(2) Historia de Chile: de Arturo Alessandri a Carlos Ibáñez del Campo, 1920-1931 (por Jan Doxrud)

(2) Historia de Chile: de Arturo Alessandri a Carlos Ibáñez del Campo, 1920-1931 (por Jan Doxrud)

La compleja situación económica en Chile tras la Primera Guerra Mundial agravó las paupérrimas condiciones de vida de los obreros, lo cual se tradujo en un aumento de las protestas y huelgas, y a un mayor protagonismo de asociaciones y grupos de tendencia ideológica comunista y anarquista que se presentaron como portavoces de ese sector de la sociedad chilena. René Millar cita el caso de los mineros de Schwager quienes proponían, como una manera de compensar en la merma de sus salarios, medidas tales como el poder participar en las utilidades extraordinaria de las empresas, el poder destinar parte de las ganancias a obras sociales y crear una sección de bienestar social. En 1918 se llevó a cabo la manifestación de protesta más importante consistente en un gran “meeting” convocado por la Asamblea de Alimentación Social, celebrado en Santiago. En esta manifestación se realizó una explícita crítica contra la clase política y la oligarquía, y se exigió el abaratamiento del precio de los productos de primera necesidad. El año 1919 estuvo marcado por más protestas, huelgas y enfrentamientos entre obreros y la fuerza pública.

Un tema recurrente que comienza a acaparar el debate es el de la desidia e indolencia de los poderes públicos frente al problema de la “Cuestión Social” . Algunos políticos de distintos partidos denunciaban los principales problemas que afectaban a los sectores populares como la alta mortalidad infantil a causa de las malas condiciones de salud de los conventillos. El miembro del Partido Radica Pablo Ramírez intentaba hacer eco de la percepción que el pueblo tenía de la clase política, señalando que esta última era sorda ante las demandas populares y que ha gobernado en esa manera a lo largo de cien años. El futuro presidente Arturo Alessandri denunciaba que, mientras unos andaban en la opulencia, otros carecían de pan, vestido y habitación. Añadía Alessandri que le correspondía al Estado Moderno, “científicamente considerado” producir la armonía entre el capital y el trabajo.  La Iglesia Católica, explica René Millar, también abordó la temática de la “Cuestión Social”.  Su preocupación era dobleEn primer lugar, le preocupaba la falta de legislación social por lo que recomendó a los poderes públicos a realzar avances en esta materia. En segundo lugar, la Iglesia estaba preocupada por el avance del socialismo y el que los obreros se vieran seducidos por los postulados de esta y doctrinas políticas similares.

 Obtenido de memoriachilena.cl

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Otro aspecto a  considerar es la existencia de diversas organizaciones obrerasde distinta índole, la Federación Obrera de Chile (FOCH), fundada en 1911, la sección chilena de la Industrial Workers of the World (IWW) de orientación anarquista y la Federación Obrera de Magallanes constituida en 1911 y de orientación socialista. Por último tenemos  el surgimiento del  Partido Comunista en el Congreso de Rancagua en 1922 (ex Partido Obrero Socialista fundado en 1912) lo que significó la conversión completa de Luis Emilio Recabarren y sus seguidores al marxismo-leninismo cuyo Vaticano se encontraba en Moscú. Tristemente célebre fue la  matanza en la oficina salitrera de San Gregorio(durante la presidencia de Alessandri) donde murieron más de 40 trabajadores.

Alessandri en sus memorias relata la manera cobarde en que los trabajadores asesinaron al Teniente Argandoña y al Administrador de la oficina salitrera  cuyos cuerpos fueron vejados y profanados. A esto añadía Alessandri que los obreros se tomaron la Oficina salitrera influenciados por propaganda subversiva que los convenció que había que implantar la revolución social en Chile y que, para llevar a cabo esto, había que comenzar con la toma de las salitreras en forma violenta y a mano armada. Así, en Chile el discurso de la lucha de clases, el enfrentamiento entre el capitalista y el proletario o entre el capital y el trabajo, junto a la crítica de la oligarquía, la clase política y la democracia fallida, comenzó a introducirse y a consolidarse en el debate público. Lo más novedoso, señala Millar, no era la presencia de tales ideologías, sino el aumento en el número de adherentes a estas ideas de revolucionarios y refundacionalistas. En palabras de René Millar:

