Lenin, la construcción de un ídolo (4): ¿es motivo de orgullo proclamarse “Leninista”? (a propósito de algunas agrupaciones en Chile) (por Jan Doxrud)

Lenin, una construcción mitológica (4): ¿es motivo de orgullo proclamarse “Leninista”? (a propósito de algunas agrupaciones en Chile) (por Jan Doxrud)

Continuamos con el cuarto escrito dedicado al líder del partido marxista bolchevique Vladimir Ilich Ulianov, más conocido bajo el pseudónimo de Lenin, aunque en esta ocasión, más que exponer aspectos de sus ideas, realizaré una breve crítica a este personaje (haga click en los respectivos números para leer los artículos anteriores: L1, L2, L3)

¿Por que estudiar a este personaje? La respuesta es simple: porque aún muchos abrazan sus ideas, sin ir más lejos, Izquierda Autónoma, partido de Gabriel Boric (donde se luce en la portada la obra “El Estado y la Revolución” de Lenin, aunque la figura de Gramsci es más gravitante), las Juventudes Comunistas, que se declaran leninistas y por ende también el Partido Comunista. En los Estatutos del Partido Comunista aprobados en el XXII Congreso del PC (2002) se puede leer:

Los Estatutos contienen los principios básicos y normas de la estructura de funcionamiento y organización del Partido, en cuanto eficaz instrumento para cumplir con los objetivos programáticos y la política que democráticamente acuerdan sus militantes. Su visión de sociedad arranca de criterios científico-humanistas. Se sustenta en las concepciones de Marx, Engels, Lenin, Recabarren; en aportes de otras y otros pensadores marxistas y progresistas, en la propia elaboración del Partido y en el constante avance en la filosofía y la ciencia”.

De manera que resulta crucial comprender a cabalidad las fuentes ideológicas de las que se nutren estas asociaciones de izquierda. Al parecer, la figura de Lenin sigue siendo adoptada por ciertas asociaciones para las cuales el líder bolchevique representaría o encarnaría más bien la praxis revolucionaria. Lenin sería aquel personaje que hizo suya la célebre Tesis XI sobre Feuerbach escrita por Karl Marx: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Así, para las Juventudes Comunistas, ser “leninistas” es organizarse para “cambiar la realidad en base a principios como la disciplina consiente, la unidad de acción, la critica y autocrítica, y el centralismo democrático, de manera de conjugar la libertad de opinión en la discusión para la construcción colectiva, con la efectividad en la acción de una dirección única”.

Lamentablemente ser leninista o adherente a la figura de Lenin es algo que está lejos de ser un motivo de orgullo. Ya sea por ignorancia sobre la figura, personalidad e ideas de Lenin o por adherencia a ese mito que nos dice que Lenin fue el “revolucionario bueno” y que Stalin fue el “revolucionario sanguinario” que traicionó el legado de Lenin, existen agrupaciones que se declaran sus lejanos seguidores. La verdad es que Lenin ciertamente fue una figura avasalladora, con un liderazgo incuestionable y una capacidad retórica a la altura de Hitler. En el plano intelectual, Lenin no fue brillante, y sus escritos son más bien panfletos ideológicos que donde sobra la pasión, obsesión y la irracionalidad “revolucionaria” y escasean la racionalidad, los argumentos y la contrastación empírica. Quizás lo más interesante que escribió Lenin fue su “Materialismo y Empirocriticismo” donde polemizó contra el fenomenismo de Ernst Mach. Pero el materialismo de Lenin es uno completamente obsoleto, es un materialismo vulgar y mecanicista, más cercano al de Descartes que al materialismo emergentista moderno[1]. Además, Lenin no elaboró ninguna teoría filosófica de relevancia. Carecía de una ontología elaborada y consistente, así como de una epistemología, axiología (teoría de los valores) y de una antropología seria. Lenin seguía preso del dualismo superestructura-infraestructura y difícilmente podría realizar algún aporte de relevancia mientras siguiera preso de la filosofía de Hegel. Para que hablar de la teoría económica, donde Lenin carecía completamente de conocimientos, salvo repetir el mantra marxista de la teoría del la explotación, la plusvalía y la teoría del valor trabajo.

