Isaiah Berlin: Marx y Hegel (por Jan Doxrud)

Isaiah Berlin: Marx (por Jan Doxrud)

En cuanto al materialismo histórico, las explicaciones de Isaiah Berlin resultan esclarecedoras. Berlin señala que Marx nunca formuló una exposición sistemática del materialismo histórico y lo enuncia sólo de forma fragmentaria en su primera obra escrita entre 1843 y 1848. Lo expuso brevemente en 1859 para posteriormente darlo por descontado en su pensamiento posterior. ¿Qué es entonces el materialismo histórico? En palabras de Berlin:

No lo considera un nuevo sistema filosófico, sino más bien un método práctico de análisis social e histórico y una base para la estrategia política[1].

No se puede prescindir del filósofo alemán G.W.F Hegel a la hora de explicar el materialismo histórico. El pensador prusiano concebía la historia de la humanidad como un proceso único en donde no se daban repeticiones y que obedecía a leyes que podían ser descubiertas. Para Hegel, la sustancia única en esta sucesión dentro del proceso histórico era el Espíritu Universal que se autodesplegaba. Es el Espíritu, que procura comprenderse a sí mismo en las instituciones, el factor dinámico que dirige el proceso de la historia. Para Hegel, las fuerzas que generaban el conflicto social en el mundo moderno estaban encarnadas en las naciones que representaban el desarrollo de un cultura específica o la encarnación de la Idea o Espíritudel mundo. En resumen, Hegel trata la historia como una fenomenología y su obra, “La Fenomenología del Espíritu”,

constituye un intento por mostrar, a menudo con gran penetración e ingenio, un orden objetivo en el desenvolvimiento de la conciencia humana y en la sucesión de civilizaciones que son su encarnación concreta.. Influido por una idea dominante en el Renacimiento, pero que se remonta a las primeras cosmogonía místicas, Hegel consideraba el desarrollo de la humanidad de modo semejante al de un ser humano individual[2].

¿Cuál era la postura de Marx frente a esto? Marx criticó esta concepción Hegeliana ya que al ser una mera metafísica idealistas, no podía fundarse sobre esta ningún tipo de conocimiento, ya que la observación empírica quedaría completamente descartada de sistema abstracto hegeliano. Marx descarta el Espíritu o cualquier entidad de esa clase como principio motor de la historia, ya que para él, las fuerzas predominantes de donde emerge el conflicto social son de tipo socioeconómicas. Marx, en cierta medida, mantiene el esquema hegeliano, pero introduce importantes cambios ya que transforma este esquema idealista en uno material, donde la lucha de clases constituye el motor fundamental de la historia. De esa manera, como señala Berlin, Marx aceptó la visión de la historia concebida como un campo de batalla de ideas encarnadas, pero él lo traspuso a términos sociales, a la lucha de clases. Dentro de esta cosmovisión de Marx, el proletario, aquel que vende lo único que posee, esto es, su fuerza de trabajo, es el individuo llamado a redimir a la humanidad. Es la clase que permitirá que los seres humanos puedan desarrollar libremente sus potencialidades y emanciparse de la división del trabajo y así terminar a su vez con la alienación. Tal alienación, explica Berlin,

se verifica cuando los resultados de los actos de los hombres contradicen sus verdaderos propósitos, cuando sus valores oficiales o los papeles que desempeñan no representan cabalmente sus reales motivos, necesidades y fines[3].

Tal estado de cosas sucede cuando algo que los seres humanos han creado para responder a sus necesidades, adquiere un status de independencia. Tenemos entonces que un sistema creado por seres humanos, como el capitalismo, se independiza de sus creadores, se olvida que es una creación humana y se transforma en el “estado normal de las cosas”, de manera que nadie lo cuestiona. Esto es similar a la crítica que hacía Feuerbach al concepto de Dios, que es una creación humana, pero que después adquiere un status independiente y los seres humanos piensan que Dios tiene una existencia independiente de los seres humanos que lo piensan. Al respecto escribe Isaiah Berlin:

Para Marx, el sistema capitalista es precisamente esta clase de entidad, un vasto instrumento engendrado por exigencias materiales inteligibles, un progresivo mejoramiento y ensanchamiento de la vida que genera sus propias creencias religiosas, morales, intelectuales, sus propios valores y formas de vida. Sépanlo o no quienes los sustentan, tales creencias y valores son simples soportes del poder de la clase cuyos intereses encarna el sistema capitalista; empero, ocurre que todos los sectores de la sociedad acaban por considerarlos objetivamente válidos y eternos para toda la humanidad[4].

