Karl Marx (3, El Capital): Transformación del dinero en capital: fetichismo, la teoría del valor trabajo y el surgimiento del capitalista (por Jan Doxrud)

Transformación del dinero en capital: fetichismo, la teoría del valor trabajo y el surgimiento del capitalista.

Ahora pasaremos a un tema fundamental de la sección segunda, capítulo IV, que versa sobre la transformación del dinero en capital. Tenemos que el trabajador produce mercancías que a su vez tienen un valor de uso y un valor de cambio. Sucede que el valor de cambio que tienen estas mercancías es superior al valor de cambio que tiene la fuerza productiva(salario). Sin importar si añadimos otros gastos por parte del capitalista, ya sea en mantencion o compra de maquinaria, siempre va haber una diferencia entre el precio de las mercancías y el salario. La plusvalía consistiría en el valor que el trabajo no pagado del obrero asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y del que se apropia gratuitamente el capitalista. También podemos entender la plusvalía como la diferencia entre la riqueza producida por el trabajo del proletaruo y el salario que éste recibe del capitalista.

Realicemos una breve recapitulación antes de entrar de lleno a este tema. En su analisis de la mercancía, Marx sigue a los economistas clásicos, me refiero a Adam Smith y David Ricardo. La pregunta que se planteó Smith versaba acerca de cómo se incrementaba la riqueza nacional y como podía ser medida objetivamente, independiente de la fluctuacion de precios.  Smith distinguió por un lado, el trabajo productivo, como la agricultura y toda actividad que involucrase el procesamiento de material para propositos útiles, en pocas palabras, el trabajo que genera riqueza. Por otro lado Smith distinguía el trabajo no productivo, que dilapida la riqueza. Tambien distinguió entre valor de uso y valor de cambio. El primero representa la capacidad de un objeto de satisfacer necesidades y el segundo, que es el objeto propio de la economia, se refiere a la capacidad de un objeto de ser intercambiado en el mercado a un precio determinado. Como señala Marx, en lo que respecta a la relacion de cambio entre dos mercancías, por ejemplo 75 kilogramos de trigo = 100 kilogramos de hierro, podemos preguntarnos:  ¿Que tienen estas en común para poder ser intercambiadas? La respuesta es su valor de cambio. En su cambio no se tiene en cuenta la utilidad respectiva. Como valores de uso las mercancías son de cualidad distinta, pero como valor de cambio son diferentes cuantitativamente. Smith precisó que el valor de cambio no era en realidad el mismo que el precio de una mercancía, por lo que había que investigar en qué condiciones el precio corresponde al valor real y qué causaba que este variara.

                                  Adam Smith, Marx, Joseph Schumpeter y John Maynard Keynes 

                                  Adam Smith, Marx, Joseph Schumpeter y John Maynard Keynes 

Tenemos que el precio de un objeto depende de la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlo. Como valores de uso,  las mercancías son de cualidades distintas, pero no así en lo que se refiere a sus valores de cambio. Una cosa puede ser valor de uso sin ser valor de cambio, esto es, que sea útil al hombre pero que no provenga de su trabajo, como por ejemplo el aire y los prados naturales. También sucede con el agua de un rio que puede ser util para distintas necesidades, pero carece de valor. Pero si esta agua se transporta a través de un sistema de cañerías a los pisos superiores de un edificio, entonces adquiere valor, ya que para hacerla llegar ahí hizo falta la fuerza de trabajo humana. Lo mismo podemos decir de las múltiples aguas envasadas que se venden actualmente. En cuanto al valor de cambio, se refiere a la proporcion variable en que las mercancías de diferentes tipos se cambian entre si. 

