Karl Marx (7, El Capital): Revolución Industrial y maquinismo (por Jan Doxrud)

Revolución Industrial y maquinismo

En este artículo abordaré el tema de la Revolución Industrial, el advenimiento del maquinismo y el sistema fabril. No hay duda que esta revolución, junto al desarrollo de nuevas tecnologías y la imposición de nuevos ritmos de vida, marcó un quiebre con el pasado. En la Inglaterra victoriana ya habian señales de preocupación sobre la acelerada proliferación de la tecnologia en comparación con los medios politicos para poder controlarla. Para Marx, el desarrollo tecnológico era parte del inevitable desarrollo histórico. De acuerdo al pensador alemán, la consecuencia inmediata de la revolucion industrial fue la de afectar negativamente la vida de los obreros. El desarrollo del maquinismo por parte del capitalista sólo tiene como objetivo disminuir el precio de las mercancías y aminorar así la parte de la jornada del obrero que trabaja para sí mismo, pudiendo de esa manera prolongar la otra parte en que trabaja para el capitalista. El origen de las máquinas está en aquel espacio donde ocurre la explotación: el taller. La división manufacturera del trabajo dio origen al taller de construcción donde se fabricaban los instrumentos mecánicos. Producto de la multiplicación de los inventos y pedidos de máquinas, la construcción de estas se dividió en distintas ramas, desarrollándose en cada una la división del trabajo. De esta manera, para Marx, la manufactura constituye históricamente la base técnica de la gran industria. Estas máquinas, suministradas por la manufactura, traen como resultado que estas sean reemplazadas por la gran industria, subordinándolas a su nuevo principio que es elempleo de la máquina, esto es, las máquinas que producen otras máquinas. Los instrumentos manuales del ser humano se convierten en instrumentos mecánicos de una máquina y esta maquina-utensilio lleva a cabo una verdadera revolucion. Marx explica que el número de herramientas que una máquina pone en actividad se ha emancipado del límite órganico que no podía traspasar el utensilio manual. El hombre queda relegado a ser un mero vigilante de la máquina, pero la máquina posteriormente reemplaza al operario que la maneja.

Tenemos entonces que la máquina, operada por el hombre, sustituye al utensilio, pero también se hizo necesario reemplazar al propio ser humano. En un primer momento fueron los animales quienes reemplazaron a la fuerza humana, así como otras fuerzas como el viento o el agua. Pero con la máquina a vapor de Watt, escribe Marx, nos encuentramos ante el  motor capaz de engendrar por sí mismo su propia fuerza motriz. Además la máquina a vapor posee una mayor independencia con respecto al mundo natural ya que no necesita funcionar en lugares especiales donde se encuentra la fuerza motriz natural. El resultado es que el sistema de máquinas-utensilios, que funcionan bajo el impulso recibido por transmisión de un motor central que engendra su propia fuerza motriz, constituye la expresion mas desarrollada del maquinismo productivo.

 

