John Stuart Mill (1): Economía Política y Capital (por Jan Doxrud)

John Stuart Mill: Economía Política y Capital

En el presente escrito abordaré dos temas. En primer lugar introduciré brevemente la figura de John Stuart Mill. Posteriormente continuaré explicando el concepto de economía política de acuerdo a distintos autores, para posteriormente pasar a explicar el concepto de capital de acuerdo a John Stuart Mill.

En los tres escritos anteriores abordé algunos temas expuestos por Adam Smith en su investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Ahora pasaré a abordar otros escrito decimonónico, me refiero a los “Principios de Economía Política” del filósofo inglés John Stuart Mill (1806-1873). Mill era hijo de otro destacado pensador: el filósofo escocés James Mill, amigo cercano del utilitarista Jeremy Bentham. Mill no reunió los requisitos suficientes para estudiar en Oxford o Cambridge y trabajo en la East India Company y asistió al University College (Londres) donde asistió a clases de destacados pensadores como John Austin. Mill fue un verdadero polímata, desarrollando trabajos en diversos ámbitos del saber como filosofía, política, epistemología, moral y religión. Entre estos se pueden destacar los siguientes:

A System of Logic, Ratiocinative and Inductive

On Liberty

What is Poetry

Considerations on Representative Government

The Subjection of Women

Utilitarianism

Three Essays on Religion

Principles of Political Economy

Otro dato anecdótico es que Mill fue padrino del famoso intelectual y matemático inglés Bertrand Russell (1872-1970). Pasemos ahora a examinar tema del capital tal como Mill lo explica en su libro “Principios de Economía Política”.

 

Economía política

 ¿Qué es lo que se entendía por economía política? La magna obra de Karl Marx, “El Capital” constituyó una “crítica a la economía política” y, recientemente, el economista francés, Thomas Piketty, reivindicó este concepto de economía política. Piketty explica en su “Capital en el siglo XXI” que basta con realizar un análisis de las curvas de ingreso y patrimonio, y la relación entre capital e ingreso para percatarse de que la política lo permea todo y que la evolución económica y política son indisociables, por lo que se hace necesario estudiarlas conjuntamente. Este es un punto de vista que se aleja de la economía neoclásica o el mainstream economics (ortodoxia económica) que tiende a concebir la economía como una ciencia positiva. Por ende, resulta útil aclarar este concepto de economía política. Hay acuerdo de que este término apareció por primera vez en una obra de economía mercantilista titulada “Tratado de economía política”, de Antoine de Montchrestien (1575-1621), publicado en 1615. En el libro cuarto de su magna obra, Adam Smith (1723-1790) explica que la economía política, considerada como uno de los ramos de la ciencia del legislador o del estadista, tenía dos objetos distintos. En primer lugar, “debía suministrar al pueblo un abundante ingreso o subsistencia, o, hablando con más propiedad, habilitar a sus individuos y ponerles en condiciones de lograr por sí mismo ambas cosas[1]. El segundo objetivo era el de “proveer al Estado o República de rentas suficientes para los servicios públicos

En su “Tratado de economía política” (1803), Jean Baptiste Say (1767-1832) también aborda el tema de la economía política. En su discurso preliminar, afirma que durante largo tiempo se confundió la política propiamente dicha, esto es, la ciencia de la organización de las sociedades, con la economía política, “que enseña la manera en que se forman, se distribuyen y se consumen las riquezas que satisfacen las necesidades de las sociedades347. En una nota a pie de página, Say retrocede al origen griego de la palabra, teneindo de esta manera que el término economía se compone de las palabras “oikos” (hogar) y “nomos” (ley). En cuanto a la palabra “política” vendría a ampliar la esfera del “nomos”, vale decir, la economía política vendría a ser la economía de la sociedad. En lo que respecta a la riqueza mencionada en la definición anterior, Say precisa que no se trata de las riquezas naturales, esto es, aquellas riquezas que la naturaleza concede gratuitamente, sino que de las riquezas sociales, aquellas basadas en el intercambio y la propiedad, que son instituciones sociales. Say añade que a la economía política le compete la agricultura, el comercio y las artes, sólo en la medida en que guardan relación con el incremento o la disminución de las riquezas. El economista frances se refiere a los progresos metodológicos que se venían desarrollando, especialmente desde Francis Bacon. Destaca la importancia del método experimental que, para Say consiste básicamente en no aceptar como verdaderos más que los hechos cuya realidad son demostrados por la observación y la experiencia y sólo aceptar como verdades constantes aquellas que excluyen los prejuicios. Cuando Say habla de hechos, se refiere a las cosas que existen y las cosas que suceden. “Las cosas que existen, para que puedan servir de base a razonamientos seguros, hay que verlas tal cuales son, desde todos sus lados, con todas sus propiedades[2].