Por otro lado tenemos que Lenin fue una persona extremadamente dogmática, que creía ser un iluminado poseedor de una verdad científica absoluta. Era intolerante, con una actitud agresiva hacia quienes no compartían su visión de mundo, con una visión maniquea de la sociedad y victima de un clasismo patológico, que derivó en el “clasisidio” que caracterizó a todos los regímenes comunistas, un odio de clase que justificaba el uso de las medidas más represivas que llegaron incluso a la condena de familias por generaciones y a la condena a muerte por el sólo hecho de pertenecer a la “clase equivocada” a los ojos de los líderes comunista. Para personas como Lenin, quienes creen que están situados en un piso moral superior al resto de la “ignorante humanidad” que no ha tenido la visión que él ha tenido junto a sus seguidores, las masacres, persecuciones y represiones son completamente justificables. Absolutamente todo queda subordinado y justificado en nombre del triunfo de la revolución, y si hay que sacrificar a millones de individuos en el camino, habrá que hacerlo, en nombre de ese bien superior que se encumbra sobre la humanidad: la sociedad comunista.

Lenin se percibía a sí mismo y a sus seguidores como una “vanguardia”. Una vanguardia era aquella parte de una fuerza armada, que iba por delante del cuerpo principal o un grupo de avanzada de un grupo o movimiento ideológico, político, literario, filosófico o artístico. De esa manera Lenin se consideraba como una vanguardia, como aquellos iluminados que debían guiar el proceso revolucionario ya que era él, Lenin, y los bolcheviques los que habían creído haber encontrado la clave interpretativa de la historia y sus leyes, era él, Lenin y su grupo, los que habían descifrado hacia donde se dirigía la historia, era él, Lenin y su grupo quienes habían accedido a través de los escritos de Marx a un conocimiento superior que las masas ignoraba, de manera que era él Lenin y su grupo, quienes tenían que educar a las masas y enseñarles el camino. Los bolcheviques marxistas actuaban como verdaderos inquisidores custodios de la ortodoxia ideológica, sancionado los “desviacionismos” y “revisionismos”, educando a la población en las verdades “científicas” del marxismo y “reeducando” (como aún se hace en Corea del Norte) en la ideología marxista. Lenin no cesaba de repetir esta idea, de que la sociedad estaba equivocada y era él y sussegadores los que tenían como objetivo “despertar su conciencia de clase”. Más del 90% de los campesinos apegados a su religión (cristianismo ortodoxos) estaban equivocadosm ya que no sabían, como sí lo sabía Lenin a partir de sus lecturas de Feuerbach y Marx, que la religión era el “opio del pueblo”.

Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros, son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de una táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas[2].

El clasismo exacerbado  fue la tónica en todos los regímenes comunistas: en la China de Mao, en la Rusia de Lenin y Stalin, y en la Cambodia de Pol Pot. Para estos personajes la categoría social, que rotularon bajo nombres tales como como “burguesía”, “pequeña burguesía” “kulak” o “terrateniente”, debían ser exterminados (hoy en día el rótulo de moda de la izquierda es el de “neoliberalismo” y “neoliberal”). Pero el exterminio no se limitó a aquella parte de la población clasificada como burgués. Lenin práctico el exterminio xenófobo cuando implementó la política de “descosaquización”, que se prolongó hasta Stalin, donde los cosacos de regiones como la de Kuban o Rostov del Don fueron exterminados.

