Lenin y el materialismo militante (1) (por Jan Doxrud)

Lenin y el materialismo militante (1)

Este artículo va a ser el primero de una serie que estarán dedicados parcelas del pensamiento de Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin. Por ser el primer artículo, realizaré una breve reseña biográfica sólo para quienes no conozcan a este autor. Posteriormente me referiré brevemente al concepto de “leninismo”, que fue una creación de Stalin, y por último me referiré al tema del materialismo militante.

1-Brevísima reseña biográfica

Sobre la vida de Lenin se han escrito numerosos libros, pero el Lenin que emergió tras su muerte 1924 fue uno confeccionado minuciosamente por Iósif Stalin, quien gobernó Rusia bajo un régimen del terror desde hasta 1953. Como explica el historiador británico y especialista en historia rusa, Robert Service, las sucesivas versiones oficiales soviéticas y las trotskistas, nos muestran un Lenin filántropo, político y pensador intachable. La interesante biografía de Service defiende la idea de que no es posible entender al líder comunista separando el “Lenin revolucionario” del Lenin el hombre”.

Cuando se leen los escritos de Lenin uno no puede dejar de sorprenderse por la arrogancia, violencia prepotencia e intolerancia que expresan sus palabras. Lenin es un hombre que piensa que escribe y habla desde la verdad absoluta, y en su mundo sólo existen dos bandos: los que están con él (marxistas) y los que están contra él (no marxistas), algo propio de la mentalidad totalitaria. Service añade que a Lenin (al igual que a muchos revolucionarios comunistas) lo movía más bien un impulso destructor que un amor por el proletariado. Figuras como Lenin, Stalin el Che Guevara o Fidel Castro sólo demuestran su amor y están dispuestos a luchar y sacrificarse por la “Humanidad” o por el “Pueblo”, pero nunca demostraron tal actitud hacia los individuos realmente existentes, sino que sólo hacia tales abstracciones carente de significado. Service añade que Lenin era una bomba de relojería humana y su cólera interna era el motor que lo impulsaba a realizar la revolución.

El hecho es que hoy en día aún prevalece en algunas personas el mito del “buen Lenin” y la degeneración del socialismo bajo el “stalinismo”. Lenin personificaría el revolucionario en su estado de pureza, abnegado y sacrificado, un verdadero monje que ha renunciado a todo por la revolución. También se ha instalado un discurso que presenta a Lenin como una especia de genio, con una inteligencia superior. Es cierto que Lenin era una persona sagaz, con liderazgo y que sabía debatir y exponer sus ideas de manera apasionadas y convincente. Pero hacer de Lenin una persona inteligente es discutible, ya que no sabemos exactamente qué se quiere decir con esa afirmación. Personajes como Jim Jones, Charles Manson o David Koresh también fueron personajes inteligentes y con grandes dotes oratorias, ya que de lo contrario no se podría explicar cómo llegaron a crear sectas donde prácticamente las personas sometieron su voluntad al líder. En realidad Lenin no era un genio y basta leer sus escritos para percatarse que, si bien era un hombre informado, era ignorante en materias relacionadas con la economía y ciencias. Si una disciplina determinada chocaba con la teoría marxista, entonces Lenin la rechazaría como falsa. Lenin pudo haber sido un hombre inteligente pero abrazó un conjunto de ideas erradas que desembocaron en la instauración de un régimen del terror en Rusia.

Independiente de lo bien documentado que está el carácter y personalidad de Lenin, así como la violencia que ejerció durante la revolución, sin duda estamos ante un personaje fascinante. Como señala Service, Lenin fue un personaje excepcional, que fundó el partido bolchevique que sería el partido que realizaría la Revolución de octubre de 1917. Si bien hubo otros personajes de relevancia en la revolución, lo cierto fue que el liderazgo de Lenin fue fundamental. Rusia salió de la primera Guerra Mundial y se transformó en el primer estado socialista. Lenin nació en Simbirsk (ahora conocida como Uliánovsk), a las orillas del río Volga. Sus padres se llamaban Ilia Uliánov y María Alexándrovna. La inmensa mayoría de sus habitantes eran cristianos ortodoxos. Sus padres eran de origen heterogéneo. Incluso las autoridades soviéticas mantuvieron en secreto el que María fuese en parte de ascendencia judía. El abuelo de María, Moshko Blank, era un comerciante judío de vinos y licores. Ahora bien, Moshko no era un judío practicante y terminó por bautizarse como cristiano ortodoxo. Ilia, el padre de Lenin, pertenecía a una familia de comerciantes de  Astracán , donde el río Volga desemboca en el mar Caspio.