¿Como afectan estas transformaciones al ser humano? Marx distingue tres partes en la máquina. El primero es el motor o la máquina motriz que imprime la fuerza a todo el mecanismo. “Genera su fuerza motriz, como es el caso de la máquina de vapor, la máquina calórica, la electromagnética, etc; o recibe el impulso de una fuerza natural exterior a ella, como, por ejemploel salto de agua en el caso de la rueda hisdráulica, el viento, en el de las aspas del molino,  etc”[1]. El segundo componente es el mecanismo de transmisión, que se compone de toda clase aparatos como volantes, ejes motores, cables, correas y otros dispositivos. Este componente de la máquina regula el movimiento, lo altera cuando es necesario, lo distribuye y transfiere a la máquina operadora o máquina-herramienta. Esta última es el tercer componente de la máquina y es la que actúa directamente sobre el objeto. De acuerdo a Marx es esta parte del mecanismo “de donde se genera la revolución industrial en el siglo XVIII, constituye nuevamente el punto de arranque cada vez que la producción artesanal o manufacturera deviene producción maquinizada[2]. Otra distinción que hace Marx es en relación a cómo se disponen las máquinas para su funcionamiento. La primera es la cooperación de muchas máquinas similares donde todo el trabajo lo realiza una misma máquina. Al respecto Marx señala: “Por ejemplo, en la moderna manufactura de sobres para carta, un obrero doblaba el papel con la plegadora, otro lo engomaba, un tercero daba vuelta a la solapa en que se imprime la marca, otro estampaba dicha marca, etc., y con cada una de estas operaciones parciales cambiaba de mano cada sobre. Una sola máquina de hacer sobres ejecuta todas estas operaciones de un golpe y fábrica 3.000 y más sobres en una hora”[3]. Marx también explica el sistema de máquinas que ocupa el lugar de la máquina individual autónoma. En este caso, el objeto de trabajo recorre una serie continua de diversos procesos escalonados y ejecutados por una cadena de máquinas-herramientas distintas. Un sistema de maquinaria, escribe Marx, constituye en sí y para sí un gran autómata, lo que se traduce en que la situación del trabajador se ve amenazada por un sistema en que finalmente un autómata central actúa como primer motor, o como escribió Marx: “un monstruo mecánico, cuyo cuerpo llena edificios fabriles enteros y cuya fuerza demoníaca, en un comienzo oculta tras el movimiento mesurado, casi solemne de sus miembros gigantescos, rompe ahora en un baile locamente febril y vertiginoso de sus múltiples órganos de trabajo[4]. Incluso la producción de máquinas se hace por medio de otras máquinas y esto fue posible gracias a la máquina de vapor. Otros efectos inmediatos de la producción maquinizada fue la apropiación de fuerzas de trabajo adicionales, ya que se podía contratar a obreros sin fuerza muscular o con un desarrollo corporal inmaduro, esto es, el uso del trabajo femenino e infantil.  La introducción de las máquinas hizo posible que se pudiese prescindir de los trabajadores especializados de manera que, por ejemplo,  el fabricante de artefactos de porcelana, vidrio u otros objetos que demandaban una habilidad particular, se vuelven prescindibles y pueden ser reemplazados por la máquina que es capaz de producir mayor cantidad de esos artículos y en menor tiempo.

La Revolución Francesa se había encargado de barrer con los gremios y con ello también, el orgullo de quienes perenecían a estos. Con el fin de los gremios comienza el ocaso del monopolio en la producción de ciertos bienes y con ello comienzan a disminuir los precios de los productos. La máquina sólo entró en escena para acelerar este proceso. El trabajador que en el pasado decidía cuándo trabajar y cuándo descansar pierde esas opciones una vez que engrosa las filas de la fábrica. El trabajador pierde control de su propia actividad. Al obrero ya no se le demanda ser hábil en ningún arte y pasa a convertirse es un mero eslabón en la cadena de producción. Por su parte, el capitalista no es sólo propietario de los medios de producción sino que tambien se preocupa de controlar las condiciones en las cuales se trabaja y en reorganizar el proceso trabajo para obtener a cambio mayor producción y ganancias. Es el management el que ocupa un lugar central en el control de la organizacion industrial. La figura del patrón desaparece gradualmente, convirtiéndose en una figura lejana e omnipotente, siendo ahora el capataz su nuevo representante, aquel que lleva a cabo las órdenes del capitalista. Los trabajadores no son los únicos en verse afectados por la máquina, ya que ahora pasan a formar parte de las filas de la clase trabajadora las mujeres y niños, de manera que la máquina hace crecer la masa de asalariados. La máquina, de acuerdo a Marx, doblegó bajo el látigo del capital a todos los miembros de la familia, sin distinción de edad y sexo, usurpando el tiempo de juego de la niñez y eliminando el trabajo libre de antaño. La máquina no solo aumentó la materia humana explotable, sino que a su vez elevó el grado de explotación, lo intensificó y prolongó la jornada laboral.

El trabajo maquinizado agrede intensamente el sistema nervioso, reprime el juego variado de los músculos y confisca toda actividad, corporal e intelectual, libre del obrero[5].

El trabajo lanza a la familia al mercado desde el momento en que el capitalista compra a mujeres y niños, y destruye por completo el contrato que existía entre capitalista y trabajador. El obrero no sólo vende su fuerza de trabajo, sino que vende a su familia, convirtiéndose en mercader de esclavos, escribe Marx.

