Ernesto Guevara: el Necháiev del siglo XX (por Jan Doxrud)

Ernesto Guevara el "Necháiev" del siglo XX

¿Por qué el título?

El título que he escogido se explica por el hecho de que considero que Ernesto Guevara fue en cierta medida una encarnación del pensamiento del anarquista  y nihilista ruso, Serguei Necháiev (1887-1842). Necháiev, en los primeros tres puntos de su “Catecismo Revolucionario” defendía las siguientes ideas.

1-“El revolucionario es un hombre que ha sacrificado su vida. No tiene negocios ni asuntos personales, ni sentimientos ni ataduras; ni propiedades, ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por un único interés, exclusivo. Un solo pensamiento, una única pasión: La Revolución.

2-En lo mas profundo de su ser y no solo con palabras sino también con actos, ha roto todo lazo con el orden burgués y el conjunto del mundo civilizado, así como con leyes, tradiciones, moral y costumbres en vigor en esta sociedad – es el enemigo implacable de esta sociedad y si continúa viviendo en ella es para destruirla mejor.

3-Un revolucionario desprecia cualquier teoría: renuncia a la ciencia actual y la deja para las generaciones futuras. Solo conoce una ciencia: la de la destrucción –con este fin exclusivo estudia mecánica, física, química y ocasionalmente medicina. Con esta meta se entrega día y noche al estudio de las ciencias de la vida: los hombres, su carácter, las relaciones entre ellos así como las condiciones que rigen en todos los campos del orden social actual – La meta es la misma: destruir lo más rápida y seguramente posible esta ignominia que representa el orden universal”.

Sin duda Guevara encarnó a la perfección los dos primeros puntos, pero el tercero sólo lo cumplió hasta el segundo punto seguido.

El ídolo

Ernesto “Che” Guevara (1928-1967) es uno de aquellos personajes que se ha ganado una inmerecida fama producto, principalmente, de la astuta propaganda cubana dirigida por Fidel Castro. Lo que más sorprende en la actualidad es la ignorancia que existe en torno a este personaje y el sesgo que predomina en algunos jóvenes (y otros no tanto) quienes sólo destacan algunas facetas de este personaje y citan una que otra frase cliché sobre la "explotación", diatribas contra el "Imperio yanqui" o sobre la justicia social. Incluso el intelectual francés Jean Paul Sartre escribió que “Guevara era el ser humano más completo de nuestro tiempo”. Pero es común que los intelectuales se vean seducidos por esta clase de sujetos, lo mismo sucedió con Gabriel García Marquez (con Castro) y con el filósofo alemán, Martin Heidegger, en relación a Hitler y el nacionalsocialismo. Al ser consultado sobre esta pieza de sabiduría de Sartre, el ensayista alemán, Hans Magnus Enzensberger responde sin sutilezas:

…con respecto a lo que dijo Sartre, siempre hay que recordar que entre los intelectuales hay tonterías de las que son capaces sobre todo los intelectuales. ¡El hecho de que sean intelectuales no significa que sean más listos que los demás! ¡Las tonterías son muy variadas, es muy rica la lista! Y hay un departamento de tonterías de los intelectuales. Las suyas son mayores porque ellos han trabajado muy arduamente en la fabricación de la tontería”.

Para muchas personas Ernesto “Che” Guevara es la representación por antonomasia del “guerrero popular-romántico” e idealista, que abandonó todo, su vida cómoda en Argentina, su profesión (médico) y sus cargos en Cuba por su causa altruista de ayudar a los desfavorecidos. Algunas biografías (o más bien hagiografías) nos señalan que Guevara supuestamente habría luchado por la igualdad y la justicia, por los explotados, y que habría sido el modelo por excelencia del “eterno rebelde” y el hombre que “murió por un  ideal”.

Cabe decir que es cierto que Guevara fue un idealista, pero lamentablemente en el sentido negativo del término ya que, en primer lugar, Guevara siempre actuó al margen de la realidad, es decir, era una persona que carecía de un sentido de la realidad, de los aceptos básicos de la psicología humana y de cómo funcionaba una sociedad. La realidad debía siempre adaptarse a la teoría que él tenía en mente, esto es, el marxismo-leninismo, pero lamentablemente, para Guevara, la realidad siempre terminó por imponerse, lo que significó que cosechara múltiples fracasos durante su vida.

En segundo lugar, su “ideal” de sociedad no era uno que pudiésemos considerar como digno de ser alcanzado, ya que era un modelo de sociedad que haría temblar hasta las peores distopias que han quedado plasmadas por distintos escritores como Orwell, Huxley o Vonnegut. Hitler (Alemania), Pol Pot (Cambodia) o un Abu Bakr al-Baghdadi (Estado Islámico) también fueron (y es en el caso del último) idealistas y nos podemos preguntar cuántas vidas se hubieran salvado si tales hombres hubiesen carecido de aquel celo ideológico que los llevó y lleva (en el caso de al-Baghdadi) a eliminar a cualquiera que los contradijera. Morir por un ideal no siempre es algo loable, como por ejemplo el caso Mohamed Atta y los demás criminales que estrellaron los aviones comerciales en Estados Unidos. Todos ellos también murieron por un ideal religioso. Por lo tanto señalar que Guevara era un idealista no nos dice mucho, ya que habría que entrar a examinar cuál era su ideal de sociedad y su concepción del hombre, de la economía, etc. También es cierto que Guevara era en cierta medida un monje guerrero (aunque no casto) que vivía para la guerrilla, que consideraba  esta como una verdadera forma de vida, tan así que el “Che” nunca se sintió a gusto en ambientes de estabilidad, orden y paz, lo que se tradujo en que buscase nuevas escenarios bélicos donde pudiese operar con su guerrilla y ejercer su autoridad despótica, como fue el caso de su desastrosa incursión en el Congo y su fantasiosa aventura en Bolivia donde encontró finalmente la muerte. Si Guevara estuviese vivo y jugásemos a las especulaciones, no sería quizás muy fantasioso pensar que el eterno guerrillero estaría comprometido con algún grupo guerrillero en Chechenia, Afganistán o Irak, ya que el “Che” finalmente encarnó esa verdadera  “máquina de matar” qué él mismo predicó.