Los padres se casaron en 1863. Como explica Service, Ilia era un cristiano ortodoxo de ascendencia asiática, mientras que María era una tibia luterana de origen noreuropea. A pesar de estas diferencias, ambos compartían su interés por la educación y poseían un gran apetito intelectual. En palabras de Service: (Ilia y María) “se asociaban con la modernidad y querían que Rusia se hiciese más parecida a Occidente. Albergaban la esperanza de que las reformas de la década de 1860 transformasen la sociedad. Los Uliánov creían en el progreso, la ilustración, el orden, la limpieza, la obediencia, la jerarquía y la meticulosidad[1]. Del matrimonio nacieron: Aleksandr Uliánov (1866-1887), Vladimir (1870-1924), Anna Ilichina Ulianova (1864-1935), Olga Ilichina Ulianova (1871-1891), Maria Ilyinichna Ulyanova (1878 - 1937) y Dimitri uliánov (1874-1943). Lenin estudió derecho en la Universidad de Kazán y San Petersburgo. Tuvo que siportar la terrible noticia de la muerte de su hermano mayor Aleksndr, por haber atentado contra la vida del zar. Comenzó a incursionar en política y a ser influenciado por autores como Marx, el anarquista Nechaiev y Chernichevski. En palabras de Service:

                                                        Lenin (abajo sentado a la derecha)

                                                        Lenin (abajo sentado a la derecha)

El joven Uliánov admiraba también, aunque no lo pregonase tanto, a Serguéi Necháiev. Era para él un héroe extraordinario. Necháiev había sido el famoso archiconspirador del socialismo agrario ruso que, con la finalidad de vincular a sus seguidores a la causa común, ordenó el asesinato de uno de ellos[2]. Lenin también se vio influenciado por Nikolái Chernishevski (1828-1889), especialmente por su novela “¿Qué hacer?, publicada en 1863. La novela relata la historia de Vera Pavlovna, que refleja la situación de la mujer en la Rusia de aquella época. En esta novela se desarrollan ideas relevantes que tendrían una enorme influencia en los revolucionarios rusos. En la obra se abordan temas como la lucha de clases, socialismo utópico y especialmente la idea del revolucionario como un asceta que sacrifica su vida por la revolución. De acuerdo a Service, Chernishevski constituía para Lenin un “ideal intelectual”: “A Vladimir Uliánov no sólo le atraía Chernishevski racionalmente sino también sentimentalmente. Le afectaba tanto el ejemplo heroico de un hombre condenado a trabajos forzados en Siberia  por sus ideales políticos que consiguió una fotografía de su ídolo y la llevaba en la cartera[3]. Podemos mencionar a otro autor que ejerció sin duda una fuerte influencia en el pensamiento revolucionario de Lenin, me refiero a Piotr Tkachov (1844-1886). Tkachov era un heterodoxo que no estaba de acuerdo con Marx y así se lo hizo saber a Engels. Para Tkachov no había que esperar el desarrollo completo del capitalismo para que ocurriese la revolución, por lo que Rusia no necesitaba que se dieran tales condiciones. Tampoco confiaba en la capacidad del pueblo para llevar a cabo la revolución, por lo que se hacía necesario la presencia de una elite revolucionaria que hiciera tomar conciencia a los obreros y dirigiera la revolución. En palabras de Robert Service:

Tkachov creía en la voluntad revolucionaria, la organización conspiratoria y la violencia política y consideraba esos principios congruentes con el marxismo. Proclamaba, elogiando la dictadura, que si los revolucionarios tomaban alguna vez el poder tendrían que desencadenar un terror generalizado contra sacerdotes, policías y terratenientes[4].