El sistema imperante se vuelve natural, aceptable y deseable. Este es un tema que sería posteriormente tratado especialmente por Gramsci y Althusser, acerca de cómo el Estado logra crear esta creencia por parte de la población, la idea de la “normalidad” y “naturalidad” del sistema bajo el cual viven. Lo importante entonces es que para Marx el capitalismo es un sistema que tuvo un inicio en un determinado período de la historia y, por lo tanto, debe tener también un final, claro que el problema es cómo y quiénes pueden romper el hechizo bajo el que se encuentran las personas, que no son capaces de elevarse por sobre las distintas capas que componen la ideología dominante que legitima el orden establecido. Dentro del determinismo marxista existe el espacio para la libertad humana en el sentido que, es por medio de su elección y acción como estos pueden alterar el curso de los acontecimientos, claro que, para llegar a una meta predefinida por Marx: el comunismo. Sabemos que es el proletariado el que está destinado a derribar el régimen encarnado en su enemigo de clase: la burguesía.

Igualmente podemos decir junto a Berlin que la sociedad burguesa es la última forma de antagonismo dentro de la cosmovisión de Marx, por lo que el proletariado debe levantarse contra la burguesía, así como contra su complejo aparato ideológico que del que se sirve para mantener sometido a la sociedad, mantenerla adormecida, en un estado acrítico. ¿Por qué el proletariado? ¿Acaso sus intereses representan los intereses de la humanidad?  Como explica Berlin, el proletario se encuentra en el peldaño más bajo de la escala social y, como decía Marx, no tienen que perder más que sus cadenas. Por lo tanto, los intereses de los proletarios, los derechos a los que aspiran son los derechos mínimos a los que puede aspirar el ser humano. No sabemos como sucederá esto, cómo el proletariado, asumiendo que existe tal clase, tomará conciencia de su misión y si es así, por qué necesariamente la historia asumiría el curso que Marx describía. Berlin se refiere a este tema, es decir, al hecho de que el materialismo histórico

puede explicar lo que de hecho ocurre, pero no puede, precisamente porque sólo le concierne lo que es, proporcionar una respuesta a los problemas morales, esto es, decirnos qué  debe ser[5].

Así Marx parece cometer la denominada falacia naturalista, postulada George E. Moore, que consiste en querer inferir un imperativo o enunciado valorativo a partir de premisas fácticas, o, en otras palabras, obtener un “debe” del “es”. Pero también a lo largo de los escritos de Marx, el autor comete la falacia moralista, es decir, el inferir un “es” de un “debe”, o lo que es lo mismo, en querer inferir un hecho, como la sociedad sin clases, de un deseo o enunciado moral. Después de todo, podemos decir que todos somos iguales, por lo que las la desigualdades y divisiones de clases son artificiales y negativas, de manera que la sociedad “debería “ser una donde no existan clases para poner así fin a los sufrimientos humanos. Para concluir con Berlin, cito la evaluación que hace este pensador sobre el materialismo histórico:

Queda sí perfilada la teoría de la historia y la sociedad que constituye la base metafísica, a menudo implícita del comunismo. Trátase de una doctrina vasta y comprensiva que deriva su estructura y conceptos básicos de Hegel y de los jóvenes hegelianos, sus principios dinámicos de Saint-Simon, su creencia en la primacía de la materia de Feuerbach y su visión del proletariado de la tradición comunista francesa. No obstante, es enteramente original; la combinación de elementos no constituye en este caso sincretismo, sino que forma un sistema coherente, audaz, con las vastas proporciones y la maciza calidad arquitectónica que son a la vez el mayor orgullo y el defecto fatal de todas las formas del pensamiento hegeliano[6].

A continuación continúa Berlin:

No se trata en modo alguno de una teoría cabalmente empírica, ya que no se limita a la descripción de los fenómenos ni a la formulación de hipótesis concernientes a su estructura y comportamiento;  la doctrina marxista del movimiento que se desarrolla en colisiones dialécticas no es una hipótesis que pueda hacerse más o menos probable por la evidencia de los hechos, sino un módulo descubierto por un método histórico no empírico cuya validez no se pone en tela de juicio. Negarlaequivaldría, de acuerdo con Marx,  a volver al materialismo «vulgar»[7].

[1] Isaiah Berlin, op. cit., 115.

[2] Ibid., 125.

[3] Ibid., 125-126.

[4] Ibid., 126.

[5] Ibid., 139.

[6] Ibid., 141.

[7] Ibid., 141-142.