¿Ciencia aria? ¿Ciencia proletaria? El destino de las ciencias y otras disciplinas bajo el totalitarismo socialista y nacionalsocialista (por Jan Doxrud)

¿Ciencia aria? ¿Ciencia proletaria? El destino de las ciencias y otras disciplinas bajo el totalitarismo socialista y nacionalsocialista


Las dos grandes ideologías totalitarias del siglo XX, caracterizadas por el colectivismo, el constructivismo social y la mentalidad ingenieril y planificacionista, me refiero al socialismo (y el ideal comunista ) y al nacionalsocialismo,  se caracterizaron por lo que el economista austriaco  Ludwig von Mises denominó como polilogismo (también presente en algunos grupúsculos feministas en la actualidad). De manera que me centraré exclusivamente en este fenómeno que compartieron estas ideologías socialistas ( nacionalista en el caso nazi) y aquel socialismo de tipo internacionalista que defendió Trotsky y otros bolcheviques. Ambas ideologías se lanzaron en una empresa consistente en aniquilar la lógica, la racionalidad y el conocimiento objetivo.

¿Qué es el polilogismo? Desde el punto de vista etimológico tenemos que este término expresa la idea de que existen diversas o múltiples lógicas en la sociedad, de manera que el polilogismo no vendría a ser una suerte de teoría acerca de la lógica, sino que representaría la negación misma de la lógica. Así, en el caso del socialismo, existía una lógica proletaria y otra burguesa, y en el caso del nacionalsocialismo, existía una lógica propiamente germana o aria, y otra lógica como podía serlo la judía. Por lo tanto, las creaciones que pudieran emerger de distintos cerebros heredaban ese rasgo característico. Así, para Lenin existía una dictadura burguesa y otra proletaria, libertad de prensa burguesa y libertad de prensa proletaria y, por último, una democracia burguesa y otra proletaria (hoy podemos escuchar que existe una ciencia feminista y otra patriarcal)

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Al respecto escribe Mises:

La razón humana…es, por naturaleza, incapaz de hallar la verdad. La estructura lógica de la mente varía según las diferentes clases sociales. No existe una lógica universalmente válida. La mente normalmente solo produce «ideologías»; es decir, con arreglo a la terminología marxista, conjuntos de ideas destinados a disimular y enmascarar los ruines intereses de la propia clase social del pensador. De ahí que la mentalidad «burguesa» no interese al proletariado, esa nueva clase social que abolirá las clases y convertirá la tierra en auténtico edén[1].

Tenemos entonces que ya no existe una lógica, sino que esta se fragmenta en múltiples lógicas opuestas, pero donde supuestamente existiría una real: la proletaria en el caso socialista y la aria en el caso del nacionalsocialismo. Mises explica el polilogismo marxista de la siguiente manera:

El polilogismo marxista no es más que un mero arbitrio urdido a la desesperada para apuntalar las insostenibles doctrinas socialistas. Al pedir que la intuición reemplace a la razón, el marxismo simplemente apela al alma supersticiosa de la masa. El polilogismo marxista y su derivado, la llamada «sociología del conocimiento», viene así a situarse en posición de antagonismo inrreconciliable frente a la ciencia y al raciocinio[2].

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Mises se refiere específicamente a la estrategia de defensa que utilizó Marx, y que continuó siendo utilizada posteriormente por los jerarcas de la Unión Soviética. De acuerdo a lo anterior, se hablaba de una lógica “burguesa” o “capitalista” y de una lógica “proletaria”, donde las dos primeras resultaban ser una distorsión de la realidad, esto es,  que buscaban solamente la perpetuación en el poder de las clases dominantes y mantener al proletariado pasivo, acrítico y sometido al sistema. Por ejemplo Mao Tse-Tung escribía en “Sobre la práctica” (1937): “En la sociedad de clases, cada persona existe como miembro de determinada clase, y todas las ideas, sin excepción, llevan su sello de clase”. Dentro de este polilogismo la lógica proletaria constituía la lógica verdadera, y cualquier crítica a esta debía ser tomada como una crítica proveniente de la “lógica burguesa” por lo que tenía que ser descartada de plano, ahorrándose así cualquier tipo de debate e intercambio de ideas. Esto no debe sorprendernos y tampoco debemos subestimarlo, ya que este fenómeno del polilogismo afectó a la Unión Soviética, y tuvo consecuencias en la vida de las personas y en disciplinas como la ciencia, como fue el caso de Andréi Zhdanov y de Trofim Lysenko en la genética. En palabras de Albert Camus:A nadie  extrañará, pues, que para hacer científico el marxismo, y mantener esa ficción, útil al siglo de la ciencia, haya habido de antemano que hacer marxista a la ciencia por medio del terror[3].