Pero el hecho es que el “Che” se ha transformado en un verdadero ídolo, en una imagen endiosada y venerada por muchos. Existen personas que utilizan poleras con su rostro e incluso se tatúan su imagen (Maradona), aunque suele suceder que sus portadores saben poco o nada sobre el personaje en cuestión (aunque puede suceder que algunos admiren igualmente la violencia y autoritarismo de Guevara). Existe una verdadera industria en torno a su figura, basta ver la bebida energética de nombre  “Rebel Spirit” inspirada en la figura del guerrillero argentino. Si las personas conocieran verdaderamente  la personalidad del Che, su pensamiento y acciones, despojados de la propaganda castrista, muchos pensarían con mayor detenimiento si sería realmente “recomendable” ponerse una polera con la imagen del argentino. Si considera que igualmente el Che es digno de estar en su polera, podría adquirir entonces otra con el rostro de Joseph Kony (Ejército de Liberación del Señor) o de Manuel Marulanda Vélez “Tirofijo” (FARC) que, al menos, supieron dar la lucha y no cosecharon sólo fracasos como Guevara.

Guevara fue un joven que, a lo largo de sus viajes fue gradualmente atraído por la política y temas relacionados con la pobreza, injusticia y desigualdad, y posteriormente, por el comunismo, los escritos de Marx y la idea de revolución. Antes de este proceso, el argentino era más bien una persona completamente desinteresada por la política. Uno de sus biógrafos, Enrique Ross, señala que hasta su llegada a Guatemala (1953), Guevara no tenía formación ideológica alguna, siendo solamente un joven aventurero amante del deporte y la fotografía. Sería la activista de ultraizquierda del APRA, la peruana Hilda Gadea, quien comenzó con el adoctrinamiento ideológico de Guevara. En Guatemala Guevara sería testigo de la caída del gobierno de Jacobo Arbenz, producto de un golpe de Estado y también fruto de los roces con Estados Unidos, producto de las expropiaciones a la empresa norteamericana United Fruit. Pero frente a este suceso Guevara se mantuvo pasivo, no teniendo ningún tipo participación en los hechos. Pero sería en su próximo destino, México, donde Guevara entraría en contacto con cubanos opositores a la dictadura de Fulgencio Batista. El proceso de politización de Guevara iría in crescendo aunque aún faltaba su experiencia con la Guerrilla en la selva de la Sierra Maestra en Cuba. En México conocería a Fidel y Raúl Castro, estableciendo desde casi un comienzo una excelente relación. En el caso de Fidel, el Che Guevara siempre mantuvo una relación de respeto e incluso de subordinación plena y nunca se atrevió a entrar en  discusiones con el revolucionario cubano. Es en este ambiente, rodeados de revolucionarios cubanos, fue que Guevara se ganaría su apodo. En realidad cuentan algunas biografía y videos testimoniales de quienes lo conocieron en México, que el apodo de “Che” fue en realidad una respuesta al tono de burla que Guevara mostraba ante la manera de hablar de los cubanos, por lo que estos, en represalia, lo comenzaron a llamar “Che”.

Los hechos a continuación son conocidos: los disidentes cubanos navegan en el yate “Granma” hacia Cuba, comienza la guerra de guerrillas en la Sierra maestra y el dictador Fulgencio Batista termina siendo derrocado, y Castro y sus guerrilleros asumen el poder. No es lugar aquí para profundizar en el “mito de la revolución cubana”, es decir, el engaño que supuso esta revolución. La revolución de los guerrilleros barbudos nunca se presentó como una de carácter comunista y Castro se encargó públicamente de dejar claro eso. Un argumento para justificar esto, es que Castro lo hizo para engañar a su temido vecino Estados Unidos, pero la verdad es Castro no mintió solamente a aquella nación, sino que mintió a todo el pueblo cubano caracterizado por su tradicionalismo y apego a las religión cristiana, que nada quería saber de marxismo y comunismo. Como en todos los demás casos, el comunismo en Cuba fue impuesto a la fuerza de arriba (la elite o vanguardia del partido) hacia abajo y Castro comenzó a deshacerse de sus antiguos camaradas de armas que en su mayor parte no eran comunistas como fue el caso del profesor y guerrillero  Huber Matos (condenado a 30 años de cárcel cumplidos hasta el último día) y Camilo Cienfuegos (que murió, para muchos, en extrañas circunstancias) y otros menos conocidos por lo que no tuvieron cobertura mediática. Castro hizo todo lo contrario de lo que había establecido (y firmado) en el Manifiesto de la Sierra Maestra, en donde se establecería un gobierno provisional que debería ajustar su misión al siguiente programa: libertad inmediata para todos los presos políticos, civiles y militares, garantía absoluta a la libertad de información, a la prensa radial y escrita y de todos los derechos individuales y políticos garantizados por la Constitución y la democratización de la política sindical promoviendo elecciones libres en todos los sindicatos y federaciones de industrias. Castro tampoco reinstauró la Constitución de 1940. Estos y otros puntos no fueron cumplidos ya que estaban en contra de lo que Castro tenía planificado para Cuba.

