John Stuart Mill (2): Teoría del Valor (por Jan Doxrud)

John Stuart Mill: Teoría del Valor

En el presente escrito examinaré brevemente la teoría del valor tal como lo explica John Stuart Mill en su libro “Principios de Economía Política”. Como ya señalé en uno de los artículos anteriores sobre Adam Smith, es importante estudiar la teoría económica de los pensadores del siglo XIX ya que de esa manera se puede apreciar los notables avances que se han logrado en esta disciplina, particularmente en lo que respecta a la teoría del valor, para ser más precisos la evolución de la disputa entre aquellos que defienden una teoría objetiva del valor y quienes defienden un enfoque subjetivo respecto a este. También leyendo a estos autores el lector interesado en la teoría económica de Marx podrá percatarse que en realidad el autor alemán basó la mayor parte de su obra en las obras de economistas como (entre otros) Smith, Ricardo y Mill aunque Marx añadió algunas ideas propias. Aún en nuestros días hay quienes reivindican la economía marxista tal como la expuso Marx en el siglo XIX, incluso defienden la añeja teoría del valor que, en época en que Marx aún vivía, fue refutada por Menger, Walras y Jevons (revolución marginalista). Por ejemplo, quien fue por un tiempo considerado como el ideólogo del Socialismo del siglo XXI, Heniz Dieterich, defendió esta teoría del valor.

Para John Stuart Mill la teoría del valor era un tema resuelto y que no había nada en las "leyes del valor" que debía ser aclarada por ningún escritor del presente y del futuro.  Explicaba el autor que el valor era un término relativo, es decir, que el valor de una cosa significa alguna cantidad de otra cosa o de cosas en general por las cuales se cambia. Esto se traduce en que los valores de todas las cosas no pueden bajar o subir de manera simultánea. Mill, al igual que Smith, distingue entre un “valor temporal o de mercado” y un “valor natural”. El valor temporal o de mercado depende de la demanda y la oferta, esto es, sube cuando aumenta la demanda y baja cuando aumenta la oferta. Por otra parte el “valor natural o permanente” es aquel hacia el cual tienden a volver, tras una temporal variación, los valores de mercado. Mill cita a Adam Smith y David Ricardo en este tema:

Adam Smith y Ricardo han llamado a ese valor de una cosa que es proporcional a su costo de producción, su valor natural (o precio natural). Querían significar así el punto alrededor del cual oscila el valor y hasta el cual tiende siempre a volver; el valor central, hacia el cual, según la expresión de Adam Smith, el valor de mercado de una cosa gravita constantemente y del cual toda desviación no es sino una irregularidad accidental, que en el momento que se produce, pone en juego fuerzas que tienden a corregirla. Sobre un promedio de años suficientes para permitir que las oscilaciones hacia un lado de la línea central se compensen con las del otro, el valor del mercado concuerda con el valor natural; pero muy raras veces coinciden exactamente en un momento determinado[1].

Más adelante explica que Mill que oferta y demanda* tienden siempre hacia el equilibrio, pero tal situación de equilibrio estable se alcanza cuando las cosas se cambian unas por otras de acuerdo a su costo de producción. Tenemos pues que, de acuerdo a Mill,  la mayor parte de las cosas se cambian las unas por las otras naturalmente en la proporción de sus “costos de producción” respectivos o su “valor de costo”. Detengámonos escuetamente en este costo de producción. Mill explica que para cada mercancía susceptible de producirse existe un valor mínimo que constituye la condición esencial para que se pueda producir de manera permanente. Escribe el autor:

El valor, en cualquier momento determinado, es resultado de la oferta y la demanda, y es siempre aquél que es necesario para crear un mercado para la oferta existente. Pero a menos que ese valor baste para pagar el costo de producción y ofrecer,  además, la posibilidad de obtener una ganancia ordinaria, no se seguirá produciendo la mercancía”.

Podemos apreciar entonces que para Mill el costo de producción es determinante en la producción de mercancías y en cierta medida es la determinante del precio, teniendo un rol fundamental uno de sus principales componentes: el trabajo. En el Libro III, capítulo IV, Mill aborda la teoría del valor-trabajo. El autor señala que el principal elemento componente del costo de producción es el trabajo. En otras palabras, Mill quiere dar a entender que lo que cuesta producir una cosa al productor es el trabajo que se gasta en la misma.

A continuación Mill reemplaza la palabra “trabajo’ por “salario” ya que el capitalista adelanta una suma de dinero a sus trabajadores de manera que lo que el costo de producción del productor es el importe de los salarios que tiene que pagar. ¿Qué sucede con aquellas herramientas, materiales e instalaciones que el productor a proveído a sus trabajadores? La respuesta es que tales materiales, herramientas e instalaciones también fueron producidos mediante el empleo de trabajo y capital, por lo que su valor depende también de su costo de producción, que a su vez se reduce al trabajo. Al respecto escribe Mill:

El costo de producción del paño no consiste por entero en los salarios de los tejedores, que es sólo lo que el fabricante de paño paga directamente. Consiste también en los salarios de los hilanderos y de los que preparan la lana para hilarla y, puede añadirse, de los pastores, a todos los cuales ha pagado el fabricante de paño en el precio de hilo de lana que utiliza como primera materia. Consiste también en los salarios de los constructores y los ladrilleros, que ha reembolsado en el precio en que contrató en la edificación de su fábrica. Consiste en parte en los salarios de los constructores de máquinas, los fundidores y los mineros. Y a eso hay que añadir los salarios de los que transportaron los medios y los materiales para la producción al sitio en que habían de usarse y la producción misma al sitio en que había de venderse”[2].

En lo que respecta a aquellas  mercancías cuya oferta es limitada, Mill distingue dos grupos. El primero consiste en aquellas  mercancías cuya producción puede aumentarse con costos decrecientes, como es el caso de la industria y, en segundo lugar, las mercancías cuya producción sólo se puede aumentar con costos crecientes, como es el caso de la producción agropecuaria.

Mill denomina “precio necesario” o valor, de todas las cosas que se hacen con trabajo y capital, al que resulta de sumar el costo de producción y la ganancia ordinaria. Es este valor necesarioel mínimo con el que se contentarán los productores, así como el máximo que pueden esperar dentro de un escenario de libre competencia. Ahora bien, en caso de que el productor obtenga una ganancia extraordinaria, esta será sólo temporal ya que los capitales comenzarán a fluir a aquel sector productivo que ofrece un mayor beneficio por lo que, a largo plazo, esta tasa de beneficio, producto de la competencia, tenderá a nivelarse.

Con Mill todavía la economía política sigue atrapada en la teoría objetiva del valor y en la creencia de un presunto precio objetivo en torno al cual gravitan los precios de mercado. Karl Marx continuará por esa misma línea siendo sus aportes sólo dentro de ese marco teórico que era la teoría del valor trabajo. Como ya he aseverado aquí y en otros escritos, sólo la revolución marginalista de William Stanley Jevons, León Walras y Carl Menger, terminarían por dar el golpe final a la teoría del valor trabajo, la creencia en precios objetivos (y justos) y la creencia de que los costos son los que determinan los precios de los productos.


[1] John Stuart Mill, Principios de Economía Política (México: FCE, 2006), 399.

Cabe señalar que fue J. S. Mill quien distinguió entre los conceptos de “demanda” y de “cantidad demandada”, lo que se traduce en que una variación del precio provoca cambios en la “cantidad demandada”, y que una variación de la “demanda” provoca cambios en los precios.  

[2] Ibid., 403.