En resumen tenemos que el valor de uso es la capacidad de una cosa de satisfacer las necesidades humanas y el valor de cambio es el precio que un objeto tiene en el mercado y que se puede medir en dinero, es decir, cuantitativamente. La sociedad capitalista tiende a convertir las cosas en mercancías, entendiendo estas últimas como objetos que pueden colocarse en el mercado con el objeto de cambiarlos por otros objetos por medio del dinero. El valor de cambio no depende del valor de uso, sino que del mercado, de su disponibilidad en este mismo y de la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlo. Como escribió Marx, este trabajo socialmente necesario es el tiempo que exige un trabajo ejecutado conforme al grado medio de habilidad e intensidad y en las condiciones ordinarias con respecto al medio social convenido. De acuerdo a esto último, la medida del trabajo es el tiempo de trabajo y mientras la mercancía tenga incorporada más tiempo de trabajo, tendrá mayor valor. El trabajo socialmente necesario, de acuerdo a Marx, es el que se requiere para producir un valor de uso cualquiera, en condiciones normales de producción y con un grado de intensidad y destreza de trabajo imperante en la sociedad. Con la aplicación de nuevas tecnologías, desde el telar hasta maquinarias más modernas, aumenta la producción y el tiempo de trabajo socialmente necesario disminuye. Vemos pues la relevancia que tiene este concepto como medida que determina la magnitud de valor de un objeto. Así, cuando hablamos de la mercancía en sí misma no hay que olvidar que siempre es fruto del trabajo humano, olvidarse de esto es convertir a la mercancía en un fetiche. Como escribe el geógrafo marxista David Harvey, este pasaje sobre el feticihismo es escrito de una forma distinta, más metafórico, imaginativo y emotivo. Como bien señala el geógrafo inglés, el tema del fetichismo ha sido del gusto principalmente de aquellas personas con intereses de tipo filosóficos y literario. Con respecto a este fenómeno del fetichismo Marx escribió:

Una mercancía parece ser, a primera vista, una cosa trivial y comprensible de por sí. De su análisis resulta que es un objeto muy complicado, lleno de sutilezas metafísicas y reticencias teológicas. En cuanto valor de uso no hay nada misterioso en ella, ya la consideremos desde el punto de vista de que gracias a sus propiedades satisface necesidades humanas, o de que obtiene dichas propiedades sólo como producto del trabajo humano…Pero no bien entra en escena como mercancía, se transforma en cosa sensorialmente suprasensible[1].

Marx enfatiza que este rasgo místico de la mercancía no proviene de su valor de uso, así como tampoco del contenido de las determinaciones de su valor, por ejemplo, los distintos trabajos objetivados en las mercancías. Marx se pregunta:  ¿De dónde brota, entonces, el carácter enigmático que distingue al producto del trabajo no bien asume la forma de mercancía? La respuesta es que proviene de esa misma forma, siendo el misterio de la forma mercantil el hecho de que “refleja ante los hombres los caracteres sociales de su propio trabajo como caracteres materiales de los productos del trabajo, propiedades sociales naturales de dichas cosas; y, por tanto, en que también refleja la relación social de los productores con respecto al trabajo total como una relación social de objetos, existente fuera de ellos[2]. El fetichismo de la mercanía debemos entenderlo como la manera en que las relaciones entre las cosas encubren las relaciones sociales entre los hombres. El valor de la mercanía expresa una relación social entre los productores. Si anteriormente se aplicaba el término fetiche a los objetos de culto religioso de los pueblos primitivos, ahora se aplica al culto a la mercancía como algo existente en sí mismo, sin tener en consideración su verdadera procedencia. Un ejemplo actual podría ser aquellas mercancías como ropa deportiva o los aparatos electrónicos que esconden tras de sí trabajo de mano de obra barata que reciben una irrisoria paga en comparación con los precios en que son vendidos aquellos productos.

Milton Friedman, en su célebre exposición acerca de cómo se produce un lápiz grafito (originalmente de Leonard E. Read), muestra todo el trabajo que existe detrás de ese simple objeto que utilizamos sin cuestionarnos su procedencia. El intercambio de mercancías es un intercambio entre productores y no entre cosas, algo que la economia clasica había olvidado. David Harvey por su parte nos hace ver que para comprender y romper el hechizo de la mercancía hay que hacer una suerte de ejercicio de retroceso, es decir, partiendo de la mercancía que compré en un local, me remonto hasta aquellas personas que participaron en su elaboración, sus condiciones trabajo, las condiciones geográficas en las que habitan, etc. Para Harvey debe ser un objetivo de la educación geográfica el tener en consideración la variedad de condiciones tanto sociales como ambientales y las prácticas laborales del día a día. La economía clásica se encontrabaatrapada en el fetichismo de la mercancía, que crea la ilusión de que las mercancías parecen poseer una voluntad independiente de los productores.  Marx, para esclarecer su punto, recurre a la analogía: la “nebulosa región del mundo religioso” donde:

los productos de la mente humana aparecen como imágenes autónomas dotadas de vida propia, relacionadas entre sí y con los hombres. Algo parecido ocurre en el mundo de las mercancías con los productos de la mano humana. Esto es lo que llamo fetichismo, que se adhiere a los productos del trabajo no bien éstos son producidos como mercancías y es, por tanto, inseparable de la producción mercantil[3].

