autor es el siguiente. La forma proposicional elemental para la palabra “piedra” es, “X es una piedra”, de manera que en esta proposición se podría designar algo dentro de la categoría de las cosas para que ocupe el lugar de “X”. Una vez fijada la sintaxis, Carnap señala que para una proposición elemental “P” , debe haber repuesta para las siguientes interrogantes una corresponde al ámbito de la metalógica (o teoría de las expresiones del lenguaje y a sus relaciones lógicas), una segunda al ámbito de la lógica, una a la teoría del conocimiento y una a la filosofía:

1-¿De qué proposiciones es derivable P?

2-¿Bajo qué condiciones P debe ser verdadera y bajo qué condiciones falsa?

3-¿Cómo puede ser verificada P?

4-¿Cuál es el sentido de P?

Continúa explicando el autor que, dentro de la ciencia, la mayor parte del significado de las palabras pueden ser semánticamente clarificadas retrotrayéndolas a otras palabras. Así, por ejemplo, el concepto de “antrópodo”: “son animales que poseen un cuerpo segmentado con extremidades articuladas y una cubierta de quitina.” En una proposición elemental tenemos: “La cosa X es un antrópodo”. Añade Carnap que una proposición de esta forma debe ser “derivable” de premisas de la forma “X es un animal”, “X posee un cuerpo segmentado”, “X posee extremidades articuladas”, “X tiene una cubierta de quitina”. Inversamente, cada una de estas proposiciones debe ser derivable de aquella proposición elemental mencionada. Al respecto concluye Carnap:

“Por medio de estas estipulaciones sobre derivabilidad (en otras palabras: sobre su criterio de verdad, el método de verificación, el sentido) de la proposición elemental sobre antrópodos, se fija el significado de la palabra antrópodos. De esta manera cada palabra del lenguaje se retrotrae a otras y, finalmente, en las palabras en que aparecen las llamadas “proposiciones de observación” o proposiciones protocolares. A través de este retrotraimiento es como adquiere significado una palabra”.