El polilogismo significó la condena de las ideas de Einstein así como la de la mecánica cuántica, ya que no representaban la verdadera “ciencia proletaria”, así como tampoco las ideas de Marx y Lenin. Veamos algunos ejemplos de cómo el polilogismo tuvo consecuencias en la vida práctica de la sociedad. El polilogismo, así como la creencia de que toda idea responde sólo a intereses de clases (o raciales), termina por destruir el desarrollo científico de un país, desde el momento en que se cree que existe una ciencia “burguesa”, “proletaria”, “judía”, “falocéntrica” o “germana”, la ciencia está condenada a desaparecer. 

Algunos colectivos feministas han resucitado el antiguo polilogismo de nazis y comunista. Si en los anteriores la razón, la verdad y la objetividad dependían de la raza y ala clase social, ahora depende del género.

Algunos colectivos feministas han resucitado el antiguo polilogismo de nazis y comunista. Si en los anteriores la razón, la verdad y la objetividad dependían de la raza y ala clase social, ahora depende del género.

Como explica Michael Polanyi (1891 - 1976), las fuerzas que contribuyen al crecimiento y difusión de la ciencia operan en tres etapas. En la primera, “los científicos individuales toman la iniciativa al elegir los problemas que van a estudiar y realizar sus investigaciones…”[4]. En la segunda etapa, “el conjunto de todos los científicos controla a cada uno de los miembros de la comunidad al imponer los criterios para hacer ciencia…[5]. En la tercera etapa, las personas deciden mediante el debate público si aceptan o no a la ciencia como la verdadera explicación de la naturaleza. De acuerdo a lo anterior, señala Polanyi, el libre ejercicio de la voluntad es fundamental para el quehacer científico, y que cualquier intento de dirigir esas acciones desde el exterior inevitablemente distorsionará o destruirá su verdadero significado. Además resulta ser falsa la aseveración de que que cualquier idea solamente es un reflejo de los intereses de clases, incluso en el caso de la ciencia. Paul Boghossian señala que no hay nada nuevo en decir que la ciencia es una empresa social, eso es incuestionable, ya que los científicos son seres humanos, tienen valores, creencias religiosas, etc. Pero lo que sí se debe rechazar es la idea de que tras las teorías científicas existen intereses de clase u otro tipo, por lo que la ciencia sería solamente una herramienta al servicio de los poderosos. Aquí no se hace la crucial distinción entre el “contexto de descubrimiento” y “contexto de justificación”, donde en el primero las creencias y valores juegan un rol, pero no así en la segunda. Las ecuaciones de Newton, Maxwell, Einstein o Schrödinger, no se explican por sus creencias religiosas o filosóficas.

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Así, aún cuando Kepler pudo haber estado interesado en el movimiento de los planetas como resultado de sus intereses religiosos, sus afirmaciones sobre los movimientos planetarios tuvieron que ser respaldados por evidencias, y no por sus convicciones religiosas personales. Tales evidencias debían ser verdaderas tanto para un cristiano, un judío, un musulmán, un agnóstico o un ateo. Los marxistas y algunos sociólogos del conocimiento, no sólo afirman que existen cosas que necesitaron de la sociedad para existir, sino que además, como afirma Boghossian, extienden el discurso de la construcción total a todo, incluyendo a las afirmaciones de conocimiento que emanan de las ciencias naturales. En resumen, no son sólo las cosas, sino que también nuestras creencias las que son socialmente construidas, renunciando así a cualquier pretensión de conocimiento verdadero y de objetividad.