Monumento, La Habana, Cuba

Monumento, La Habana, Cuba

También fue bajo el mandato Lenin quese llevó a cabo la masacre en la zona de Astracán, un enclave en la desembocadura del Volga donde estaban situados miles de obreros que se opusieron a los bolcheviques. Robert Service, en su biografía de Lenin, destaca la influencia de Nechaiev en líder bolchevique: “El joven Uliánov admiraba también, aunque no lo pregonase tanto, a Serguéi Necháiev. Era para él un héroe extraordinario. Necháiev había sido el famoso archiconspirador del socialismo agrario ruso que, con la finalidad de vincular a sus seguidores a la causa común, ordenó el asesinato de uno de ellos”[3]. Nechaiev fue aquel sujeto que dividió a la sociedad en distintas categorías. Nechaiev, operando como un verdadero “ingeniero social”, describe en su Manifiesto, desde el punto XV al XXI su clasificación de la “innoble sociedad”. La primera es aquella a la que hay que suprimir inmediatamente, por lo que los camaradas deberían confeccionar listas de acuerdo a su “mala fe” hacia los intereses de la obra revolucionaria.

De acuerdo a Nechaiev había que, en primer lugar, ejecutar a los más peligrosos para la organización revolucionaria y a aquellos “cuya muerte violenta e imprevista asusta al gobierno y quebranta su fuerza, privándole de sus auxiliares más enérgicos e inteligentes”. En otro parte de su Manifiesto se puede leer lo siguiente:

 La tercera categoría se encuentra compuesta por aquellos que Nechaiev considera como bestias brutas bien situadas, pero que no brillan ni por su inteligencia ni por su energía. Tales bestias sí tienen una buena situación, riquezas, altas relaciones, influencia y poder, por lo que deberían ser explotados con todos los medios posibles, para hacer de ellos unos esclavos de los revolucionarios, y utilizar sus relaciones, influencias y riquezas para las empresas revolucionarias”.

Sin duda en los textos de Lenin, en su tono y violenta verborrea se aprecia el odio de ciertas capas que componen la sociedad. Bajo Lenin y luego, bajo su sucesor no designado (Stalin) a quien le dejó la maquina de represión bien aceitada, miles de personas fueron perseguidas y aniquiladas por motivo de su pertenencia a una clase particular.

Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008), en su “Archipiélago gulag”,  describe la persecución que sufrieron los kulaks (los considerados como terratenientes explotadores) y sobre la arbitrariedad de las clasificaciones sociales de los bolchevique, el uso de etiquetas y palabras que “aunque no explicaban nada, eran comprensibles, simplificaban muchas cosas, no era necesario reflexionar en absoluto[4]. El autor ruso explica cómo en realidad el proceso de “deskulakización” (o eliminación de kulaks) tuvo como objetivo la expropiación de las propiedades y forzar a los campesinos a formar parte de las granjas colectivas o koljoses. El clasismo en los países comunistas fue el equivalente al “racismo” nacionalsocialista en Alemania, donde las personas eran condenadas por haber pertenecido a una clase considerada como explotadora, de manera que si con las matanzas nazis nació el concepto de “genocidio”, con los comunistas surgió el de clasisidio” o matanza por motivo de clase.  Estas personas, las víctimas por motivo de clases” eran consideradas como “enemigos de clase” y generalmente ejecutados, tal como lo ordenó Lenin en un telegrama en 1918 donde ordenó colgar a centenares de kulaks producto de la revuelta en Penza Oblast. El líder bolchevique, frente a la sublevación de cinco distritos de kulaks, instó a que se tomasen medidas ejemplificadoras lo que significaba ahorcar a la vista de todos a un mínimo de cien kulaks y, junto a esto, se debía publicar sus nombres y requisarles el grano.

Los historiadores J. Arch Getty y Oleg V. Naumov, citan documentos de 1933 donde se menciona en un punto, el cometido y objetivo de la purga. Algunos de los criterios utilizados para eliminar elementos del partido eran:

1) “Degenerados que, en connivencia con elementos burgueses, no quieren derrotar a nuestros enemigos de clase y que no luchan contra los elementos kulak, egoístas, haraganes, ladrones o saqueadores de las propiedades públicas.

2) Elementos arribistas, egoístas y burócratas que, aislados de las masas y mofándose de las necesidades materiales y espirituales de los obreros y campesinos, explotan su presencia en el partido y su posición oficial en el estado soviético para sus propios fines personales y egoístas[5].