En cuanto a las segundas escribe que “consiste en los fenómenos que se manifiestan cuando se observa la manera en que suceden las cosas. Es un hecho que cuando se exponen metales a cierto calor, se vuelven fluidos[3].  

De acuerdo a lo anterior, Say señala que la manera en que las cosas son y en que las cosas suceden constituye lo que se conoce como naturaleza de las cosas, siendo la observación exacta de la naturaleza de las cosas el único fundamento de toda verdad. A partir de esto, Say distingue dos tipos de ciencia: las descriptivas y las experimentales. La economía política sería una ciencia experimental, por lo que su característica es la de estudiar la naturaleza íntima de las cosas. En palabras de Say:

 La economía política, tal como se estudia en la actualidad, se basa por completo en hechos, pues la naturaleza de las cosas es un hecho, tanto como el acontecimiento que resulta de él. Los fenómenos cuyas causas y resultados intenta discernir pueden ser considerados hechos generales y constantes que siempre son los mismos en todos los casos similares, o hechos particulares que suceden así mismo en virtud de leyes generales, pero en los que varias leyes actúan al mismo tiempo y se modifican una a la otra sin destruirse...”[4].

 Para Say, tanto la economía política como las ciencias exactas, se componen de un pequeño número de principios fundamentales y de un gran número de corolarios o deducciones de esos principios. Para Say, lo fundamental en el progreso de la ciencia es que los principios se desprendan de forma natural de la observación, donde cada autor posteriormente multiplica o reduce a su antojo el número de consecuencias de acuerdo al objetivo que se propone. De esta manera escribe Say: “Un tratado de economía política se reduce entonces a un pequeño número de principios que ni siquiera habrá necesidad de basar en pruebas, pues no serán más que el enunciado de lo que todo el mundo sabrá, dispuesto en un orden conveniente para captar su conjunto y sus relacione”[5].

 Say aclara que es vano querer o pretender dar un grado mayor de exactitud o precisión a esta ciencia aplicando las matemáticas a la solución de sus problemas. Al repecto escribe el francés: “Los valores y cantidades de los que se ocupa, siendo susceptibles de más y de menos, parecerían tener que encajar en el campo de las matemáticas, pero están al mismo tiempo sometidos a la influencia de las facultades, a las necesidades, de las voluntades de los hombres...[6]. Así ejemplifica señalando que si bien, el precio de una mercancía es más elevado cuanto menor es su oferta respecto a la demanda, esto no significa que podamos determinar conforme a esta regla el precio al que se venderán los vinos al año siguiente, ya que la cantidad de información a tener en cuenta es enorme

Por su parte, John Stuart Mill escribió en sus observaciones preliminares que la concepción de la economía política  como una rama de la ciencia es de reciente data. En cuanto al objeto de la economía política Mill señala, al igual que Say, que es la riqueza:

 Quienes escriben sobre economía política declaran enseñar, o investigar, la naturaleza de la riqueza y las leyes de su producción y distribución, incluyendo, directamente o en forma remota, la actualización de todas las causas por las que la situación de la humanidad, o de cualquier sociedad de seres humanos, prospera o decae respecto a ese objetivo universal de los deseos humanos. Ningún tratado de economía política puede examinar o aun enumerar todas esas causas; pero pretenderá exponer todo lo que se conoce sobre las leyes y principios por las que se rigen[7].

