15-Hablemos del Lenguaje. Hermenéutica y ontología del lenguaje (por Jan Doxrud)

15-Hablemos del Lenguaje. Hermenéutica y ontología del lenguaje (por Jan Doxrud)

El giro lingüístico es común a toda la filosofía del siglo XX: es tan evidente en Heidegger, Gadamer, Habermas y Derrida como en Carnap, Ayer, Austin y Wittgenstein. Lo que distingue la filosofía analítica de otras iniciativas filosóficas del siglo XX es la idea de que ese giro, junto con el uso de una lógica simbólica moderna, hace posible, o al menos facilita, convertir la filosofía en una disciplina científica”.

(Richard Rorty, Filosofía y futuro)

Normalmente comprendemos el lenguaje como una capacidad individual, como la propiedad de una persona. Decimos así, que los individuos tienen una capacidad para el lenguaje. Esto, como podemos ver, le otorga precedencia al individuo con respecto al lenguaje. Implica que es el individuo el que habla y escucha. Asume al individuo como precondición del lenguaje (…)Nos oponemos a esta visión. Postulamos, al contrario, que los individuos. se constituyen asimismo en el lenguaje. Esto implica que le otorgamos precedencia al lenguaje con respecto al individuo

 Rafael Echeverría, Ontología del Lenguaje

  

Pasemos a abordar la temática del lenguaje con el denominado el “giro hermenéutico” y la antropología  lingüística. Pasemos, entonces, a abordar la filosofía hermenéutica. La palabra, hermenéutica, desde un punto de vista etimológico, vendría significar el arte o la técnica de descifrar o interpretar, siendo esta segunda acepción la que utilizaremos. Se suelen distinguir tres fases del desarrollo de la hermenéutica. La primera es aquella que se extiende desde los griegos hasta el teólogo alemán Friedrich Schleiermacher (1768-1834). Como explica el académico italiano, Maurizio Ferraris, en  Grecia, la hermenéutica era el arte de la interpretación [hermeneutike techne) y designaba la actividad de transmitir mensajes de los dioses a los hombres. 

En la Grecia antigua la hermenéutica, entendida como interpretación, se refería a las reglas para llevar a cabo esta tarea interpretativa, de manera que la hermenéutica era concebida como un método y un medio para interpretar textos. La misma concepción tendrían los juristas romanos en relación con los textos jurídicos, esto es, la hermenéutica jurídica que se centró en la interpretación de los códigos jurídicos que serían recopilados y sistematizados en el Código de Justiniano. La hermenéutica continuaría siendo practicada por autores cristianos, esta vez, aplicados a los textos sagrados. Aquí se pueden distinguir dos escuelas, siendo una la que llevaba a cabo una exégesis literal, como lo fue la escuela de Antioquía, mientras que la escuela de Alejandría decantó por una exégesis más espiritual y abierta a la alegoría. 

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Esta división entre el sentido literal y espiritual se extendería, pero la Reforma Protestante marcaría un cambio, en el sentido que el luteranismo defendió la idea de la “sola Scriptura”lo que significó el rechazo de cualquier intento de monopolizar la interpretación bajo alguna autoridad religiosa. La reacción de las autoridades católicas no se dejó esperar y el Concilio de Trento fue claro al establecer que nadie podía acomodar la Escritura hacia su sentimiento personal y contra el sentido que le daba la santa madre Iglesia. Como destaca Ferraris otros autores, como Baruch Spinoza, consideraron que las escrituras debían ser interpretadas como cualquier otro texto histórico. Este constituye un debate que se extiende hasta nuestros días. 

Durante el siglo XVIII se continuó puliendo las técnicas interpretación formulándose proyectos tendientes a desarrollar una hermenéutica universal. Con el Romanticismo alemán, la hermenéutica comenzaría a ser más que un mero método o procedimiento para llevar a cabo interpretaciones de textos. La hermenéutica extendería su foco al ser humano mismo, esto es, al intérprete. 

En este sentido habría sido Schleiermacher quien tuvo la intuición de que los productos creativos del espíritu humano no podían ser simplemente explicados, puesto que se requería también de una comprensión del proceso creativo mismo. Así se abre el camino para que la hermenéutica, de ser un método, pase a ser una verdadera ontología e incluso una antropología, si consideramos a Heidegger y su discípulo Gadamer. Estos autores se encuentran en las antípodas del Círculo de Viena, puesto que no contemplan al lenguaje como una mera herramienta y un objeto que pueda ser estudiado. Famosa es la frase de Heidegger en su “Carta sobre el humanismo” (1947) en donde señala que el lenguaje es la casa del ser. A esto añade, en su característico estilo:

“En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada. Su guarda consiste en llevar a cabo la manifestación del ser, en la medida en que, mediante su decir, ellos la llevan al lenguaje y allí la custodian. El pensar no se convierte en acción porque salga de él un efecto o porque pueda ser utilizado”. 