Alan Sokal, refiriéndose al posmodernismo y otras pseudodisciplinas humanistas, también hace alusión al fenómeno del polilogismo: “…durante las tres últimas décadas ha surgido una variedad nueva y más radical de crítica, que apunta al método científico mismo. Y lo que es más sorprendente, se afirma que el contenido tradicionalmente aceptado de las ciencias de la naturaleza – la biología, la química, la física, e incluso las matemáticas – está contaminado por prejuicios burgueses y/o sexistas y/o eurocéntricos”[6].

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La ciencia no es la única afectada tanto por los regímenes totalitarios o por la tiranía del pensamiento único. Tras la Revolución de octubre de 1917 se creó la denominada “proletkult” o “proletarskaya kultura", que vendría a ser la “cultura proletaria”, que consistió en un movimiento artístico que se propuso subordinar las artes para los fines de la ideología comunista bolchevique. Un destacado fundador fue Alexander Bogdanov (1873 - 1928) quien pretendía refundar las artes y destruir la vieja cultura burguesa en nombre de una nueva cultura proletaria en estado puro. Como explica Kolakowski, la cultura proletaria no necesitaba tomar prestado nada de la tradición de las clases privilegiadas, lo que significó un esfuerzo “prometeico” en el sentido de llevar a cabo creaciones ex nihilo, teniendo como única inspiración sus propias necesidades.  La suerte se le acabó a Bogdanov y la “proletkult”, cuando el partido acuso a sus miembros de “pequeños burgueses” y Bogdanov fue destituido. La historia de las artes en la Unión Soviética no termina aquí ya que posteriormente se impuso el “realismo socialista”, que fue una corriente estética que tenía un objetivo establecido de antemano y que era servir a los propósitos de la ideología socialista. El objetivo era que los artistas, a través de sus representaciones, mostrasen imágenes de la vida real, de la vida y el trabajo de los obreros, que diesen a conocer los problemas sociales y las vivencias de los trabajadores en su vida cotidiana. Esta corriente condenó aquellas obras que reflejasen la influencia del impresionismo, el dadaísmo o el surrealismo entre otras corrientes, ya que no eran objetivas en sus representaciones y dejaban que elementos de subjetividad contaminaran las obras.

Realismo y propaganda en el arte soviético. Aquí se observa a Lenin junto a unos aldeanos.

Realismo y propaganda en el arte soviético. Aquí se observa a Lenin junto a unos aldeanos.

En 1920 Lenin, haciendo gala de su acostumbrada arrogancia e intolerancia,  escribió sobre "La cultura proletaria"* (publicado en 1926) las siguientes palabras:

"...el congreso de Proletkult de toda Rusia rechaza con la mayor energía, como inexacta teóricamente y perjudicial en la práctica, toda tentativa de inventar una cultura especial propia, de encerrarse en sus propias organizaciones aisladas, de delimitar las esferas de acción del Comisariato del Pueblo de Instrucción y del Proletkult o de implantar la 'autonomía' de Proletkult dentro de las instituciones del Comisariato del Pueblo de Instrucción, etc".

Otro ejemplo de esta mentalidad la vemos en el escrito de Bujarin y Preobrazhenski, “ABC del comunismo”, en donde abordan el tema de la educación. En virtud del polilogismo que reinaba en la Unión Soviética, era bastante predecible que un ámbito que tenía que ser urgentemente intervenido era el de la educación, ya que hasta ese entonces sólo había servido como instrumento de divulgación de la lógica burguesa justificando y normalizando el sistema capitalista como el orden natural de las cosas. Los autores escriben que la “educación burguesa” tenía una serie de objetivos. 

