3-Los Chicago Boys y la economía chilena. Antecedentes: La Misión Klein-Saks (por Jan Doxrud)

3-Los Chicago Boys y la economía chilena. Antecedentes: La Misión Klein-Saks (por Jan Doxrud)

La Misión Klein-Saks

Comencemos con el segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1952 -1958) y la Misión Klein . Para este tema utilizaré principalmente el estudio realizado por Juan Pablo Coyoumdjian, Adolfo Ibáñez, Sebastián Edwards, Cristián Garay Vera, Rolf Lüders y Cristián Larroulet. Tenemos que para la década de 1950 el modelo económico conocido como de “crecimiento hacia adentro” o de “industrialización por sustitución de importaciones” estaba tambaleándose. Este modelo es hijo de las consecuencias de la crisis de 1929 y la posterior depresión de la década de 1930 que afectó fuertemente a los países y, en especial, a Chile que, de acuerdo a la Sociedad de las Naciones, fue una de las naciones más devastadas por la crisis.

El camino que los diversos gobiernos tomarían sería el de evitar que el país se viera sacudido por los shocks externos y lograr una mayor autosuficiencia e independencia de los mercados extranjeros. Tale estrategia de desarrollo llegaría a su plenitud con los gobiernos de los presidentes radicales Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla. Para profundizar en este tema el lector puede consultar el siguiente ARTÍCULO. En fin la tónica del modelo económico era una fuerte presencia estatal, la imposición de altos aranceles de importación cuotas de importación, licencias, subsidios, pujas distributivas y control de la política cambiaria ( donde existía más de una). En palabras de la historiadora Sofía Correa:

“A través de la CORFO, el Estado fomentó la actividad industrial privada, creó empresas mixtas y se hizo cargo de las obras de infraestructura de gran envergadura que el capital privado no podía realizar. El Estado también se responsabilizó del desarrollo social. Para implantar esta estrategia de industrialización sustitutiva y desarrollo social, el Estado utilizó políticas de control del crédito, del comercio exterior y del mercado de divisas (…) se fijaron tipo de cambios múltiples, variando el valor según el producto que se importara. El Estado controlaba la asignación de divisas y además se establecieron restricciones a las importaciones. También el Estado controló el acceso al crédito y fijó las tasas de interés y los precios de los artículos de primera necesidad, subsidiando algunos bienes y servicios básicos”

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Ibáñez del Campo, quien había gobernado como dictador entre 1927 y 1931(cayó fruto de la crisis de 1929), heredó un panorama económico extremadamente complejo. En primer lugar estaba  la inflación galopante: 56% (1953), 71% (1954), 80 (1955). En segundo lugar estaba el déficit fiscal e indisciplina fiscal, esto es, el excesivo gasto publico para financiar, principalmente, leyes de reajuste salarial ( decretar incrementos del salario mínimo, en línea con la inflación del año anterior. Sucedía que estos reajustes eran mayores que la inflación pasada) El Banco Central insistía en aplicar una política monetaria expansionista, en otras palabras, emisión monetaria no respaldada por producción. Otro problema era la debilidad del sector externo, baja competitividad, escaso crecimiento y escasez de divisas.

A esto hay que sumar las presiones sindicales y el capitalismo clientelista, alimentada por el apoyo gubernamental que operaba bajo una lógica electoral. A esto podemos añadir: escasez de ahorro e inversión, desequilibrio en la balanza de pagos e inestabilidad política: Ibáñez llegó a tener 10 Ministros de Hacienda en 6 años. Fue dentro de este contexto que el gobierno solicitó los servicios de la Misión Klein-Saks, la cual elaboró un diagnóstico de la economía chilena que podía resumirse, aunque no deducirse, en la siguiente frase: “Chile estaba sufriendo las consecuencias de consumir más de lo que producía”. Algunos de los principales problemas eran los siguientes:

1) Déficit Fiscal: núcleo del proceso inflacionario.

Solución: reducir el gasto (viajes al extranjero, armamento, subsidios a empresas de transporte, subsidios habitacionales, ), optimizar sistema tributario (penalizar evasión y atrasos), subir impuesto combustibles

2) Expansión Monetaria

Solución: que el Banco Central actuase con criterios técnicos y no políticos. Imponer límites a la concesión de créditos.

3) Limitar la reajustabilidad salarial (respecto a la inflación pasada de funcionarios públicos, FFAA  y de orden(rango de 44%- 50%)

4) Política cambiaria: tipos de cambios múltiples (formación mercado paralelo)

Solución: sistema cambiario doble: para transacción de bienes comerciales y para movimientos de capitales.

5) Administración pública: reinaba la desorganización e ineficiencia.

Solución: reorganizar y racionalizar la Administración, lo que se tradujo en un mayor grado de flexibilización de esta misma lo que se traducía en poner fin a la inamovilidad de los empleados públicos, emplear menor cantidad de personas, y emplear a personas capacitadas y con una mejor remuneración.

6) Precios y subsidios: exceso de regulaciones-

Solución: Como explica Rolf Lüders, se debía restablecer el sistema de precios libres, promover la competencia por medio de la acción antimonopólica, permitir las importaciones sin restricciones cuantitativas y con una moderada protección aduanera para las industrias locales.

