(III) De la neurona a la conciencia: ¿Qué es el materialismo? (por Jan Doxrud)

(III) De la neurona a la conciencia: ¿Qué es el materialismo? (por Jan Doxrud)

Hemos estado revisando el concepto de materia, dejando claro que existe  un concepto obsoleto   de   materia. El   nuevo   concepto  de  materia  es dinámico  puesto  que   va   más allá de objetos  concretos, compactos  y   dotados de masa. Para entender esta clase de materialismo emergentista   hay   que comprender el concepto de “emergencia” o “propiedades emergentes”. Tenemos que el materialismo es monista, puesto que plantea la existencia de la materia y rechaza la idea  de  espíritus  fantasmas  o cualquier otra entidad que subsista independiente de una base material.  Pero   Bunge   añade   que   el   materialismo   no   necesita   ser  monista en relación a las   propiedades   de   las   cosas. En  otras palabras, no es necesario afirmar, señala el autor, que todos   los   objetos   posean   una   única   propiedad:  extensión   espacial, capacidad de unirse a otras cosas, materia, etc. En síntesis, el materialismo emergentista afirma que todos los existentes son materiales pero, lejos de pertenecer a un solo nivel de organización, se encuentran agrupados en  distintos  niveles  de organización: átomos, moléculas, orgánulos, células, órganos, individuos, grupos sociales, sociedades.

La  lista anterior (no exhaustiva) implica un sistema físico, químico, biológico y social. De acuerdo a  esto, Bunge   señala   que   el   materialismo emergentista es también de carácter sistémico, en donde   todo   es   un  sistema   o   un componente de un sistema o una cosa compuesta de cosas interrelacionadas.   Cada   nivel   de   organización   consiste   en   una   colección  compuesta por todas las cosas materiales caracterizadas por propiedades peculiares. El “sistemismo” es la mejor alternativa   que   existe   entre   diversos   paradigmas   (que   no   necesariamente   rechaza, sino que  rescata   algunos   aspectos): jerarquismo, mecanicismo, atomismo, holismo, la dialéctica o el dinamismo.

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En   síntesis, la   naturaleza   tiene   una   estructura y, por   ello, las   ciencias  que  la  estudian, lo hacen    desde   sus   enfoques   respectivos, de   manera   que   el   conocimiento   científico   se adecua   a   esta estructura de la naturaleza. Tenemos además “dos mundos”, el fenoménico, esto es,  el  mundo  de  las  sensaciones, olores  y   sonidos,   y   el   mundo   transfenoménico   que  es invisible   a   nuestros  sentidos. Vemos que el agua se calienta , hierve y que, con toda seguridad, nos quemaría el cuerpo. Pero sucede que nosotros no podemos observar las reacciones químicas y  los   cambios   que   sufren   a   nivel   molecular. No   podemos   observar  el  radio atómico, la configuración electrónica y el potencia de ionización, puesto que el átomo no posee propiedades fenoménicas.  Además  de   que   la  naturaleza posee una estructura, propiedades fenoménicas y transfenoménicas, esta además es un sistema (el Universo vendría a ser el “sistema de sistemas”) con múltiples subsistemas. Esto significa ni usted ni yo ni las plantas, ni animales, ni los átomos se encuentran   aislados. Por   último   esta   naturaleza no es caótica, puesto que presenta patrones observables   o   ciertas   regularidades   y   esto   es   así, al menos para los científicos y personas cuerdas, porque la naturaleza “se comporta” en base a leyes, relaciones causa-efecto, y no meras relaciones causales o tendencias.

Regresemos al concepto de emergencia. El   concepto de “emerger” proviene del latín y significa salir,   mostrarse   o   aparecer. Como  explica   la   filósofa y siquiatra y académica del Collège de France,  Anne Fagot-Largeault, el verbo “emerger”, así  como el adjetivo  “emergente” se usan en el   idioma  francés  desde   los   siglo   XV   y   XVI. Este   concepto   adquiriría posteriormente un sentido figurado: “sobresalir” o “distinguirse”. Continúa explicando. Continúa explicando la misma autora, y este es un punto relevante, que el sentido etimológico del concepto en cuestión sugiere, por una parte, discontinuidad aparente y, por otro lado, continuidad real. En otras palabras Fagot-Largeault   señala  que  el  objeto  que  emerge  es continuo, pero aquello que emerge, es decir, la parte visible, es aquella que pasa un umbral delimitado por el contexto. Por su parte, Mario Bunge señala que el “emergentismo” es una familia de concepciones que incluyen la idea de emergencia. Concebido como un concepto estático, se dice que una propiedad de un sistema “es emergente”, si  y  sólo  si   algún  componente  del  sistema  no  lo  tiene. Así, por ejemplo la interacción de las neuronas   en   el   cerebro  hacen   posible  lo   que   conocemos   bajo   el nombre de conciencia, pero sucede que cada célula cerebral por separada “no es consciente” y tampoco piensan o son racionales.