Aclarado este concepto de fetichismo en Marx prosigamos aclarando lo anteriormente señalado, el valor, para poder llegar a abordar el tema de la plusvalía. Cuando se considera el valor de cambio en sí, se asume que los bienes son intercambiados de acuerdo a su valor. Con la creacion de la moneda se introduce el factor precio y cuando el valor se convierte en precio, los bienes muestran la relacion cuantitativa que tienen entre si. Asi, el valor y el precio pueden diferir uno de otro. Las mercancías pueden ser intercambiadas a una tasa mayor o menor que su valor expresado en dinero. Tenemos entonces que existe una incongruencia entre el valor y el precio que supuestamente debe expresarlo. Por ejemplo,  puedo vender un producto en dinero por sobre su verdadero valor y muchas personas estarán dispuestas a comprar. Con la introducción del dinero se pueden intercambiar las diferentes mercancías que tienen como equivalente precisamente el dinero. No hay que olvidar que el dinero es a su vez una mercancía cuyo valor de uso radica en ser equivalente a todas las demás mercancías. Señalé anteriormente que la fuerza de trabajo también es una mercancía, pero con la característica de ser una mercancía que produce otras mercancías. Como cualquier otra mercancía, esta tiene un valor de uso y un valor de cambio. El uso o el empleo de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo, escribió Marx. El capitalista consume esta mercancía, la hace trabajar y, para que esta produzca mercancías, su trabajo debe ser util. El comprador de la fuerza de trabajo hace producir al trabajador un valor de uso. Marx distingue tres elementos en el trabajo. En primer lugar la actividad personal del hombre,  que es el gasto de las fuerzas de la que esta dotado el cuerpo, así como la atención sostenida mientras se lleva a cabo el trabajo, que es fruto del esfuerzo constante de la voluntad. El segundo elemento es el objeto en que se ejerce el trabajo, que es la tierra, el objeto universal del trabajo, que tiene una existencia independiente del hombre. El objeto en que se ejerce el trabajo se denomina materia prima.

El tercer elemento son los medios de trabajo, que son el conjunto de cosas que el trabajador coloca entre él y su objeto de trabajo para ayudar a su acción. Desde tiempos remotos la tierra ha sido en palabras de Marx, el almacen de los medios del trabajo. El ser humano es un transformador de aquellos recursos que obtiene de la naturaleza. Esta acción en donde el hombre, con ayuda de los medios de trabajo, modifica su objeto, tiene su fin en el producto final, en otras palabras, su valor de uso. El trabajo también tiene un valor de cambio. He señalado que el trabajador vende lo único que posee, su fuerza de trabajo, al capitalista a cambio de un salario. El capitalista paga el salario por esta mercancía que es la fuerza de trabajo de acuerdo con el valor que tiene, es decir, de acuerdo a la cantidad de trabajo socialmente para producirla. ¿Qué quiere decir esto? Significa que el capitalista paga el equivalente a lo que el obrero requiere para mantenerse a él y a su familia con vida. En otras palabras, de acuerdo a Marx, el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de subsistencia necesarios para la conservacion del trabajador. El obrero, al entregar su trabajo, sólo da el valor de uso que ha vendido y su fuerza de trabajole pertenece al capitalista desde su entrada al taller. La relación entre los propietarios de los medios de producción, es decir los capitalisas, y los poseedores de la fuerza de trabajo, no tiene un fundamento natural y no es una relacion social común a todas las épocas de la historia. Es propio de la época capitalista, señala Marx, el que los propietarios de los medios de producción y subsistenciaencuentren a los trabajadores en el mercado, cuya fuerza de trabajo toma la forma de mercancía y el trabajo toma la forma de trabajo asalariado.