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Esto puede ser interpretado como que el lenguaje es la esencia del ser humano o que el fundamento de este es el lenguaje. Igualmente se puede señalar que más allá del lenguaje no existe el ser, de manera que el lenguaje establece un límite de tipo ontológico. El lenguaje para estos autores es más que una mera tecnología para poder comunicarse, puesto que tiene una dimensión más profunda. Hans Georg Gadamer llegó a escribir que el ser que puede ser comprendido es lenguaje. Mauricio Beuchot, refiriéndose a Heidegger, explica que para este filósofo el lenguaje es más que lengua y habla. Añade que en Heidegger el lenguaje adquiere una dimensión gigantesca tanto en su concepción de hombre como en la estructuración de su pensamiento. 

Tan fundamental resulta ser el lenguaje en Heidegger que, en lugar de estar ante una filosofía del lenguaje estamos, en cambio, ante una “ontología del lenguaje”, esto es, “una reflexión ontológica de la relación del hombre, a través del lenguaje, con el Ser, que es lo que más le importa”. Es por ello que comencé con la cita de Rafael Echeverría quien ha abrazado esta ontología fundamentada en el lenguaje. Echeverría fue más allá e inició la nueva la moda del “coaching ontológico” como “Newfield Consulting”. Este paradigma es fiel heredero de Nietzche, Heidegger y el chileno Humberto Maturana (entre otros autores). Por ejemplo, en su libro, Echeverría explica los postulados básicos de la ontología del lenguaje.

1) Interpretamos a los seres humanos como seres lingüísticos. Con esto, Echeverría quiere dar a entender que , lo que nos hace a nosotros, seres humanos, ese tipo particular de ser, es el lenguaje. Añade que es el lenguaje la clave para comprender los fenómenos humanos. 

2) Interpretamos al lenguaje como generativo. Este postulado significa que el lenguaje no es un instrumento que se limita a expresar o a describir ( descriptivo y pasivo, señala el autor). Paso seguido, Echeverria explica, en virtud de este segundo postulado,   que el lenguaje “crea realidades”, de manera que la  realidad no siempre precede al lenguaje, ya que esta última puede proceder del primero. Así, Echeverría señala que el lenguaje “genera ser”.  A esto añade el mismo autor:

“Es importante advertir, sin embargo, que no estamos diciendo que todo lo que existe sólo existe en el lenguaje. No estamos negando la «existencia» de una así llamada «realidad externa», independiente del lenguaje. Pero de tal «realidad externa», en cuanto externa e independiente del lenguaje, no podemos hablar. Todo, de lo que hablamos, se encuentra , por definición, dentro del dominio del lenguaje. ¿Cómo podríamos hablar sobre lo que es externo a nosotros sin negar con ello esta misma «externalidad?”

3) Interpretamos que los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él. Este tercer postulado, de acuerdo a Echeverría, se basa en parte en la frase de Nietzsche en donde señala que en el ser humano la creatura y el creador se unen. Desde la óptica de la ontología del lenguaje esto significa que la vida constituye el espacio en el que los individuos se inventan a sí mismos. En palabras de Echeverría:

“El ser humano no es una forma de ser determinada, ni permanente. Es un espacio de posibilidad hacia su propia creación. Y aquello que lo posibilita es precisamente la capacidad generativa del lenguaje. A partir de las bases de condicionamiento mencionadas, los individuos tienen la capacidad de crearse a sí mismos a través del lenguaje. Nadie es de una forma de ser determinada, dada e inmutable, que no permita infinitas modificaciones”. 

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Volviendo a uno de los inspiradores de este paradigma (Heidegger), tenemos que el lenguaje del autor alemán es oscuro y raya en un estilo cuasi-místico y, a su vez, poético. Ciertamente una completa antítesis al espíritu que guiaba al Circulo de Viena. Las criticas a esta ontología lingüística son varias pero una medular es una que mencionamos anteriormente y es que incurre en el reduccionismo, es decir, de reducir el mundo al lenguaje. 

Como señala Ferraris , el filósofo estadounidense Richard Rorty (1931 - 2007) consideró a la hermenéutica como una versión renovada de la filosofía de Berkeley que se reduce a la sentencia “ser es ser percibido”, es decir, las cosas existen en la medida es que son percibidas. Este nuevo idealismo viene ahora en su versión lingüística y nos dice que nada existe fuera del lenguaje o, como lo expresó Jacques Derrida, nada existe fuera de los textos. La verdad es que aquí nos encontramos en un punto muerto, puesto que se enfrentan dos formas de hacer filosofía, siendo una más poética, alegórica y que bordea lo místico, y otra más “científica” que busca la precisión y la claridad en el uso de la palabras. La primera más cercana a las humanidades y la segunda a la ciencia. Richard Rorty lo planteaba de la siguiente manera:

“A muchos filósofos analíticos no le s gusta pensar que su disciplina forma parte de las humanidades. Asocian su clase de filosofía con la búsqueda disciplinada de un conocimiento objetivo, que se asemeja, en este sentido, más a las ciencias naturales, y creen que las humanidades son un ruedo para el combate de opiniones no demostrables. Dichos filósofos prefieren ser situados, a efectos administrativos, lo más lejos posible de los profesores de literatura y lo más cerca posible de los profesores de ciencia”.

