5-Hablemos del Lenguaje. El ser humano y la rotulación de la naturaleza (por Jan Doxrud)

"Las lenguas son en último término, simplificaciones de una realidad que siempre las rebasa, y sólo pueden justificarse con un fin práctico".

(Borges, Inquisiciones)

5-Hablemos del Lenguaje. El ser humano y la rotulación de la naturaleza (por Jan Doxrud)

Es un hecho que, durante millones de años el planeta Tierra, tanto el mundo fenoménico así como también el transfenoménico ( aquellos que no es directamente visible a nuestros sentidos ), se desarrolló completamente al margen del lenguaje, puesto que este último no existía, puesto que no existían ni siquiera los seres humanos. Con esto quiero simplemente dar a entender que las montañas, volcanes, el cielo, las estrellas, microbios, el ADN, y los océanos simplemente “existían”, libres de toda rotulación y conceptualización, puesto que no habían seres humanos que pudiesen cartografiar lingüísticamente el territorio y hacer de este un mapa que le permitiera comprenderlo. 

Con el transcurso de los años apareció el género Homo de los primates del cual surgió la especie “Sapiens” que desarrollaría un lenguaje cada vez más complejo y profundo que cualquiera de los otros animales “no humanos”. Los antropólogos destacan que el pensamiento simbólico, esto es, la capacidad de los homínidos de representar mentalmente su entorno en base a sus experiencias, constituye un rasgo fundamental de los seres humanos. Esta era la opinión de  Ernst Cassirer(1874-1945), para quien el ser humano poseía una suerte de universo simbólico propio distinto, pero relacionado, con el medio físico y los individuos y comunidades que lo habitaban. 

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Para Cassirer un símbolo consistía en una realidad material que indicaba otra cosa. A esto añadía que el símbolo mismo era un  “contenido individual, sensible, que sin dejar de ser tal, adquiere el poder de representar algo universalmente válido para la conciencia”.Algo similar postularía Karl Popper en su teoría de los “Tres mundos”: el mundo físico-natural, el mundo de la experiencia subjetiva consciente y el mundo de la cultura. 

El psicólogo cognitivo español, Juan Ignacio Pozo, siguiendo al psicólogo y neurocientífico canadiense Merlin Donald, explica que los homínidos atravesaron por una serie de transformaciones cognitivas y culturales que van desde la mente episódica a la mente teórica. Esta esquematización se trata más bien de una representación simplificada de la coevolución de la mente y los sistemas culturales en que se apoya. Así, en un primer momento, los primates desarrollaron una mente episódica que habrían permitido aprender regularidades ambientales, así como también “destrezas y secuencias procedimentales ligadas a una representación encarnada del ambiente”. En segundo lugar tenemos un nuevo tipo de representación, culturalmente generada: la mente mimética (que habría aparecido con el Homo erectus).

Esta mente, señala Pozo, es la que permite el desarrollo de la capacidad de imitar o emular la conducta de los otros. Un tercer momento decisivo en la evolución cultural arribó con un nuevo sistema de comunicación y representación, y que es materia del presente artículo:  el lenguaje. Surge así la ya mencionada mente simbólica. De acuerdo a autores como Merlin Donald, Dan Sperber y Michael Tomasello, habría sido la presión para mejorar su aparato conceptual lo que forzó a los seres humanos modernos a desarrollar el lenguaje, de manera que este último no sería el origen de las representaciones explícitas, aunque si el motor de su multiplicación y ubicuidad. Sobre el pensamiento simbólico y el lenguaje, concluye Pozo: 

“El lenguaje se convierte así en un código privilegiado que permite ya no sólo hacer referencia explícita a los objetos presentes, sino también re-presentar sucesos no presentes, así como las actitudes o perspectivas propias con respecto a ellos”

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Habría que esperar el advenimiento de la “mente teórica” para que las representaciones lingüísticas ya no estuviesen atrapadas en el presentes y en un contexto específico. En virtud de lo anterior, Pozo explica que la cultura oral, como conocimiento acumulado, puede ser conservada y reproducida, pero no repensada y redescrita por generaciones posteriores. En cambio, con la mente teórica la humanidad dispuso de sistemas externos de representación, como es el caso de las primeras escrituras jeroglíficas. Por su parte, Yuval Noah Harari, nos dice en su aclamado “De animales a dioses” que la característica distintiva del lenguaje humano es la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto, de ahí nuestra capacidad de crear mitos, relatos religiosos y seres que no existen en la realidad. Por lo demás con el lenguaje y la escritura, el ser humano creo un verdadero “disco duro” externo que permitía la acumulación de información, de manera que esta ya no desaparecía junto a la muerte de los cerebros. Así, lenguaje y escritura se transformaron en las nuevas unidades de almacenamiento de información.

