Bakunin, el anarquismo y el Estado (por Jan Doxrud)

Bakunin, el anarquismo y el Estado

El nombre del revolucionario ruso Mijaíl Bakunin (1814-1876) a estas alturas es sinónimo de anarquismo. Pero ¿qué es el anarquismo? Incluso podemos preguntarnos ¿de qué clase de anarquismo estamos hablando? ¿anarquismo sindicalista? ¿anarcocapitalismo? ¿anarquismo ecologista? ¿anarquismo feminista?  No es el objetivo de este artículo centrarse en este concepto pero sí se pueden realizar algunas aclaraciones. El anarquismo no tiene mucho que ver con encapuchados prepotentes y arrogantes que lanzan bombas molotov, de manera que tales personajes son simples delincuentes que enarbolan la bandera de un movimiento (anarquismo) que parecen no comprender en absoluto. Es cierto que los anarquistas rusos fueron grupos violentos pero hay que entender también el contexto en el cual se movían, me refiero a la represiva autocracia rusa de la dinastía Romanov, que estaba cercana a cumplir 300 años de reinado.  Si vamos directamente a la etimología de la palabra anarquía nos encontramos con que esta palabra quiere decir: “sin principio”, “sin origen”, “sin mandato”. Con el tiempo la anarquía vendría principalmente a designar a aquel movimiento que aboga por la supresión de aquel principio rector que consideran nefasto: el Estado. Pero la rebelión del ser humano no debe apuntar sólo al Estado, sino que también a otra clase de tiranía, más sutil, pero a su vez, más poderosas como es la tiranía de la sociedad. Por lo tanto, el concepto de anarquismo no debe ser comprendido, reducido o ser homologado a conceptos como caos o violencia. Claro, esto quizás puede entenderse en el sentido de que si suprimimos el Estado y todas las leyes que este coactivamente impone a los individuos, entonces podríamos pensar que regresaríamos al estado de naturaleza hobbesiano o a un escenario similar al que describe Cormac McCarthy en su novela  “La carretera”. De acuerdo a lo anterior, el Estado sería efectivamente un mal, pero uno de carácter necesario, ya que su presencia evitaría un mal mayor, esto es, el caos social. El punto es que la anarquía puede darse en aquellas situaciones donde las personas pueden interactuar, cooperar y respetarse mutuamente sin necesidad de leyes coactivas, o como escribió Bakunin: “La libertad, la moralidad y la dignidad del hombre consisten precisamente en esto: que hacen el bien no porque les es ordenado sino porque lo conciben, lo quieren y lo aman[1]. El problema es si, considerando la naturaleza del ser humano, podría ser factible extender la anarquía a todos los ámbitos de la sociedad.

                                                                               M. Bakunin

                                                                               M. Bakunin

En el caso de Bakunin, estamos ante un anarquismo de corte socialista, claro que un socialismo no marxista y antiestatalista. Al respecto escribe Bakunin:

La consecución de esta tarea desde luego tomará cientos de años de desarrollo. Pero la historia ya la ha traído ante nosotros y de aquí en adelante no podemos hacer caso omiso a ella sin condenarnos a declarar nuestra total impotencia. Nos apresuramos en agregar aquí que enérgicamente rechazamos cualquier tentativa de organización social que no admitía la libertad más amplia tanto de los individuos como de las organizaciones, o que requiera la instauración de cualquier régimen de poder. En nombre de la libertad, la cual reconocemos como fundamento único y único principio creativo de la organización, económica o política, protestaremos contra todo aquello que remotamente pueda parecerse al Comunismo Estatatista, o al Socialismo Estatatista[2].

Antes de entrar en la propuesta de Bakunin, examinemos la concepción que tiene el autor del Estado. Bakunin se muestra crítico ante aquella tradición de autores que han justificado el derecho absoluto del Estado:

En nombre de esa ficción que apela tanto al interés colectivo como a la voluntad y a la libertad colectivas, los absolutistas jacobinos, los revolucionarios de la escuela de J.J Rousseau y de Robespierre, proclaman la teoría amenazadora e inhumana del derecho absoluto del Estado[3].