Pierre- Joseph Proudhon en su “Miseria de la filosofía”, capítulo I “De la ciencia económica”, define la economía política de la siguiente forma:

La economía política es la colección de las observaciones hechas hasta hoy sobre los fenómenos de la producción y la distribución de las riquezas, es decir, sobre las formas más generales, más espontáneas, y por consecuencia más auténticas del trabajo y del cambio. La economía política es por lo tanto la historia natural de las costumbres, tradiciones, prácticas y rutinas más visibles y más universalmente acreditadas de la humanidad, en lo que se refiere a la producción y a la distribución de la riqueza. Como tal, la economía política se considera legítima de hecho y de derecho: de hecho, puesto que los fenómenos que estudia son constantes, espontáneos y universales; de derecho, puesto que esos fenómenos tienen en su favor la autoridad del género humano, que es la mayor autoridad posible. Así la economía política se califica de ciencia, es decir, de conocimiento razonado y sistemático de hechos regulares y necesarios”

Para Karl Marx, la economía política consistía en el análisis teórico de la moderna sociedad burguesa y presuponía, por tanto, las relaciones burguesas desarrolladas. La ausencia de estas condiciones explicaba a ojos de Marx el nulo desarrollo de esta disciplina en Alemania. De acuerdo a Engels, Marx era el único que podía llevar a cabo la labor de extraer de la lógica hegeliana la médula que encierra los verdaderos descubrimientos de Hegel en este campo y restaurar así el método dialéctico despojado de su ropaje idealista. Engels consideraba que Marx, al haber elaborado el método en que descansaba la crítica de la Economía Política, había logrado un resultado que apenas desmerecía en importancia de la concepción materialista fundamental. Marx distinguía entre la economía política clásica burguesa y la economía política vulgar.

En la primera se destacan personajes como William Petty, François Quesnay, Adam Smith y David Ricardo. En la segunda tenemos a figuras como Thomas R. Malthus, Jean Baptiste Say y Frédéric Bastiat. En las palabras finales a la segunda edición del primer libro de El capital, Marx describe la economía política burguesa destacando su estrechez de miras, debido a que veía en el orden capitalista no un peldaño históricamente transitorio del desarrollo, sino que la forma absoluta y última de la producción social. A continuación señala que la economía política podía continuar siendo ciencia sólo en la medida en que la lucha de clases permaneciera latente. Como consecuencia de las revoluciones liberales de 1848, Marx señala que hubo intentos de armonizar la economía política del capital con las exigencias del proletariado, siendo John Stuart Mill uno de los exponentes de este “vacuo sincretismo”. Por su parte, Engels consideraba la economía política, en un sentido amplio, como la ciencia de las leyes que rigen la producción y el intercambio de los medios materiales de vida en la sociedad humana, siendo la producción y el intercambio dos funciones distintas. Engels señala que la producción puede tener lugar sin intercambio, pero el intercambio, no podía existir sin producción. Añade Engels que cada una de estas dos funciones sociales se encontraba bajo influencias externas en gran parte específicas Por otro lado añadía que ambas se condicionaban recíprocamente en cada momento y operaban de tal modo la una sobre la otra que podría llamárselas abscisa y ordenada de la curva económica.

Avanzando en el tiempo llegamos a la teórica marxista Rosa Luxemburgo (1871-1919) quien, en su “Introducción a la economía política”361, confeccionada a partir de sus notas de clase, se pregunta acerca de qué es esta disciplina. Luxemburgo polemiza con la visión predominante en Alemania en el siglo XIX, es decir, con la escuela historicista alemana de economía donde destacaban personajes como Wilhelm G.F. Roscher (1817-1894), Gustav von Schmoller (1838-1917) y Karl Wilhelm Bücher (1847-1930), entre otros. Luxemburgo critica el lenguaje rimbombante y obscuro que utilizan los representantes de esta escuela para explicar el concepto de economía política. Para Luxemburgo, el problema con la ortodoxia alemana era clara: “Lo que se presenta aquí no son más que frases huecas, afectada palabrería...quien piensa con claridad y domina a fondo las cosas de que habla, se expresa clara y comprensiblemente. Quien se expresa en forma obscura y extravagante...muestra que él mismo no tiene claridad o bien que tiene razones para apartarse de la claridad”[8]. La pensadora polaca resalta la figura de Marx, así como su crítica a la economía política, ya que esto último significaba que Marx había colocado su propia obra fuera de la economía política desarrollada hasta ese entonces. Al respecto escribe Luxemburgo  

La teoría de Marx es hija de la economía burguesa, pero una hija cuyo nacimiento costó la vida a su madre. En la teoría de Marx la economía política halló su culminación, pero también su liquidación como ciencia. La continuación sólo será...la transposición de esta teoría a la acción, es decir la lucha del proletariado internacional por la realización del ordenamiento económico socialista. El fin de la economía política como ciencia entraña pues un hecho histórico mundial: la traducción a la práctica de una economía mundial organizada de acuerdo con un plan. El último capítulo de la teoría económica es la revolución social del proletariado mundial”[9].