Podríamos especular aquel grupos de homínidos quienes fueron los primeros en  enfrentarse al mundo  de manera cruda, en el sentido de que vieron, escucharon, sintieron y percibieron cosas inéditas para ellos pero que, con el tiempo, se transformaron en parte de su mundo y perdieron la espectacularidad que en un comienzo generaron. Por ejemplo, podemos especular que estos primeros homínidos, dependiendo del lugar en donde habitaban, tuvieron que haber presenciado “por primera vez” una erupción volcánica, las lluvias, el oleaje del mar la caída de un rayo, y la extraña sensación producto de la muerte de uno de sus compañeros. También escucharon sonidos nunca antes escuchados y sintieron sensaciones también nunca antes sentidas. Junto a observar, escuchar y percibir cosas aisladas, también estos homínidos tuvieron que hacer sentido de este mundo, vale decir, percatarse de que existen patrones y conexiones causales entre distintos fenómenos, lo que hacía del mundo y de quienes habitan en éste, un sistema o, lo que es lo mismo, un objeto complejo integrado por partes que se encuentran interrelacionadas. 

En nuestros días, a diferencia de los homínidos del pasado, nosotros no nos enfrentamos a fenómenos totalmente nuevos y todo lo que podemos imaginar está condicionado por nuestra cultura. Cuando Steve Jobs nos presentó el Ipad, si bien fue un artefacto curioso y novedoso, igualmente era familiar puesto que tenía una pantalla y botones, dos cosas que ya nos son familiares. En el caso de entidades fantásticas , tenemos por ejemplo la idea de “medusa” que, si bien no representa algo real (que existe efectivamente en el mundo real) hace referencia a otras ideas como la de mujer y serpiente ( que sí existen en el mundo real). Podemos ver el caso de películas de ciencia ficción las cuales crean ficción, pero a partir de elementos que existen en la realidad que son combinados con el objetivo de crear seres que no existen en la realidad. Así, superman implica la idea de ser humano, hombre, volar, fuerza, velocidad o rapidez. Cuando vemos películas sobre alienígenas estos últimos, sin importar lo raro que sean, tienen manos, cabeza, ojos y un cuerpo o pueden estar encarnados por insectos o algún otros ser vivo que existe efectivamente en nuestro mundo. El punto es que no nos hemos enfrentado ante algo completamente desconocido que destruya o trascienda nuestros condicionamiento y que burle completamente nuestro aparato lingüístico. En suma, siempre nos movemos dentro del mundo de lo conocido.

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No podemos saber qué experimentaron estos homínidos al enfrentarse a esto sucesos nunca antes vistos, pero su continua exposición a estos fenómenos hizo que estos mismos fueran perdiendo su espectacularidad y pasaran a ser parte del moblaje del medio en que se desenvolvían. Con el transcurrir de los años, estos fenómenos de la naturaleza serían rotulados y así el ser humano gradualmente extendería una red lingüística sobre el territorio con el objetivo de elaborar mapas que ayudasen a comprender cómo funciona el mundo. Y esto no sólo corre para el mundo exterior sino que también para el mundo interior del hombre. El odio, la envidia, el amor, el temor o la alegría ciertamente existían con mucha anterioridad a que fueran rotuladas con una palabra. El lenguaje, que comenzaría a emerger espontáneamente en distintas comunidades de homínidos, comenzaría a operar como un medio para comunicar, un medio de intercambio de ideas, expresión de emociones o para avisar sobre algún potencial peligro. 

Pensamiento y lenguaje van de la mano y, como señalaba Edward Sapir (1884-1939), es el habla el único camino para llegar hasta el pensamiento. Así, el lenguaje es comunicación interpersonal, pero también constituye un mecanismo por medio del cual las personas forman conceptos y pueden realizar abstracciones, y así ir generando nuevos conocimientos.