Bakunin reconoce el mérito de los doctrinarios liberales por haber partido del principio de la libertad individual y, por ende, haberse presentado como adversarios del aparato estatal. Fueron estos liberales también quienes afirmaron que el Estado era un mal necesario. Pero a continuación el autor lanza sus ataques contra los liberales debido a que estos, a la larga, se mostraron igualmente entusiastas por la figura del Estado para proteger sus intereses de clase, ya que estos doctrinario liberales pertenecían en su gran mayoría a la burguesía. Si bien los liberales defendían la anarquía, reflejada en la célebre frase, laissez faire, laissez passer, esta anarquía resultó ser un privilegio del que sólo la burguesía podían gozar. En palabras de Bakunin: “Pero no quiere esa anarquía más que para sí misma y sólo a condición de que las masas, ‘demasiado ignorantes para disfrutarla sin abusar’, queden sometidas a la más severa disciplina del Estado[4]. Por lo tanto tenemos que a la larga todos los sectores ideológicos se ven finalmente seducidos por el poder estatal. Lenin y sus discípulos  creían poder utilizar el Estado como instrumento de opresión de las clases explotadores para alcanzar a alargo plazo la sociedad comunista. Los liberales también cayeron en este embrujo y hasta nuestros días resulta dificultoso encontrar a un autodenominado liberal que no sea estatista.

Para Bakunin, Estado es una institución histórica y transitoria, de manera que tenemos que romper el hechizo que nos muestra al Estado como una institución condenada a existir perpetuamente hasta el fin de los tiempos. También hay que romper el hechizo contractualista que dice que en algún momento de la historia las personas habrían celebrado un contrato en donde habrían cedido parte de sus derechos al Estado para poder convivir en sociedad. Para Bakunin la sociedad es anterior al Estado, esta sobrevive a éste y a los individuos, de manera que el anarquista ruso concibe la sociedad como la naturaleza mismo lo cual significa que una rebelión contra la sociedad sería una rebelión contra la naturaleza misma. Un individuos sin sociedad simplemente estaría orbitando en un vació. De esto se desprende que resulta ser falsa la afirmación de que el contrato y la formación del Estado constituyeron las condiciones necesarias para dar origen la vida del individuo en sociedad. Al respecto escribe el autor:

“(Saben muy bien que ningún Estado histórico ha tenido jamás un contrato por base y que todos han sido fundado por la violencia, por la conquista. Pero esa ficción del contrato libre, base del Estado, le es necesaria, y se la conceden sin más ceremonias)”[5].

Tenemos entonces que Bakunin cuestiona el fundamento y legitimidad del Estado, ya que nadie, en ningún momento de la historia ha aprobado o dado su consentimiento  a la existencia del poder estatal. Pero el hecho es que el Estado existe y para Bakunin esta institución va a ser siempre sinónimo de violencia:

¿Qué es el Estado si no es la organización del poder? Pero esa en la naturaleza de todo poder la imposibilidad de soportar un superior o un igual, pues el poder no tiene otro objeto que la dominación , y la dominación no es real más que cuando le está sometido todo lo que la obstaculiza…El sólo hecho de un poder igual es una negación de su principio y una amenaza perpetua contra su existencia…Por consiguiente, entre todos los estados que existen uno junto al otro la guerra es permanente y la paz no es más que una tregua[6].

Más adelante continúa Bakunin:

“…no siendo el Estado más que una parte, se coloca y se impone como el todo; ignora el derecho de lo que, no siendo él mismo, se encuentra fuera de él, y cuando puede hacerlo sin peligro, la viola. El Estado es la negación de la humanidad”[7].

Citemos un último pasaje del autor:

El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no procura convertir: y siempre que interviene lo hace de muy mala gana; porque su naturaleza no es persuadir sino imponer, obligar. Por mucho que se esfuerce por enmascarar esa naturaleza como violador legal de la voluntad de los hombres, como negación permanente de su libertad[8].

¿Qué propone entonces Bakunin? El revolucionario ruso defiende la idea la república como una comuna, la república como una federación, una república genuinamente socialista y popular: el sistema del Anarquismo. Además, la nueva sociedad no será construida de arriba abajo, de manera que para Bakunin la revolución por decreto estaba condenada al fracaso, y eso lo llevó a oponerse a Marx y a su idea de una dictadura del proletariado, y también lo habría hecho frente a la idea de Lenin de una “vanguardia del partido”. Bakunin critica a los “revolucionarios autoritarios” (como puede ser Lenin) y se muestra a favor de los “revolucionarios libertarios”. Dos pasajes del autor dejarán claro estos puntos:

Frente a las ideas de los comunistas autoritarios -ideas falaces, en mi opinión- de que la Revolución Social puede ser decretada y organizada por medio de una dictadura o de una Asamblea Constituyente, nuestros amigos, los socialistas parisinos, sostienen que la revolución sólo puede ser emprendida y llevada a su pleno desarrollo a través de la acción masiva continua y espontánea de grupos y asociaciones populares. Nuestros amigos parisinos tienen mil veces razón. Porque, en realidad, no hay cerebro, por muy genial que sea, o -si hablamos de la dictadura colectiva de algunos centenares de individualidades supremamente dotadas no hay combinación de intelectos capaz de abarcar toda la infinita multiplicidad y diversidad de intereses, aspiraciones, deseos y necesidades reales que Constituyen en su totalidad la voluntad colectiva del pueblo; no existe intelecto capaz de proyectar una organización social que pueda satisfacer a todos y cada uno[9].