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En lo que respecta al uso filosófico del concepto de emergencia, Fagot Largeault explica que es tardío, introduciéndose por primera vez para nombrar aquellos efectos que no reproducen mecánicamente a partir de sus causas. La primera referencia se encuentra en el filósofo y difusor del positivismo de Comte en Inglaterra: George Henry Lewes (1817-1878). Fagot Largeault, señala que el autor inglés distinguía entre los denominados hechos “emergentes”, que no podían predecirse con exactitud con base en las condiciones iniciales del experimento, y los hechos “resultantes, aquellos predecibles de las condiciones precedentes”. Ahpra bien y tal como señala la filósofa francesa, esta distinción realizada por Lewes ya existía en la filosofía de las ciencias, aunque no se hacía uso de tales conceptos. Por ejemplo, John Stuart Mill (1806-1873) afirmaba que eran escasos aquellos efectos que eran producidos por una sola causa, mientras que aquellos efectos que eran el resultado de la acción conjunta de diversas causas, constituían una mayoría. En el primer caso, el cálculo del efecto sigue la “ley de composición de las causas”. En el último caso, señala Fagot Largeault, “el resultado es sorprendente, no puede preverse hasta que se ha probado y comprobado que se produce de manera regular; así sucede con algunas síntesis químicas: las propiedades del agua son distintas de la suma de las propiedades del oxígeno y el hidrógeno (…) Para expresar la idea de que (…) los efectos son heterogéneos respecto a sus causas, Mill llama leyes heteropáticas a las regularidades naturales que no se someten a la ley de composición; son estos efectos heteropáticos de Mill, los que integran algo más que la simple suma de los efectos de sus causas conjuntas, lo que Lewes llama efectos emergentes”. (559)

El concepto de emergencia, siguiendo a Fagot Largeault,  llegó a ser un tema central y digno de interés filosófico, cuando surgió la problemática, en el ámbito de la biología, sobre cómo era posible que el plan de organización de los vertebrados a partir del plan de organización más simple de los invertebrados? En suma, ¿cómo se va desde la neurona hasta la mente? ¿cómo emerge lo complejo de lo simple? ¿Cómo surge la conciencia a partir de un sistema material que es el cerebro? ¿Cómo lo más surge de lo menos? Para la ontología materialista-fisisista (materialismo vulgar) todo se reduce a la materia, es decir, los fenómenos se distribuyen en distintos planos, de manera que, por ejemplo, la conciencia, puede ser reducida al cerebro y sus componentes. Ahora bien, en este aspecto, el “materialismo emergentista” se diferencia de este “materialismo reduccionista”. En otras palabras, el materialismo emergentista afirma que es erróneo señalar que la conciencia no existe (como afirman algunos autores) puesto que esta una propiedad es una emergente de la actividad cerebral. Como explica Fagot Largeault:

“(…) los teóricos de la emergencia toman la creatividad natural y/o la heterogeneidad en los niveles de realidad como un hecho último. Buscan aclarar el sentido de este hecho; en su opinión, los fenómenos del nivel superior, si bien se explican (al menos en parte) por los del nivel inferior y dependen de ellos, no se deducen de ellos: hay discontinuidad y no previsibilidad de un peldaño al otro (salto cualitativo, adquisición de forma…¡la acción de emerger! A cambio de ello, lo que sucede en el ámbito global puede influir en los fenómenos del nivel más elemental (efectos de contexto)”. 

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Respecto a esto último, el lector puede pensar en el siguiente caso. Puede estar soñando pierde a un ser querido y el sólo hecho de experimentar mentalmente esta situación le produce efectos somáticos, es decir, en el cuerpo, esto es, en la materia (incluso puede despertarse asustado y angustiado),. Así, se puede señalar que, efectivamente, el pensamiento necesita de un cerebro para existir y, a su vez, podemos señalar que el pensamiento influye en el cuerpo de la persona, incluso en su estado de ánimo e incluso puede influir en el estado de salud de una persona.

Además de lo anterior, tenemos el tema de la libertad humana. Es un hecho innegable que la libertad está anclada en la biología, pero ¿acaso esto nos debe llevar a negar el concepto de libre albedrío? Intelectuales como el francés Henri Bergson defendió la idea de que en el ser humano coexisten dos reinos, el de la materia (que es necesidad) y la conciencia (que es libertad). No existe una relación de identidad entre el mundo de la materia y el mundo del “espíritu” pero sí existe una interconectividad entre ambos. Pero ¿resulta válido hablar de un dualismo antropológico, es decir, que en el ser humano coexisten dos mundos: el de la materia y el del alma? Si se defiende una concepción  dualista del ser humano, entonces se tendrá también una ontología dualista, es decir, el mundo no consistiría solamente en una realidad material, puesto que existiría una realidad que trasciende el mundo de la materia, como sostienen diversas religiones. Otros filósofos contemporáneos, como Daniel Dennett, señalan que la conciencia es una ilusión, una mera construcción lingüística que en realidad no existe, puesto que sólo existen los cerebros compuestos por “pequeños robots”: la neuronas.

Fin parte 3