                                                                 Fidel, Raúl y Ernesto Guevara

                                                                 Fidel, Raúl y Ernesto Guevara

Por lo demás, la revolución cubana suele ser presentada como un suceso que fue sólo producto de un puñado valientes guerrilleros barbudos de la Sierra Maestra contra un supuesto “gran” ejército cubano que defendía a Batista. Se minimiza la acción de las guerrillas urbanas y el apoyo extranjero, así como la mirada favorable y complaciente por parte de Estados Unidos que no apoyó a Batista. Se suele omitir un dato importante y es que muchos de aquellos barbudos no eran comunistas, es más, eran anticomunistas.

¿Qué fue de Guevara una vez consolidada la revolución? El guerrillero era un marxista convencido, aunque su posición se acercaba más al “maoísmo” (Mao tse-Tung, líder de la revolución comunista en China), alejándose así del revisionismo de los líderes soviéticos que comenzó tras la muerte de Stalin (1953). El Che no estaba para revisionismos, ni coexistencia pacífica y su corazón estaba más con un Stalin o un Mao que con un Nikita Nikita Jruschov. Pero sería un error ver en el Che a un teórico o intelectual marxista, ya que sus conocimientos eran bastan precarios, de manera que hablar de “guevarismo” resulta ser algo tan absurdo como hablar de “pinochetismo” Un conocedor de la filosofía marxista, el argentino Juan José Sebreli, escribió en un artículo que el Che Guevara era un idiota y señaló lo siguiente sobre el guevarismo:

Punto por punto, el guevarismo fue lo opuesto al pensamiento de Marx y del socialismo clásico: sustituía la autoemancipación por la vanguardia iluminada y el jefe carismático, la movilización de masas por el foco, la democracia social por la dictadura política, el partido por la guerrilla, la lucha de clases por la lucha entre naciones ricas y pobres, la clase trabajadora por el campesinado, las condiciones objetivas por el voluntarismo, el socialismo, sólo posible en las sociedades avanzadas, por el de los pueblos más pobres”.

Una vez consolidada la revolución el Che se fue ganando su particular fama y  comenzaron a hacerse públicos rasgos de su personalidad: violento, dogmático, intolerante, racista, fanático acrítico del sistema comunista-marxista, de manera que si la realidad no se adaptaba a la teoría, entonces era la realidad la que debería adaptarse. Guevara cumple el clásico perfil de la personalidad autoritaria que describe la psicología: persona disciplinada, que le apasiona ejercer dominio sobre los demás (sensibles a la jerarquía); gusto por establecer estrictas reglas que, de ser transgredidas, son sancionadas  con dureza; nula empatía; egoístas, incluso cuando pretenden llevar a cabo acciones desinteresadas, lo hacen para satisfacer su propio ego (narcisismo puro). El Che  era un verdadero fanático convencido de que el marxismo era una ciencia y Marx había señalado el camino a seguir y que las personas debían simplemente que someterse a sus dictámenes.  Guevara llegó a señalar que se debía ser marxista con la misma naturalidad con que se era newtoniano en física y que ellos, como revolucionarios prácticos, solo cumplían las leyes previstas por “Marx el científico”. De acuerdo a esta concepción dogmática e ingenua, Guevara pensaba que él y los demás revolucionarios sólo se ajustaban a las predicciones del “científico Marx”. Tal ingenuidad llevaría a Guevara a trasladarse a Bolivia pensando que recibiría el apoyo del campesinado (quizás pensando en la solidaridad proletaria internacional, es decir, el proletario no tiene patria), lo cual, por supuesto, nunca sucedió. También  se caracterizó por ser homofóbico (aunque no fue algo exclusivo de él, ya que Castro y otros guerrilleros, como “machos latinos” despreciaban a los homosexuales, de manera que estos últimos fueron perseguidos). Como todo totalitario, el Che concebía al ser humano como una tabla rasa (popularizada por el liberal inglés John Locke), es decir, una mente en blanco a la cual se le imprime desde el exterior estímulos específicos que logran moldearlo, en este caso, darle la forma que el Che deseaba. Guevara afirmaba que la “masa” debía  ser sometida a estímulos y presiones de cierta intensidad y hablaba de “aparatos bien aceitados” que permitiesen llevar a cabo la “selección natural” de los destinados a caminar en la vanguardia (léase los elegidos o iluminados). Fidel, Raúl, el Che y sus cercanos eran conscientes de que tendría que hacerse un importante trabajo de ingeniería social sobre una población que no quería saber nada de una ideología como la comunista. El célebre “hombre nuevo” de Guevara era parte de ese proyecto constructivista que pretendía rediseñar la naturaleza humana misma, ya que para estas personas no existía justamente naturaleza humana alguna, por lo que la cúpula comunista podría manipular a su voluntad esta tabla rasa que era el ser humano. Al respecto escribió Guevara: El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica[1]. Esta clase de retórica se repite en nuestro siglo. Por ejemplo, el fallecido Hugo Chávez en “Aló Presidente” plantea reflexiones similares al respecto:

La construcción de un modelo socialista viene acompañada de una transformación, de manera estructural, de todo el cuerpo que sustenta una nueva sociedad, y debe existir un equilibrio entre la praxis y la teoría revolucionaria para que los antiguos vicios que provengan del antiguo modelo social no invadan y afecten el nacimiento de la nueva sociedad, es decir, la génesis del «hombre nuevo«”[2].

Un ejemplo de esto fue la Casa de Beneficencia que fue presentada como un gran proyecto humano en donde se acogían a niños huérfanos menores de 10 años e incluso se recibían niños de familias que no podían mantenerlos. Pero detrás de esta fachada se encontraba un verdadero régimen disciplinario donde  a los niños se les sometía a un intenso adoctrinamiento ideológico en donde las figuras de los hermanos Castro y el Che eran sagradas.