El primero era el de inculcar en la futura generación de trabajadores la devoción y el respeto hacia el régimen capitalista. El segundo consistía en hacer de los jóvenes de las clases dirigentes inspectores “ilustrados” de la población trabajadora. Por último, señalan estos autores, tal educación burguesa servía para ayudar a la producción capitalista con la aplicación de las ciencias a la técnica, incrementando de esta forma los beneficios capitalistas. Era tarea del régimen soviético refundar la pedagogía en los jardines de infancia, en las escuelas y universidades purgándola así del “espíritu burgués”.

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Los autores consideran que para llevar a cabo tamaña empresa, los comunistas tenían una doble tarea. La primera consistía en movilizar a los mejores pedagogos y, mediante una actividad intensa, crear en ellos el núcleo de esfuerzo comunista. La segunda consistía en que el Partido Comunista tenía la labor de formar entre la generación más joven una escuela de pedagogos completamente nueva, compuesta sólo por aquellas personas que desde el principio hubiesen sido formadas en el espíritu comunista, así como en el espíritu del programa educativo comunista.  Otros ejemplo del polilogismo lo proporcionan los escritos de Mao Tse-Tung donde expone sus reflexiones sobre el arte:

 “A muchos camaradas les gusta hablar de "estilo de masas" pero ¿qué significa realmente «estilo de masas»? Significa que las ideas y sentimientos de nuestros artistas v escritores deben fundirse con los de las grandes masas de obreros, campesinos y soldados. Y para realizar esta fusión tendrán que aprender concienzudamente el lenguaje de las masas. ¿Cómo puede uno hablar de creación artística y literaria si le resulta ininteligible gran parte del lenguaje d e las masas?”[7].

¿A partir de qué base, pues, debemos elevar el arte y la literatura? ¿De la base de la clase feudal? ¿De la base de la burguesa? ¿De la base de los intelectuales pequeño burgueses? No, de ninguna de ellas; sólo de la base de las masas de obreros, campesinos y soldados. Y esto no significa elevar a los obreros, campesinos y soldados hasta la «altura» de la clase feudal, de la burguesía o de la intelectualidad pequeño burguesa, sino elevar el arte y la literatura en la dirección en que avanzan los propios obreros, campesinos y soldados, en la dirección en que avanza el proletario[8].

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Tomar o imitar a lo s antiguos y a los extranjeros sin espíritu crítico constituye en arte y literatura el dogmatismo más estéril y pernicioso. Los artistas y escritores revolucionarios de China, los artistas y escritores promisorios, tienen que ir a las masas, tienen que ir durante largos períodos sin reserva alguna y de todo corazón, a las masas de obreros, campesinos y soldados, al fragor de la lucha y a la única fuente, la más caudalosa y rica para observar, experimentar, estudiar y analizar todos los tipos de gente, todas las clases, todas las masas, todas las formas vivas de existencia y de lucha, y toda la materia prima artística y literaria; entonces podrán comprender su trabajo creador[9].

Ahora bien, hay que aclarar que el polilogismo no es un fenómeno que fue inherente sólo al comunismo, ya que como señala Mises, la estructura de la mente puede variar no solo de acuerdo a la pertenencia a una específica clase social específica, sino que también puede estar determinada por la pertenencia a una raza determinada. Un ejemplo evidente del polilogismo racial es lo que postulaba el nacionalsocialismo en Alemania. Mises no ignora ni descarta que existen etnias, y que cada una de estas tengan efectivamente su propia historia y cultura. Sin embargo, lo que rechaza son aquellos estudios de los etnólogos que suponen que “las razas en cuestión han perseguido objetivos distintos de los que el hombre blanco, por su lado, pretendió siempre alcanzar. Los asiáticos y los africanos, al igual que los europeos, han luchado por sobrevivir, sirviéndose al efecto, de la razón como arma fundamental”[10].