Ahora continuemos con el concepto de plusvalía. Tenemos que en el régimen capitalista de producción las relaciones de producción de la sociedad burguesa se fundamentan en la propiedad capitalista sobre los medios de producción, es decir, la propiedad privada mediante la cual se explota a la clase trabajadora, lo que constituye la esencia misma del capitalismo. El cómo se lleva a cabo esta explotación es lo que abordaremos a continuación. Marx describe la fórmula general del capital : “La circulación mercantil es el punto de partida del capital. La producción de mercancías y su circulación desarrollada, es decir, el comercio, constituyen las premisas históricas de su surgimiento. El comercio y el mercado mundial inauguran, en el siglo XVI, la biografía moderna del capital”[4]. Si hacemos abstracción del contenido material de la circulación mercantil y nos enfocamos solamente en las formas económicas que produce este proceso, nos encontramos con que es el dinero es su resultado final, y este producto final de la circulación de las mercancías es, de acuerdo a Marx, la primera manifestación del capital. El dinero como dinero y dinero como capital se distinguen por sus diversas formas de circulación, así tenemos:

1. M – D – M : transformación de mercancía en dinero y la reconversión del dinero en mercancía (vender para comprar). La circulación del dinero como capital comienza con la compra y finaliza con la venta. La mercancía constituye el punto de partida y la meta final del movimiento.

2. D – M – D : transformación del dinero en mercancía y la reconversión de la mercancía en dinero (comprar para vender) En esta forma, el dinero se convierte en capital, “llega a ser capital y lo es ya por su destino”.

El dinero de por sí no es capital, ya que en la forma M – D – M el dinero funciona sólo como medio de circulación, pero no como capital. El dinero sólo se convierte en capital en la segunda forma, D – M – D, es decir, comprar para vender con el objetivo de enriquecerse. Ahora bien, no tendría sentido en esta segunda forma de circulación que una suma de dinero se cambie por la misma suma de dinero. La forma D – M – D parece a primera vista como carente de sentido, es tautológica, ya que ambos polos poseen la misma forma económica. Cambiar 100£ por 100£ sería algo absurdo. Por lo tanto, en el contenido del proceso D – M – D no existe una diferencia cualitativa sino que cuantitativa, de manera que tenemos ahora lo siguiente:

D – M – D’   donde D’ = D + ∆D = suma de dinero adelantada inicialmente más un incremento.

El incremento D’ (= D + ∆D) es el plusvalor, por lo que tenemos que “el valor adelantado inicialmente no sólo se mantiene en la circulación, sino en ella cambia su magnitud de valor, se añade un plusvalor, se valoriza. Y este movimiento es lo que lo convierte en capital”[5]. Una consecuencia de lo anterior es el nacimiento del capitalista, cuyo objetivo y fin último es la valorización del valor. El capitalista sólo actúa como tal o como “capital personificado” “en la medida en que la creciente apropiación de riqueza abstracta constituye el único motivo propulsor de todas sus operaciones[6]. El movimiento del capital no tendría límites, al igual que la crematística de Aristóteles, quien Marx cita en una nota a pie de página. El rasgo fundamental de la crematística es la valorización del valor y no la economía.  Esta última se limita a procurar los bienes necesarios para la vida, la que sí tendría límites, ya que persigue un fin distinto al dinero, mientras que la crematística busca la multiplicación de este.

El valor, escribe Marx, “se convierte en sujeto de un proceso en el que, cambiando constantemente las formas de dinero y mercancía, varía su propia magnitud; como plusvalor, se repele de sí mismo en cuanto valor originario y se valoriza  a sí mismo.[7]” Hay que añadir a esto que, como sujeto activo de valor, este necesita del dinero que, como forma independiente, constata la identidad del valor consigo mismo. Por esa razón el dinero constituye el punto de partida y el punto final del proceso de valorización    D – M – D’, y así también podemos decir junto a Marx que el capital es dinero y capital es mercancía. “El capitalista sabe que todas las mercancías, por despreciable que parezcan o por mal que huelan, son, por su fe y su verdad, dinero, judíos interiormente circuncidados y además medios mágicos para extraer del dinero más dinero”[8]. Marx recurre nuevamente a la anología religiosa cuando escribe:

Como valor originario, se distingue de sí mismo en cuanto a plusvalor, como el Dios Padre se distingue del Dios Hijo, aunque ambos tenga igual edad y constituyan, de hecho, una sola persona, pues las £100 adelantadas inicialmente por medio del plusvalor de £10 se convierten en capital, y tan pronto ello ocurre, tan pronto es engendrado el hijo y, a través de él el Padre, nuevamente desaparece su diferencia y ambos son una cosa, £110[9].