También se ganó su fama como virtuoso de los pelotones de fusilamiento (y su política de "ante la duda, matar"), una persona que firmaba papeles con nombres de fusilados como si estuviese firmando un autógrafo (no estaba dispuesto a seguir métodos legales burgueses, como recordaba un colaborador, José Vilasuso). De ahí nació también su apodo de “Carnicero de la Cabaña” o “sadomasoquista” o el “ángel exterminador” (Régis Debray). En la fortaleza de La Cabaña se llevaron a cabo numerosos fusilamientos bajo las órdenes de Guevara. No profundizaré en detalles sobre cantidades de muertos y anécdotas al respecto ya que sobran en las distintas biografías.

Otra característica de Guevara, así como de Fidel Castro, aunque es también una característica de esta clase de personajes intolerantes y autoritarios, es su incapacidad de mantener un diálogo, intercambiar ideas y defender sus posturas por medio de argumentos lógicamente fundamentados. Las personas autoritarias son incapaces de participar en controversias y polémicas con otras personas en igualdad de condiciones. A ellos les gusta sólo hablar y ser escuchados y por ningún motivo aceptan que se les cuestione, ya que al momento de verse acorralados, inmediatamente emerge el dictador totalitario que llevan en su interior. Incluso personajes como Marx y Lenin no escaparon de esto e incurrían constantemente en ataques ad hominem contra sus contrincantes, especialmente el caso de Lenin.

 

El Carnicero de La Cabaña se transforma en banquero y ministro revolucionario

Quizás uno de los episodios más surrealistas en la historia política y económica de Cuba, fue el nombramiento de Guevara como Presidente del Banco Nacional de Cuba (26 de octubre de 1959). Se puso a un fusilador de burócrata, se colocó en aquel puesto a una persona que no conocía el ABC de la economía y así se encargó de demostrarlo. Firmaba los billetes, en señal de “respeto” al pueblo cubano simplemente con “Che”. Cómo afirmó con ironía Hans Magnus Enzensberger: “Pobre Che Guevara. Él firmaba los billetes del Banco Nacional sin tener conciencia de que ese peso no valía nada… En ese sentido fue también un ignorante”[3].

En resumen, se reemplazaron a personas experimentadas como el  economista como Felipe Pazos (1912-2001), que fue una de las tantas víctimas del giro comunista que tomó la revolución, y fue reemplazado por un hombre completamente ignorante en materia bancaria y financiera. El historiador Hugh Thomas, en su monumental obra sobre Cuba escribió:

Este cambio provocó un pánico financiero y un asedio de los bancos. Sin embargo, Guevara declaró que seguiría la política de Pazos, y Castro aseguró suavemente a López Fresquet (economista cubano )que Guevara sería más conservador que Pazos. Pero las consecuencias de la dimisión de Pazos fueron más graves para el régimen de lo que Castro podía haberse figurado. La mayoría de los mejores ayudantes de Pazos, como José Antonio Guerra o Ernesto Betancourt (el representante del Movimiento 26 de Julio en Washington antes de 1959), se fueron también. Varios de estos funcionarios se quedaron hasta que tomaran posesión Guevara  y sus ayudantes, pero su dimisión – no todos se fueron de Cuba – significó la desaparición del ala liberal de la revolución, de los reformadores genuinos que también eran respetados en Washington[4].

Este es un episodio que ni siquiera el más fiel admirador de Guevara (ni siquiera sus biógrafos-admiradores) puede defender. Los soviéticos se espantaban ante los discursos carentes de sentido de Guevara y se percataron de que con ese personaje en el poder, la ayuda económica que daban sería como depositarla en un saco sin fondo. Fue cosa de tiempo cuando los especialistas comenzaron a renunciar (y ser despedidos) a sus cargos y Guevara, quien no podía aceptar que alguien osara a saber más que él (y menos que alguien le dijera lo que debía hacer), se rodeó de jóvenes inexpertos que sólo tenían conocimientos sobre como cultivar la caña de azúcar. Pero en el universo mental de Guevara cualquier problema de “experticia” sería compensado por el fervor revolucionario e ideológico. Tras el desastre que significó su desempeño como “banquero revolucionario”, Fidel le creó otro puesto y lo nombró titular de la cartera de Industria, donde Guevara continuaría cosechando desastres. Procedió de la misma manera, nombrando jóvenes inexpertos al mando de industrias estatales, pero dentro de la “cosmovisión guevarista”, cualquier problema que se presentaba  obedecía simplemente a la falta de voluntad y fervor ideológico, que supuestamente su “hombre nuevo” poseía de sobra. Los problemas económicos eran simplemente problemas relacionados con el fanatismo y el entusiasmo revolucionario. Muestras de la ingenuidad y autoritarismo de Guevara fue el establecimiento de jornadas bautizadas bajo el nombre de “trabajo voluntario”, donde las personas tendrían que trabajar forzadamente los fines de semana, claro que con alegría, dentro de un ambiente de camaradería revolucionaria, al son de cánticos revolucionarios “en medio de la camaradería más fraternal, en medio de contactos humanos que vigorizan a unos y otros, y todos elevan[5].

¿Estímulos monetarios? Por supuesto que no, los estímulos para Guevara debían de ser de carácter moral, los trabajadores debían ser movidos por estímulos morales (lógico, un verdadero proletario no debe trabajar a cambio de dinero). Guevara además pensaba que los trabajadores debían tener un sentido de “responsabilidad” y no de “propiedad” se opuso a las políticas del Kremlin que ponía énfasis en el estímulo material de sus trabajadores. Como señala Sebreli, los estímulos morales eran sólo un fetiche y una fachada que buscaba evitar pagar salarios a los trabajadores que laboraban los fines de semana. Por su parte, Hugh Thomas escribió:

Los incentivos morales todavía no han triunfado totalmente. En septiembre de 1969 se subieron los salarios de los trabajadores del azúcar en una tercera parte, concretamente para tratar de evitar que se fueran de la industria más hombres especializados. Sigue habiendo mucho absentismo – el único medio de protesta eficaz y de sabotaje ocasional que tienen los trabajadores cubanos[6].