“Para los socialistas, la Alianza y la Coalición eran lo mismo. Estimaban que la República era dirigida por "una oligarquía tiránica y una burguesía depravada y expoliadora". Los objetivos del partido socialista eran establecer "una nueva sociedad, en que todos se consideren hermanos en un régimen de paz, armonía y felicidad universal”. En esa sociedad no habría explotadores ni explotados, la tierra y los bienes de capital serian de todos. Para llegar a ella se debería destruir a1 régimen capitalista mediante la revolución. Revolución que haría el proletariado puesto que seria la inmensa mayoría de la nación, explotada y esclavizada a pesar de "ser la “fuerza matriz que agita todo progreso" y genera la riqueza'". Pero, para tener éxito se necesitaba previamente que los obreros lograran una conciencia de clase y se organizaran afiliándose a sindicatos y partidos genuinamente proletarios. Solo así se llegaría a la verdadera emancipación del pueblo”. 

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Este aumento en el número de adherentes y proliferación de estas ideas pueden apreciarse por medio de algunos indicadores como el aumento de las publicaciones de prensa de orientación socialista entre 1918 - 1921. Otro indicador guarda relación con la organización sindical. Por ejemplo, la FOCH que comienza a verse influenciado por el socialismo a partir del año 1916, logró aumentar significativamente su número de federados que ascendía a 20.000 en 1919, año en que Luis Emilio Recabarren y sus seguidores pasarían a controlar la organización. Otro hecho importante y con repercusiones mundiales fue la imposición de la dictadura bolchevique en 1917 lo que vino a encender los ánimos y esperanzas de que el comunismo no era una mera utopía y que podía efectivamente transformarse en una forma de organizar la política, la economía y la sociedad.

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Este breve resumen constituye el trasfondo en el que se realizarán las elecciones presidenciales en 1920 que es lo que abordaré en las siguientes líneas. Un tema complejo fue el de elegir al candidato de cada bloque. La Alianza tenía a personajes como Eliodoro Yáñez, Enrique Mac-Iver y Arturo Alessandri. Este último era el candidato que más polémica generaba debido, como apunta Millar, a su posición ideológica y rasgos de su personalidad. Alessandri se presentaba (y será su carta de presentación de su campaña presidencial) como un luchador incansable de la clase trabajadora, enemigo de oligarquía y del centralismo de Santiago. Sus adversario lo acusaban de demagogo, de falta de tino, su volubilidad y carácter impetuoso.

En el otro bloque, la  Unión Liberal (posteriormente Unión Nacional) la candidatura recayó en Luis Barros Borgoño,sobrino del ex Presidente Ramón Barros Luco y profesor de Historia en el Instituto Nacional y de Derecho Civil en la Universidad de Chile. Llegó a ser también Decano de la Facultad Filosofía, Humanidades y Bellas Artes. Por otra parte, Luis Barros Borgoño no había sido parlamentario aunque se había desempeñado en varias ocasiones como Ministro desde la presidencia de José Manuel Balmaceda. En lo que respecta a su personalidad, Barros Borgoño era lo contrario a Alessandri, hombre serio, parco que no se daba a arrebatos emocionales y a establecer un contacto directo con los sectores populares. Alessandri también proponía

 Luis Barros Borgoño

Luis Barros Borgoño

 Sobre la figura de Arturo Alessandri escribió Millar:

“Era de esa clase de políticos que poseen una habilidad innata para captar los requerimientos de la época que viven y adecuar su acción a ellos. Pero, la habilidad de Alessandri no se agotaba allí, ni en sus cualidades oratorias, también manejaba con destreza todas las técnicas del juego político tradicional, siendo en la maniobra pequeña tan experto como frente a las masas. Sin embargo, carecía de equilibrio y mesura, su carácter irascible, impetuoso e incontrolable, le granjeaban grandes antipatías”. 