Tenemos entonces que el dinero circula constantemente, entrando y saliendo de la órbita de intercambios, donde se mantiene íntegro y también se multiplica. Tenemos también que el dinero engendra más dinero, es decir, comprar para vender más caro, o lo que es lo mismo: D – M – D’. En cuanto al capital dado a interés, lacirculación se presenta bajo la forma abreviada D – D’. A continuación Marx señala que esta forma de circulación D – M – D’ parece contradecir las leyes expuestas sobre la naturaleza de la mercancía, del valor, del dinero y de la propia circulación. Así, en el proceso de circulación en forma de un simple intercambio de mercancías tenemos que el dinero funciona como dinero de cálculo, cumpliendo la función de expresar los precios de las mercancías, pero no se les enfrenta materialmente, señala nuestro autor. En cuanto se intercambian valores de uso, ambas partes contratantes ganan con el intercambio en el sentido de que obtienen o se deshacen de distintos valores de usos, como lo ejemplifica Marx en el caso de personas que comercian entre sí vino y trigo, donde el intercambio no implica ningún aumento de valor de cambio para ninguna de las partes, situación que no cambiaría en caso de que se interpusiera el dinero como medio de circulación entre las mercancías y los actos de compra y venta: “En manos del poseedor de mercancías permanece el mismo valor, es decir, la misma cantidad de trabajo social objetivado, primero en la imagen de su mercancía, después en la imagen del dinero en que se transforma y, por último, en la imagen de la mercancía en que el dinero vuelve a invertirse[10]. Tenemos que, en relación con los valores de uso, las partes en el intercambio pueden ganar, no así en relación al valor de cambio. Como escribe Marx, y haciendo eco de las palabras del economista italiano Ferdinando Galiani (1728-1787), la norma que rige en este caso es:  “Donde hay igualdad, no hay lucro”.

La conclusión a la que llegamos es que la circulación o cambio de mercancías no crea valor. Marx llama capital comercial a la forma D – M – D’ y capital usurero a la forma D – D’. El capital comercial, que transcurre dentro de la órbita de circulación, consiste en comprar para vender más caro y esto resulta imposible cuando se cambian equivalentes. En cuanto al capital usurario, el dinero se cambia por más dinero. Aquí Marx recurre nuevamente a Aristóteles, quien también critica la usura ya que en este caso es el propio dinero la fuente de lucro, el cual no es utilizado para lo que fue creado, esto es, para el cambio de mercancías.  Marx se pregunta si es posible obtenerplusvalor fuera de la circulación, ya que vimos que dentro de esta es imposible de acuerdo al ejemplo anteriormente indicado. Pero fuera de la esfera de circulación el productor se encuentra solamente enfrente de sus mercancías, y estas mercancías contienen una cantidad de trabajo medida según determinada leyes sociales. La cantidad de trabajo se expresa en la magnitud de valor de la mercancía y esta magnitud se presenta en dinero de cálculo, en un precio,  ya sean libras esterlinas o táleros. Ahora bien, quien posee las mercancías sólo puede por medio de su trabajo crear valores, pero no valores que se valorizan. Se puede agregar un nuevo valor al ya existente por medio de un nuevo trabajo, como por ejemplo, convirtiendo el cuero en botas, donde la misma materia contiene más valor debido a que se imprimió en esta mayor trabajo. De esta manera concluye Marx:

Es imposible, por tanto, que el productor de mercancías fuera de la órbita de circulación, sin entrar en contacto con otros poseedores de mercancías, valorice valor y transforme dinero o mercancía en capital?[11].

Queda entonces la pregunta: ¿de dónde surge el capital? La respuesta de Marx es que si no surge de la circulación ni fuera de esta, entonces debe surgir en ella y fuera de ella al mismo tiempo. Marx señala que la transformación del dinero en capital debe exponerse en base de las leyes inmanentes a la circulación de las mercancías, por lo que Marx toma como punto de partida el cambio de equivalentes . “Nuestro poseedor de dinero que, por el momento, no es más que una larva de capitalista, debe comprar las mercancías por su valor, venderlas por sj valor y, sin embargo, extraer al final del proceso más valor del que invirtió. Su metamorfosis en mariposa debe transcurrir en la órbita de la circulación y fuera de ella[12].

Esquema de la autora marxista chilena Marta Harnecker

Esquema de la autora marxista chilena Marta Harnecker


[1] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política, tomo 1, Proceso de producción de capital (Santiago: LOM Ediciones, 2010), 83-84.

[2] Ibid., 84.

[3] Ibid., 85.

[4] Ibid., 155.

[5] Ibid., 159.

[6] Ibid., 161.

[7] Ibid., 162.

[8] Ibid., 163.

[9] Ibid.

[10] Ibid., 166.

[11] Ibid., 173.

[12] Ibid., 173-174.