Producto de su falta de conocimientos y arrogancia, los desastres de Guevara en el Banco Nacional como en el ministerio irían mermando su posición dentro de la burocracia castrista. Al respecto escribe Thomas:

En Cuba, Guevara también había mostrado su dogmatismo en otros campos: fue derrotado en la controversia con Marcelo Fernández, su sucesor en el cargo de presidente del Banco Nacional, sobre hasta qué punto habían de ser o no autónomas las corporaciones estatales. Guevara adoptó la línea centralista más cerrada. Las optimistas predicciones que hizo en 1960-1961 de que Cuba podría industrializarse rápidamente se redujeron a nada. Toda una serie de fábricas a medio hacer o vacías, que eran ‘tristes recordatorios del conflicto entre la pretensión y la realidad’, como dijo el periódico yugoslavo Borba en 1965, constituyeron su mausoleo[7].

 

El banquero-ministro en busca de una guerra o la huida del fracaso

Tras el desastre de las incursiones laborales de Guevara como banquero y ministro, finalmente decide volver a lo suyo, donde se sentía más a gusto: la guerra. Su situación en Cuba era cada vez más precaria y sus posibilidades de tener un rol de relevancia dentro de la maquinaria burocrática castrista era casi nula. Además, para Castro, Guevara se estaba transformando en una piedra en el zapato debido a sus comentarios en la prensa que lo ponían en una situación incomoda con la Unión Soviética. Guevara solía hablar más de la cuenta y a veces dejaba escapar críticas a la URSS por su política poco aguerrida y a Castro esto no le convenía ya que dependía del apoyo de los soviéticos. Con estos tenía, entre otras cosas, un negocio de trueque de azúcar por petróleo. En realidad al Che no le quedaba nada más que hacer en Cuba tras sus fracasos y en una carta entregada a Castro, el Che declaró que renunciaba a todos sus títulos, cargos y a la nacionalidad cubana. La carta debía ser leída públicamente por Fidel cuando el Che falleciera, pero el astuto Castro la hizo pública cuando el Che luchaba en el Congo.

Antes de partir el Congo el Che viajó, estuvo en la ONU, Europa, Asia y África. En su discurso en la ONU, Guevara acudió a la clásica estrategia de despotricar en contra del “Imperio yanqui” (tal como lo hizo Chávez en su momento), mostrando como la pequeña Cuba, explotada por el imperialismo, se rebeló contra sus explotadores. Pero Guevara omitió añadir que ahora Cuba sería explotada por una nueva elite socialista que se encargaría de hacer parecer al anterior dictador, Fulgencio Batista, como un inocente aprendiz de dictador. Creo que sus declaración pública en la ONU donde afirmó que efectivamente que fusilaban y que continuarían fusilando, no merece mayor análisis. Tras regresar a Cuba, después de sus viajes en el extranjero, el Che tuvo fuertes discusiones con Castro y quienes son cercanos a Castro, saben que lo mejor que se puede hacer tras contradecir o levantarle la voz a Fidel es exiliarse o nadar a la isla más cercana. Algunos biógrafos incluso señalan que el Che temía por su vida lo cual hizo que acelerase su proyecto de establecer una guerrilla en el Congo. Prueba de su apuro fue su nula preparación previa, ya que el Che llegó a Cuba el 14 de marzo y marchó hacia el Congo el 1 de abril .

Fue 1965 cuando el Che decidiría emprender su aventura bélica en el Congo que vendría a ser otro desastre más en su vida. Ahí prestaría su ayuda a Laurent-Desiré Kabila (1939-2001), padre del actual Presidente de la República Democrática del Congo, Joseph Kabila. Siempre ayudado por el aparato castrista (viajó junto a guerrilleros cubanos negros), el Che  viajó desde Europa del Este  hacia Argelia y desde este país viajó a  El Cairo para dirigirse después a Nairobi (Kenya). En Tanzania donde es recibido por el embajador cubano Pablo Rivalta, en Dar Es-Salam. Posteriormente comenzaría su incursión en el Congo. La  estadía de Guevara en el Congo se transformó en un verdadero infierno. Pero ya había sido advertido sobre este potencial fracaso de su empresa. El periodista francés, Pierre Kalfon, cita las palabras del líder egipcio Gamal Abdel Nasser al Che Guevara en su visita a Egipto sobre su proyecto guerrillero en África:

Me sorprende usted mucho…¿Quiere convertirse en un nuevo Tarzán, en un blanco que se mezcla con los negros para guiarlos y protegerlos? No tendrá éxito. Como blanco lo descubrirán fácilmente y si encontramos otros blancos que lo acompañen, proporcionarán a los especialistas la ocasión de decir que no hay diferencia alguna entre ustedes y los mercenarios. Si va usted al Congo con dos batallones cubanos y yo le envío un batallón egipcio, lo llamarán injerencia y eso hará más mal que bien”.