No se puede entonces ignorar la influencia que tuvieron estos y otros autores sobre el revolucionario bolchevique ya que dieron s forma a su visión de mundo, lo que una revolución debía ser, y lo que un revolucionario debería hacer. Tampoco se debe subestimar el hecho de que su hermano mayor, Alexandr Uliánov (1866-1887), fuese ahorcado por atentar contra el zar Alejandro III.

Lenin, como otros revolucionarios, estuvieron bajo la vigilancia de la policía y terminó siendo exiliado a Siberia. Junto a su mujer estuvieron en Londres y luego se dirigieron a Ginebra, donde Lenin comenzó a granjearse su fama de intelectual y duro polemista. Pero la actividad de Lenin se limitó al plano intelectual y sólo sería con el estallido de la Primera Guerra Mundial y la impopularidad de la guerra entre la población rusa hacia 1917 lo que daría a Lenin la posibilidad de poner a prueba sus dotes de liderazgo. Gracias a la ayuda proporcionado por la Alemania de Ludendorff, Lenin pudo viajar en un tren blindado hacia Rusia para llevar a cabo la revolución. Tras la caída del gobierno de Kerensky (el Zar ya había abdicado) Lenin y los bolcheviques (“mayoría”) asumen el poder y, tras el fracaso del comunismo de guerra y tras derrotar a los últimos ejércitos anti-bolcheviques, los bolcheviques logran finalmente consolidar gradualmente su poder.

Un episodio poco conocido, pero clave fue la derrota bolchevique ante los polacos quienes terminaron por sepultar el sueño de la revolución internacional, y Lenin tuvo que consolidar la revolución dentro de Rusia. El intento del nuevo gobierno bolchevique de invadir Polonia sería, como explica Norman Davies, una constante ya que la Unión Soviética entró en territorio polaco en cuatro ocasiones: 1918, 1920, 1939 y 1944. “Tanto en 1918 como en 1920 la iniciativa provino del propio Lenin, que pretendía aprovechar la efervescencia revolucionaria en Alemania[5]. Davies explica que las ambiciones expansionista de los bolcheviques obedecían a la idea de establecer un puente rojo que vinculase Rusia con Alemania. Tal estrategia de Lenin, que Davies tilda de “infantil”,  consistía en cruzar los 1.800 km entre Moscú y Berlín, esperando que el avance de su ejército por el “puente rojo” sería aclamado por los pueblos de la región. En este caso la ideología prevaleció por sobre la realidad y la ideología quedó pulverizada por los hechos. Como bien afirma Davies, la campaña soviética de 1920 es muy poco conocida y casi no figura en los textos de historia. Este hecho fue fundamental ya que el ejército rojo sufrió un derrota vergonzosa, al igual que los sueños de la II Congreso de la Komintern.

No es exagerado afirmar, como lo hace Davies, que la derrota de los bolcheviques por los polacos pospuso indefinidamente el plan para la revolución mundial. Una figura destacada en esta derrota de los bolcheviques fue la del Mariscal y Jefe de Estado de la Segunda República polaca: Józef Piłsudski (1867-1935). Davies cita las palabras de un diplomático británico que compara la victoria del militar polaco con la victoria de Carlos Martel contra los sarracenos, destacando que ambos salvaron a Europa, al cristianismo y a la civilización occidental. Finalmente el 18 de marzo de 1921 se firmó el Tratado de Riga donde se llegó a un acuerdo respecto a las fronteras y donde, por lo demás, el sueño de Lenin quedó sepultado momentáneamente. La Unión Soviética se encerró en sí misma y la violencia continuaría operando en su interior. Con el tiempo, la Unión Soviética sería el modelo a seguir para los demás regímenes comunistas.