En lo que respecta los programas de Alessandri y Barros Borgoño,René Millar apunta a que no contenían nada nuevo, aunque las propuestas no estaban todas ancladas en el siglo XIX. Alessandri puso énfasis en la continuación de la laicización de la instituciones mientras que Barros Borgoño, si bien tenía también un espíritu laicista, optó por ser cauteloso en esta materia para no incomodar a los conservadores. Alessandri incorporó también en su programa una reforma tributaria que implicaba el establecimiento de un impuesto a la renta, la descentralización de la político-administrativa, el mejoramiento de la condición legal de la mujer y solución de los problemas con los países limítrofes en el norte. Alessandri resume el programa en los siguientes 18 puntos:

1-Solución definitiva del viejo problema en relación con la soberanía de Tacna y Arica con Perú.

2-Reforma constitucional que establezca un gobierno capaz de mantener el orden y la disciplina, poniendo fin al “parlamentarismo anárquico y desorbitado”.

3-Mantenimiento y defensa de las libertades públicas, afianzamiento de la libertad de conciencia sobre la base de la separación de Iglesia y Estado.

4-Descentralización de la administración pública para dar a las provincias personalidad propia.

5-Establecimiento y fomento de la instrucción primaria obligatoria.

6-Tomar medidas que pusieran fin a la inestabilidad monetaria.

7-Modificación del régimen tributario, mediante el establecimiento de un impuesto a la renta y otros tributos, debido a la insostenibilidad de vivir sobre la base del impuesto al salitre.

8-Nivelación de la condición legal de los derechos de la mujer frente a los hombres.

9-Fomento, protección y amparo a la agricultura, minería, industria fabril y marina mercante.

10-Establecimiento de una legislación social completa que reglamentara las relaciones entre el capital y el trabajo.

11-Construcción de habitaciones Higiénicas en resguardo de la salud de sus moradores, alejar al obrero de la taberna y generar en él un espíritu de sentimiento de hogar.

12-Establecimiento de reglas para que el trabajo del proletario fuese remunerado de manera que satisficiera sus necesidades mínimas de su vida física y moral.

13-Protección y amparo en los accidentes de trabajo, enfermedad y vejez.

14-Protección de mujeres y niños por parte de los poderes públicos.

15-Abogar y ofrecer protección y amparo de los deportes nacionales.

16-Combatir enfermedades y epidemias engendradas por falta de higiene e instrucción.

17-Desarrollo de la Beneficencia Pública.

18-Creación de un Ministerio de Agricultura y del Trabajo y de Previsión Social.

  FIN PARTE 2

 

Bibliografía

Adolfo Ibáñez Santa María, Historia de Chile (1860-1973)

Simon Collier y William Sater (1808-1994)

Edgardo Boeninger, Gobernabilidad. Democracia en Chile.

Patricio Silva. En el nombre de la razón. Tecnocracia y política en Chile.

Sofía Corra et al, Historia del Siglo XX chileno

 Iván Jaksic y Juan Luis Ossa (Ed.), Historia política de Chile, 1810-2010. Tomo I. Prácticas políticas.

Patricio Meller, Un siglo de Economía Política chilena (1890-1990)

Eduardo Ortiz, La Gran Depresión. 1929, impacto en Chile.

Documentos sitio web Memoriachilena

Arturo Alessandri Palma, Recuerdos de Gobierno, Adminsitración 1920-1925 (Tomo I)

René Millar Carvacho, La elección presidencial de 1920

Jorge Rojas Flores, La Dictadura de Ibáñez y los sindicatos (1927-1931)

René Millar Carvacho, Significados y antecedentes del movimiento militar de 1924.

Patricio Bernedo, Prosperidad económica bajo Carlos Ibáñez del Campo, 1927-1929. Historia Volumen 24, Instituto de Historia PUC (1989) 

Boletín de las Leyes i Decretos del gobierno, Libro XCVI (1927)