Pero al Che le tenía sin cuidado esto, prefería aquello que ser humillado por sus fracasos en Cuba. Tenía bajo su mando sólo a un puñado de cubanos que fueron con él, pero por ningún motivo pudo aspirar a comandar una guerrilla  congoleña, ya que ¿cómo un blanco iba dirigir a soldados negros en una lucha donde los habitantes del Congo buscaba la independencia de la tutela de los belgas que eran blancos? Así mismo lo dejó en evidencia Alexis Salemani, integrante de las fuerzas congoleñas, quien no podía entender que hacía ahí Guevara (un blanco) ayudándolos en la lucha contra las fuerzas belgas (también blancos). La inactividad del Che en el Congo debió haberlo desesperado, ya que no se le permitió participar en batalla alguna, salvo una que otra escaramuza y el ataque a Front Force (un fracaso). Pero existían otros problemas para el Che que tenía relación con las costumbres de los congoleses y ruandeses que combatían. En primer lugar era indisciplinados y no sabían combatir. El Che se refiere a estos ejércitos como parásitos, que no trabajaban ni entrenaban.  En segundo lugar eran supersticiosos, por ejemplo, el Che debió haber quedado helado cuando se enteró que una de las principales armas de las guerrillas africanas era el “Dawa”. El Dawa consistía en un jugo de hierbas que los combatientes  untaban en su piel para así ser “inmunes” a las balas de las fuerzas enemigas. El mismo Che explica la lógica de esta creencia. Señala que existían tres condiciones para que el Dawa no hiciera efecto: estar en contacto con una mujer, haber tomar un objeto que no perteneciera a la persona y no sentir miedo, de manera que el soldado que incurriera en una de estas, quedaría privado de escudo protector del Dawa. El Che señala en su diario que en el Congo se sintió solo como nunca antes lo había sentido. Fue también en el Congo donde se enteró que Castro había hecho pública la carta que el Che le había entregado y que debía ser leída cuando este falleciera. No hay que ser un analista muy agudo para descifrar parte del mensaje de fondo que Castro le envió al Che al leer su carta. Con esta acción Castro, en primer lugar, se desmarcaba de la incómoda figura del Che (y así asegurar su relación con los soviéticos) y, en segundo lugar, le dio a entender al Che que no había futuro para él en Cuba (al menos lo que Guevara consideraba un futuro digno para él)

Incluso a partir de los fracasos de Guevara algunos logran de manera creativa construir una doctrina: "El internacionalismo". La industria académica demuestra ser muy creativa. Cabe preguntarse la conexión entre Guevara y Patrice Lumumba (como se sugiere en el afiche)

Incluso a partir de los fracasos de Guevara algunos logran de manera creativa construir una doctrina: "El internacionalismo". La industria académica demuestra ser muy creativa. Cabe preguntarse la conexión entre Guevara y Patrice Lumumba (como se sugiere en el afiche)

Finalmente un Che con la moral por el suelo decide abandonar África y se dirigió a Checoslovaquia donde comenzaría a maquinar su último gran desastre: organizar una guerrilla en Bolivia. Antes de dirigirse por Cuba, pasó por última vez a Cuba donde nuevamente recibiría apoyo de Castro (si es que se le puede llamar “apoyo” el ayudar a Guevara a que se dirigiera a su propia tumba en Bolivia).  El Che llegó a creer que él con alrededor de 15 guerrilleros lograría derribar el gobierno de Bolivia, pero una vez más la realidad se impuso a la ideología. Guevara se instaló en una zona con una baja densidad poblacional lo que significaba que las comunidades de campesinos estaban separadas por varios kilómetros de distancia. Pero el Che fantaseaba conque los campesinos se unirían a su causa, pero no se le pasó por la mente que los campesinos ya tenían lo que el Che supuestamente ofrecía, un reforma agraria, y además sentían un rechazo a lo que consideraban como una ideología que les era completamente ajena y, además, atea como lo era el comunismo (liderado por lo demás por un extranjero). A su llegada a Bolivia Guevara se negó a subordinarse (y su guerrilla) al líder del Partido Comunista Boliviano, Mario Monje (estalinista que seguía disciplinadamente las órdenes de Moscú). El líder comunista pronunció unas palabras bastante sabias (por no decir se sentido común)  a las tropas que se unieron al Che, y era que cuando la gente se percatara que el movimiento de liberación estaba liderada por un extranjero, le volverían la espalda. Guevara nunca tomó en consideración este factor. Tampoco escuchó a Gamal Abdel Nasser sobre su proyecto de una guerrilla en África, por lo que ¿escucharía un personaje de poca monta como Monje? Con el tiempo la realidad se impuso a la ideología (una vez más) y la estadía del Che en Bolivia se transformó en un deambular sin sentido, percatándose de que el campesinado no le daría ningún tipo de apoyo, todo lo contrario, ayudarían a que el Che fuese descubierto por las tropas bolivianas (ayudadas por la CIA). Otro factor que el Che no se molestó en evaluar con anticipación fue que el Presidente René Barrientos Ortuño, el “General del pueblo”, era bastante popular entre la población y además provenía de familia humilde y hablaba el quechua con fluidez. Barrientos tenía el apoyo del sector campesino y había sido recientemente elegido con el voto de estos. El final de la historia fue que el Che terminó cercado y tomado prisionero. Posteriormente sus captores recibieron la orden 500/600. El “500” significaba “Che Guevara” y “600” significaba “muerto” (y 700 significaba “vivo”). Siguiendo tales órdenes, el Che fue ejecutado.

Palabras finales: el ídolo fabricado y los peregrinos en el Santuario caribeño

Más allá de los datos anecdóticos de las peripecias de Guevara en el Congo y Bolivia, el punto es que, a la luz de tales sucesos no cabe más que pensar que incluso su fama como “experto guerrillero” es inmerecida, ya que de un guerrillero ad portas de incursionar en un territorio, se espera que estudie y analice la situación política y social de la región. Queda claro que Guevara no realizó tales análisis ya que, de ser así, no habría participado ni en el Congo ni en Bolivia, ya que ambas incursiones estaban destinadas al fracaso. Por otro lado, si hubiese efectivamente llevado a cabo un análisis de la situación social y política de ambos países y aún así decidiera emprender su proyecto, entonces no queda más que concluir que en Guevara predominaba, utilizando las palabras de Sigmund Freud, una “pulsión de muerte” (tánatos), pulsión dirigida hacia el interior y que tiende a la autodestrucción de la persona. De acuerdo a esto último, Guevara habría sido entonces un mero guerrillero amateur autodestructivo y egoísta, ya que además puso en riesgo las vidas de sus subordinados.