Este punto separa fundamentalmente a los colectivistas o socialistas revolucionarios de los comunistas autoritarios, partidarios de la absoluta iniciativa del Estado. La meta de ambos partidos es idéntica: ambos partidos desean la creación de un nuevo orden social basado exclusivamente sobre el trabajo colectivo en condiciones económicas iguales para todos -es decir, en condiciones de propiedad colectiva de los medios de producción. Pero los comunistas imaginan que esto puede lograrse mediante el desarrollo y la organización del poder político de las clases trabajadoras, encabezadas por el proletariado de la ciudad con ayuda del radicalismo burgués; mientras los socialistas revolucionarios, enemigos de toda alianza ambigua, creen que este objetivo común no puede lograrse a través de la organización política sino mediante la organización social (y, por tanto, antipolítica) y el poder de las masas trabajadoras de las ciudades y los pueblos, incluyendo además a todos los que, a pesar de pertenecer por nacimiento a las clases altas, han roto voluntariamente con su pasado y se han unido abiertamente al proletariado aceptando su programa[10].

En cuanto al programa, Bakunin lo resume en los siguientes puntos:

1-Paz, emancipación, y la felicidad de los oprimidos.

2-Guerra contra todos los déspotas y opresores.

3-Restitución total a los trabajadores: todo el capital, las fábricas, y todos los instrumentos de trabajo y materias primas deben ir a las asociaciones, y la tierra a los que la cultivan con sus propias manos.

4-Libertad, justicia y fraternidad con respecto a todos los seres humanos sobre la tierra.

5-Igualdad para todos.

6-A todos, sin distinción alguna, todos los medios de desarrollo y educación, e iguales posibilidades de vida mientras trabajan.

7-La organización de una sociedad mediante una federación libre, desde abajo hacia arriba, de asociaciones de trabajadores, tanto industriales como asociaciones agrícolas, científicas y literarias - primero en una comuna, luego una federación de comunas en regiones, de regiones en naciones, y de naciones en la asociación fraternal internacional

La táctica correcta durante la revolución, de acuerdo a Bakunin es, la acción espontánea de las masa:

En una revolución social, en todo opuesta diametralmente a una revolución política, los individuos apenas y cuentan, mientras que la acción espontánea de las masas lo es todo. Todo lo que los individuos pueden hacer es clarificar, propagar, y desarrollar las ideas que corresponden al instinto popular, y, cosa aun más importante, contribuir con sus esfuerzos incesantes a la organización revolucionaria del poder natural de las masas. Pero nada más que eso; el resto sólo podrá hacerlo el propio pueblo. Cualquier otro método llevaría a la dictadura política, al resurgimiento del Estado, de los privilegios, de las desigualdades, y de todas las opresiones estatales; es decir, llevaría de una forma indirecta, aunque lógica al restablecimiento de la esclavitud política, económica y social de las masas populares[11].

Bakunin toma entonces distancia de los revolucionarios comunistas ya que estos creen que es necesario organizar las fuerzas de los trabajadores para tomar el poder del Estado. Los comunistas son además partidarios del principio y la práctica de la autoridad. Los socialistas revolucionarios por su parte, defienden la libertad frente al principio de autoridad y buscan liquidar al Estado y no servirse de este para continuar con la represión sólo que bajo otros principios.

Finalicemos con las siguientes palabras del anarquista ruso:

“…en nuestra bandera, la bandera socialista-revolucionaria, está grabada con letras orgullosas y Sangrientas: la destrucción de todos los Estados, la aniquilación de la civilización burguesa, la organización libre y espontánea de abajo arriba por medio de las asociaciones libres, la organización de la chusma incontrolada de trabajadores, de toda la humanidad emancipada, y la creación de un nuevo mundo universalmente humano[12].


[1] Mijaíl Bakunin, Dios y el Estado (España: El Viejo Topo, 1997), 35.

[2] M. Bakunin, Socialismo sin Estado: Anarquismo, Marxist Internet Archive, 2001 (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/bakunin/socsinestado.htm)

[3] Mijaíl Bakunin, Dios y el Estado, 15.

[4] Ibid., 16.

[5] Ibid., 17.

[6] Ibid., 67-68.

[7] Ibid., 68.

[8] Ibid., 35.

[9] M. Bakunin, Socialismo sin Estado: Anarquismo, Marxist Internet Archive, 2001 (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/bakunin/socsinestado.htm)

[10] Ibid.

[11] M. Bakunin, Socialismo sin Estado: Anarquismo, Marxist Internet Archive, 2001 (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/bakunin/socsinestado.htm)

[12] Ibid.