Lenin, hacia principios de 1920 y producto del ritmo de trabajo, estaba con una salud frágil. Por lo demás, había sido víctima de un atentado por parte de la anarquista revolucionaria Fanny Kaplán en 1918. Los ataques de apoplejía lo dejaron completamente dependiente de los cuidados de su mujer. Finalmente murió en 1924 y Stalin (descartado por Lenin como sucesor) se ocupó de transformar al revolucionario en un nuevo objeto de culto, naciendo así el “leninismo.

                                                     Lenin con su salud deteriorada

                                                     Lenin con su salud deteriorada

2-El “leninismo”

De acuerdo al intelectual Leszek Kołakowski, la década de 1930 fue testigo de la cristalización de una nueva versión del marxismo: el marxismo-leninismo. Esta doctrina no era más que la ideología personal de Stalin que incluía ideas de Marx, Engels, Lenin y las del propio georgiano. Tal doctrina, señala Kolakowski, se caracterizó por ser a su vez una ideología rígida con una serie de fórmulas que debían ser aceptadas acríticamente. Pero por otro lado se mostró flexible y vaga, de tal manera que podía ser utilizada para justificar cualquier política de Estado, hasta tal punto que Stalin firmó un pacto de no agresión con Hitler en 1939 que sólo terminó cuando el líder nazi traicionó al sorprendido dictador soviético. Examinemos brevemente qué sucedió con el leninismo bajo la dictadura de Stalin, a través de las conferencias que pronunció en la Universidad Sverdlov en 1924, bajo el título:  “Los fundamentos del Leninismo”. De acuerdo a Stalin, el leninismo se desarrolló y se formó bajo el imperialismo, en una época en que las contradicciones del capitalismo habían llegado a su cénit, cuando la revolución proletaria se había convertido ya en una cuestión de la actividad práctica inmediata. A la pregunta acerca de qué es el leninismo Stalin responde:

Unos dicen que el leninismo es la aplicación del marxismo a las condiciones peculiares de la situación rusa. Esta definición contiene una parte de verdad, pero dista mucho de encerrarla toda. En efecto, Lenin aplicó el marxismo a la realidad de Rusia, y lo aplicó magistralmente. Pero si el leninismo no fuese más que la aplicación del marxismo a la situación peculiar de Rusia, el leninismo sería un fenómeno pura y exclusivamente  nacional, pura  y  exclusivamente  ruso. Sin  embargo, sabemos  que  el  leninismo es un fenómeno  internacional,  que  tiene  raíces  en  todo  el  desarrollo  internacional, y  no  un  fenómeno exclusivamente ruso. Por eso, yo entiendo que esa definición peca de unilateral[6].

Otros dicen que el leninismo es la resurrección de los elementos revolucionarios del marxismo de la década del 40 del siglo pasado, a diferencia del marxismo de años posteriores que, según ellos, se hizo moderado y dejó de ser revolucionario. Si pasamos por alto esa división necia y vulgar de la doctrina de Marx en dos partes, una revolucionaria y otra moderada, hay que reconocer que incluso esa definición, íntegramente defectuosa e insatisfactoria, tiene un algo de verdad. Ese algo de verdad consiste en que Lenin resucitó, efectivamente, el contenido revolucionario del marxismo, enterrado por los oportunistas de la II Internacional. Pero esto no es más que un algo de verdad. La verdad entera del leninismo es que no sólo hizo renacer el marxismo, sino que dio un paso adelante, prosiguiendo el desarrollo del marxismo bajo las nuevas condiciones del capitalismo y de la lucha de clase del proletariado

¿Qué es, pues, en fin de cuentas, el leninismo? El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. Para ser más precisos: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular. De acuerdo a Stalin en su conferencia sobre “Los fundamentos del leninismo”: “El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria. O más exactamente: el leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general, la teoría y la táctica de la dictadura del proletariado en particular[7]. Marx y Engels actuaron en el período prerrevolucionario (nos referimos a la revolución proletaria), cuando aún no había un imperialismo desarrollado, en un período de preparación de los proletarios para la revolución, en el período en que la revolución proletaria no era aún directa y prácticamente inevitable. En cambio, Lenin, discípulo de Marx y de Engels, actuó en el período del imperialismo desarrollado, en el período en que se desplegaba la revolución proletaria, cuando la revolución proletaria supuestamente  había triunfado ya en un país, había destruido la democracia burguesa y había inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets.