7) Política de remuneraciones: excesiva rigidez y reajustes que contribuían al alza del nivel general de precios.

Solución:  establecer una mayor libertad de negociación de remuneraciones en el sector privado y la aplicación de un reajuste dentro del sector público sobre la base de posibilidad de financiamiento reales.

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 Como señalé anteriormente, estas medidas generaron un rechazo generalizado en distintos sectores de la sociedad civil y del mundo político. En primer lugar tenemos que tener en consideración el frágil apoyo que tenía Ibáñez y que, con el correr de los años, se fue aislando políticamente. En segundo lugar estaba la oposición sindical y de los partidos de izquierda que acusaban el de su giro “liberal de Ibáñez” en lo económico y su estilo “autoritario” en lo político y, además, de establecer lazos con EE.UU. A esto hay que sumar que la izquierda rechazaba también la figura misma de ambos expertos (Klein y Saks) que representaban al “Imperio” (Estados Unidos) En tercer lugar tenemos el rechazo de sectores empresariales, un empresariado habituado al sistema imperante de donde obtenía privilegios y proteccionismo por parte del Estado. Por ejemplo, el sector empresarial, como apunta Sofía Correa, comenzó a partir del segundo semestre del año 1956 motivados por la restricción crediticia y la el deseo de que el gobierno interviniera en la fijación del tipo de cambio.

 Por último estaba la prensa y otros medios, como El Siglo y Topaze, que criticaban las medidas de la misión. A esto hay que añadir a los trabajadores asalariados que demandaban la restitución del reajuste automático de sueldos y salarios de acuerdo al alza del costo de la vida. En síntesis, el clima políticos y social no era el más propicio para las reformas de austeridad propuestas por la Misión Klein-Saks. 

Como apunta Sebastián Edwards:

“Al ir aumentando el desequilibrio fiscal, el programa de estabilización se fue desintegrando. En 1957 no se acató la regla de desindexacion salarial, y se decretó un reajuste general de sueldos equivalente al 80% de la inflación acumulada. Además, se relajaron los controles de crédito y la masa monetaria comenzó a expandirse a un ritmo más rápido”.

Hacia el año 1958 la Misión ya había abandonado el país. En mayo de 1958 publico un “Libro Blanco” en donde daba cuenta de su trabajo realizado en Chile y, a su vez, brindó una serie de recomendaciones que el país debía seguir para lograr salir de la compleja situación económica. Dentro de este escrito, la Misión realiza una crítica a que nuestro país, en las últimas décadas, había depositado una confianza excesiva en el Estado para el logro de sus objetivos económicos y sociales. A esto añade que tal papel sobredimensionado que se le ha otorgado al Estado se ha prestado para favoritismos políticos, es decir, aquellos grupos que han apoyado las políticas estatales, se ven favorecidos con los servicios y beneficios proporcionados por el Estado

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Como apunta Sebastián Edwards, ¿por qué razón fue necesario acudir a tecnócratas extranjeros? Después de todo, este paquete de medidas recomendadas por la Misión Klein-Saks, no eran nuevas e inéditas, ya que en 1954, bajo el liderazgo del nacionalista Jorge Prat, se propuso un programa de estabilización que incluía, entre otras medidas: austeridad fiscal, reducción del gasto público, alza de impuestos, devaluación monetaria, restablecimiento de controles de crédito, una reforma al sistema de indexación de los salarios reduciendo el porcentaje de ajuste a 60% de la inflación pasada acumulada, aumento de la cobertura del salario mínimo. Regresamos a la pregunta anterior: ¿por qué solicitar una asesoría extranjera en materia económica? De acuerdo a Edwards existen las siguientes interpretaciones sobre la figura del tecnócrata (que explicaré cuando entremos a los Chicago Boys)

 1) El rol de tecnócratas extranjeros que brindan sus conocimientos y “expertise” técnica no disponibles en el país. 

2) Mediadores: asesores extranjeros pueden ayudar con su “expertise” a escoger muchas de las múltiples alternativas.

3) Expertos extranjeros dan credibilidad y confianza: régimen de Ibáñez carecía totalmente de credibilidad y la Misión daría un cierto aire respeto y seriedad. Incluso habrían sido pieza central para que Chile recibiera ayuda del FMI. Por su parte, Sofía Correa explica que la firma Klein-Saks tenía muy buenas relaciones con el gobierno y la banca estadounidense, lo que permitiría a nuestro país acceder a préstamos exteriores. Añade Correa que el jefe de la Misión en Chile, Prescott Carter, había Vicepresidente del National City Bank y otros dos miembros de la Misión, Henry Holland y Thomas Lockett, habían sido, respectivamente, Secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos y funcionario del Departamento de Comercio de Estados Unidos

En suma, como explica Rolf Lüders, las medidas de la Misión Klein-Saks no se limitaba a una modificación de la política monetaria para mantener a raya la inflación, sino que implicaba reformas más de fondo que implicaban cambios institucionales, fiscales y de comercio exterior. La ciudadanía, empresarios, sindicatos y otros movimientos sociales no estaban dispuesto a aceptar estos cambios por razones económicas así como también ideológicas. Quizás resultan útiles las palabras de AnÍbal Pinto Santa Cruz (bisnieto del Presidente) citadas por Couyoumdjian y Larroulet:

“No se conoce un caso en que ( misiones de este tipo) hayan sido de alguna utilidad. Y esto por causas fácilmente discernibles. Los problemas generales de carácter económicos están enraizados en la vida nacional: son inseparables de otros muchos fenómenos, políticos, sociales, históricos y de todo orden, que se hallan fuera de la órbita especializada de los economistas y más aún de los expertos extranjeros”.