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Lenin era un experto manipulador del lenguaje y un sofista en sentido peyorativo de este término. El lenguaje era forzado, al igual que la realidad. Lenin era un teoreticista radical, es decir, en Lenin predominaba la forma, lo teórico, de manera que si la realidad no se adaptaba a la teoría (marxista), entonces era la realidad la que debía ser violentada y forzada a adaptarse a la teoría. A Lenin no le interesaba si los enunciados de su teoría no se correspondían con la realidad, ya que sólo bastaba que sus proposiciones fueran coherentes con otro sistema de proposiciones. Así, la verdad es coherencia, para que algo sea verdad basta que satisfaga los principios de la lógica formal (“Odín es inmortal, por lo tanto no puede morir”, “Zeus todo lo ve, pero no se deja ver por el ojo humano, por lo tanto no lo podemos conocer”). Tenemos pues que el dogma no se equivoca, de manera que si las personas no aceptan el dogma o si el dogma no está arrojando los resultados esperados, la culpa no es del dogma, sino que de las personas y de la realidad. Los totalitarismos se caracterizan por operar al margen de la realidad y por ser relativistas morales en extremo, es decir, fueron los precursores del posmodernismo filosófico. En la mentalidad totalitaria, imbuida de una superioridad moral, no existe la moral, ya una acción será o no moral si sirve o no al fin último, ya sea este la sociedad socialista o el predominio de la raza aria.

  …

Como manipulador del lenguaje, Lenin era un experto, por ejemplo en el Congreso de la internacional Comunista (1919) justificaba la dictadura del proletariado y condenaba la democracia por ser “burguesa”, es decir, la dictadura no era algo necesariamente negativo, ya que esto dependía, en último término, del grupo que controlara las palancas del poder. Si era el proletariado quien ejercía la dictadura, entonces la dictadura era legítima, ¿por qué razón? Porque la dictadura del proletariado o de la clase obrera era una en nombre del pueblo. ¿Por que debemos aceptar esto? Porque Lenin así lo dice ¿Existe alguna prueba? Lenin nunca se preocupó de fundamentar sus opiniones, de manera que todo lo que decía era verdadero por que simplemente así debía serlo, porque lo decía Lenin.

Los discursos de Lenin están contaminados hasta en sus mínimos detalles por lo que el economista austriaco, Ludwig von Mises, denominaba como polilogismo de clase (es decir, cada clase tiene una estructura lógica propia de esa clase, en términos modernos, existiría un cerebro proletario, burgués, semiburgués, capitalista, etc). Como el mismo Lenin aseveraba, el marxista siempre debía tener presentes a las masas y las clases, y no a los individuos. Pero esto no ha de sorprender, ya que el antiindividualismo, es una característica de los regímenes totalitarios, donde el individuo debe estar sometido y puede (y debe) ser sacrificado en nombre de la colectividad (a veces disfrazada por otra palabra: el bien común) .

No sería extraño que, si reviviéramos a Lenin, tildaría a la neurociencia actual de ser “burguesa” y de representar los intereses de los capitalista explotadores. En base a este polilogismo de clase, todo había que juzgarlo desde el punto de vista de la clase, por lo que si hablamos de libertad, igualdad, democracia, solidaridad, ciencia, tendríamos que especificar, de acuerdo al clasismo leninista, si tales conceptos son de carácter burgués o proletario (¿solidaridad burguesa o proletaria?) Por eso no es de extrañar que los miembros del Partido Comunista critiquen apasionadamente (y acertadamente) la dictadura cívico-militar de Pinochet, pero a la hora de evaluar la dictadura de Cuba, nos señalen, como lo hace Camilo Ballesteros (Director de la División de Organizaciones Sociales (DOS)), que Cuba es “una democracia distinta a la nuestra”[6]. Las diputadas comunistas, Camila Vallejos o Karol Cariola, no sólo no se les ocurre tildar a Cuba de dictadura sino que alaban a la figura del eterno dictador.