                                                     El panteón: Marx, Engels y Lenin

                                                     El panteón: Marx, Engels y Lenin

3-El materialismo militante

En 1922 salió publicado en el número 3 de la revista “Pod Znamenem Marxizma” (“bajo la bandera del marxismo”) “El significado del marxismo militante”, firmado por N. Lenin. Lenin utilizó el pseudónimo de Nikolai para algunos escritos. En este artículo, el líder bolchevique hace gala de lo que caracteriza en general sus escritos: arrogancia, prepotencia, intolerancia y su cosmovisión maniquea. Pero además Lenin contribuye a desprestigiar el materialismo, presentándolo como una suerte de monopolio de la dialéctica marxista, lo cual es completamente erróneo. Por lo demás, el materialismo de Lenin es uno vulgar y que poco tiene que ver con el materialismo contemporáneo. Además hablar de un “materialismo militante” es tan absurdo como querer postular un “idealismo militante” donde habría que luchar contra todos aquellos autores que postulen cualquier forma de materialismo para explicar el mundo. Lenin, siguiendo al autodidacta Joseph Dietzgen, critica a los catedráticos de filosofía de la sociedad moderna tildándolos de “lacayos titulados de clericalismo”. En lugar de ello, Lenin propone su materialismo militante y  presenta las características que debe poseer una revista deseosa de ser órgano de prensa de este materialismo.

En primer lugar debe ser  un órgano combativo que tiene que desenmascarar y perseguir a los “lacayos titulados de clericalismo” lo cual incluye a los representantes de la ciencia oficial como a aquellos francotiradores autodenominados “publicistas demócratas  de  izquierda  o  de  ideología socialista”. En segundo lugar debe ser un órgano de prensa del ateísmo militante. Así Lenin ayuda a reafirmar el prejuicio que existe hasta nuestros días ante la cosmovisión materialista y el ateísmo (que sería   su   compañero   de   ruta). Pero   el   ateísmo  de  Lenin  es  uno de tipo militante, violento y completamente intolerante. Y aquí entra el Lenin iluminado, el profeta redentor que viene a sacar a la población del oscurantismo religioso. Aquí es cuando el fanatismo ideológico choca con la realidad y sólo una tropa de fanáticos podría haber pensado que los millones de campesinos rusos apegados a la tradición y a una religiosidad que muchas veces que rayaba en la superstición, abrazarían una ideología atea desarrollada por dos alemanes a quienes nunca habían oído: Marx y Engels. Ese mismo fanatismo ideológico llevó a pensar ingenuamente a Ernesto “Che” Guevara (para muchos un “genio de la guerrilla”) que su guerrilla en Bolivia tendría un éxito rotundo una vez que los campesinos se les uniesen (algo que no sucedió). Lenin aboga por someter a las masas a una violenta propaganda atea, de manera que hay que exponerlas al ateísmo por medio de escritos accesibles a la masa, es decir, Lenin es consciente que los escritos marxistas no serían idóneos para cumplir ese papel debido a su complejidad y aridez. Aquí salta a la vista otra característica de la mentalidad totalitaria y es la de concebir al ser humano como una tabla rasa en la cual se puede imprimir información y a moldearla a voluntad del ideólogo, de manera que el conductismo puro se convierte en el método psicológico favorito de esta clase de personaje. Dejemos mejor hablar a Lenin:

Sería un crasísimo error, uno de los errores más graves que pueda cometer un marxista, pensar que las multitudinarias masas populares (sobre todo, de campesinos y artesanos), condenadas por toda la sociedad contemporánea al oscurantismo, la ignorancia y los prejuicios, puedan salir de esa ignorancia únicamente por la línea recta de la ilustración puramente marxista. Es necesario dar a dichas masas las más variadas publicaciones de propaganda atea, relacionarlas con los hechos de las más variadas esferas de la vida, abordarlas de una u otra manera a fin de interesarlas, de sacudirlas en todos los aspectos y sacarlas del letargo religioso, empleando para ello los procedimientos más distintos, etc.”[8].