Pero Aníbal Pinto Santa Cruz alcanzó a vivir lo suficiente para ser testigo de una verdadera revolución económica en Chile guiada por académicos extranjeros e implementadas por un grupo de economistas con estudios en universidades extranjeras, especialmente en la Universidad de Chicago.

Comparando los programas de la Misión Klein - Saks y la de los Chicago Boys, En El Ladrillo (donde hubo también colaboración de democratacristianos), Rolf Lüders explica algunas similitudes. En primer lugar ambas visualizaban la economía chilena como entrampada por la búsqueda de rentas de diversos grupos en pugna (puja distributiva entre sindicatos, obreros , campesinos, empresarios, comerciantes, etc), que terminaba por resolverse mediante la emisión monetaria por parte del Banco Central. La Misión describía esta puja como una verdadera “guerra civil económica entre los grupos y clases en que el país se había dividido”. Ambas se refieren a los desequilibrios macroeconómicos así como también a la inflación.

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En lo que respecta a la inflación, ambos programas enfatizan a que su causa se encuentra en numerosas variables de manera que se requería una serie de cambio importantes, como apunta la Misión, de la política gubernamental en 6 áreas: política fiscal, administración pública, créditos, remuneraciones y previsión social, precios y subsidios, y sistema cambiario. En “El Ladrillo” se puede leer que la inflación había sido fruto de un vano intento de mejorar la situación de los grupos desvalidos frente a un desarrollo económico débil. Añade un crítica  la clase política que había hecho creer a la ciudadanía que se podía repartir mas del 100% del ingreso nacional en forma permanente y, de esa manera, darle más a todos quitándole solamente a los muy ricos. Ambos programas se refieren también a la política fiscal, específicamente, al déficit fiscal respaldado con emisión monetaria que traía como resultado mayores niveles de inflación.

También apuntan a optimizar el sistema tributario para que constituyera un instrumento alentador para el desarrollo económico. En “El Ladrillo” se habla de la introducción de un impuesto al valor agregado (IVA) con el objetivo de que los tributos fomenten una buena asignación de los recursos, financien los gastos del gobierno y mejoren la distribución de los ingresos. Ambos programas hacen alusión a la Administración  pública, principalmente a reorganizarla y racionalizarla , lo que implicaba, entre otras cosas, a reducir el aparato y cuantioso aparato estatal. Otro punto que podemos citar es la política cambiaria que apuntaba a una mayor liberalización, aunque como reconoce Lüders, en esto la Misión Klein-Saks le dedicó más espacio a esta temática. Concluye Lüders:

Los Programas de la Misión Klein - Saks y de los “Chicago - Boys” (…) son muy parecidos en lo esencial. Ambos abogan por una economía de mercado abierta al comercio y al financiamiento internacional, otorgándole al Estado un papel importante en el establecimiento de las reglas del juego y en su posterior control de cumplimiento, y también en el financiamiento de programas sociales”

Algunas diferencias entre ambos, señala Lüders, es que en “El Ladrillo”, se aborda con mayor profundidad al tema relacionado con el área social así como también la temática educacional y la política agraria

 Libros:

 -Juan Pablo Couyuomdjian (ed). Reformas económicas e instituciones políticas. La experiencia de la misión Klein-Saks en Chile.

-Patricio Meller. Un siglo de economía política chilena (1890-1990)

-Ricardo Ffrench-Davis. Chile entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad.

-Carlos Huneeus. El Régimen de Pinochet.

-Ernesto Fontaine. Mi visión

-Manuel Gárate. La revolución capitalista de Chile (1973-2003)

-Hernán Büchi. La transformación económica de Chile. El modelo del progreso.

-Francisco Rosedende (ed.) La Escuela de Chicago.

-Germán Urrea. Chile: por un nuevo modelo. Para una sociedad democrática, solidaria y sustentable.

-Manuel Delano y Hugo Traslaviña. La herencia de los Chicago Boys (http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/mc0032319.pdf)

 

-Sofía Correa, Algunos antecedentes Históricos del Proyecto Neoliberal en Chile (https://www.google.cl/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjK3Oe8x8_dAhUCIZAKHX7ZBmQQFjAAegQICBAC&url=http%3A%2F%2Frepositorio.uchile.cl%2Fbitstream%2Fhandle%2F2250%2F146089%2FAlgunos%2520antecedentes.pdf%3Fsequence%3D1%26isAllowed%3Dy&usg=AOvVaw3v5mn0DYruh9ua1RTgqhsF)