Capital

Explica Smith que, en general, para la mayor parte de las personas el concepto de capital es sinónimo de riqueza, lo cual es completamente falso. De acuerdo a Mill lo que el capital hace por la producción es “ofrecer el refugio, la protección, las herramientas y los materiales que el trabajo requiere y alimentar y sostener a los trabajadores durante el proceso de la producción”[10]. Las personas pueden invertir el capital en las distintas ramas que componen la industria productive de un país: edificios, maquinarias, algodón, lino, seda, etc. Como vimos con Smith, con el desarrollo de la industrial las personas comienzan a contratar el trabajo (o fuerza de trabajo en palabras de Marx) a cambio de un salario (precio del trabajo) para que de esa manera los trabajadores se provean ellos mismos de alimentos y vestimenta. ¿Cuál es entonces el capital de ese productor que desembolsa en materias primas, máqionas herramientas y en pago de salarios? Mill nos respondeque el capital es precisamente aquella parte de sus posesiones que ha de constituir su fondo para llevar a cabo la producción. Más adelante añade que la distinción entre capital y no-capital no radica en la clase de mercancía de la cual estemos hablando, sino que depende del “espíritu del capitalista, es decir, en su deseo de emplearlas para cierta finalidad. Ahora bien, Mill introduce algunas precisions. En primero lugar un capital puede estar buscando un empleo productivo no encontrando su propietario ninguno, lo que se traduce en que este sea un “capital no empleado”. En segundo lugar, un productor puede tener mercancías aún no vendidas, no susceptibles de aplicarse directamente a usos productivos, de manera que aquellas mercancías se encuentran en la condición de “capital desocupado”. Tenemos, en tercer lugar, que el capital no es necesariamente suministrado por la figura del “capitalista”, ya que un trabajador (labriego) que vive de los productos de su tierra, lo sostiene aún su propio capital. Otra precision que hace Mill es que lo que es virtualmente capital para el individuo, puede o no puede ser capital para la nación según si el fondo, que supuestamente el individuo no ha disipado, no sea disipado por otras personas. Por ejemplo tenemos que A presta una propiedad por un valor de 10.000 libras esterlinas a B, que es un agricultor o fabricante que la usa para su provecho. Mill señala que A igualmente vendría a ser un agricultor o fabricante, no personalmente, sino que en relación a su propiedad. El capital (K) pertenecea A, pero es B el que lo emplea recibiendo a cambio, como remuneración, la diferencia entre la ganancia que obtiene y el interés que paga a A. Podemos tener otro caso donde A presta sobre hipoteca a C, que se dedica a hacer más productivas las tierras abonándolas, haciendo cercas, desagues, etc., de manera que las 10.000 libras esterlinasse han invertido obteniendo una ganancia permanente ya que la tierra ahora permite un aumento de la producción. En un tercer escenario, C puede ser un derrochador y disipar las 10.000 libras esterlinas en lujos que los consume el mismo no generando ningún tipo de ingreso futuro. Otro cuarto escenario es que A preste la misma suma al Estado que se encuentra en Guerra con otra nación. Tal como sucedió en la primera Guerra Mundial los Estados pueden emitir bonos para recaudar dinero, y en nuestro caso es A el que realiza el préstamo. Sabemos que las guerras activan las economías e incluso reducen el paro, claro que nadie en su sano juicio podría señalar que la guerra es un modo deseado de reactivar la economía de un país, ya que la riqueza se dilapida. Como explica Mill:

Si el gobierno empleara el dinero en construir un ferrocarril, esto podría ser un empleo productivo y la propiedad de A se usaría todavía como capital; pero puesto que se emplea en la Guerra, esto es, en pagar a oficiales y soldados que no producen nada, y en destruir una cantidad de pólvora y balas sin retorno posible…”[11].