 A Lenin no le interesaba saber de reformas religiosas, críticas a la religión o religiones renovadas, ya que lo que el autor desea es abolir la religión. En el mundo reduccionista y fantasioso de Lenin, la religión es sólo otro instrumento de la burguesía para someter a la clase trabajadora y es él, Lenin, y sus camaradas que representan la “vanguardia”, quienes tiene la noble y sacrificada misión de liberarla. Lenin vino a enriquecer la pseudosociología marxista creando la figura del revolucionario-monje que sacrifica todo y lo abandona todo por la causa revolucionaria, y la figura del Partido revolucionario. La vanguardia se encuentra integrada por revolucionarios profesionales versados en los conocimientos más profundos del marxismo y, por lo tanto, poseen una visión de mundo privilegiada (y valores superiores) que la masa no la tiene, de manera que el revolucionario se siente la obligación de cumplir con la profecía marxista, tal como la postuló, como señalaba el “Che Guevara”, el “científico Marx”. El revolucionario por lo tanto es un ser superior que tiene una visión de conjunto sobre los fenómenos del mundo y además posee un conocimiento privilegiado sobre cómo este futuro debe ser, de ahí que la mera existencia de algunos herejes que se atrevan a contradecir a los profetas es algo completamente inaceptable de manera que los herejes tiene dos opciones: se convierten (reeducarlos) o mueren. Esa ha sido la “lógica” que ha operado en todos los regímenes comunistas y los totalitarismos en general, ya sea seculares o religiosos. En palabras de Lenin:

“…para que todo trabajo revolucionario serio tenga éxito es preciso comprender y saber plasmar en la vida el concepto de que los revolucionarios sólo son capaces de desempeñar el papel de la clase vital y avanzada de verdad. La vanguardia cumple sus tareas de vanguardia sólo cuando sabe mantener el contacto con la masa que dirige, cuando sabe conducir realmente adelante a toda la masa[9].

Pero en el mundo con el que fantaseaba Lenin no solamente los campesinos debían ser víctimas de un proceso de ideologización forzada, sino que también los científicos o los “naturalistas” debían someterse a este, para así poder transformarse en materialistas modernos. A  Leni9n no se le ocurre nada mejor que los naturalistas comiencen a estudiar la dialéctica hegeliana en su versión materialista, es decir, en su versión marxista, recuérdese que para Lenin el materialismo era la filosofía propia del marxismo. Al menos Lenin es consciente de que Hegel  es “sumamente difícil”, pero que igualmente ha y que perseverar en la tarea. Así, en el mundo leninista ni la ciencia escapa de las garras de la ideología, ya que para el totalitario, ya sea un Lenin o un Hitler, las ciencias son proletarias/arias o burguesas/judía. Continúa explicando Lenin:

Basándonos en el modo que tenía Marx de aplicar la dialéctica de Hegel, concebida de una manera materialista, podemos y debemos desarrollar esta dialéctica en todos sus aspectos, publicar en la revista  fragmentos de las principales obras de Hegel, interpretarlas de una forma materialista, comentándolas con ejemplos de la aplicación de la dialéctica por Marx y con ejemplos de la dialéctica aplicada en el terreno de las relaciones económicas y políticas…”[10].

Hasta aquí llegamos con el “materialismo militante”

[1] Robert Service, Lenin: una biografía (España: Siglo XXI editores), 22.

[2] Ibid., 101.

[3] Ibid., 61-62.

[4] Ibid., 101.

[5] Norman Davies, Varsovia, 1944 (España: Editorial Planeta, 2005), 163.

[6] Joseph Stalin, Los fundamentos del leninismo (1924), Marxist Internet Archive, 2002 (documento en línea: https://www.marxists.org/espanol/stalin/1920s/fundam/  

[7] Ibid.

[8] Lenin, Obras Completas, tomo 3 (URSS: Editorial Progreso, 1979), 690.

[9] Ibid., 688.

[10] Ibid., 694.