Los ejemplos son numerosos y afectaron a todos los ámbitos de la vida de las personas, y a todas las disciplinas académicas. En la Alemania nacionasocialista de Hitler acontecieron los mismos procesos que buscaron el control total de la sociedad. Por ejemplo estaba la Cámara de Cultura del Reich (Reichkulturcammer) en donde los artistas prácticamente no tenía libertad de ejercer su oficio fuera de este organismo. También estaba la Cámara de Prensa del Reich (Reichpressekammer) que controlaba los medios de comunicación. Los nazis, al igual que los comunistas, pensaban que la ciencia no era algo objetivo o internacional, ajena a la nacionalidad, clases sociales o razas. Tenemos el ejemplo del Premio Nobel de Física (1905) y colaborador del régimen nazi, Philipp Lenard (1862-1947), quien afirmaba que existía una física “aria” y la ciencia se encontraba determinada por la sangre y la raza. En palabras de Philip Ball:

Philipp Lenard y Johannes Stark

Philipp Lenard y Johannes Stark

La ideología nazi no era solo cuestión de quienes tenían o no permiso para vivir y trabajar libremente en el estado alemán: la ideología nazi se introducía como un virus en el tejido mismo de la vida intelectual…la nazificada Asociación de Estudiantes Alemanes declaró que había que purificar la literatura del «espíritu antialemana«, lo que trajo como consecuencia…la quema ritual de decena de miles de libros afectados por el intelectualismo judío. Entre ellos, las obras de Sigmund Freud, Bertolt Brecht, Karl Marx, Stefan Zweig y Walter Benjamin…”[11].

Ahora bien, sin justificar la prohibición de estos escritos, Ball señala que una cosa era condenar, por ejemplo la obra sexual y depravada de Freud, pero una cosa enteramente distinta rechazar una teoría científica. En otras palabras, los descubrimientos de Einstein no es una cuestión de razas, ya que sin importar en que parte del planeta nos situemos, la relatividad general y especial son verdaderas, al menos hasta que otras teorías prueben lo contrario. 

Como explica Philip Ball, el antisemitismo durante la década de 1930 no sólo privó a la física alemana de algunos de los más capaces investigadores , sino que también amenazó con prescribir qué física se podía hacer, y cuál estaría prohibida. Ball destaca la figura de dos personajes, el ya mencionado Lenard y Johannes Stark (1854-1957), quien también recibió el Premio Nobel. El punto es que resulta impactante que los ataques a la presunta física abstracta judía fuese atacada por personas instruidas y con una formación científica sólida. Pero ambos personajes resultaron ser bastante mediocres como personas, nacionalistas acérrimos, inseguros y repletos de inseguridades. Uno de los puntos débiles de Lenard era justamente la matemática, lo que hizo que le fuese imposible comprender la teoría de la relatividad o la teoría cuántica.

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Como señala Ball , Lenard al no tener habilidad matemática, terminó por concluir que estas eran absurdas e innecesarias. Quien se transformó en la encarnación de todo lo que Lenard detestaba era justamente Albert Einstein. El nacionalista y militarista contra el internacionalista y pacifista. Lenard, junto con rechazar lo que él consideraba una forma judía de hacer ciencia, abrazó por otra parte una ciencia combinada con cierto misticismo romántico, que era la Naturphilosophie de Goethe y Schelling, de acuerdo a la cual existía una suerte de espíritu que llenaba a la naturaleza completa. Lenard se quejaba de aquellos científicos arrogantes que miraban con en menos las “ciencias espirituales” mientras que ellos creían poder someter o dominar la naturaleza.

Personajes como Lenard y Heinrich Himmler creían en la teoría del “hielo cósmico” de acuerdo a la cual, el ingrediente básico del universo era el hielo. Stark, por su parte, opinaba que la ciencia, al igual que cualquier otra actividad creativa, se encontraba condicionada por las dotes espirituales y caracterológicas de sus practicantes[12]. Añadía Stark, que los arios “preferían dedicarse a una física experimental arraigada en la realidad tangible, los judíos tejían redes de teorías abstrusas desvinculadas de la experiencia[13]. La física aria adoptaba entonces un enfoque puramente experimental en desmedro de aquellas complejas ecuaciones matemáticas que caracterizaba a la física judía.