Usualmente se querido dividir estas tradiciones en filosofía continental (existencialismo, ontología del lenguaje, herméneutica) y filosofía analítica. Pero tal escisión no resulta ser muy útil ya que, recordemos que los miembros del Círculo de Viena provenían de Europa continental. Por ejemplo, un filósofo científico como Jesús Mosterín señalaba lo siguiente respecto de la filosofía continental:

“(…) la inventaron los ingleses para referirse a todas las filosofías que se hacían en el continente europeo (…) En este cajón de sastre metían desde la fenomenología y el existencialismo hasta las filosofías de Ortega y Gasset, de Cassirer o de Habermas, pasando por todo tipo de resurrecciones (neotomismo, neokantismo, neomarxismo) y ensaladas intelectuales más o menos confusas, como el posmodernismo”.

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Sobre el estilo oscuro de Hegel, Heidegger y otros autores germanos, Jesús Mosterín, en una entrevista con Karl Popper, preguntaba si acaso el modo opaco y complicado de escribir no se debía, quizás, a la estructura de la lengua alemana o era simplemente el reflejo de la oscuridad de las ideas de sus autores. Ante esto, Popper responde que lo que aconteció fue que tales autores destruyeron la lengua alemana. Mario Bunge es aún más lapidario con Heidegger a quien directamente lo trata como un charlatán y adherente al nazismo. En relación con la filosofía hermenéutica Bunge también es un ferviente crítico y la cataloga como una doctrina idealista según la cual los hechos sociales (y quizás también los naturales), son símbolos o textos, de manera que deben interpretarse en lugar de describirse y explicarse de manera objetiva. También rechaza de plano el textualismo o la concepción de que todo es un texto o como si fue un texto. En palabras de Bunge:

“Los hermenéuticos toman el textualismo de un modo literal, no metafórico, mientras al mismo tiempo afirman que todo conocimiento es metafórico. En cambio las personas normales distinguen las palabras de sus referentes (…) y también son conscientes de que los átomos, las estrellas, las plantas, las personas, las sociedades y otras cosas carecen de propiedades sintácticas, semánticas y fonológicas”.

A esto añade:

“En particular, las teorías científicas no son textos: tienen propiedades lógicas, matemáticas y semánticas, pero no propiedades lingüísticas  o literarias. Esta es la razón por la que las teorías científicas son estudiadas por los científicos, los lógicos y los filósofos y no por los hermenéuticos, los filósofos lingüísticos ni los críticos literarios”.

Otras críticas provienen de teóricos literarios como el español Jesús G. Maestro que, al igual que Bunge, es implacable en su crítica a figuras como Heidegger, Gadamer o Derrida. Con respecto a este último, Maestro lo tilda de irracionalista y de ser un“Gorgias” moderno, que reduce la realidad a un corporeísmo lingüístico. En palabras de Maestro:

“La afirmación, idealista e irreal, de que todo es lenguaje —todo es texto (Derrida)— ha causado un daño enorme a la concepción científica de categorías como la Teoría de la Literatura, en particular, así como, en general, a todas las demás ciencias humanas. En ese callejón sin salida, formalista y teoreticista, posmoderno y al fin y al cabo completamente sofista, siguen ancladas y hundidas muchas posibilidades de desarrollo de las ciencias humanas actuales”.

El teórico de la literatura español es crítico con las corrientes hermenéuticas iniciadas por Schleiermacher así como también el movimiento romántico. De acuerdo a Maestro, entre los objetivos de la hermenéutica romántica se encuentra la (“irónica” añade), pretensión de entender a un autor mejor de lo que él mismo pudiera haber llegado a entender su propia obra. Así, señala Maestro, se asiste a la  rehabilitación permanente de los componentes psicologistas y abandono, por ende, de cualquier base científica para la hermenéutica. En lo que respecta a la tradición desarrolada por Heidegger, Maestro

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Explica que incurre en la falacia descriptivista y relativista, en el sentido de que todas las interpretaciones humanas se imponen como históricamente variables. Estom continúa explciando el autor español,  equivale a afirmar un relativismo epistemológico muy estimulante, “en el que la existencia temporal del ser humano —el ser en el tiempo— impide cualquier forma de conocimiento estable y seguro sobre cualquier tipo de hechos históricos”