El hecho es que  muerte de Guevara sólo vino a endiosarlo y pasó a formar parte del panteón comunistas: Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao, y el “Che” (al que pronto se le unirá Fidel Castro) Si bien Marx señaló que la religión era “el opio del pueblo”, sus seguidores se encargaron de fabricar otra droga para mantener a las masas quietas y sometidas dándoles nuevas promesas, utopías, así como nuevos ídolos a los cuales adorar. Transformar a sus lideres en verdaderos fetiches y objetos de culto por medio de una hábil propaganda es una de las especialidades de los regímenes comunistas. Fidel Castro desde la misma muerte de su “amigo” (¿por qué no impidió que fuera a cavar su propia tumba a Bolivia?) se preocupó de ensalzar su imagen y a describirlo como a un hombre de conducta “intachable” , de una “exquisita sensibilidad humana” y “moralmente intachable”. No debemos dejar de lado la contribución de la famosa foto de Alberto García (Korda) tomada en 1960, que sería también popularizada por el artista irlandés Jim Fitzpatrick. Cabe también mencionar la biografía de Jon Lee Anderson que se convirtió en un clásico sobre la vida de Guevara.

En resumen, desde mi perspectiva el Che Guevara es un verdadero fraude, un personaje sobrevalorado desde todo punto de vista: como ser humano y guerrillero (así como baquero y ministro). Fue un aventurero insensato y un pseudoguerrillero, vale decir, el Che Guevara no le llegaba ni a los talones al guerrillero comunista vietnamita Võ Nguyên Giáp (1911-2013). El  Che no renunció a su cómoda vida en Cuba para liberar a los explotados en el Congo o a liberar a los bolivianos de una opresión que en realidad no existía. El Che simplemente se vio forzado a dirigirse a esos países porque su situación en Cuba como personaje público estaba liquidada y eso no podía ser soportado por un hombre egocéntrico y megalomaníaco como el él. Para muchos cubanos, quiero decir, verdaderos amantes de su país, el Che (y Castro) fue y será un extranjero que hizo un gran daño económico y humano a su país, además de ser una persona que sentía desprecio por el pueblo cubano, todo con el beneplácito del “patriota” Fidel Castro.

El Che representa un mero voluntarismo, una praxis guiada por una teoría errónea, un personaje sin criterio y juicio alguno quien, como sucede en el mito de Procrustes, pretendía someter la realidad a una teoría que operaba (y opera) al margen de esta. Pero lo más reprochable son aquellas personas que piden juzgar a Guevara (no puedo pensar otra razón que por ignorancia) por sus “ideales” o por “sus intenciones”, como si estas hubiesen sido dignas de admiración. O nos piden que rescatemos aquellos episodios en que ayudó como “médico” a algún campesino. El hecho es que hasta los más detestables dictadores han tenido gestos de bondad y eso no los hace más humanos, todo lo contrario.

Los ídolos son difíciles de derribar ya que los idólatras son verdaderos creyentes acríticos que no prestan atención a los hechos y a la argumentación lógicos, en ellos prevalecen más las emociones y sentimentalismo superficial, que el uso de la razón.

El Che y Fidel Castro son dos ejemplos de ídolos que cuentan con un verdadero séquito de seguidores incondicionales y Cuba, un ejemplo de santuario de peregrinación. En nuestro país somos testigos de muestras de doble moral que ha caracterizado a lo largo de la historia a los miembros del partido comunista. Tenemos, por ejemplo, el caso de las dos jóvenes comunistas (ahora diputadas) Camila Vallejos y Karol Cariola  que,  en su visita (o peregrinación) a Cuba, tomaron cada una con ternura (y mirando con admiración), los brazos del tierno anciano cleptócrata Fidel Castro. En una entrevista[8] las jóvenes nos ofrecen las siguientes perlas de sabiduría:

Camila Vallejos:Fidel nos invitó a conversar con él. Valoramos mucho lo que ha sido Cuba y lo que ha encabezado este proceso revolucionario. Fidel para mí y para toda la juventud comunista en Chile es uno de los liderazgos más importante en el mundo, un gran visionario. Para nosotros lo que diga, reflexione, lo que nos señale es como una carta de ruta”.

Karol Cariola:Hoy tuvimos la oportunidad de reunirnos con el joven más viejo de la Revolución, Fidel. Vimos en él una juventud acumulada, una fuerza y experiencia de lo que ha sido este proceso, que demuestra precisamente la convicción con la que se ha gestado este proceso. En esa dirección evidentemente la tarea de ustedes como jóvenes es fundamental en el proceso del mantenimiento de la Revolución cubana”.

Como señala en su blog, Vallejos consideraba que la ausencia "guanacos" o "zorrillos" en Cuba, constituía una prueba de la gran "cultura cívica del país" (aunque no hace mención del de aparato represivo y el sistema de inteligencia cubano que es uno de los más eficientes del mundo). Tampoco se refirió a Corea del Norte donde tampoco hay guanacos ni levantamientos populares (el sistema represivo es tan eficiente que ni siquiera hay que preocuparse por esa clase manifestaciones) por lo que, de acuerdo a la lógica de Vallejos, sería otro ejemplo de una cultura cívica que deberíamos admirar. Tampoco se refirió a las "Damas de Blanco" que han dado la pelea por liberar a los presos políticos.