Una vez examinado el fundamento de la fábrica, es decir, el maquinismo, Marx procede a examinar la fábrica. Es preciso aclarar que la fábrica, más que un lugar físico, es una forma de organización, un ritmo de trabajo, una disciplina de trabajo, también era vigilancia, búsqueda de eficiencia y de ganancia. La fábrica se convirtió en una forma de mantener la disciplina industrial. El obrero come, bebe y duerme de acuerdo a un mandato, bajo la despótica campana que interrumpe el tiempo libre de los trabajadores. El fabricante es el tirano que impone un ritmo de trabajo que tiene como objetivo aumentar la producción y ganancias, objetivoque sería posteriormente central del fordismo y el taylorismo.  Para Marx, la fábrica moderna es un autómata compuesto de numerosos órganos mecánicos e intelectuales, un espacio donde máquinas y obreros obran sincronizadamente, sin interrupción y que se encuentran subordinados a un poder motor que se mueve por sí mismo. La habilidad en el manejo de las herramientas pasa del obrero a la máquina, es decir, aquel trabajador que por generaciones se había especializado en la elaboración de un objeto, ahora se convierte en un subordinado de la máquina. Separado de la máquina, el trabajador no tiene utilidad alguna. Tal situación sumado a las condiciones paupérrimas del obrero darían origen a la lucha entre los obreros y las maquinas, como sucedió con el caso del movimiento ludista y que hoy aun puede persiste en los neoludistas y otros personajes que han declarado públicamente su rechazo a la industrialización y los avances tecnológicos, como fue el caso de Theodore Kaczynski, mejor conocido como el  “Unabomber” en Estados Unidos. 

Tenemos que existe una oposición entre el capitalista y el obrero, y que tras la introducción de las máquinas, “el obrero lucha contra el medio de trabajo mismo, contra el modo de existencia material del capital. Se rebela contra esa forma específica de los medios de producción en cuanto base material del régimen de producción capitalista[6]. Marx afirma que era necesario tiempo y experiencia antes de que los obreros apuntasen sus ataques no contra el medio material de producción, sino que contra su modo social de explotación. Marx no estba en contra de las máquinas y las nuevas tecnologías en general, todo lo contrario, se mostraba entusiasta frente a las nuevas avances tecnológicos de su época. Marx es claro al señalar que la máquina es inocente de las miserias que engendra. El autor se opone específicamente al uso que la sociedad capitalista da a las máquinas. Por ello, el obrero debe aprender a distinguir entre la máquina y su empleo capitalista. Marx esperaba que con el colapso del capitalismo un regimen socialista se apropiaría de los medios de producción para luego crear una sociedad mas justa. Así, para Marx, la industrialización era un componente fundamental para crear la sociedad ideal  que lograría, con el tiempo, terminar con toda forma de explotación.

 

Los regímenes comunistas posteriores también vieron en la industrializacion forzada el medio para constituirse en potencias respetadas y estar a la altura de las potencias capitalistas. A pesar de que socialistas actuales celebran las políticas económicas de los socialismos reales, la verdad es que ni los planes quinquenales de Stalin, ni el gran salto de Mao trajo consigo mayor igualdad, sino que un mayor grado de control sobre la población y una gran cantidad de muertes en el proceso. Sin duda hubo avances importantes en China o Rusia, pero la verdad es que tales progresos, como el caso soviético, eran en realidad progresos en comparación con la situación pasado de aquellas naciones, pero no en relación con los países de Europa occidental. Quien tuvo que rescatar el comumismo chino de ser víctima de su propia ideología fue Deng Xiao Ping quien fue el verdadero arquitecto de la China que conocemos hoy. Pero para ello tuvo que dejar de lado la ideología y abrirse a la economía de mercado.

El nuevo escenario que se configuró con el advenimiento de la revolución industrial y el modo de producción capitalista fue entonces bastante sombrío, pero hay que tener en consideración que los sufrimientos y miserias de la clase trabajadora, en otras palabras, esta fase de transición brusca que fue la Revolución Industrial, era un proceso necesario dentro del esquema histórico de Marx y no algo que debía ser evitado.  Marx habla de “La batalla de la competencia” en donde las mercancías se venden a un bajo precio debido a la creciente inversión en maquinaria, y por ende, una mayor producción que inclusocausó la decaimiento de los mismos capitalistas  que no podían estar a la altura de la fuerte competencia, lo que tendría como resultado la reduccipon del número de capitalistas, fenómeno que Marx denominó como “centralización del capital”. La situación de la clase obrera no mostraba una tendencia a mejorar debido a que la miseria de estos aumentaba tanto en extensión como en intensidad, lo que se tradujo en la formaciónde un “ejército industrial de reserva”, es decir, desocupados que eran parte de las reservas del capitalista al los cuales podrá acudir cuando lo estimaba conveniente.

 

[1] Karl Marx, El Capital, tomo1, 372-373.

[2] Ibid., 373.

[3] Ibid., 378.

[4] Ibid., 381.

[5] Ibid., 422.

[6] Ibid., 427.