Incluso hubo científicos de la talla de Heisenberg que fue hostigado por el Estado, ya que defendía la mecánica cuántica, pero finalmente fue exonerado y paso a ser considerado un científico apolítico. Por lo demás, Himmler, en una carta al “carnicero de Praga”, es decir, a Reinhard Heydrich, creía que Heisenberg podía coopera con ellos en la teoría del “hielo cósmico”. A la larga, la posición de Lenard y Stark no prosperarían. Como afirma Ball, la ciencia nunca cayó realmente bajo la ideología nazi, ya que a los líderes políticos les importaba en primer lugar, los resultados prácticos. Lo mismo sucedió en la Rusia de Stalin, y la detonación de la primera bomba atómica en 1949.

Nacionalsocialismo, socialismo y comunismo guardaban varias semejanzas, así como también diferencias. En cuanto a las primeras, el cientista político George Holland Sabine destacó las siguientes[14]:

1-Ambas fueron dictaduras políticas, donde se estableció el unipartidismo. Concebían el partido como una “aristocracia autoconstruida” que tenía la función de dirigir, instruir y forzar a las masas. Sumado a lo anterior, utilizaron las purgas para eliminar a la oposición y prescindieron de los auxilios parlamentarios para la deliberación y la negociación.

2-Ambos suprimieron “la distinción liberal entre los campos del criterio privado y el control público” haciendo de estas dos ideologías sistemas totalitarios.

3-Ambos utilizaban la educación como método de adoctrinamiento.

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4-“Ambos eran absolutamente dogmáticos en su filosofía diciéndose poseedores, uno en nombre de la raza aria y el otro en nombre del proletariado, de una penetración superior, capaz de fijar las reglas del arte, la literatura, la ciencia y la religión. Ambos crearon una estructura mental semejante al fanatismo religioso”.

5-Ambas poseían una filosofía social en donde consideraban a la sociedad, en lo esencial, “como un sistema de fuerzas, económicas o raciales, entre las cuales se produce un ajuste mediante la lucha y el dominio más que a través del mutuo entendimiento y la concesión. Ambos consideraban, pues, la política como una simple expresión del poder”.

6-“Ambas exigían la renuncia al juicio crítico por la fe ciega y levantaron una barrera a la comunicación entre iniciados y extraños y entre dirigentes y seguidores”.

Tenemos que tener en consideración que todo esto se trataba nada menos que de cambiar la lógica con la que operaban las personas, es decir, pasar, en el caso del comunismo, de una lógica no proletaria, y por lo tanto “burguesa”, a una lógica propiamente proletaria, de la cual, al parecer, solo algunos privilegiados dentro de los distintos regímenes comunistas parecían poseerla, y por lo tanto, tenía la misión de difundirla. Esto significó para aquellas nAaciones un notable descenso del nivel académico de distintas disciplinas como la sociología, química, biología, lingüística, donde muchas líneas de investigación fueron suprimidas. También significó una censura sobre una serie de autores, formándose un verdadero Index Librorum Prohibitorum comunista.




[1] Ludwig von Mises, La Acción Humana (España: Unión Editorial), 90.

[2] Ibid., 101.

[3] Albert Camusd, El hombre rebelde, 307.

[4] MichaelPolanyi, La lógica de la libertad, 76.

[5] Ibid.

[6] Alan Sokal, Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura (España: Ediciones Paidós Ibérica, 2010), 160-161.

*Lenin, Obras escogidas, tomo 3 (URSS: Editorial Progreso, 1979), 494.

[7] Ma Sen, Mao Tse-tung y la literatura teórica y práctica, Conferencia anual de ASPAC, Oaxtepec, 1970 (documento en línea: http://www.jstor.org/discover/10.2307/40314195?uid=3737784&uid=2129&uid=2&uid=70&uid=4&sid=21105986456641), 23.

[8] Ibid., 24.

[9] Ibid., 25.

[10] Ibid., 102.

[11] Philip Ball, Al servicio del Reich: la física en tiempos de Hitler (España: Turner, 2014), 109.

[12] Ibid., 119.

[13] Ibid., 120.

[14] George H. Sabine, Historia de la teoría política (México: FCE, 2006), 678-679.