 La Guerra, por lo tanto, tiene un costo de oportunidad muy alto, ya que se sacrifica la riqueza produciendo material bélico en lugar de bienes y servicios para los ciudadanos, que ven que la cantidad de productos disponibles disminuye drásticamente. Para que hablar de que durante la Guerra el gasto se multiplica hasta tal punto que los países tuvieron que romper temporalmente con el patron oro, hasta que finalmente Nixon rompió definitivamente la convertibilidad de US35 la onza de oro, ya que Estados Unidos estaba empantanado en la Guerra de Vietnam y en la carrera armamentista.

Más adelante Mill continua explicando lo que denomina las proposiciones fundamentals (o teoremas) del capital. En primer lugar explica que la actividad económica se encuentra limitada por el capital, por ejemplo, emplear actividad en la tierra es aplicar capital en la tierra y emplear trabajo en una manufactura es invertir capital en la manufactura. Ahora bien, como explica Mill, la expression “aplicar capital” es metafórica ya que lo que se aplica es en realidad es trabajo, donde el capital es una condición indispensable. El Segundo teorema fundamental se refiere al origen del capital que, tal como lo vimos con Adam Smith, es el ahorro. Toda acumulación de capital implica ahorro previo de manera que sin este ahorro no puede existir inversion en bienes de capital. Mill advierte que no hay que confundir ahorro con atesoramiento, ya que esto ultimo implica postergar su consumo, y el ahorro no es aquello que no se consume sino que es auqello que es consumido por algfuien diferente a quien ahorró. Al respecto escribe Mill: “…si se emplea como capital, se consume en su totalidad, si bien no es el capitalista el que lo consume. Una parte se cambia por herramientas o maquinaria que se han desgastado; otra parte por semillas o materiales que se destruyen como tales al sembrarlas o trabajarlos y que se destruyen por completo al consumir el producto final. El resto se paga en salarios a los trabajadores productivos, que lo consumen al satisfacer sus necesidades diarias…”[12]. Este ultimo aspecto del capital, esto es, que es fruto de un ahorro que se consume, es el tercer teorema. Esto, explica Mill, es un aspecto que pasa despercibido para el vulgo, ya que, como señlaba el economista frances Frédéric Bastiat, en economía existen aspectos que se ven y otros que no se ven. Explica Mill:

Para el vulgo no es de ningún modo evidente que lo que se ahorra se consume. A su juicio todo aquel que ahorra es una persona que atesora; puede creer que tal conducta es admisible, y hasta laudable, cuando tiene como finalidad poner a la familia a cubierto de futures contingencias…pero no pueden concebir que beneficie a los demás: para el vulgo ahorrar es sinónimo de guardar una cosa para sí, mientras que gastar le parece que es distribuirlo entre los demás[13].

 Continúa explicando el autor:

Este error popular proviene del hecho de que no se tiene en cuenta más que una parte de las consecuencias que se derivan del ahorro o del gasto; se olvidan todos aquellos efectos que no están a la vista. La Mirada sigue a lo que se ahorra hasta una caja de caudales imaginaria, y allí lo pierde de vista; en cambio, a lo que se gasta lo sigue hasta que pasa a manos de los comerciantes y dependientes, pero sin llegar en ninguno de los dos casos a ver su destino final”[14].