La figura de Lenin ha sido fuertemente protegida contra la crítica desde su muerte y la estrategia empleada ha sido presentarlo como el revolucionario ideal y bien intencionado, pero que fue traicionado por Stalin, quien habría pervertido su gran obra. No sólo eso, fue Stalin el que pervirtió el sistema comunista mundial. La verdad es que el “Leninismo” que tanto alaban sus seguidores es una obra del dictador Joseph Stalin, ya que fue él quien se encargó de elevar a Lenin, tras su muerte, a un rango de Dios, digno de integrar el panteón comunista junto a Karl Marx y Friedrich Engels.

Lenin, Engels y Marx

Lenin, Engels y Marx

Lo anterior resulta ser falso y resulta ser que una apología infundada de un hombre que fue el gran responsable de desencadenar la violencia en Rusia, así como dejar preparado el aparato represivo a quien le sucediera en el poder. La imagen de Lenin que emergió tras su muerte fue, como señala Robert Service, el “Lenin de Stalin” y es, en gran parte, ese Lenin el que muchos comunistas se jactan de tenerlo como uno de sus grandes inspiraciones. Aconteció que, tras la muerte de Lenin, se decidió, en contra de los deseos de su esposa y en contra del propio Lenin, que su cuerpo fuese embalsamado yconstruira un mausoleo en su honor, ya que esto serviría, de acuerdo a Service, como un elemento unificador para los ciudadanos de la Unión Soviética. Fue Stalin quien se apoderó de la figura de Lenin y se encargó de convertirlo en un Dios, y todos sus escritos se transformaron en verdaderos dogmas sagrados. Se escribieron hagiografías y apologías del revolucionario bolchevique, Petrogrado pasó a llamarse Leningrado, se creó la Unión de la juventud comunista leninista de toda la Unión, se editaron sus obras completas y se creó la Orden de Lenin que condecoró, entre otros, a figuras Stalin, Fidel Castro, Mikhail Kalashnikov y Erich Honecker.

Sobre este “Lenin de Stalin”, escribe Robert Service

 “Gran parte de este «Lenin» era una versión castrada del Lenin histórico. No estaba permitido aludir a los ingredientes no rusos de su estirpe...Nunca se hacía mención de su condición de noble...Se prohibió hablar públicamente de sus estudios de lengua clásica, sus simpatías por el terrorismo de los socialistas agrarios y su género de vida bastante privilegiado...Pasó a ser herejía detenerse en el hecho de que tomase ideas de otros pensadores y políticos”[7].

Fuera de Rusia hubo intentos presentar un retrato más real de la figura de Lenin, pero, a la larga, terminó prevaleciendo la versión soviética que hacía del nacimiento y formación de la Unión Soviética fruto de las energías de un solo individuo: Lenin.

En suma, el miro de Lenin como “el buen revolucionario traicionado por Stalin” no obedece a la realidad. Fue Lenin quien escribió ¿Qué hacer?, las “Tesis de abril” y “Estado y la revolución”. Lenin tuvo un peso tremendo en las decisiones centrales. Fue bajo su liderazgo que se firmó el armisticio de Brest-Litovsk con el Imperio Alemán para salir de la Primera Guerra Mundial y la implementación la Nueva Política Económica. Pero también fue bajo su liderazgo cuando se impuso el comunismo de guerra, que resultó ser un fracaso total y se creó el organismo de inteligencia, la Checa, bajo el implacable Félix Dzerzhinski. Fue durante el gobierno de Lenin donde se utilizó el terror como política de Estado y fue bajo su liderazgo donde el partido comunista se transformó en una entidad caracterizada por el centralismo, la jerarquía y la militancia.