Pero las mismas, ahora diputadas, de regreso en Chile, condenan con pasión y convicción la dictadura de Pinochet, la dictadura del mercado, del neoliberalismo, del empresariado, el consumismo, etc. Pero esto no debe extrañar ya que en una secta dogmática como lo es cualquier partido comunista, se tiene que aprender a pensar de una forma determinada y rígida, (tener una visión de mundo determinada, el uso de un lenguaje determinado, una antropología determinada) de manera que existen ciertos límites que no pueden ser traspasados ya que sería un síntoma de “aburguesamiento” o de “heterodoxia”. Como cualquier secta religiosa, hay dogmas centrales que no pueden ser cuestionados, léase: dialéctica como método (Lukács), lucha de clases como motor de la historia, división maniquea de la sociedad (explotadores y explotados), teoría del valor trabajo y el infaltable polilogismo que es propio de todos los sistemas totalitarios. Los comunistas actuales sólo vienen repitiendo el mismo discurso que los comunistas de antaño, y esto tiene que ser así ya que las pseudociencias como es el caso del supuesto “socialismo científico” de Marx, no progresan en el tiempo y no se someten a revisión alguna que signifique modificar aspectos medulares de la ideología (vea el caso de la astrología, la homeopatía o la práctica del horóscopo que prácticamente iguales en el tiempo, sin ninguna cambio de relevancia). 

Pero como sucede en el universo conceptual comunista, las dictaduras son dictaduras dependiendo si son “burguesas” o “proletarias” (como también lo defendería Lenin) y, la de Castro, siendo una del segundo tipo (proletaria) resulta ser, por lo tanto, inmune a cualquier crítica. Lo mismo vale para el caso inverso en Chile, es decir, condenar dictaduras de izquierda y justificar las matanzas durante la dictadura militar en Chile. Las dictaduras y totalitarismos deben ser juzgados como tales y no en función de la ideología que lo sustenta (sea secular o religiosa).

Lamentablemente tenemos a personajes como Lautaro Carmona o Guillermo Teillier que nunca serán capaces de llamar a Castro como corresponde y sin eufemismos: un dictador, violador compulsivo de derechos humanos (por medio del terrorismo de Estado), traidor y cobarde (con sus camaradas de armas) y ladrón del pueblo (cleptócrata) ¿Pero que hay de los derechos humanos? (humano = ¿proletario o burgués/capitalista?)…culpe al bloqueo estadounidense o al neoliberalismo, no a los hermanos Castro, ya que ellos sólo han sido víctimas de los acontecimientos mundiales y fueron forzados a instaurar un régimen dictatorial que lleva 56 años y de lo único que han podido jactarse a lo largo de su dictadura es de su excelente sistema de salud. Es como si le dijeran a uno: “Si, se fusilaron personas, se persiguieron a homosexuales y disidentes políticos…sí, aún existen presos políticos, existen huelgas de hambre y hemos tenido por 50 años a un dictador en el poder….pero ¡tenemos un sistema de salud pública espectacular!” No habla muy bien de una persona que venda su libertad y dignidad por un sistema de salud que, por lo demás, es otro mito, quiero decir, no es un desastre completo, pero está lejos de ser un sistema que otros países debiesen imitar. Sobre esto recomiendo el siguiente artículo de Hilda Molina, fundadora de las Escuela Cubana y Latinoamericana de Restauración Neurológica (CIREN).

 

El poeta y ensayista argentino, y ex militante del Partido Comunista, Oscar del Barco (1928) escribió: 

“Creo que parte del fracaso de los movimientos 'revolucionarios' que produjeron cientos de millones de muertos en Rusia, Rumania, Yugoeslavia, China, Corea, Cuba etc., se debió principalmente al crimen. Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotsky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara. No sé si es posible construir una nueva sociedad pero sé que no es posible construirla sobre el crimen y los campos de exterminio. Por eso las “revoluciones” fracasaron y al ideal de una sociedad libre lo ahogaron en sangre. Es cierto que el capitalismo, como dijo Marx, desde su nacimiento chorrea sangre por todos los poros. Lo que ahora sabemos es que también al menos ese “comunismo” nació y se hundió chorreando sangre por todos sus poros”.

Espero más adelante continuar con la figura de Castro y la revolución traicionada, es decir, la revolución cubana.

Si quieres saber más de Ernesto Guevara:

1-Che Guevara, Una vida revolucionaria (Jon Lee Anderson)

2-Che Guevara (Reginaldo de Ustaris)

3-La vida en Rojo, una biografíaa del Che Guevara (Jorge Castañeda)

4-Ernesto guevara, una leyenda de nuestro siglo (Pierre Kalfon)

5-Che Guevara, la historia de un fracaso (Nicolás Marquéz)

6-La otra cara del Che. Ernesto Guevara, un sepulcro blanqueado (Marcos Bravo)

Documentos y escritos del Ernesto Guevara

1-Archivos Chile (http://www.archivochile.com/America_latina/html/Escritos_del_CHE.html)

2-Marxist Internet Archive (https://www.marxists.org/espanol/guevara/escritos/)

Fuentes

[1] Ernesto Guevara, El Socialismo y el hombre en Cuba (1965), Marxist Internet Archive, 2002 (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm)

[2] Socialismo es la construcción del hombre nuevo, Sistema Bolivariano de Comunicación e Información, 27 de febrero de 2007 (documento en línea: http://www.alopresidente.gob.ve/informacion/2/986/socialismo_es_la.html)

[3] Enzensberger: “Esta es una enciclopedia contra la estupidez”. El país, 15 de mayo de 2015 Entrevista en línea: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/14/babelia/1431615825_235212.html)

[4] Hugh Thomas, Cuba: la lucha por la liberatd (España: Debolsillo, 2012), 992.

[5] Jorge Castañeda, La vida en rojo, una biografía del Che Guevara (Espasa, 1997), 273.

[6] Ibid., 1154.

[7] Ibid., 1175-1176.

[8] Karol Cariola y Camila Vallejo: “Las reflexiones de Fidel son luz y esperanza para Chile” *entrevista en línea: http://www.cubadebate.cu/noticias/2012/04/05/karol-cariola-y-camila-vallejo-las-reflexiones-de-fidel-son-luz-y-esperanza-para-chile-video/#.VbLgFHiGhSU