 Tenemos entonces, de acuerdo a Mill, que el tercer teorema se puede simplificar como sigue: todo lo que se produce se consume, tanto lo que se ahorra como lo que se dice que se gasta. Además el capital se consume pero se mantiene en existencia de una época a otra no por conservación sino que por reproducción perpetua. Mill realiza una analogía entre este fenómeno y el crecimiento demográfico (influido por las ideas de T. R. Malthus). Pasemos al cuarto y ultimo teorema fundamental respecto del capital que dice lo siguiente: “Lo que sostiene y emplea el trabajo productivo, es el capital que se gasta para ponerlo en actividad y no la demanda de los compradores del producto acabado del trabajo”[15]. Mill quiere decir con esto que la demanda de mercancías no equivale a demanda de más mano de obra, ya que lo que hace la demanda es dirigir o determinar la dirección del trabajo, así como también determina en qué rama de la producción se empleará el trabajo y el capital. En palabras de Mill: “El principio general que hemos supuesto es que la demanda de mercancías no hace más que determinar la dirección del trabajo, y la clase de riqueza producida, pero no la cantidad o eficiencia delt rabajo, o el total de riqueza”[16]. Mill ofrece el siguiente ejemplo. Supongamos una fábrica de terciopelo, y que existe demanda de terciopelo y fondos disponibles dispuestos a invertirse. El problema es que puede suceder que no exista capital para establecer su fabricación, por lo que no importa cuan grande sea la demanda, mientras no se atraiga capital a la industria de terciopelo no Habra terciopelo que ofrecer. Puede también suceder el caso inverso, es decir, puede haber abundante capital disponible para hacer terciopelo, pero no existe demanda, por lo que el capital sera colocado en otra rama productiva, ya que los capitalistas no son seres altruistas desinteresados, sino que persiguen su propio beneficio. En síntesis, Mill asevera que las personas benefician a los trabajadores no por lo que consume para sí mismo, sino solo por lo que no se consume:

Si en lugar de gastar 100 libras en vino o sedas, lo gasto en salarios, la demanda de mercancías es en ambos casos exactamente la misma; en el primer caso, es una demanda de vinos y sedas por valor de 100 libras, y en el otro caso por el mismo valor de pan, cerveza, vestidos, combustible y goces; pero en este ultimo caso se reparte entre los trabajadores un valor de 100 libras más del producto de la comunidad. Mi consumo personal disminuye en esa cantidad, y traspaso a ellos mi capacidad de consumo[17].

 Finalicemos la division del capital en capital fijo y capital circulante.  Existe una parte del capital que es empleado en la producción de cualquier mercancía que, una vez utilizado, cesa de existir como capital.

 “El capital que de esta manera cumple por entero, mediante un solo uso, su función en la producción en que está empleado, se llama capital circulante. El término, no muy apropiado,  se deriva de la circunstancia de que esta parte del capital necesita renovarse constantemente mediante la venta de productos acabados, y una vez renovada se desembolsa de nuevo para comprar materiales y pagar salarios; de modo que realiza su función, no siendo retenido, sino cambiando constantemente de manos[18].

 Existe otra parte importante del capital compuesta de instrumentos de producción, edificios y maquinarias, que tienen un carácter más o menos permanente. También queda incluida en esta las mejoras introducidas en las tierras y los gastos en abrir una mina. “El capital que existe en cualquiera de estas formas durables, y cuyos rendimientos se reparten en un período de duración correspondiente, se llama capital fijo[19].  Otro tema que toca Mill y que posteriormente sera profundizado por Marx es la consecuencia que tiene, para la clase trabajadora, el aumento del capital fijo a expensas del capital circulante. Marx señalaba lo prejudicial que era para la clase trabajadora el incremento en la inversion en capital constante (desembolso en maquinarias) a expensas del capital variable (desembolso en salarios), ya que llevaba a un incremento de lo que Marx denominaba como “composición orgánica del capital”. La maquinaria, explicaba Marx, tenía como objetivo abaratar la producción de las mercancías y acortar la parte de la jornada de trabajo que el obrero necesita para sí. La maquinaria tenía como objetivo ultimo la producción de plusvalía, alargar la parte de la jornada que el obrero entrega gratis al capitalista.

 

[1] Adam Smith, investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (México: FCE, 2010), 377.

[2] Jean Baptiste Say, Tratado de Economia Política (México: FCE, 2001), 9.

[3] Ibid.

[4] Ibid., 11-12.

[5] Ibid., 17.

[6] Ibid.

[7] John Stuart Mill, Principios de Economía Política(México: FCE, 2006), 29.

[8] Rosa Luxemburg, Introducción a la economía política (Buenos Aires: Ediciones Pasado y Presente, 1972), 21.

[9] Ibid., 77.

[10] Ibid., 72.

[11] Ibid., 78.

[12] Ibid., 85.

[13] Ibid., 86.

[14] Ibid.

[15] Ibid., 92.

[16] Ibid., 99.

[17] Ibid., 97.

[18] Ibid., 103.

[19] Ibid.