Tampoco se debe olvidar el intento del nuevo gobierno bolchevique de invadir Polonia que, como explica Norman Davies, sería una constante ya que la Unión Soviética entró en territorio polaco en cuatro ocasiones: 1918, 1920, 1939 y 1944.  Davies explica que las ambiciones expansionista de los bolcheviques obedecían a la idea de establecer un puente rojo que vinculase Rusia con Alemania. Tal estrategia de Lenin, que Davies tilda de “infantil”, consistía en cruzar los 1.800 km entre Moscú y Berlín, esperando que el avance de su ejército por el “puente rojo” sería aclamado por los pueblos de la región. En este caso la ideología prevaleció por sobre la realidad y la ideología quedó pulverizada por los hechos. El sueño de una revolución proletaria internacional quedó sepultada en Polonia. Como bien afirma Davies, la campaña soviética de 1920 es muy poco conocida y casi no figura en los textos de historia. Este hecho fue fundamental ya que el ejército rojo sufrió un derrota vergonzosa, al igual que los sueños de la II Congreso de la Komintern. No es exagerado afirmar, como lo hace Davies, que la derrota de los bolcheviques por los polacos pospuso indefinidamente el plan para la revolución mundial. Una figura destacada en esta derrota de los bolcheviques fue la del Mariscal y Jefe de Estado de la Segunda República polaca: Józef Piłsudski (1867- 1935).

En suma, Lenin es un personaje decisivo en la historia del siglo XX, ya que fue el que lideró la revolución que significó la instauración, por la fuerza, del primer régimen capitalista de Estado que se autodenominó como “socialista”. Se impuso una ideología extranjera, elaborada por dos autores de origen burgués, Marx y Engels, sobre los cuales la mayor parte del campesinado ruso n¡ conocían. 

Lo más cercano que estuvo Lenin al ideal comunista fue durante el “comunismo de guerra”, donde se intentó abolir la propiedad privada, el mercado y entregar la gestión de las fábricas a los trabajadores, bajo una férrea disciplina, resultó ser un fracaso. Lo que el economista soviético Bujarin consideraba como una política económica normal (y no una excepción fruto de la guerra civil que se vivía), resultó ser un desastre, por lo que Lenin tuvo que hacer cambio e introducir la Nueva Política Economía. De manera que cuando un comunista nos dice aquella frase de manual de que “aún no conocemos el comunismo, ya que nunca se materializado”, no podemos más que estar de acuerdo, pero con una salvedad: el comunismo nunca se materializará por medios no violentos ya que el comunismo es una rebelión contra la razón humana y contra la naturaleza humana misma. De manera que en el camino hacia la sociedad igualitaria habrá una fase insuperable en la cual todos estos regímenes se estancaron (y como en la actualidad lo está Cuba y Corea del norte): la fase estatista-represiva, un equivalente al purgatorio cristiano donde se espera que las almas se liberen de las impurezas para poder así acceder al paraíso terrenal. El problema es que sujetos como Lenin no concebían que el paraíso se localizaba en otro mundo, sino que podía materializarse aquí en la tierra.

Lenin, como todos los grandes sujetos de la historia (ya sean bueno o malos) han sido fruto de construcciones discursivas que, en el caso de Lenin, se alejan sideralmente del personaje de carne y hueso, de manera que ser leninista, en mi opinión, no es motivo de orgullo, al igual que autoproclamarse, castrista, guevarista o maoísta (o hitlerista)

El cuerpo de Lenin, al igual que el de otros líderes comunistas (Mao en China, Kim Il Sung y Kim Jong Il en Corea del Norte), fue embalsamado. 

El cuerpo de Lenin, al igual que el de otros líderes comunistas (Mao en China, Kim Il Sung y Kim Jong Il en Corea del Norte), fue embalsamado. 

 

[1] Sobre este tema pueden consultarse obras de autores como John Stuart Mill u otros más modernos como Mario Bunge, John Searle, Ned Block o Jaegwon Kim.

[2] Lenin, Obras Escogidas, tomo 2 (URSS: Editorial Progreso, 1979), 36.

[3] Robert Service, Lenin. Una biografía (Argentina: Siglo XXI Editores, 2001), 101.

[4] Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag III (España: Tusquets Editores, 2010), 432.

[5] J.Arch Getty y Oleg V. Naumov, La lógica del terror. Stalin y la autodestrucción de los bolcheviques, 1932-1939 (España: Editorial Crítica, 2001), 116.

[6] http://www.lanacion.cl/noticias/pais/politica/camilo-ballesteros-cuba-es-una-democracia-distinta-a-la-nuestra/2013-12-27/120339.html

[7] Ibid., 559.